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Homilia el XIV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
3 de Julio, 2009, 1:28
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EN CAMINO
Tiempo Ordinario, ciclo “B”
XIV Domingo
Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
LECTURAS:
- 1ra lect.: Ez 2,2-5
- Sal 122
- 2da lect.: 2 Cor 12,7b-10
- Evangelio: Mc 6,1-6
Cuando soy débil, entonces soy fuerte
¡Al fin qué! ¿Somos débiles o somos fuertes? ¿Somos dioses en la tierra, como dijo Pico de la Mirandolla o somos viles gusanillos que se revuelven en el lodo, como dijo Martín Lutero? ¿Somos Señores de la tierra y Dios nos puso para dominarla, como dice el libro del Génesis (1,28s), o no somos más que un soplo y nuestra vida es una sombra que pasa, como dice el salmo 39(v. 7)?
Pienso que somos sencillamente humanos, con fortalezas y debilidades; susceptibles a los accidentes del mundo y con capacidades para transformarlo. Subvalorarnos como seres humanos no solo sería un maltrato para nuestra humanidad sino también una ofensa para Dios porque estamos hechos a su imagen. Pero no olvidemos que no somos dioses todo-poderosos. Cada vez que nos comportamos como dioses, terminamos masacrando, exterminando y anulando a algunos o a millones de seres humanos. La filosofía del hombre “Dios en la tierra” y Señor de las cosas de Fichino y Pico, completada con la “del superhombre” de Nietzche y otras por el estilo, han ayudado para hacer del hombre postmoderno un consumidor rapaz, planetófago y contaminador del medio ambiente. Capaz de marginar, explotar y exterminar a sus congéneres para sentirse vivo, cómodo y feliz. Muchas veces la serpiente nos ha engañado y hemos caído víctimas de nuestra inseguridad ontológica y de nuestros vacíos afectivos que nos exigen tener poder para sentirnos seguros y dignos de ser amados.
El llamado filósofo del pensamiento débil, el italiano Gianni Vattimo, propone debilitar el ser, o sea dejar de atribuirle características fuertes (desde todo punto de vista) para reconocerlo en cambio ligado al tiempo, a la vida y a la muerte. Según Vattino, sólo así será posible la emancipación humana, la progresiva reducción de la violencia y de los dogmatismos.
Pablo en su Carta a los Corintios (2da lect.), nos comenta su experiencia sobre la debilidad. Según Pablo, es en la debilidad (enfermedades, injurias, privaciones, persecuciones…) donde reconocemos con más facilidad nuestra necesidad de Dios. Por eso dice: “cuando soy débil entonces soy fuerte”. Esto nos suena paradójico, como muchas otras cosas en el camino de Jesús. ¡Pero así es! Vivámoslo y veremos que así es: Cuando nos despojamos de todas nuestras falsas seguridades, cuando reconocemos que estamos limitados por el tiempo y el espacio, que nuestras debilidades internas y las amenazas externas nos afectan; cuando ante nuestras debilidades, caídas y dolores, en vez de maldecir por la “mala suerte” nos abrimos a la gracia de Dios, experimentamos una fuerza poderosa que nos hace resistir, perseverar y levantarnos. Entonces comprenderemos por qué dijo Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Porque así es.
CREER EN LO NUESTRO
En uno de mis viajes por tierra, el autobús paró para que los pasajeros descansáramos y tomáramos algo. - “Qué lindo ese muchachito”, le comentó la abuela a la nieta con quien viajaba, contemplando a un bebé mulato a quien le daban seno en un rincón de la cafetería. - “No me gustan los morenos”, le respondió la joven mientas tomaba su café. Aunque la piel de la joven era bastante clara y sus ojos verde oscuro, su nariz chata y su pelo rizado, dejaban ver algún gen africano. - “No hables muy duro mijita que en esta tierra todos somos hijos de indios patirrajados, negros esclavizados y españoles ladrones”, añadió la abuela, una mujer pequeña con los ojos indios.
En el choque desigual de culturas que se dio en nuestro continente, hay que reconocer el gran legado histórico, cultural y religioso, entre otros elementos positivos. Pero no podemos olvidar los desastres, persecuciones y muertes; la esclavitud y las costumbres malsanas que quedaron. Me atrevería a decir que entre lo más desastroso quedó el habernos hecho creer que los indígenas hacían parte de una subcultura, casi unos subhombres y que todo lo de ellos era “sub” porque la civilización venía de los blancos europeos. Religión, cultura, organización social, deportes, la identidad misma de la persona, llevaban el prefijo “sub”.
Y lo más triste es que nosotros, los hijos de esa danza del mestizaje latinoamericano, creímos ese cuento. No pocas veces he escuchado epítetos tales como: “indio cochino”. “¿Usted porqué es tan india conmigo?”. “Eso tan poca cosa lo tiene cualquier indio”…
Hasta hace unos años casi todos los gobernantes latinoamericanos tenían rasgos europeos. El mismo pueblo mestizo ponía su confianza en las mismas familias que lo habían explotado y lo tenían sumido en la miseria. No sé si sea peor esclavizar o permitir que la esclavitud reine eternamente y adquiera nuevos ropajes con la complicidad de los esclavos. Creo que lo peor no es que esclavicen, que haya violencia, violación de los derechos humanos y todo tipo de injusticias en nuestros pueblos. Lo peor sería acostumbrarnos, perder nuestra capacidad de asombro ante el maltrato a la dignidad humana y aún ante nuestro propio dolor. Creer que todo eso es normal debido a nuestra incapacidad para solucionar nuestros problemas y que necesitamos una invasión como la de Afganistán o la de Irak, para superar nuestros conflictos. (¡Qué “bella” solución!).
Así como en el pueblo de Jesús, aquí nos cuesta valorar y creer en lo nuestro. No pocos corren tras líderes exóticos, con una lengua mal pronunciada, o por su claro acento extranjero. - “Este debe saber mucho porque es extranjero”. - “Este nos va a sacar del problema porque estudio en Yale, en la Sorbona o en Comillas”.
Como bien decía Cervantes: “es de bien nacidos agradecer”. Hay que agradecer el valioso aporte de muchos extranjeros en áreas como la ciencia, la cultura, las humanidades, la defensa de los derechos humanos y la fe por supuesto, entre otros campos. ¡No todos vienen a robar! Pero es muy triste que a muchos talentos los rezaguemos sólo por haber cometido el gran pecado de nacer aquí, de ser de los nuestros. Eso demuestra una baja autoestima personal y social que detiene el crecimiento integral de los pueblos.
Jesús vivió esta misma situación: - “¿Y éste de donde salió? - ¿Dónde estudió? - ¿Qué escuela acredita sus discursos? - ¡Si tan siquiera hubiera pasado por alguna escuela de Jerusalén, Antioquía o Alejandría! - Si tuviera algún familiar importante en alguna parte. Pero a sus hermanas y hermanos los conocemos, son de los nuestros, los mismos zarrapastrosos que comen el pan de cebada todos los días porque no tienen más. - ¡Es de los que sólo puede comer cuando recibe el jornal del día! - No pertenece a ninguna casta privilegiada ni hay en su familia tradición de sabios, gobernantes, o algo por el estilo”…
Jesús no fue valorado por sus paisanos que no creyeron en él, pues lo conocían. ¡Lo vieron crecer y no era mayor cosa! No hubo ningún niño haciendo palomitas de barro y soplándolas para que salieran volando, como nos cuenta algún evangelio apócrifo, de los tantos que aparecieron después del siglo primero, entre ellos el de Judas muy comentado en estos días.
Fue un niño más del montón, que jugueteó descalzo y desnudo como los demás, que le ayudó a cargar el agua a su mamá e hizo los mandados. Fue un joven común y corriente que hizo trabajos manuales. Sus paisanos saludaron sus manos rudas, muchas veces lo vieron lleno de ripio y mugre, sudado con las faenas del día y comiendo el pan con el sudor de su frente (nada que ver con los dibujos de rasgos afeminados que algunos pintores han plasmando en los lienzos desencarnados). Para los paisanos que lo conocían estaba hecho para el trabajo, no para obrar signos de poder ni para enseñar con sabiduría. ¡Y claro! No pudo hacer allí mayor cosa, pues no creyeron en él, le tocó irse con “su cuento” para otra parte.
A pesar de que los judíos eran tan nacionalistas, muchos habían adoptado algunas costumbres romanas y trataban de seguir el paradigma del hombre feliz propuesto por Roma. Tal vez sea cierto aquello de que “el opresor tenga un no sé qué que les encanta a los explotados por su mentalidad esclavizada y su espíritu encadenado”. Es posible que aún conservaran algún gen que los hacía añorar las cebollas de Egipto. ¿Nos pasará lo mismo?
Pero ahí en medio de la pobreza y de la debilidad humana, contra todos los pronósticos de “los especialistas” en juzgar quién sirve y quién no, Jesús nos dio Palabras de vida eterna. Su autoridad no radicó en lo pomposo de sus vestidos ni en los títulos de las mejores escuelas antiguas. Su autoridad estuvo fundada en el Espíritu que siempre lo acompañó y en la vida coherente como ser humano e hijo del Padre Dios.
Nos queda más fácil creerle a alguien que venga de Roma, del Tibet, o del Lejano Oriente. Nos queda más fácil atender las manifestaciones espectaculares del artista de moda, que hoy florece y mañana se seca. Nos queda más fácil seguir los modelos de la TV y soñar a ser como ellos, ignorando el drama que esconden detrás de sus rostros “siempre sonrientes y felices”.
Nos hace falta aprender a descubrir la voz de Dios entre los nuestros y aprender a reconocer sus pasos firmes en medio de nosotros. Nos hace falta verlo con su ropaje común y corriente; cuando come en la fonda del barrio y toma el autobús para llegar al trabajo. Cuando hace fila para reclamar su salario y cuando pelea porque no le han pagado lo justo, o sencillamente porque no le han pagado.
Nos hace falta ver en las manos ásperas del trabajador, las manos de Dios que sigue obrando signos ignorados por los especialistas de Dios. Necesitamos creer en nuestros valores, en nuestros niños, en nuestros jóvenes, en nuestros líderes que demuestren ser honestos y veraces. Necesitamos creer en nuestra capacidad para transformar la historia contando con nuestra debilidad y con la gracia de Dios. Necesitamos estar atentos al paso de Dios por nuestra vida, reconocer a nuestros profetas y asumir nuestro compromiso profético que todos hemos recibido en el bautismo. No dejemos que Jesús pase de largo y le toque irse con su cuento para otra parte.
Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
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Moniciones para el XIV Domigo del Tiempo de Cuaresma- Ciclo B
3 de Julio, 2009, 1:18
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Décimo Cuarto Domingo – Ciclo B “El profeta lo tiene hoy difícil”
Monición de entrada:
Hermanos y hermanas en Cristo: hoy celebramos el décimo cuarto domingo durante el año litúrgico. Las lecturas nos hablan acerca del profeta que revela la presencia de Dios entre los hombres. Los profetas y Jesús fueron rechazados. Pero lo más importante es que Dios les da su gracia y fortaleza y los ayuda en su soledad, en su sufrimiento y en la lucha por el bien de los demás. ¿Cuál es nuestra actitud frente a la palabra de Dios, frente a los que hablan en su nombre? Preparémonos para nuestro encuentro con Dios mientras recibimos a los ministros de esta Eucaristía.
Primera lectura: Ez 2, 2-5 (Sabrán que hubo un profeta en medio de ellos)
Este texto del libro del profeta Ezequiel ha sido escogido por su relación con el Evangelio. El profeta es un “hijo de hombre”, débil y con miedo, enviado a su pueblo rebelde. La acción de Dios se manifiesta a través de Ezequiel, a pesar de que él es rechazado. Oigamos.
Segunda lectura: II Cor 12, 7-10 (Así residirá en mí la fuerza de Cristo)
En esta segunda lectura de San Pablo a los Corintios, el apóstol escribe sobre la fuerza de Dios que se realiza en su debilidad. No sabemos a qué se refiere pero él la reconoce y la acepta y convierte esta debilidad en experiencia para la madurez humana y su vida espiritual. Pongan atención.
Tercera lectura: Mc 6, 1-6 (No desprecian a un profeta más que en su tierra)
La visita de Jesús a Nazaret, con sus discípulos formula unos interrogantes sobre la persona de Cristo. El enseñó en la sinagoga pero la gente lo rechazó. La falta de fe entre ellos y sus prejuicios sobre la presencia de Cristo les impidieron aceptarlo el Mesías. Pongamos atención a este mensaje, pero antes nos ponemos de pie para cantar el Aleluya.
Oración Universal
- Por todos los que han recibido en la Iglesia el encargo de anunciar la palabra de Dios; para que, fieles al mensaje, sepan presentarlo a todos con lenguaje inteligible, roguemos al Señor.
- Por los que no dan crédito al Evangelio que resuena en sus oídos; para que sean capaces de reconocer la palabra salvadora de Dios en la envoltura de la palabra humana, roguemos al Señor.
- Por los que rechazan toda autoridad, todo magisterio, y pretenden conducirse por sí mismos; para que reconozcan su extravío y depongan su autosuficiencia, roguemos al Señor.
- Por nuestros jóvenes de nuestras comunidades y parroquia; para que sepan responder con generosidad a la llamada del Señor a seguirle en la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
- Por nosotros aquí reunidos; para que escuchemos la palabra de Dios, meditándola en nuestro corazón, y así influya en nuestra vida, roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 346)
Hoy nuestra plegaria, Señor, es súplica de perdón
porque Cristo vino a los de su casa, y no lo hemos recibido,
porque hemos confinado tu palabra a nuestros cálculos y rutina,
porque la dejamos apagarse en las cenizas del miedo silencioso,
porque te encerramos, Dios vivo, en nombres vacíos de alma,
porque no nos dejamos sorprender por la novedad de tu Espíritu
de tu misericordia, de tus profetas, del clamor de los pobres,
del cristo que sufre en el gemido de los sin voz ni derechos.
Perdónanos, Señor, porque sabemos muy bien lo que hacemos,
Y cámbianos este corazón de piedra por otro de carne, capaz
De sentir con los demás y de amarte a ti y a los hermanos.
Amén.
Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
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Moniciones para el XIII Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo B
22 de Junio, 2009, 23:50
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Tiempo Ordinario
Décimo Tercer Domingo – Ciclo B “De La muerte a La vida
28 de julio de 2009
Monición de entrada:
Durante este tiempo ordinario, la Iglesia, a través de las Sagradas Escrituras, nos invita a reflexionar en la vida y la muerte. Nuestro destino, dado por Dios, es la vida. Cristo, por su resurrección venció todo, incluso la muerte. Como cristianos creemos que la muerte es el último paso hacia la plenitud de la vida. Pidamos a Cristo, quien curó a la mujer y resucitó a la niña en el Evangelio, que creamos en Él y vivamos como Él. Recibamos al celebrante y los ministros de esta Eucaristía mientras cantamos.
Primera lectura: Sab 1, 13-15. 2, 23-25 (Por envidia del diablo vino la muerte)
Esta primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos da la visión y la intención de Dios respecto del hombre. El hombre ha sido creado a la imagen de Dios para la inmortalidad. Dios es el autor de la vida, en él no tiene origen la muerte. Escuchemos.
Segunda lectura: II Cor 8, 7.9.13-15 (Su abundancia remedia la falta de otros)
En esta lectura San Pablo hizo una exhortación a los corintios para que fueran preparando una colecta para los necesitados de Jerusalén. El motivo fundamental que Pablo nos da es el ejemplo de Cristo: “Él, siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza fueran ustedes enriquecidos”. También habla sobre la igualdad que debe reinar entre todos.
Tercera lectura: Mc 5, 21-43 (Resurrección de la hija de Jairo y curación de la hemorroisa)
El Evangelio de hoy nos presenta dos escenas íntimamente relacionadas porque suceden en el mismo campo de la fe. A través de la curación de la mujer que padecía flujo de sangre y de la resurrección de la hija de Jairo, Jesús afirma su poder sobre la enfermedad y la muerte. Antes de proclamar este Evangelio, cantemos el Aleluya, de pie, por favor.
Oración Universal
1. Por la firmeza y fidelidad de tu Iglesia. Escúchanos, Señor.
2. Por el progreso en la fe y la esperanza de cada cristiano. Escúchanos Señor.
3. Por el valor y la alegría de nuestros pastores. Escúchanos, Señor.
4. Por los que aún no te conocen. Escúchanos, Señor.
5. Por todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Escúchanos, Señor.
6. Por la liberación de los pueblos y de las clases sociales oprimidas. Escúchanos, Señor.
7. Por la libertad y la justicia en nuestro país. Escúchanos, Señor.
8. Por la honradez y el servicio de los gobernantes y todos los políticos. Escúchanos, Señor.
9. Por el testimonio de amor de todos nosotros. Escúchanos, Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 343)
Hoy te bendice nuestro corazón, Dios amigo de la vida,
porque vemos a Cristo resucitando a la niña de Jairo
y devolviendo la salud a la pobre mujer enferma.
Así anunciaba la presencia del reino de Dios entre los hombres
y anticipaba el triunfo definitivo de su propia resurrección.
Ayúdanos, Señor, a entender que el único camino válido
para tener y dar vida en plenitud fecunda es el estilo
que Jesús nos trazó con su palabra y ejemplo: Si el grano
de trigo no muere en el surco, queda estéril sin producir fruto.
Con tu Espíritu transfórmanos, Señor, en testigos de tu amor
que crea vida, difunde tu reino y rejuvenece los corazones.
Amén.
Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
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Moniciones para el XII Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo B
19 de Junio, 2009, 20:25
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Tiempo Ordinario
Décimo Segundo Domingo – Ciclo B
“Cuando ruge La tempestad”
21 de junio de 2009
Monición de entrada:
Buenas noches (días, tardes) hermanos y hermanas en Cristo. Aunque tenemos fe y la practicamos. A veces hay pruebas grandes en nuestra vida cuando se hace difícil creer. En estos momentos recordemos las lecturas de hoy que nos dicen que Dios es omnipotente. El es creador de todo y tiene dominio sobre todo. Por su gran amor para cada uno de nosotros, Cristo murió para hacernos nuevas criaturas. Debemos buscar nuestra alegría en el Señor en todo momento. Pongámonos de pie para recibir al celebrante de esta Misa.
Primera lectura: Jb 38, 1. 8-11 (Aquí se romperá la arrogancia de tus olas)
La primera lectura, tomada del libro de Job, es preparación para el Evangelio de hoy. Las respuestas de Dios están llenas de luz y de sabiduría. Vemos que la mano benefactora de Dios se encuentra en todo; por ejemplo en la tempestad. El dominio de Dios sobre el mar es símbolo y recuerdo de la omnipotencia divina. Dios quiere que Job espere y confíe en Él. Escuchemos.
Segunda lectura: II Cor 5, 14-17 (Nos apremia el amor de Cristo. Ha llegado lo nuevo)
En la segunda lectura san Pablo dice que por la muerte y resurrección de Cristo, nosotros y el mundo somos una nueva creación. Entonces, nuestra manera de vivir debe ser según el Espíritu y no según la carne. También vivimos no para nosotros mismos sino para Dios y para los demás. Pongan atención.
Tercera lectura: Mc 4, 35-30 (La tempestad calmada)
El Evangelio es la narración de la tempestad en el mar. En el Antiguo Testamento Dios dominó las fuerzas contrarias del mar. Cristo en esta lectura lo calma él mismo. Él es más poderoso que las fuerzas que quieren destruir al ser humano. Él es Dios. Cristo pide fe de parte de los Apóstoles. Antes de proclamar el Evangelio, pongámonos de pie para cantar el Aleluya.
Oración Universal
1. Por los cristianos y las instituciones de la Iglesia que trabajan al servicio de los pobres. Roguemos al Señor.
2. Por los empresarios que se esfuerzan por mantener y crear puestos de trabajo. Roguemos al Señor.
3. Por los pobres, por los que no pueden participar de los bienes que Dios ha querido que fueran para todos. Roguemos al Señor.
4. Por los ricos que viven endurecidos en su riqueza. Roguemos al Señor.
5. Por las actividades que se realizan en la Iglesia, nuestra Diócesis de N. y en nuestra Parroquia N. Roguemos al Señor.
6. Por nosotros, y por nuestros familiares y amigos. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 340)
Hoy te bendecimos, Padre, por Jesucristo, tu Hijo,
señor de la creación y vencedor del mal y de la muerte.
Aunque a veces lo olvidemos, él camina siempre a nuestro lado
en las borracas de la azarosa travesía del mar de la vida,
y nos dice: ¿Por qué dudan, hombres y mujeres de poca fe?
Gracias, Señor, porque Cristo nos acompaña y alienta con
la presencia de tu Espíritu, sin dejarnos solos ante el peligro.
Haz que te descubramos, “Dios dormido y ausente”,
en medio de los múltiples proyectos, fracasos y aspiraciones,
cansancios y esperanzas, frustraciones y anhelos de tantos
hermanos, los hombres que sufren y esperan.
Amén.
Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
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Moniciones para el XI Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo B
7 de Junio, 2009, 0:48
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Tiempo Ordinario
Décimo Primer Domingo – Ciclo
El crecimiento incontenible del Reino
Monición de entrada:
La esperanza del reino mesiánico anunciado por el profeta Ezequiel con la imagen del tallo que, con los cuidados del Señor, se convierte en su cedro noble, se hace realidad en el Reino de Dios que crece incontenible, a pesar de comienzos tan modestos como los de un diminuto grano de mostaza. Esto fundamenta la confianza y el optimismo de quien camina guiado por la fe. Agradecidos por ser parte del Reino, empecemos nuestra liturgia con el canto de entrada. De pie.
Primera lectura: Ez 17, 22-24 (El Señor ensalza los árboles humildes)
En esta parábola de Ezequiel, leemos que el Señor plantará un ramito insignificante y olvidado que crecerá hasta convertirse en árbol frondoso. Esta rama es el Pueblo de Dios esperando su vuelta a la patria. Jesús la utilizará para explicar el Reino de los cielos. Escuchemos.
Segunda lectura: 2 Cor 5, 6-10 (Tenemos confianza y caminamos guiados por la fe)
San Pablo dice que, aunque estamos unidos ya de tantas maneras a Cristo, en este mundo vivimos desterrados, lejos de Él. El cristiano gime y anhela la definitiva transformación y la total unión con Cristo. Mientras tanto debemos esforzaron por agradar a Dios.
Tercera lectura: Mc 4, 26-34 (Parábolas de la simiente y del grano de mostaza)
En la primera parábola que san Marcos nos da, la semilla que cae en tierra buena germina, crece y madura sin violencia. Así llegará el Reino de Dios. La segunda parábola subraya la capacidad de crecimiento del Reino de Dios. La semilla arrojada por Jesús está todavía extendiendo sus ramas. Antes de escuchar este mensaje, pongámonos de pie para cantar el Aleluya.
Oración Universal
1. Para que el Espíritu de Dios inspire y fortalezca al Papa N. y a nuestro obispo N. Roguemos al Señor.
2. Para que las iglesias cristianas alcancemos la unidad bajo la guía del único pastor que es Jesucristo. Roguemos al Señor.
3. Para que los padres y madres de familias sepan dirigir su familia con sabiduría y corazón humilde y cariñoso. Roguemos al Señor.
4. Para que los que celebramos esta Eucaristía nos mantengamos constantes en el camino del Evangelio. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 337)
Bendito sea tu nombre, Padre nuestro, Dios de la paciencia,
porque Jesucristo, tu Hijo, inauguró entre nosotros tu reino
con los medios pobres que tú prefieres para tus obras,
sin espectacularidad deslumbrante, sin impaciencia avasalladora.
Así manifestó la fuerza interior e incontenible del reino,
cuyos comienzos humildes y callados, pero eficaces, nos hablan
de optimismo esperanzado frente a nuestro derrotismo impaciente.
Concédenos, Señor, ahondar en la oración y la contemplación,
en la admiración y e gozo del Espíritu, para captar la gratuidad
de tu reino en la pequeña semilla que desafía la intemperie,
para saber esperar, aguardando con fe tu gloriosa venida.
Amén.
www.scalando.com
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Moniciones para la fiesta de la Santisíma Trinidad - Ciclo B
4 de Junio, 2009, 23:55
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Fiesta de la Santísima Trinidad - Ciclo B
El Dios de nuestro Señor Jesucristo
Monición de entrada:
La solemnidad de la Trinidad se celebra ya dentro del tiempo ordinario, que reiniciamos en la semana décima. Ha terminado el tiempo de Pascua y Pentecostés fue la última celebración de ese tiempo de gloria. La liturgia de hoy guarda una cierta relación con la festividad anterior, en la que honrábamos al Espíritu Santo. El misterio de la Trinidad es uno de los más hondos de nuestras creencias y una dimensión de Dios que Jesús de Nazaret nos enseñó. Para nosotros, aquí y ahora -y dicho con la mayor sencillez y humildad- el Dios trinitario no es Dios solitario y solo. Es un Dios con familia, surgida de un acto infinito de amor, porque Dios es amor. La festividad de la Trinidad en la Iglesia es antigua, procede del siglo X. Y en 1331 se incluyó en el calendario romano con materiales litúrgicos muy parecidos a los que hoy empleamos. Recibamos al celebrante de la Misa mientras cantamos.
Primera lectura: Dt 4, 32-34.39-40 (El Señor es el único Dios)
El texto del Libro del Deuteronomio que escucharemos hoy como primera lectura confirma que Dios es uno solo, que es único. No hay otro. Moisés se lo enseñó al pueblo elegido. Y nosotros adoramos a un solo Dios que se manifiesta en tres personas. Jesús ha perfeccionado el mensaje de Moisés. Escuchemos.
Segunda lectura: Rom 8, 14-17 (Han recibido un Espíritu de hijos adoptivos)
El breve texto de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos contiene una importante definición trinitaria. Nos va a decir Pablo de Tarso que el Espíritu nos hace exclamar ¡Abba, Padre! que es como Jesús llamaba a Dios y nos muestra que somos también hijos y herederos de la gloria.
Tercera lectura: 3, 20-35 (Bautismo en el nombre de la Trinidad)
El Evangelio de Mateo nos muestra una de las apariciones en Galilea y las palabras de Jesús constituyen su testamento para todos sus seguidores, no solo para los Apóstoles. Hemos de llevar su palabra hasta los confines del Universo y sabemos que Él, el Señor, estará con nosotros hasta el final de los siglos. Recibamos este mensaje con la aclamación del Aleluya.
Oración Universal
A cada plegaria repitan, por favor:
Dios Uno y Trino, escúchanos
- Padre: protege, cuida y anima al Papa N. para que continúe guiando a tu pueblo y propagando el mensaje de la Buena Nueva que nos trajo tu Hijo. OREMOS
- Jesús: tú que fuiste como nosotros y conoces nuestras debilidades, ayuda los que dudan, a los que viven inquietos e invítales a llevar tu carga mucho más liviana. OREMOS
- Espíritu Santo: Penetra en el alma de los que desoyeron la voz de Jesús e indícales con la dulzura que te es propia, el camino del Padre. OREMOS.
- Padre: Ilumina a los que dirigen los pueblos de la tierra; haz que velen por la Paz y que lleven la prosperidad a sus naciones. OREMOS.
- Jesús: Te quedaste con nosotros en la Eucaristía, haz que todos aquellos que hoy compartimos tu pan llevemos una vida más acorde a la de discípulos tuyos. OREMOS.
- Espíritu Santo: Conforta a aquellos que están enfermos y a los que les acompañan. Que sea tu fuerza la que les ayude en estos difíciles momentos. OREMOS.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 302)
Hoy te proclamamos, Dios-Padre, Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo,
como el único Dios de vida frente a los múltiples ídolos muertos.
Bendito seas, Padre, que por Cristo y Espíritu nos haces hijos
y nos admites en el círculo trinitario de tu amor y tu amistad.
Ahí radica nuestro gozo y esperanza, y la fuerza para el camino.
Concédenos experimentar y vivir nuestra adopción filial,
viviendo según el Espíritu y venciendo las obras de la carne.
Para eso, líbranos de la tiranía de los ídolos de muerte:
dinero, lujuria, soberbia, poder, cuerpo, belleza y placer,
a los que rendimos culto exacto y vasallaje gustoso.
No queremos otro Dios que el de nuestro Señor Jesucristo.
Amén
Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
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Moniciones VII Domingo de Pascua - Ciclo B
21 de Mayo, 2009, 9:37
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Moniciones para la Misa
La Cincuentena Pascual
SÈPTIMO DOMINGO DE PASCUA - Ciclo B
Amor para vencer el odio del mundo
24 de mayo del 2009
Monición de entrada:
Buenas noches (días) queridos hermanos en Cristo resucitado. La nueva vida pascual fruto del amor que Dios nos tiene, es posible para todo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. Con esa fe seremos capaces de transformarlo todo, dentro de nosotros y en nuestro entorno. Hemos de probar, ensayar y gustar esta nueva vida pascual convirtiendo el corazón a los bienes de arriba, aunque sin descuidar de los hermanos, del mundo y del mundo, de pie por favor, para entonar el canto de entrada.
Primera lectura: Hc 1, 15-17. 20-26 (Asociaron a un testigo de Cristo Resucitado)
Los apóstoles no eran los mismos antes de la resurrección del Señor y después de pentecostés. Antes tímidos y ambiciosos; después, después audaces y serviciales. Escuchemos con atención esta lectura.
Segunda lectura: I Jn 4, 11-16 (Quien permanece en el amor permanece en Dios)
Nosotros debemos amarnos unos a otros, nos dirá san Juan, en la segunda lectura de hoy. De esto es capaz solamente quien experimenta y ensaya esa nueva vida pascual que Dios nos regala en Jesús y por su Espíritu. Escuchen con atención este mensaje de san Juan.
Tercera lectura: Jn 17, 11-19 (Padre, que sean uno como nosotros)
Escucharemos a continuación la segunda sección de “oración sacerdotal de Jesús, veremos al Maestro intercediendo por sus amigos ante el Padre antes de ausentarse. Padre santo, guárdanos en tu nombre, para que seamos uno, como tú eres uno con tu Hijo, Jesús, y el Espíritu Santo. Antes de escuchar este mensaje de unión y amor, cantemos con júbilo el Aleluya. De pie, por favor.
Oración Universal
1. Asiste a la Iglesia, a la que encomendaste la misión de proseguir el anuncio del Evangelio, hasta que vuelvas…
2. Inspira a los que gobiernan las naciones sentimientos de paz y de justicia, tú que estás por encima de todo principado, potestad y dominación…
3. Consuela a los que sufren en este valle de dolor, para que se sientan confortados con la eficacia de tu fuerza poderosa…
4. Ilumina los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama, y la riqueza de gloria que nos das en herencia…
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 296)
Hoy nos dirigimos a ti, Padre, con la oración de Cristo
en la despedida de los suyos, sentado a la mesa de la cena:
Padre santo, guárdanos en tu nombre, para que seamos uno,
como tú eres uno con tu Hijo, Jesús, y el Espíritu Santo.
Concédenos tener nuestra alegría cumplida en Cristo,
superando el odio del mundo en la fidelidad a tu palabra.
Como Jesús, tampoco nosotros somos del mundo enemigo de Dios:
guárdanos del mal y santifícanos en la verdad por tu Espíritu.
Padre, que nuestra vida glorifique tu nombre ante los demás.
manténnos siempre en contacto con Jesús y en diálogo contigo,
para que vivamos responsablemente nuestra condición filial.
Amén.
Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
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Moniciones para la festividad de la Ascensión del Señor - Ciclo B
18 de Mayo, 2009, 9:53
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Moniciones para la Misa
La Cincuentena Pascual
Festividad de la Ascensión del Señor - Ciclo B
Misión en dos tiempos
24 de mayo del 2009
Monición de entrada:
Hermanos: celebramos hoy la Festividad de la Ascensión del Señor a la gloria del Padre. La Ascensión de Jesús es una manera de expresar la exaltación, y el deseo eficaz de Dios, que lo acontecido en Jesús permanezca, se realice en la Humanidad.
En las lecturas de la Liturgia vemos que Cristo es la cabeza de la Iglesia y su cuerpo en la tierra.
El afirmó su autoridad y mandó a sus seguidores a hacer discípulos del mundo entero. Por medio de la predicación, el ministerio sacramental y la instrucción, la Iglesia ha continuado la obra de Cristo.
En este día de la Ascensión, escuchemos el mandato de Cristo y superemos las vanas discusiones y tendencias, para cumplir con fidelidad la tarea de anunciar el Evangelio. Pidamos al Espíritu de Cristo que nos de fe y fortaleza para ayudar a edificar la Iglesia y con esta súplica empecemos la gran oración de la Iglesia. Por favor, pónganse de pie para recibir a los ministros de esta Eucaristía.
Primera lectura: Hc 1, 1-11 (Jesús se elevó a la vista de ellos)
En esta primera lectura de los Hechos, Lucas nos dice que Jesús ha convivido cuarenta días con sus discípulos, y los ha instruido con una nueva luz sobre el sentido del Reino de Dios. El momento de la Ascensión del Señor al cielo, es la última acción personal de Jesús en el mundo. Promete el Espíritu Santo. Escuchemos.
Segunda lectura: Ef 1, 17-23 (El Padre lo sentó a su derecha en el cielo)
En la carta a los efesios, San Pablo indica como Cristo es dueño, Señor y estará sobre todas las cosas. Nosotros tenemos el Espíritu de Sabiduría para que comprendamos toda la profundidad de la esperanza cristiana y el poder de Jesús para que en su nombre actuemos. Pongamos atención a este mensaje.
Tercera lectura: Mc 16, 15-20 (Ascendió a cielo y se sentó a la derecha de Dios)
El texto evangélico que escucharemos hoy pone de relieve la misión evangelizadora de la Iglesia y de los cristianos, así como los signos de liberación que según Jesús deben acompañar la palabra. Nos ponemos de pie para entonar el Aleluya.
Oración Universal
1. Por la Santa Iglesia de Dios: para que confiese que el Señor reina en los cielos y no se vea prisionera de los bienes de la tierra. Roguemos al Señor.
2. Por los que gobiernan las naciones, especialmente la nuestra: para que Dios les conceda ejercerlo con justicia y espíritu de servicio, y a nosotros nos haga sumisos a sus justas disposiciones. Roguemos al Señor.
3. Por los fieles que sufren en este mundo: para que el Señor les acorte la prueba y sean consolados y fortalecidos por la virtud del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.
4. Por nuestra parroquia (se dice el nombre): para que espere sin desfallecer la venida del reino y viva siempre en la unidad de la Iglesia. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 293)
Te bendecimos, Padre, con toda la fuerza de nuestro espíritu
por la glorificación de tu Hijo y nuestro hermano, Cristo Jesús.
Él no se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que
como cabeza nuestra, nos precede en la gloria eterna de tu reino.
Gracias también, Padre, porque Jesús nos confía su misión
y quiere utilizar nuestra inteligencia y nuestro corazón,
nuestras manos, nuestros labios, nuestros pies, nuestro tiempo,
al servicio de su buena nueva de salvación y de su amor al hombre.
No permitas, Señor, que nos cerremos en la comodidad,
en la apatía, en el egoísmo, en la falta de fe en definitiva.
Llénanos de la fuerza del Espíritu, y cuenta con nosotros.
Amén.
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Moniciones VI Domingo de Pascua - Ciclo B
16 de Mayo, 2009, 1:16
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SEXTO DOMINGO DE PASCUA - Ciclo B
Quien no ama no conoce a Dios
17 de mayo del 2009
Monición de entrada:
Buenas noches (días) queridos hermanos en Cristo resucitado. Todavía estamos celebrando los 50 días de Pascua, días de gozo y paz porque hemos sido redimidos en Cristo Jesús. Según vimos el domingo pasado, la comunión vital del discípulo con Cristo, para ser fecunda requiere la permanencia en Jesús. El Evangelio y la segunda lectura de hoy responden a la pregunta: ¿cómo permanecer unidos a Cristo para dar frutos? Permaneciendo en su amor, es decir, cumpliendo los mandamientos y siendo signo vivo y concreto de ese amor. Porque amar es conocer a Dios que es Amor, como lo demostró Él dándonos a su Hijo único, Jesucristo. Como comunidad de creyentes que somos, celebremos este acto de amor, de pie por favor, para entonar el canto de entrada.
Primera lectura: Hc 10, 25-26. 34-35. 44-48 (Don del Espíritu a no judíos)
En esta lectura San Pedro proclama que la salvación es para todos. El Espíritu Santo vino sobre todos los oyentes: judíos y paganos, y por tanto, confirma que Dios no hace distinción. Escuchemos como desde este momento la Iglesia abrió sus puertas a personas de toda raza, cultura y condición. Escuchemos con atención esta lectura.
Segunda lectura: I Jn 4, 7-10 (Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor)
Seguimos escuchando la primera carta de Juan, el cual nos sigue aclarando su tema de amor. Dios nos manifestó su amor, ante todo al enviarnos a su Hijo; es éste un acto concreto y supremo de servicio al ser humano. Escuchemos bien los criterios de amor que el evangelista nos da.
Tercera lectura: Jn 15, 9-17 (Nadie ama más que el que da la vida por sus amigos)
Permanecer en el amor a Jesús, amar a los hermanos y hacerlo con el sacrificio de la propia vida son las ideas claves del texto que vamos a escuchar a continuación. Antes de escuchar este mensaje de unión y amor, cantemos con júbilo el Aleluya. De pie, por favor.
Oración Universal
1. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, conceda a su Iglesia hacer cada vez más creíble el mensaje de esperanza que le viene de la Pascua. Oremos.
2. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, venga en ayuda de todos los que trabajan en favor de la paz, para que sean en nuestro mundo testigos del amor de Dios. Oremos.
3. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, venga a socorrer a quienes dudan y no aciertan ya a creer, y fortalezca en su fe a cuantos, en virtud del bautismo, son testigos de la vida nueva. Oremos.
4. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, ayude a nuestros jóvenes a responder con generosidad a la llamada del Señor a entregar su vida al servicio de los demás. Oremos.
5. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, ayude a nuestras comunidades reunidas en esta celebración, confirme su solidaridad y haga crecer la calidad evangélica de nuestras vidas. Oremos.
6. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, de fortaleza a nuestras madres, este y todos los días del año, y puedan seguir dando vida a sus hijos e hijas. Oremos.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 290)
Gracias, Señor Jesús, porque gratuitamente nos admites
como amigos tuyos que conocen tus secretos y cumplen
tus mandatos con alegría, superando así la relación amo/siervo.
Tú nos elegiste y nos destinaste para que demos fruto duradero
y para que alegría esté en nosotros y llegue a su plenitud.
El camino para este gozo completo es amar como tú nos amas,
porque sólo devolviendo a los demás el amor con que Dios nos quiere,
es decir, dando vida y alegría, éstas se poseen y se aumentan.
Danos, Señor, una buena dosis de amor y gozo en el Espíritu.
Estamos necesitándolos desesperadamente, para permanecer unidos
a Jesús y dar fruto abundante de fe, paz y alegría.
Amén.
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Homilia V Domingo de Pascua - Ciclo B
8 de Mayo, 2009, 9:33
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En Camino
Homilía para el Domingo |

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"La cincuentena pascual" |
V Domingo |
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Tiempo de Pascua, ciclo “B”
10 de mayo de 2009 V Domingo de Pascua
Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
- LECTURAS: 1ra lect.: Hch 9,26-31
- Sal 21
- 2da lect.: 1Jn 3,18-24
- Evangelio: Jn 15,1-8
PERMANECER EN JESÚS
Según el contexto sociocultural en el que vive el ser humano, van apareciendo las expresiones artísticas y religiosas. En el ambiente pastoril y agrícola del antiguo oriente, encontramos una rica manifestación religiosa y cultural impregnada de estos dos elementos. Hace ocho días compartíamos la comparación de Jesús con el buen pastor que daba la vida por sus ovejas (ambiente pastoril). Hoy nos remitimos a los cultivos de uvas y de higos propios de esta región (ambiente agrícola). Se solía comparar al pueblo de Israel y su experiencia de Dios, con estas dos plantaciones: "Como uvas en el desierto encontré a Israel, como breva en la higuera descubrí a sus padres" (Os 9,10). La vid y la higuera representan al pueblo y el cultivador a Dios.
El viñador se esforzaba por plantar, cercar y cuidar la viña y esperaba buenos frutos. Pero con mucha frecuencia los frutos eran amargos. (Os 10,1; Sal 79,9.12; Jer 2,21; Ez 17,1-10; Cant 6,11; 7,13; 19,10; Is 5,1-8;). Lo mismo sucedía con la higuera (Jer 8,13; Jl 1,7; Mt 21,19-21), o con la oliva, (Sal 52,10; Os 14,5-8, Jue 9,7-16). "¡Ay de mí! Me sucede como al que rebusca terminada la vendimia: no quedan uvas para comer, ni brevas que tanto me gustan" (Miq 7,1). “El Señor me mostró dos cestas de higos... una tenía higos exquisitos, es decir, brevas; otra tenía higos muy pasados, que no se podían comer” (Jer 24,1-10) “Si intento cosecharlos, oráculo del Señor, no hay racimos en la vid ni higos en la higuera” (Jer 8,4-13). ¿Qué frutos esperaba el viñador? Frutos de amor, justicia y derecho. “La viña de Yahvé Shebaot es el pueblo de Israel, y los hombres de Judá su cepa escogida. Él esperaba rectitud, y va creciendo el mal; esperaba justicia, y sólo oye el grito de los oprimidos” (Is 5,7)
El evangelio de hoy nos presenta la comparación con la vid. La comunidad del Cuarto Evangelista (Juan), presenta a Jesús como la vid verdadera. Hemos dicho muchas veces, y lo recordamos de nuevo, que los evangelios son una confesión de fe de las primeras comunidades cristianas. Es decir, estas palabras no fueron pronunciadas por el Jesús real e histórico, sino por el Jesús resucitado y vivido realmente dentro de la comunidad. Para la comunidad, la vid verdadera era Jesús que habitaba en ella; ya no era el pueblo de Israel y las viciadas estructuras religiosas manipuladas por sus autoridades.
En su viaje a Jerusalén, Jesús y sus discípulos descubrieron una Higuera (entiéndase estructura religiosa o pueblo de Israel en general), que aunque tenía una frondosidad admirable no producía frutos (Mc 11,11-24). Este texto está redactado y puesto dentro del Evangelio de Marcos de de tal manera, que la higuera significa el templo de Jerusalén, es decir la institución religiosa. Para Jesús el templo, y en general las estructuras religiosas judías, no representaba la vid de Dios, sino el prototipo de la degradación de lo sagrado. Dios no podía habitar en el templo, no en ese templo: Dios no podía estar dentro de esa falacia. El pueblo de Israel, así como estaba, no podía ser la vid del Señor.
Los líderes de Israel que se camuflaban bajo los títulos de doctores, sacerdotes y maestros, y escondían bajo sus mantos “sagrados”, todo tipo de crímenes, no podían así representar la voz de Dios. No eran los viñadores de Dios sino los viñadores asesinos (Mt 21,33-41). El verdadero viñador es el Padre, (Mt 20,1-16; 21,28-32).
La propuesta de Jesús y sus comunidades fue una nueva experiencia con lo sagrado, ya no a partir de la vieja institución sino a partir de una comunidad fraterna: “Este es el mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amando. En esto conocerán que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros” (Jn 13,34-35).
La expresión: Yo soy la vid verdadera, es una conclusión a la que llegan las comunidades cristianas después de experimentar a Jesús muerto y resucitado, en sus propias vidas. La expresión: Yo soy la vid verdadera, indica a su vez, que hay otras vides que no son verdaderas, porque no generan vida. Se trata del oficialismo religioso judío que los marginaba, pisoteaba su dignidad y era un impedimento para llegar a Dios y vivir como verdaderos hijos. Jesucristo y su camino de salvación, los liberaba y era el medio para encontrarse con el Dios vivo y verdadero. Jesús es la vid verdadera porque fue fiel a Dios, porque durante toda su vida correspondió al Amor del Padre y porque dio frutos de vida. Las obras de Jesús demostraron que entre el Padre y Él había unidad perfecta. Como sugiere la segunda lectura, Jesús no amó sólo con la lengua y de palabra sino con obras. ¡Así se ama!
Las comunidades cristianas en su anhelo de construir su propia historia de salvación, impulsadas por la fuerza del Espíritu de Jesús resucitado, se encontraron con un fuerte obstáculo. Las tradiciones, que por más anacrónicas y nocivas que sean, no son fáciles de superar. Los tabúes de los que se valen los reaccionarios defensores del viejo orden son difíciles de romper, entre otros motivos, por el peso de la conciencia, más cuando de por medio está el nombre de Dios. “Dios lo quiso así, así ha sido y ha de ser siempre”, suelen decir los reaccionarios. En la conciencia personal y colectiva se graba un deber ser y obedecer a esas directrices les da tranquilidad a las personas. Y eso no está mal, es necesario que una conciencia recta y bien formada oriente la vida de las personas. Pero una conciencia recta bien formada debe estar abierta a lo nuevo, cuando lo novedoso dignifica la vida.
Por eso la Primera Carta de Juan se da al trabajo de ayudar en la formación de la conciencia de sus lectores con los nuevos paradigmas religiosos propuestos por el movimiento de Jesús: El amor verdadero: “Hijitos míos, no amemos sólo con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad. Amando así, sabremos que somos de la verdad” (1Jn 3,18-19ª). Y si el peso de las tradiciones hace que la conciencia de los neófitos le reproche dejar atrás elementos considerados sagrados, los autores de la carta invitan a estar tranquilos porque Dios es más grande que la conciencia: “… y cuando la conciencia nos reproche algo, delante de Dios la convenceremos de que Dios es más grande que la conciencia porque lo sabe todo. Queridos míos, si la conciencia no nos reprocha nada, podemos acercarnos a Dios con más confianza; guardando nosotros sus mandamientos y haciendo lo que le agrada, él nos concederá todo cuanto le pidamos” (1Jn 3,19b-22). No se trata de manipular la conciencia, sino de ayudar a formarla para el progreso integral del creyente.
Si queremos dar frutos de vida como los dio Jesús, es preciso estar unidos a él. Hoy nos queda fácil criticar la institución judía y decir que ellos no eran la vid de Dios porque daban malos frutos. Pero nos toca evaluarnos a nosotros mismos como discípulos y discípulas, y como institución. Entiéndase institución familiar, comunitaria o eclesial.
No se trata de criticar por criticar, ni de reformar por reformar. Podemos quedarnos criticando toda la vida y hacer de la crítica una excusa para justificar nuestras propias fallas. Cuántos reformadores han aparecido y escudan su afán de protagonismo y de sectarismo en un “santo celo” por la obra de Jesús. “En este mundo hay más religiones que niños felices”, dijo Ricardo Arjona. ¡Claro que necesitamos una reforma a nivel institucional! Pero sobre todo necesitamos una reforma del corazón y de la mente, es decir de nuestras motivaciones, de todo aquello que nos impulsa a actuar: sentimientos, pensamientos, impulsos, efectos, etc.
La invitación central de este día es a unirnos a Jesús y permanecer unidos a Él. “Esto es lo que Dios nos manda: que creamos que Jesucristo es su Hijo y nos amemos los unos a los otros, como él nos lo ordenó. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios permanece en él; y sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (2da lect.). “El que permanece en mí, y yo en él, da fruto abundante, porque separados de mí, nada pueden hacer” (Ev.). Unirnos y permanecer en Jesús no se entiende aquí en sentido espiritualista e intimista, alejados de la realidad y de los hermanos. No nos unimos a Jesús únicamente motivados por un momento de efervescencia, calor y éxtasis. Nos unimos y permanecemos en él, en la medida en que nos acojamos a su misericordia, aceptemos su gracia salvadora y caminemos como auténticos discípulos en medio de nuestras falencias humanas.
Miremos hoy a aquel que ha tomado la iniciativa y nos ha llamado a seguir sus caminos. Veamos si estamos unidos verdaderamente a Él, no sólo porque pertenezcamos oficialmente a una institución o porque tengamos la partida de bautismo, confirmación y matrimonio. Así como el sarmiento (ramas) no puede dar fruto si no permanece unido a la vid (tronco), nosotros no damos frutos si no permanecemos unidos a Jesús, vid verdadera.
¿Qué frutos estamos dando? ¿Los frutos que damos glorifican al Padre? ¿Qué elementos de nuestras vidas necesitamos podar o dejar que el Padre pode, para dar los frutos de la Vid verdadera?. ¿Estoy cerrado, totalmente seco y el único remedio es que me corten y me echen al fuego? O ¿Soy una rama que acepta ser podada y siempre dispuesta a recibir la savia de la Vid?
Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com
Pascua de resurrección: www.scalando.co/Liturgia/pascua.htm
Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm
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