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Moniciones: Ascensión del Señor ciclo B
16 de Mayo, 2012, 16:58
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Moniciones para la Misa
Tiempo de Pascua – Ciclo B
Ascensión del Señor
Misión en dos tiempos
20 de mayo del 2012
Monición de entrada:
Hermanos: celebramos hoy la Festividad de la Ascensión del Señor a la gloria del Padre. La Ascensión de Jesús es una manera de expresar la exaltación, y el deseo eficaz de Dios, que lo acontecido en Jesús permanezca, se realice en la Humanidad.
En las lecturas de la Liturgia vemos que Cristo es la cabeza de la Iglesia y su cuerpo en la tierra.
El afirmó su autoridad y mandó a sus seguidores a hacer discípulos del mundo entero. Por medio de la predicación, el ministerio sacramental y la instrucción, la Iglesia ha continuado la obra de Cristo.
En este día de la Ascensión, escuchemos el mandato de Cristo y superemos las vanas discusiones y tendencias, para cumplir con fidelidad la tarea de anunciar el Evangelio. Pidamos al Espíritu de Cristo que nos de fe y fortaleza para ayudar a edificar la Iglesia y con esta súplica empecemos la gran oración de la Iglesia. Por favor, pónganse de pie para recibir a los ministros de esta Eucaristía.
Primera lectura: Hc 1, 1-11 (Jesús se elevó a la vista de ellos)
En esta primera lectura de los Hechos, Lucas nos dice que Jesús ha convivido cuarenta días con sus discípulos, y los ha instruido con una nueva luz sobre el sentido del Reino de Dios. El momento de la Ascensión del Señor al cielo, es la última acción personal de Jesús en el mundo. Promete el Espíritu Santo. Escuchemos.
Segunda lectura: Ef 1, 17-23 (El Padre lo sentó a su derecha en el cielo)
En la carta a los efesios, San Pablo indica como Cristo es dueño, Señor y estará sobre todas las cosas. Nosotros tenemos el Espíritu de Sabiduría para que comprendamos toda la profundidad de la esperanza cristiana y el poder de Jesús para que en su nombre actuemos. Pongamos atención a este mensaje.
Tercera lectura: Mc 16, 15-20 (Ascendió a cielo y se sentó a la derecha de Dios)
El texto evangélico que escucharemos hoy pone de relieve la misión evangelizadora de la Iglesia y de los cristianos, así como los signos de liberación que según Jesús deben acompañar la palabra. Nos ponemos de pie para entonar el Aleluya.
Oración Universal
1. Por la Santa Iglesia de Dios: para que confiese que el Señor reina en los cielos y no se vea prisionera de los bienes de la tierra. Roguemos al Señor.
2. Por los que gobiernan las naciones, especialmente la nuestra: para que Dios les conceda ejercerlo con justicia y espíritu de servicio, y a nosotros nos haga sumisos a sus justas disposiciones. Roguemos al Señor.
3. Por los fieles que sufren en este mundo: para que el Señor les acorte la prueba y sean consolados y fortalecidos por la virtud del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.
4. Por nuestra parroquia (se dice el nombre): para que espere sin desfallecer la venida del reino y viva siempre en la unidad de la Iglesia. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 293)
Te bendecimos, Padre, con toda la fuerza de nuestro espíritu
por la glorificación de tu Hijo y nuestro hermano, Cristo Jesús.
Él no se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que
como cabeza nuestra, nos precede en la gloria eterna de tu reino.
Gracias también, Padre, porque Jesús nos confía su misión
y quiere utilizar nuestra inteligencia y nuestro corazón,
nuestras manos, nuestros labios, nuestros pies, nuestro tiempo,
al servicio de su buena nueva de salvación y de su amor al hombre.
No permitas, Señor, que nos cerremos en la comodidad,
en la apatía, en el egoísmo, en la falta de fe en definitiva.
Llénanos de la fuerza del Espíritu, y cuenta con nosotros.
Amén.
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Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
Comunícate conmigo: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
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Beato Pedro Donders, treinta años después de su beatificación
Una llamada de respaldo internacional a su canonización
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Moniciones: VII Domingo de Pascua. Ciclo B
16 de Mayo, 2012, 16:55
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Moniciones para la Misa
Tiempo de Pascua – Ciclo B
VII Domingo
Amor para vencer el odio del mundo
20 de mayo del 2012
Monición de entrada:
Buenas noches (días) queridos hermanos en Cristo resucitado. La nueva vida pascual fruto del amor que Dios nos tiene, es posible para todo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. Con esa fe seremos capaces de transformarlo todo, dentro de nosotros y en nuestro entorno. Hemos de probar, ensayar y gustar esta nueva vida pascual convirtiendo el corazón a los bienes de arriba, aunque sin descuidar de los hermanos, del mundo y del mundo, de pie por favor, para entonar el canto de entrada.
Primera lectura: Hc 1, 15-17. 20-26 (Asociaron a un testigo de Cristo Resucitado)
Los apóstoles no eran los mismos antes de la resurrección del Señor y después de pentecostés. Antes tímidos y ambiciosos; después, después audaces y serviciales. Escuchemos con atención esta lectura.
Segunda lectura: I Jn 4, 11-16 (Quien permanece en el amor permanece en Dios)
Nosotros debemos amarnos unos a otros, nos dirá san Juan, en la segunda lectura de hoy. De esto es capaz solamente quien experimenta y ensaya esa nueva vida pascual que Dios nos regala en Jesús y por su Espíritu. Escuchen con atención este mensaje de san Juan.
Tercera lectura: Jn 17, 11-19 (Padre, que sean uno como nosotros)
Escucharemos a continuación la segunda sección de “oración sacerdotal de Jesús, veremos al Maestro intercediendo por sus amigos ante el Padre antes de ausentarse. Padre santo, guárdanos en tu nombre, para que seamos uno, como tú eres uno con tu Hijo, Jesús, y el Espíritu Santo. Antes de escuchar este mensaje de unión y amor, cantemos con júbilo el Aleluya. De pie, por favor.
Oración Universal
1. Asiste a la Iglesia, a la que encomendaste la misión de proseguir el anuncio del Evangelio, hasta que vuelvas…
2. Inspira a los que gobiernan las naciones sentimientos de paz y de justicia, tú que estás por encima de todo principado, potestad y dominación…
3. Consuela a los que sufren en este valle de dolor, para que se sientan confortados con la eficacia de tu fuerza poderosa…
4. Ilumina los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama, y la riqueza de gloria que nos das en herencia…
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 296)
Hoy nos dirigimos a ti, Padre, con la oración de Cristo
en la despedida de los suyos, sentado a la mesa de la cena:
Padre santo, guárdanos en tu nombre, para que seamos uno,
como tú eres uno con tu Hijo, Jesús, y el Espíritu Santo.
Concédenos tener nuestra alegría cumplida en Cristo,
superando el odio del mundo en la fidelidad a tu palabra.
Como Jesús, tampoco nosotros somos del mundo enemigo de Dios:
guárdanos del mal y santifícanos en la verdad por tu Espíritu.
Padre, que nuestra vida glorifique tu nombre ante los demás.
manténnos siempre en contacto con Jesús y en diálogo contigo,
para que vivamos responsablemente nuestra condición filial.
Amén.
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En Camino: Ascensión del Señor - Ciclo B
16 de Mayo, 2012, 16:49
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CAMINO DE FE
20 de Mayo de 2012, ascensión del Señor, ciclo “B”.
Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
- Primera lectura: Hech 1,1-11: ¿Qué hacen ahí parados mirando al cielo?
- Salmo Responsorial: 46,2-3.6-9: Batan palmas, aclamen a Dios con gritos de júbilo.
- Segunda lectura: Ef 1,17-23: Cristo es la plenitud de todas las cosas.
- Evangelio: Mc 16,15-20: Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio.
ASCENDIÓ
Como parte de su naturaleza animal, el ser humano se ha unido al mundo de la competencia. Ser competente es no solamente un elogio, sino un requisito para “sobrevivir” en nuestro mundo. Alcanzar el éxito se ha convertido para muchos en su sueño número uno. Y no podemos decir que esa sea una actitud negativa, ¡todo lo contrario! Necesitamos en nuestros pueblos, tanto en la parte pública como en la privada, personas competentes y de éxito que lideren procesos eficientes, y con sentido social. Personas seguras, valientes, efectivas y, en lo posible, con calidad total.
El problema se crea cuando se trata de un éxito individualista, puesto como valor supremo por encima de valores humanos como la honestidad, la solidaridad y la justicia. Cuando se entrega todo, inclusive la integridad de la persona humana; cuando se utilizan las personas como medios para alcanzar el éxito, llámese económico, intelectual, deportivo, laboral, de farándula o de cualquier otro tipo. Cuando sobresalir se convierte en una obsesión que obliga a la persona a sacrificarlo todo: los amigos, la familia, la vida: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si se pierde a sí mismo?” (Mt 16,26). Ese éxito genera caos y es una corona lograda con el dolor ajeno que se alimenta con la sangre y el sudor de los inocentes, o a costa del sacrificio humano de la misma persona “de éxito”.
Encontramos personas “de éxito” que aunque estén rodeadas de gente, se sienten solas y amargadas y necesitan una inyección de heroína, una aspiración de cocaína, un cachito de marihuana, o cualquier otro distractor, para ocultar su profundo vacío existencial y para ponerle color a su eterno blanco y negro. De esto no se han escapado ni los mismos personajes que han querido alcanzar el “éxito espiritual”. Cuántos santos y santas hubo que, por alcanzar el modelo de santidad que presentaban en el momento, dejaron de disfrutar la vida, negándose a ser plenamente humanos. ¡Éso no es cristiano!
¡Qué paradojas las de nosotros los discípulos de Jesús! Hoy celebramos el ascenso, el éxito, la coronación gloriosa de un “hombre fracasado”. ¡Sí! Porque a juzgar por la historia, Jesús fue un “hombre fracasado”: dedicó toda su vida a luchar por la utopía de un reino que “no logró”. Organizó su movimiento con un grupo de amigos (de lo más bajo que había) para vivir unos valores distintos a los de la sociedad esclavista reinante en su tiempo. A cambio de los valores esclavistas propuso el amor, la justicia, la fraternidad, la acogida, el trabajo comunitario, libre y liberador, para formar un nuevo pueblo. Sanó los corazones heridos, curó a los enfermos, para todos tuvo una palabra de aliento y de comprensión. A nadie rechazó, a nadie juzgó ni condenó; a todos amó y ayudó, con todos se mostró misericordioso. Pero ¿dónde quedó todo eso? Ante la persecución, uno que compartía su pan lo traicionó, otro lo negó, y los demás huyeron. La multitud que lo quería hacer rey después de la repartición de los panes, y los incontables enfermos que curó no aparecieron en ese momento. Las personas de todas las edades que escucharon sus parábolas, las que se rieron con sus cuentos y admiraron sus enseñanzas, brillaron por su ausencia. La turbamulta que lo aclamó a la entrada de Jerusalén se volvió contra él y pidió su muerte. Finalmente, las fuerzas oscuras triunfaron y terminaron derrotándolo: lo apresaron, lo procesaron, lo condenaron a muerte y lo asesinaron en la cruz; sufrió el peor de los castigos de la época, la irrisión más grande. Sólo su mamá y otras mujeres (que no contaban para la época) lo acompañaron hasta el último momento.
Si medimos su vida con la vara efectista que pide resultados cuantificables, sobre todo en términos monetarios, tendríamos que aceptar que Jesús fracasó. Pero si vamos un poco más allá y miramos las cosas desde los valores que engrandecen nuestra humanidad, desde lo que nos hace más humanos y dignos, descubriremos con gozo que ese “fracasado” nos mostró cómo ser plenamente humanos, verdaderamente libres y auténticamente felices. Que por medio de ese “fracasado” Dios le habló a la humanidad, y que tal como él asumió la vida de principio a fin, debemos asumirla todos para hacer parte de la salvación. Que Dios se puso de parte de ese “fracasado”, lo resucitó y avaló su obra. Que “fracasar” con ese “fracasado” es triunfar de verdad, porque quien pierde la vida por él y por su evangelio la gana (Mt 16,25), porque la “necedad” de ese “fracasado” es verdadera sabiduría y la sabiduría de este mundo es necedad delante de Dios (1Cor 3,19).
Celebrar la ascensión del “fracasado” Jesús, constituido Señor y Mesías, implica negarse a pensar que el egoísmo, la mentira, las esclavitudes y todos los males que nos vejan, tienen la última palabra. Celebrar la ascensión implica comprender que el verdadero éxito, el verdadero triunfo, la verdadera felicidad la encontramos cuando vivimos como Él, porque es una felicidad que no excluye, que no maltrata, que integra y genera vida a su alrededor. Celebrar la ascensión de Jesús implica, a su vez, comprometerse a continuar su obra y asumir el envío misionero de anunciar la Buena Noticia a toda la humanidad. Sin que haya personas excluidas dentro del pueblo, ni pueblos excluidos, porque la Buena Nueva es para todos.
Sintámonos enviados todos los que tratamos de seguir su camino. ¡No estamos solos! Aquel que nos envía no nos encomienda una labor para luego abandonarnos. No será fácil, porque el que se atreve a cuestionar este mundo y a pensar diferente, el que se atreve a rebelarse contra la muerte y sus representantes en este mundo, ésta lo buscará para acabar con él. Pero estemos seguros de que todo el poder que desplegó Dios al resucitar a Cristo de entre los muertos y darle asiento a su derecha, lo desplegará en favor nuestro, si seguimos sus pasos (segunda lectura). Nos corresponde mirar al cielo para no perder de vista la utopía, pero sin dejar de mirar al suelo porque aquí y ahora debemos hacerla realidad.
Con el poder de Dios seremos capaces de continuar la obra de Jesús, aún por realizar. Con su fuerza podremos arrojar los “démones” (demonios, fuerzas de la naturaleza) que desintegran la vida, y mantenernos siempre firmes a pesar de las serpientes venenosas que no faltan en todo camino. Con el poder de Dios seremos capaces de anunciar un mensaje cuestionador y una propuesta de amor incluyente. Con el poder de Dios seremos capaces de pasar toda nuestra vida haciendo el bien y curando tantas enfermedades que maltratan nuestra humanidad.
Oración
Oh Dios, misterio infinito, fuerza liberadora, fuente de vida, de alegría y de plenitud. Nos refugiamos en ti como hijos muy amados, totalmente confiados en tu misericordia, seguros en tu regazo paternal y maternal. Gracias por regalarnos en Jesús la prueba máxima de tu amor y el testimonio de que sí se puede ser plenamente humanos y totalmente libres delante de ti y del prójimo.
Te pedimos que nos des la sabiduría para asumir nuestra vida tal como la asumió Jesús. Para buscar como personas y comunidad un crecimiento integral, un desarrollo sostenible que nos realice como seres humanos y nos haga vivir en armonía en esta casa común, con todos los seres humanos, con todos los seres vivos, con todo cuanto existe. Abrimos nuestra mente y nuestro corazón para que la misma fuerza, el mismo poder, la misma riqueza y la misma luz que desplegaste al resucitar a Jesucristo de entre los muertos, nos siga acompañando para continuar su obra salvadora. De manera que combatamos todo tipo de males que amenazan la vida, y seamos instrumentos de salud, alegría y felicidad. Testigos firmes de Jesucristo salvador. Amén.
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En caminino: VII Domingo de Pascua. Ciclo B
16 de Mayo, 2012, 16:43
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CAMINO DE FE
7mo Domingo de Pascua, ciclo “B”.
Para los países donde no se traslada Pentecostés
- 1ra lect.: Hch 1,15-17.20-26
- Sal 103 (102)
- 2da lect.: 1Jn 4,11-16
- Evangelio: Jn 17,11-19
Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
Resignificación de una elección
No siempre los textos bíblicos muestran de manera fehaciente el camino que se ha de seguir para ser fieles al Espíritu de Dios, Padre dador de vida y de plenitud. Hay algunos relatos con experiencias poco aleccionadoras, o mejor, con lecciones no convencionales, que vale la pena discernirlas, reevaluarlas y reaprender cosas nuevas en este camino de fe, que ha de ser siempre dinámico.
El relato de los Hechos que compartimos en la primera lectura presenta la elección de Matías como reemplazo de Judas.
Había 120 personas, entre las cuales estaban los 11 apóstoles, María la madre de Jesús y sus hermanos, y otros discípulos y discípulas. El acontecimiento ocurre después de la ascensión y antes de Pentecostés, o sea, la venida del Espíritu Santo. El texto deja entrever que no había uniformidad en el pensamiento y en la manera de entender, vivir y continuar el camino de fe. No obstante estaban reunidos “con un mismo propósito” (epi to autó). Eso es valioso, porque más allá de las diferencias, es preciso buscar la unidad, tal como dice el Evangelio: “Que sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,21). Pero esa unidad ha de darse en lo fundamental y la tentación de buscar la uniformidad absoluta siempre será peligrosa.
Pedro, o tal vez Lucas, el autor de los Hechos, quiere primero justificar la elección. Para esto se vale de dos salmos que lanzan maldiciones contra los malvados: El Salmo 109,8: “Que sus días sean pocos y su empleo lo ocupe otro”. Y el Salmo 69,26-27: “Que su campamento quede desierto y nadie habite sus tiendas porque persiguen al que tú heriste y cuentan las heridas del que laceraste”. Pero hace una combinación de los dos salmos, los acomoda y queda así: “Quede su morada despoblada sin que nadie la habite, y que su puesto lo ocupe otro”. (v.20). Sobre la muerte de Judas Mateo dice que se ahorcó (Mt 27,3-10), aquí Pedro dice que de despeñó (cayendo de cabeza, como muere el impío según el libro de la Sabiduría 4,19) en el mismo campo que había comprado con las monedas, fruto de la traición. De manera que los textos aquí son empleados, más que para iluminar, para justificar una opción ya hecha.
Luego Pedro pone las condiciones que debe tener el candidato para sustituir a Judas:
1. Debe ser un varón. El relato dice textualmente: “uno de los varones (androon) que anduvieron con nosotros”. De esta manera Pedro excluye a las mujeres que estaban en la asamblea.
2. Debe ser uno de los discípulos que estuvieron con Jesús desde el bautismo de Juan, hasta el día de la ascensión. Con esto se excluye, hacia atrás, a los llamados hermanos de Jesús (entre ellos Santiago) que estaba presente en la asamblea y que no fueron discípulos de primera hora, por el contrario, al comienzo no creyeron en él. Excluye también hacia adelante, a todos los que después tendrán una experiencia con el resucitado, como Esteban o Pablo.
Con esas condiciones la asamblea presentó a dos personas: José, llamado Barsabás, por sobrenombres Justo y Matías. Primero oraron y luego echaron suertes, que cayó sobre Matías. ¿Dejamos las cosas así o las pensamos un poquito más? ¿Aceptamos esas condiciones de Pedro como voluntad de Dios o las discernimos a la luz de una fe crítica?
Según el relato de Lucas 24,49 y Hch 1,4 Jesús les había encargado que no salieran de Jerusalén, sino que permanecieran quietos a la espera del Espíritu Santo. ¿Cuál era el afán de Pedro de elegir antes de Pentecostés? Aquí actúa al margen de la “agenda” marcada por Jesús que no es otra cosa que esperar y guardar al Espíritu Santo.
Algunos para justificar la actitud de Pedro dicen que la elección se hizo porque para recibir el Espíritu Santo debían estar constituidos los 12, que representan la restauración de las 12 tribus, el legítimo Israel. Pero Jesús, que había elegido a los 12, ¿por qué no sugirió siquiera que sustituyeran a Judas? Además, quienes recibieron el Espíritu Santo fueron los 120, no exclusivamente los 12, o el Colegio Apostólico, como popularmente se ha difundido. Y entre los 120 estaban María, la Madre de Jesús, otras mujeres, los hermanos de Jesús y otros discípulos y discípulas. Otros afirman que la elección se hizo para reconstruir la autoridad de los apóstoles dañada por la traición de Judas, uno de los 12. Aquí el énfasis estaría más en la autoridad que en lo carismático.
Una lectura acrítica y tal vez fundamentalista de los textos podría decirnos que esa era la voluntad de Dios y que esa sigue siendo su voluntad porque fue así desde el principio. Pero vale la pena leer entre líneas las naturales aspiraciones humanas de poder y domino, el sutil, pero muy influyente deseo de sobresalir y mantener el control que hay entre los apóstoles y cómo se acomodan ciertas condiciones para posibilitar esos anhelos.
Pedro saca de taquito a las discípulas quienes estuvieron con Jesús desde Galilea, se mostraron más fieles y arriesgadas en el proceso de condenación y su posterior asesinato en la cruz, y fueron de las primeras testigos de la resurrección. Se excluyeron así mismo futuros discípulos, testigos de la resurrección como Pablo de Tarso. Lucas se cuida en no darle a Pablo el título de Apóstol, cosa que Pablo defiende con vehemencia en varias de sus cartas y llega además a llamar a una mujer como apóstol: “Saludos a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de prisión, que descuellan entre los apóstoles y que llegaron a Cristo antes que yo” (Rom 16,7).
¿Estamos seguros que eso es voluntad de Dios per saecula saeculorum, o simplemente obedece a afán personal y a lo sumo a un criterio de aquel tiempo que hoy debe ser reevaluado?
El hecho de que llamemos santos, pilares de la Iglesia, apóstoles y otros títulos muy importantes y merecidos además, nos significa que estos personajes hayan estado totalmente ajenos a intereses particulares, que son parte de nuestra naturaleza humana y que muchas veces prevalecen en nuestros procesos eclesiales. A nuestros líderes, maestros, padres, madres, etc., hay que quererlos, valorarlos, apoyarlos en sus justas proporciones, sin llegar a idealizarlos, desconociendo su naturaleza humana.
Nuestra historia como Iglesia está llena de testimonios bellísimos sobre la forma como se ha dejado actuar el Espíritu y cómo éste ha suscitado vida abundante. También es preciso reconocer las pujas por el poder y el dominio dentro de nuestra Iglesia o cómo se ha utilizado ésta simplemente como un medio para legitimar regímenes, posturas ideológicas o un statu quo.
Este tipo de cosas se siguen viendo en nuestras familias, en nuestras comunidades, grandes o pequeñas, en las elecciones a dedo y en las tímidas señales de democracia que hay en nuestra iglesia universal.
No falta quien o quienes, para favorecer sus intereses, no necesariamente malos, pero sí personales y tal vez egoístas, manipulen las decisiones desconociendo “la agenda” de Jesús y adelantándose al Espíritu Santo. Acudiendo más al azar que a un verdadero discernimiento, inclusión y espíritu democrático, sabiendo que la democracia tampoco está libre de manipulaciones tal como lo vemos en nuestros procesos civiles con lamentables resultados para nuestros pueblos.
Somos humanos, muy humanos. Nadie puede abrogarse para sí ni para alguien en particular la infalibilidad. En medio de todo nos corresponde ver las cosas con claridad, descubrir los signos maravillosos del Espíritu, así como los signos en los cuales prevalecen los intereses personales. En medio de todo nuestra Iglesia avanza, por algo decía San Agustín: la Iglesia es santa y pecadora. Pecadora porque está manejada por humanos, y santa porque la acción del Espíritu la sigue asistiendo si, en vez de adelantarnos con nuestros intereses personales, le abrimos el espacio y lo dejamos actuar en toda su potencia. En medio de toda esta realidad es necesario unirnos en lo fundamental, en la búsqueda de la justicia del Reino, en el trabajo por una humanidad nueva.
Si en algún momento está en nuestras manos la elección, la toma de decisiones o la dirección, es necesario, como en todo, hacer prevalecer el carisma sobre el poder, la acción del Espíritu sobre la viveza de quienes defienden más sus intereses personales o grupales. En todo, es preciso hacer prevalecer el auténtico amor sobre cualquier otra cosa. Porque puede ser que seamos muy fieles a las tradiciones, a las directrices oficiales, pero si estamos lejos del amor de Dios y a los hermanos, nuestro camino de fe quedaría vacío de sentido. “A Dios nunca lo ha visto nadie; si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. Reconocemos que está con nosotros y nosotros con él porque nos ha hecho participar de su Espíritu” (1Jn 4,12-13 – 2da lect.)
Estamos en el mundo, no podemos pretender que vivamos totalmente alejados de realidades humanas. Pero es necesario distinguirnos, tratar al máximo de regir nuestra vida por criterios evangélicos. Que la Palabra comunicada por Jesús y la acción del Espíritu dirijan siempre nuestra vida, para que nuestro triunfo no sea sobre los demás sino con los demás, no sea contra los hermanos sino con los hermanos y siempre a favor de la vida. Para que nuestra alegría no esté motivada por victorias egoístas y fracasos ajenos, sino que sea una auténtica alegría, manifestación de que se está realizando el plan de Dios en nuestras vidas: “… les digno esto mientras estoy en el mundo para que mi alegría está con ellos y así su alegría sea completa. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque no son del mundo, igual que yo no soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del maligno…” (Jn 17,13-16).
Oración
Jesús, hermano, amigo, compañero de camino. Gracias por tu acción eficaz a favor nuestro, porque siempre defendiste y sigues defendiendo nuestra causa. Gracias por tu testimonio de verdad, de amor, de unidad profunda con el Padre y su proyecto salvador.
Te pedimos perdón porque a veces prevalecen entre nosotros criterios poco evangélicos. Porque nos desviamos de tu proyecto, del amor primero, dela justicia, de la verdad, de la vida. Perdón porque a veces, como personas o como institución, con nuestras palabras, con nuestras obras, con nuestras opciones, con nuestras decisiones, con nuestros criterios… nos convertimos en anti testimonio, en motivo de escándalo, de dolor…
Te pedimos que nos inundes con la fuerza de tu Espíritu. Reconocemos que tenemos intereses personales, queremos tener éxito, estar bien, ser amados y reconocidos, eso es humano. Pero te pedimos que, con la fuerza espiritual que tú nos das, tengamos la capacidad de buscar primero el bien común, la fidelidad al Evangelio, la justicia del Reino, con la certeza de que lo demás vendrá por añadidura. Que la gracia de tu Espíritu nos de la sabiduría para discernir con criterios evangélicos nuestras decisiones, nuestras elecciones, nuestras opciones y todo lo que pensamos y hacemos. Amén.
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RICHARD Pablo, El Movimiento de Jesús después de la resurrección y antes de la Iglesia. Verbo Divino, Colección Biblia No 71 3ra Ed. Quito, 2001. Pag – 33-36.
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Moniciones: VI Domingo de Pascua. Ciclo B
8 de Mayo, 2012, 1:15
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Moniciones para la Misa
La Cincuentena Pascual
SEXTO DOMINGO DE PASCUA - Ciclo B
Quien no ama no conoce a Dios
13 de mayo del 2012
Monición de entrada:
Buenas noches (días) queridos hermanos en Cristo resucitado. Todavía estamos celebrando los 50 días de Pascua, días de gozo y paz porque hemos sido redimidos en Cristo Jesús. Según vimos el domingo pasado, la comunión vital del discípulo con Cristo, para ser fecunda requiere la permanencia en Jesús. El Evangelio y la segunda lectura de hoy responden a la pregunta: ¿cómo permanecer unidos a Cristo para dar frutos? Permaneciendo en su amor, es decir, cumpliendo los mandamientos y siendo signo vivo y concreto de ese amor. Porque amar es conocer a Dios que es Amor, como lo demostró Él dándonos a su Hijo único, Jesucristo. Como comunidad de creyentes que somos, celebremos este acto de amor, de pie por favor, para entonar el canto de entrada.
Primera lectura: Hc 10, 25-26. 34-35. 44-48 (Don del Espíritu a no judíos)
En esta lectura San Pedro proclama que la salvación es para todos. El Espíritu Santo vino sobre todos los oyentes: judíos y paganos, y por tanto, confirma que Dios no hace distinción. Escuchemos como desde este momento la Iglesia abrió sus puertas a personas de toda raza, cultura y condición. Escuchemos con atención esta lectura.
Segunda lectura: I Jn 4, 7-10 (Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor)
Seguimos escuchando la primera carta de Juan, el cual nos sigue aclarando su tema de amor. Dios nos manifestó su amor, ante todo al enviarnos a su Hijo; es éste un acto concreto y supremo de servicio al ser humano. Escuchemos bien los criterios de amor que el evangelista nos da.
Tercera lectura: Jn 15, 9-17 (Nadie ama más que el que da la vida por sus amigos)
Permanecer en el amor a Jesús, amar a los hermanos y hacerlo con el sacrificio de la propia vida son las ideas claves del texto que vamos a escuchar a continuación. Antes de escuchar este mensaje de unión y amor, cantemos con júbilo el Aleluya. De pie, por favor.
Oración Universal
1. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, conceda a su Iglesia hacer cada vez más creíble el mensaje de esperanza que le viene de la Pascua. Oremos.
2. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, venga en ayuda de todos los que trabajan en favor de la paz, para que sean en nuestro mundo testigos del amor de Dios. Oremos.
3. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, venga a socorrer a quienes dudan y no aciertan ya a creer, y fortalezca en su fe a cuantos, en virtud del bautismo, son testigos de la vida nueva. Oremos.
4. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, ayude a nuestros jóvenes a responder con generosidad a la llamada del Señor a entregar su vida al servicio de los demás. Oremos.
5. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, ayude a nuestras comunidades reunidas en esta celebración, confirme su solidaridad y haga crecer la calidad evangélica de nuestras vidas. Oremos.
6. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de los seres humanos, de fortaleza a nuestras madres, este y todos los días del año, y puedan seguir dando vida a sus hijos e hijas. Oremos.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 290)
Gracias, Señor Jesús, porque gratuitamente nos admites
como amigos tuyos que conocen tus secretos y cumplen
tus mandatos con alegría, superando así la relación amo/siervo.
Tú nos elegiste y nos destinaste para que demos fruto duradero
y para que alegría esté en nosotros y llegue a su plenitud.
El camino para este gozo completo es amar como tú nos amas,
porque sólo devolviendo a los demás el amor con que Dios nos quiere,
es decir, dando vida y alegría, éstas se poseen y se aumentan.
Danos, Señor, una buena dosis de amor y gozo en el Espíritu.
Estamos necesitándolos desesperadamente, para permanecer unidos
a Jesús y dar fruto abundante de fe, paz y alegría.
Amén.
En algunos países celebran el día de las madres este 2do domingo de mayo, si es tu caso: ¡FELICIDADES!
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Compartimos contigo este impactante testimonio de una pareja de msioneros:
http://www.scalando.com/Testimonios/Matrimonio-Misionero-Redentorista-misionando-en-La-Republica-Dominicana.htm
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En camino: VI Domingo de Pascua. Ciclo A
8 de Mayo, 2012, 1:06
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CAMINO DE FE
13 de Mayo de 2012, 6to Domingo de Pascua, ciclo “B”.
- Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
- Primera lectura: Hch 10,25-26.34-35.44-48: Dios no hace discriminaciones.
- Salmo Responsorial: 97: Aclama al Señor, tierra entera.
- Segunda lectura: 1Jn 4,7-10: Dios es amor.
- Evangelio: Jn 15,9-17: Como mi Padre me ha amado, los he amado yo a ustedes.
DIOS ES AMOR
Según la teología musulmana, los nombres de dios son 4 mil. Mil son conocidos sólo por Dios. Otros mil por Dios y los ángeles. Otros mil por Dios, los ángeles y los profetas. Y los mil restantes, por Dios, los ángeles, los profetas y los fieles. De los mil últimos nombres, 300 son citados en la Torá, 300 en los salmos, otros 300 en los evangelios, y cien en el Corán. A lo largo de la historia, el ser humano ha tratado de conocer a Dios, y desde distintas experiencias le ha dado nombres: el Motor Inmóvil, de Aristóteles; la Inteligencia Creadora, de Platón; el Omnipotente, el Vigilante, el Omnisciente, el Benevolente, el Sagaz, el Longánimo, el Guía, el Inmortal, el Temible, el Paciente, el que Es, el Padre, la Madre, etc.
La segunda lectura nos presenta a Dios, no sólo con una característica de su ser, sino que se atreve a revelar su ser mismo: Dios es Amor. No sólo dice que es amoroso, sino que es el mismo Amor. Tal como sea nuestra experiencia humana así será nuestra representación de Dios, y viceversa: como sea nuestra experiencia y nuestra concepción de Dios, así será el paradigma de ser humano y querrá constituirse como tal con respecto a su entorno.
Una concepción legalista de Dios, como la que predominaba en la religiosidad de la época de Jesús, imponía el cumplimiento estricto de la ley y la participación en los ritos en lugares y en tiempos sagrados. Sus líderes se consideraban personas especialmente sagradas, consagradas y predestinadas por Dios, por medio de una dinastía intocable que, no obstante, muchas veces había sido removida. Los destinatarios exclusivos para el encuentro con Dios eran los judíos que se ajustaran perfectamente a todos los cánones establecidos por la élite religiosa.
Las lecturas de hoy nos muestran una experiencia distinta al legalismo judío. Las comunidades de Jerusalén, con Pedro a la cabeza, que al principio se mostraron recelosas para aceptar a no judíos dentro de ellas, y que cuando los aceptaron querían presionarlos a circuncidarse, lo cual implicaba adherir totalmente a la ley judía, comprendieron, por fin, que no era necesario ser judío para ser cristiano. “Ahora comprendo claramente que Dios no hace discriminaciones, sino que acepta con agrado a todos los que lo temen y practican la justicia, de cualquier nación que sean” (primera lectura). Después de tanto “tire y afloje”, comprendieron que lo que unificaba las comunidades no era la ley judía, ni la uniformidad en los ritos y costumbres, sino el Espíritu de Jesús resucitado: “¿Quién puede negar el agua del bautismo a estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?” (primera lectura). Éstas son expresiones que hoy leemos con tranquilidad, pero en aquella época representaron tensiones muy fuertes que amenazaron, inclusive, la unidad de las iglesias nacientes, hasta que se pusieron de acuerdo en lo fundamental.
Las comunidades del sur de Asia Menor (Evangelio y cartas de Juan) comprendieron, de igual manera, que el conocimiento de Dios y la participación del misterio salvífico no se daba por el hecho de pertenecer a una raza o asumir de manera acrítica una doctrina intocable. “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y llega a conocerlo. El que no ama no sabe quién es Dios, pues Dios es amor”. (Segunda lectura). Si no amamos de verdad, así aceptemos todas las leyes, creamos todo el credo, estemos en todos los ritos y cumplamos todos los requerimientos jurídicos, no conoceremos a Dios, porque Dios es Amor.
Aquí tenemos que aclarar que no cualquier cosa es Amor. No hablamos del amor de las telenovelas y los “programas rosa” de la TV. donde se enamoran, se casan, se separan, se odian, se traicionan... Donde la actriz “X” se casa por quinta vez con el millonario “Y” que ya lleva siete matrimonios. No hablamos del amor del que habla la mayoría de las letras de las canciones que en su mayoría expresan la dependencia afectiva (“no puedo vivir sin ti”, “sin ti me muero…”), la justificación de los errores y la evasión de responsabilidades (“por ti estoy despechado”, “por ti estoy sufriendo”, “arruinaste mi vida, “eres tierra mala… ”), y menos del amor del que busca únicamente satisfacer sus intereses egoístas aprovechándose de todo aquel que dice amar…
No es un amor racional y conceptual que quiere tener el control de todo, ni el amor “placentero”, “sensiblero” que se limita a estímulos agradables y fácilmente manipulables. No es el amor de aquel que no es “capaz de pasar cuatro noches en una misma cama”, como dice la canción, y anda buscando estímulos agradables para afirmar su dudosa identidad.
No significa esto que el amor en cristiano sea únicamente pensar en los demás y abandonar nuestros intereses personales. Es comprender que si busco mi felicidad entendida únicamente como una satisfacción personal de manera egoísta y narcisista, me encamino directamente a la frustración de mi vida y siembro ruina en los demás. Es comprender que sólo en la medida que entablo relaciones de amor misericordioso con los demás en ambiente de libertad, igualdad, fraternidad y solidaridad puedo desarrollarme plenamente. Es trascender nuestra individualidad para aprender a pensar en los otros o por el otro distinto a cada uno. Como decía Von Humboldt: es otorgar el despliegue total de ser de la persona y generar el ambiente propicio para que la persona pueda desarrollarse y crecer desde su propia interioridad, hasta dar lo mejor que tiene de sí misma.
Es el amor del que está dispuesto a dar la vida por los que ama. Dar la vida por los amigos no significa entregarse para que lo maten. ¡Jesús no se entregó para que lo mataran! Jesús se entregó para vivir y servir con amor. Entregó su cuerpo y su sangre que significan la vida misma donada totalmente para los demás, como el pan que se parte y se comparte, y el vino que se disfruta y alegra la vida.
En este sentido, el signo por excelencia del cristiano no es tanto la cruz entendida como sufrimiento sino la mesa como signo del compartir y de la entrega mutua por amor, y la cruz como signo del amor que asume los riesgos que implican buscar una vida digna para la humanidad. Amar al estilo de Jesús trae riesgos porque con mucha frecuencia este mundo se ve dominado por seres infrahumanos, que se alimentan de la desgracia ajena, pisotean la dignidad humana y harán todo lo posible por conservar el poder que oprime a los pobres. Pero Jesús asumió el riesgo, se entregó hasta la muerte y a una muerte de cruz, el gran instrumento de tortura del imperio romano para todos los que se atrevían a cuestionar su “poder divino”. Los nuevos imperios tienen hoy otros instrumentos de tortura.
El amor es el vehículo definitivo para encontrarnos con Dios y para realizarnos como humanos. ¡El amor al estilo de Jesús! Por eso el mandamiento es claro: “ámense unos a otros como yo los he amado”. Un amor así, salva, redime y produce alegría completa. No acepta categorías de dominación: “ya no los llamo siervos sino amigos”.
Con esto se supera la religión del miedo que ve a Dios como un juez que premia y castiga dependiendo del cumplimiento o incumplimiento de todos sus preceptos. Con esto se supera la región estrictamente legalista y ritualista, jerarquizada y piramidal que imponían en su momento los líderes religiosos. Con esto se invita a una relación con Dios que produzca plena alegría. La alegría es signo de que el plan de Dios se está haciendo realidad en la vida del creyente. La vivencia religiosa adquiere todo su sentido si genera personas alegres, felices y plenamente realizadas en el amor. Si los creyentes están llenos de amargura, de rencor, de envidia y demás sentimientos rastreros que denigran al ser humano, es señal de que algo no anda bien en la vivencia religiosa. Por muy cumplidores y “piadosos” que sean, están lejos del Dios amor que nos reveló Jesucristo con su vida y con su palabra. La fe en el Dios de Jesucristo nos libera de todo tipo de esclavitud, empezando por la esclavitud que imponen muchas estructuras religiosas, y nos da la alegría completa que hace posible cuando amamos como él amó. Amar así sólo es posible cuando estamos unidos a Dios porque Dios es amor y nos amó primero.
TRES LECCIONES DE AMOR
- En una clínica donde trabajaba visité a una señora ya anciana; según su diagnóstico no se explicaban los médicos porqué seguía viva. “Esta señora de hoy no pasa” me dijo el médico de turno en UCI (Unidad de Cuidados Intensivos). Entré a su cubículo; estaba consciente, pero no podía hablar. La invité a que le entregáramos nuestra vida al Señor, hicimos la oración y la unción. Estaba seguro de que habría muerto ese día, pero al cabo de un año la volví a encontrar haciéndose unos chequeos. En medio de tanta gente que visito no la recordaba hasta cuando ella me reconoció y me saludó. Seguía enferma y los médicos seguían sin explicarse racionalmente porqué vivía todavía… “Es que no me puedo morir”, me dijo. “Tengo una hermana que está inválida en la cama y si yo me muero queda desamparada”.
- Los vecinos de la cuadra donde me habían acogido en la misión urbana de Río Negro, Antioquia (Colombia), no se explicaban porqué esa señora enferma salía todos los días a lavar y planchar ropa, y además de eso llegaba por la noche a atender a hijo y marido que habían sufrido un accidente de tránsito. ¡Y además, le quedaba tiempo para ir a las actividades nocturnas de la misión! Era una mujer morenita, delgada y de baja estatura. Siempre sonreía y sus vecinas tenían que decirle que se sentara porque insistía en ayudar a repartir el café con pan, después de la reunión. Sabía su drama y admiraba su fortaleza. Se me ocurrió pensar que así debió ser la Virgen, cuando se reunía con las primeras comunidades cristianas. En el compartir los vecinos comentaron en voz alta su admiración por ella. Yo contemplaba la escena con admiración. Mucho más cuando un vecino dijo: “Eh Ave María, padre, yo no sé de donde saca esta mujer tánta fuerza”. “Yo tampoco sé… debe ser que mi Dios está conmigo”, respondió ella. “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador…”
- En el Morro, una vereda del municipio de San Vicente de Chucurí – Santander (Colombia), durante otra misión, estábamos en el encuentro con los niños. Le caía muy bien el nombre a esa vereda pues su escuela quedaba en un morro alto desde donde se veía el pueblo. Una niña de unos cinco años llevaba alzado a su hermanito de unos dos años. Me causó curiosidad ver a esa niña llegar por el camino empinado desde su casa hasta la escuela. “¿No le pesa mucho?”, le pregunté cuando la vi llegar. Levantó su rostro y se limpió el sudor con la manga de la camisa, me miró con sus grandes ojos negros y me dijo que no con su cabeza. ¡No!, le dije con admiración. “¡Es que yo lo quiero tanto!” me respondió, mientras subía los hombros y abrazaba a su hermanito con amor.
Nota: ante estos testimonios debemos tener en cuenta lo que llamaba Luis Enrique Orozco, el principio de incertidumbre racional: “Comenzamos a ser racionales, cuando reconocemos la irracionalidad de nuestra razón todopoderosa”. ¿Será por aquello de que “el amor es el más poderoso de todos los demonios” (García Marquez), de que “el corazón tienen razones que la razón no entiende” (Pascal) y de que “sólo se ve bien con los ojos del corazón? (Antoine de Saint-Exupéri)”?
“Este mandamiento les doy: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”
Oración
Oh Dios, Padre y Madre, fuente de vida, de alegría y de amor verdadero. Te damos gracias por toda la revelación que has hecho al ser humano de tantas formas, en tantas partes, a tantas personas, por diversos caminos… pero siempre para darle vida, plenitud y todo aquello que le da sentido a la existencia.
Te pedimos perdón porque muchas veces no correspondemos adecuadamente al amor con el que nos amas. Porque a veces nuestra vivencia religiosa se limita a cumplir leyes y a repetir ritos, pero nos olvidamos de vivir la libertad propia de tus hijos, la espontaneidad, la alegría, el amor festivo que nos plenifica. No nos dejes caer en la tentación de convertir la vivencia de fe en algo aburrido, tedioso, de obligatorio cumplimiento so pena de pecar; no nos dejes caer en la tentación de vivir una religiosidad alejada del amor verdadero con el que tú te identificas.
Reconocemos que nuestro amor no es puro, que con frecuencia está contaminado de egoísmo, de mentira, de miedos… por eso te pedimos que nos inundes con tu amor, que nos llenes de tu gracia, de tu perdón… purifica, Padre, nuestros corazones, para que seamos cada día mejores y podamos amar de verdad y con libertad.
Danos la fuerza para superar la lógica de la venganza, del odio y de la muerte que tanta miseria causa a nuestra humanidad. Que vivamos esa maravillosa experiencia del amor y la comuniquemos con generosidad a nuestro prójimo. Que vivamos esa lógica del amor propuesta por Jesús: como mi Padre me ha amado, los he amado yo. Permanezcan en mi amor. Tú que eres amor, convierte nuestra vida en una continua expresión de tu amor misericordioso. Amén.
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Moniciones: V Domingo de Pascua. Ciclo B
30 de Abril, 2012, 0:47
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Moniciones para la Misa
Tiempo de Pascua – Ciclo B
V Domingo: La savia de la vid
6 de mayo del 2012
Monición de entrada:
Las fuentes de la palabra en este domingo nos hablan de comunión de vida con Cristo y con los hermanos mediante la fe y el amor. Cristo es la Vid, es decir el tronco, y nosotros las ramas. Unidos a Él por el Espíritu que nos dio, produciremos fruto abundante si cumplimos el mandamiento de Dios: creer en Jesús y amarnos unos a otros; como dio fruto el nuevo converso Pablo de Tarso una vez injertado en la comunidad eclesial que animaba el Espíritu Santo. Unidos con Cristo roguemos por una unión más profunda entre nosotros al empezar esta Eucaristía. Pónganse de pie para recibir a los ministros de esta celebración cantando con alegría.
Primera lectura: Hc 9, 26-31 (Les contó cómo había visto al Señor en el camino)
En la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, Lucas nos relata que después de su conversión, San Pablo fue a Jerusalén para ponerse en contacto con esa comunidad, Pablo es hermano en la fe y en el apostolado; Bernabé sirve de intermediario. Pablo entró en relación con los dirigentes de la Iglesia madre. Ellos le dieron una misión apostólica: predicar la Buena Nueva a los paganos. Presten atención.
Segunda lectura: I Jn 3, 18-24 (Éste es su mandamiento: que creamos y nos amemos)
Esta lectura es continuación de la primera carta de Juan, en ella el Apóstol insiste en que construyamos la Iglesia con obras y no solamente con palabras. La fe en Jesucristo y el amor fraterno es el gran criterio para saber si estamos en comunión con Dios. Escuchen atentos este mensaje.
Tercera lectura: Jn 15, 1-8 (El que permanece en mí, ése da fruto abundante)
En el Evangelio de hoy se afirma en parábola la necesidad de permanecer unido a Jesús para dar fruto abundante: ¿Cómo permanecer en Cristo para dar fruto? Cumpliendo los mandamientos de Jesús, especialmente el del amor fraterno. De pie para entonar con mucha alegría el Aleluya.
Oración universal
1. Para que la Iglesia viva con plenitud el gozo pascual y lo extienda con su testimonio a todos los seres humanos. Roguemos al Señor.
2. Para que el Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas tengan el Espíritu de Cristo y sepan transmitir con fidelidad el mensaje renovador de su muerte y resurrección. Roguemos al Señor.
3. Para que los pobres, los enfermos y cuantos sufren encuentren en nosotros la fortaleza que necesitan. Roguemos al Señor.
4. Para que todos los hombres y mujeres perciban los frutos del gozo y la paz que Cristo nos comunicó por su resurrección. Roguemos al Señor.
5. Para que los aquí reunidos experimentemos en nuestras vidas la fuerza de Cristo resucitado y llevemos, por el amor y el perdón, su alegre noticia al mundo que nos rodea. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 287)
Te alabamos y te bendecimos, Dios de nuestros padres, porque
nuestra tierra ha dado su fruto y la mejor de las cosechas;
pues Cristo, tu Hijo, no sólo es la vid de la que somos parte,
sino que además su sangre es el vino nuevo de la pascua florida.
Somos tu viña, Señor, el pueblo que tú amas entrañablemente.
Gracias a Jesús podemos tener tu viña divina en nosotros
y producir fruto abundante, si permanecemos unidos a él.
Para eso, purifícanos a fondo con la poda de tu espíritu.
Dios Padre de bondad, concédenos creer y amar:
creer firmemente en ti y en tu Hijo y envidado, Jesucristo,
y amarte sin medida, amando a nuestros hermanos los hombres.
Amén.
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En caminino: V Domingo de Pascua. Ciclo B
30 de Abril, 2012, 0:36
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CAMINO DE FE
6 de Mayo de 2012, 5to de Pascua, ciclo “B”.
Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
- Primera lectura: Hch 9,26-31: La Iglesia gozaba de paz.
- Salmo Responsorial: 21: Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá.
- Segunda lectura: 1Jn 3,18-24: Amar no sólo de palabra, sino con obras y de verdad.
- Evangelio: Jn 15,1-8: Yo soy la verdadera vid, y el viñador es mi Padre.
PERMANECER EN JESÚS
Según el contexto sociocultural en el que vive el ser humano, van apareciendo las expresiones artísticas y religiosas. En el ambiente pastoril y agrícola del antiguo oriente, encontramos una rica manifestación religiosa y cultural impregnada de estos dos elementos. Hace ocho días compartíamos la comparación de Jesús con el buen pastor que daba la vida por sus ovejas (ambiente pastoril). Hoy nos remitimos a los cultivos de uvas y de higos propios de esta región (ambiente agrícola). Se solía comparar al pueblo de Israel y su experiencia de Dios, con estas dos plantaciones: "Como uvas en el desierto encontré a Israel, como breva en la higuera descubrí a sus padres" (Os 9,10). La vid y la higuera representan al pueblo y el cultivador a Dios.
El viñador se esforzaba por plantar, cercar y cuidar la viña y esperaba buenos frutos. Pero con mucha frecuencia los frutos eran amargos. (Os 10,1; Sal 79,9.12; Jer 2,21; Ez 17,1-10; Cant 6,11; 7,13; 19,10; Is 5,1-8;). Lo mismo sucedía con la higuera (Jer 8,13; Jl 1,7; Mt 21,19-21), o con la oliva, (Sal 52,10; Os 14,5-8, Jue 9,7-16). "¡Ay de mí! Me sucede como al que rebusca terminada la vendimia: no quedan uvas para comer, ni brevas que tanto me gustan" (Miq 7,1). “El Señor me mostró dos cestas de higos... una tenía higos exquisitos, es decir, brevas; otra tenía higos muy pasados, que no se podían comer” (Jer 24,1-10) “Si intento cosecharlos, oráculo del Señor, no hay racimos en la vid ni higos en la higuera” (Jer 8,4-13). ¿Qué frutos esperaba el viñador? Frutos de amor, justicia y derecho. “La viña de Yahvé Shebaot es el pueblo de Israel, y los hombres de Judá su cepa escogida. Él esperaba rectitud, y va creciendo el mal; esperaba justicia, y sólo oye el grito de los oprimidos” (Is 5,7).
El evangelio de hoy nos presenta la comparación con la vid. La comunidad del Cuarto Evangelista (Juan), presenta a Jesús como la vid verdadera. Hemos dicho muchas veces, y lo recordamos de nuevo, que los evangelios son una confesión de fe de las primeras comunidades cristianas. Es decir, estas palabras no fueron pronunciadas por el Jesús real e histórico, sino por el Jesús resucitado y vivido realmente dentro de la comunidad. Para la comunidad, la vid verdadera era Jesús que habitaba en ella; ya no era el pueblo de Israel y las viciadas estructuras religiosas manipuladas por sus autoridades.
En su viaje a Jerusalén, Jesús y sus discípulos descubrieron una higuera (entiéndase estructura religiosa o pueblo de Israel en general) que, aunque tenía una frondosidad admirable, no producía frutos (Mc 11,11-24). Este texto está redactado y puesto dentro del Evangelio de Marcos de tal manera, que la higuera significa el templo de Jerusalén, es decir, la institución religiosa. Para Jesús, el templo, y en general las estructuras religiosas judías, no representaba la vid de Dios, sino el prototipo de la degradación de lo sagrado. Dios no podía habitar en el templo, no en ese templo: Dios no podía estar dentro de esa falacia. El pueblo de Israel, así como estaba, no podía ser la vid del Señor.
Los líderes de Israel que se camuflaban bajo los títulos de doctores, sacerdotes y maestros, y escondían bajo sus mantos “sagrados”, todo tipo de crímenes, no podían así representar la voz de Dios. No eran los viñadores de Dios sino los viñadores asesinos (Mt 21,33-41). El verdadero viñador es el Padre, (Mt 20,1-16; 21,28-32).
La propuesta de Jesús y sus comunidades fue una nueva experiencia con lo sagrado, ya no a partir de la vieja institución, sino a partir de una comunidad fraterna: “Éste es el mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. En esto conocerán que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros” (Jn 13,34-35).
La expresión: “Yo soy la vid verdadera”, es una conclusión a la que llegan las comunidades cristianas después de experimentar a Jesús muerto y resucitado, en sus propias vidas. La expresión: “Yo soy la vid verdadera”, indica a su vez, que hay otras vides que no son verdaderas, porque no generan vida. Se trata del oficialismo religioso judío que los marginaba, pisoteaba su dignidad y era un impedimento para llegar a Dios y vivir como verdaderos hijos. Jesucristo y su camino de salvación los liberaba y era el medio para encontrarse con el Dios vivo y verdadero. Jesús es la vid verdadera porque fue fiel a Dios, porque durante toda su vida correspondió al Amor del Padre y porque dio frutos de vida. Las obras de Jesús demostraron que entre el Padre y Él había unidad perfecta. Como sugiere la segunda lectura, Jesús no amó sólo con la lengua y de palabra sino con obras. ¡Así se ama!
Las comunidades cristianas, en su anhelo por construir su propia historia de salvación, impulsadas por la fuerza del Espíritu de Jesús resucitado, se encontraron con un fuerte obstáculo. Algunas tradiciones que, por más anacrónicas y nocivas que sean, no son fáciles de superar. Los tabúes de los que se valen los reaccionarios defensores del viejo orden son difíciles de romper, entre otros motivos, por el peso de la conciencia, más cuando de por medio está el nombre de Dios. “Dios lo quiso así, así ha sido y ha de ser siempre”, suelen decir los reaccionarios. En la conciencia personal y colectiva se graba un deber ser, y obedecer a esas directrices les da tranquilidad a las personas. Y eso no está mal, es necesario que una conciencia recta y bien formada oriente la vida de las personas. Pero esa conciencia recta bien formada debe estar abierta a lo nuevo, cuando lo novedoso dignifica la vida.
Por eso, la Primera Carta de Juan se da al trabajo de ayudar en la formación de la conciencia de sus lectores con los nuevos paradigmas religiosos propuestos por el movimiento de Jesús: El amor verdadero: “Hijitos míos, no amemos sólo con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad. Amando así, sabremos que somos de la verdad” (1Jn 3,18-19ª). Y si el peso de las tradiciones hace que la conciencia de los neófitos le reproche dejar atrás elementos considerados sagrados, los autores de la carta invitan a estar tranquilos porque Dios es más grande que la conciencia: “… y cuando la conciencia nos reproche algo, delante de Dios la convenceremos de que Dios es más grande que la conciencia porque lo sabe todo. Queridos míos, si la conciencia no nos reprocha nada, podemos acercarnos a Dios con más confianza; guardando nosotros sus mandamientos y haciendo lo que le agrada, él nos concederá todo cuanto le pidamos” (1Jn 3,19b-22). No se trata de manipular la conciencia, sino de ayudar a formarla para el progreso integral del creyente.
Si queremos dar frutos de vida como los dio Jesús, es preciso estar unidos a él. Hoy nos queda fácil criticar la institución judía y decir que ellos no eran la vid de Dios porque daban malos frutos. Pero nos toca evaluarnos a nosotros mismos como discípulos y discípulas, y como institución. Entiéndase institución familiar, comunitaria o eclesial.
No se trata de criticar por criticar, ni de reformar por reformar. Podemos quedarnos criticando toda la vida y hacer de la crítica una excusa para justificar nuestras propias fallas. Cuántos reformadores han aparecido y escudan su afán de protagonismo y de sectarismo en un “santo celo” por la obra de Jesús. “En este mundo hay más religiones que niños felices”, dijo Ricardo Arjona. ¡Claro que necesitamos una reforma a nivel institucional! Pero sobre todo necesitamos una reforma del corazón y de la mente, es decir de nuestras motivaciones, de todo aquello que nos impulsa a actuar: sentimientos, pensamientos, impulsos, afectos, etc.
La invitación central de este día es unirnos a Jesús y permanecer unidos a Él. “Esto es lo que Dios nos manda: que creamos que Jesucristo es su Hijo y nos amemos los unos a los otros, como él nos lo ordenó. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios permanece en él; y sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1Jn 3,23-24 – segunda lectura). “El que permanece en mí, y yo en él, da fruto abundante, porque separados de mí, nada pueden hacer” (Evangelio). Unirnos y permanecer en Jesús no se entiende aquí en sentido espiritualista e intimista, alejados de la realidad y de los hermanos. No nos unimos a Jesús únicamente motivados por un momento de efervescencia, calor y éxtasis. Nos unimos y permanecemos en él, en la medida en que nos acojamos a su misericordia, aceptemos su gracia salvadora y caminemos como auténticos discípulos en medio de nuestras falencias humanas.
Miremos hoy a aquel que ha tomado la iniciativa y nos ha llamado a seguir sus caminos. Veamos si estamos unidos verdaderamente a Él, no sólo porque pertenezcamos oficialmente a una institución o porque tengamos la partida de bautismo, confirmación y matrimonio. Así como el sarmiento (ramas) no puede dar fruto si no permanece unido a la vid (tronco), nosotros no damos frutos si no permanecemos unidos a Jesús, vid verdadera.
¿Qué frutos estamos dando? ¿Los frutos que damos glorifican al Padre? ¿Qué elementos de nuestras vidas necesitamos podar o dejar que el Padre pode, para dar los frutos de la Vid verdadera? ¿Estoy cerrado, totalmente seco y el único remedio es que me corten y me echen al fuego? O ¿Soy una rama que acepta ser podada y siempre dispuesta a recibir la savia de la Vid?
Oración
Señor Jesús, Vid verdadera, gracias por la abundante savia que nos comunicas y con la cual nos das vida en abundancia. Gracias por tu presencia viva en medio de nosotros.
Te pedimos perdón porque, como ramas, hemos permitido que la maleza nos inunde, porque algunas veces nos desprendemos de ti que eres la Vid verdadera y nos mal alimentamos de savias dañinas. Inunda nuestra vida con la gracia de tu Espíritu, con la savia pura que nos fortalece, que nos purifica, que nos revitaliza… llénanos de ti para que demos los frutos que el Padre y Madre Dios espera de nosotros.
Danos la gracia de formar nuestra conciencia para verlo todo con un sentido crítico, con madurez, fe y esperanza, con un profundo amor por tu proyecto. Danos tu gracia para tomar las mejores decisiones, para asumir con valentía nuestros compromisos históricos como personas, como familias, como iglesia.
Que con tu ayuda generemos a nuestro alrededor un ambiente de compromiso, de trabajo, de vida, de alegría, de libertad, de dignidad y de todos los frutos que le dan sentido pleno a nuestra existencia. Amén.
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Moniciones: IV Domingo de Pascua Ciclo B
26 de Abril, 2012, 0:02
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Moniciones para la Misa
Tiempo de Pascua – Ciclo B
IV DOMINGO
Pastores para la comunidad cristiana
29 de abril del 2012
Monición de entrada:
En este cuarto domingo de Pascua recordamos cada año que Jesús es nuestro Pastor. Aquel que va delante, aquel que nos guía por caminos que conducen a mayor vida. Aquel, también que como excelente Pastor conoce y ama, una por una cada oveja. Agradecidos a Cristo, nuestro Buen Pastor, el inmenso amor que nos tiene, alabémoslo como comunidad, mientras cantamos (se dice el nombre del canto).
Primera lectura: Hc 4, 8-12 (Ningún otro puede salvar)
La primera lectura de hoy es la continuación de la curación de un enfermo por San Pedro. El paralítico fue curado en el nombre y por el poder de Jesús quien murió y resucitó. Nuestra salvación nos viene solamente por Cristo, quien es la piedra angular de la Iglesia. Oigamos.
Segunda lectura: I Jn 3, 1-2 (Veremos a Dios tal cual es)
San Juan en la segunda lectura alaba a Dios Padre por el inmenso amor que comparte con todos nosotros. Este amor nos ha hecho suyos por nuestro bautismo. Seremos semejantes a Él cuando le veamos cara a cara en su gloria. Escuchemos este mensaje de amor.
Tercera lectura: Jn 10, 11-18 (El buen pastor da la vida por sus ovejas)
En el texto evangélico de hoy se interpreta la imagen o parábola del Pastor que se auto aplica con estos rasgos característicos: Jesús es el Buen Pastor, pastor único de un solo rebaño. Pastor que da su vida por las ovejas. Antes de la proclamación de esta Buena Nueva, cantemos con entusiasmo el Aleluya.
Oración Universal
A cada invocación oremos diciendo: Jesús Buen Pastor, escúchanos.
1. Para que los pastores de la Iglesia, movidos por la verdadera caridad conozcan a cada una de las personas a ellos confiadas, se acerquen a los alejados y estén dispuestos a dar su vida por su rebaño. Roguemos al Señor.
2. Para que la comunidad eclesial y la comunidad doméstica, es decir, la familia, como lugares de crecimiento y educación en la fe, sepan cultivar los gérmenes de la vocación al ministerio pastoral y a la vida virginal por el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
3. Para que quienes han oído a van a oír la voz del Señor, que los llama a seguirlo para el servicio y edificación de su pueblo, correspondan con docilidad al don del Espíritu. Roguemos al Señor.
4. Para que todos los hijos de Dios tengan en alta estima el valor de la vida y de la persona humana, y no pierdan nunca el gran don de la libertad que Cristo ha conquistado. Roguemos al Señor.
5. Para que los obispos, los presbíteros y todos los ministros de la Iglesia que han muerto en el Señor sean eternamente felices junto con los hermanos a quienes, en nombre de Cristo, condujeron a los pastos de la vida eterna. Roguemos al Señor.
6. Para que cada uno de nosotros los que estamos aquí presentes nos unamos más, los que hoy estamos divididos por buscar intereses y ventajas personales. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 284)
Te bendecimos, Padre, por Cristo, nuestro pastor y guía.
Él ha venido para que nosotros tengamos vida en abundancia.
Él es la puerta siempre abierta a todos los hombres,
que nos franquea el paso a tu infinita bondad de Padre,
a tu amor universal y al amor de nuestros hermanos.
Abre nuestras puertas, Señor, rompe nuestros cerrojos,
elimina nuestras defensas y monopolios de gente satisfecha.
Que tu espíritu rompa brecha en nuestros espesos muros
para que nuestra comunidad sea un hogar abierto a todos.
Suscita abundantes vocaciones de servicios entre nosotros
y da a tu pueblo muchos pastores según tu corazón. Amén.
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En camino: IV Domingo de Pascua Ciclo B
26 de Abril, 2012, 0:00
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EN CAMINO
Tiempo de Pascua, ciclo “B”
29 de abril de 2012
Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com
LECTURAS:
- 1ra lect.: Hch 4, 8-12
- Sal 117
- 2da lect.: 1Jn 3, 1-2
- Evangelio: Jn 10, 11-18
La figura del pastor referida a los líderes del pueblo y a los dioses era muy propia del antiguo oriente. Los egipcios representaban a sus reyes con los dos distintivos del pastor: el azote (o espantamoscas) y el cayado. En el arte mesopotámica y griega se encuentra la figura del pastor llevando a hombros un cordero. Así mismo el dios griego Hermes fue representado llevando un carnero.
En el Antiguo Testamento Dios le encomendó a David la tarea de pastorear a su pueblo Israel (2Sam 5,2). Según la mentalidad judía, Dios encomendaba a los líderes el trabajo de pastorear al pueblo. Pero no pocas veces ellos se adueñaban del rebaño y usurpaban lo que le pertenecía únicamente a Dios. Ezequiel (cap. 34), un profeta de la cautividad en Babilonia, hace una fuerte crítica a los líderes que viven preocupados sólo de ellos mismos y con su irresponsabilidad han llevado al pueblo a las desgracias. Dios reclama lo que le pertenece: el pueblo, la tierra y la vida. La actitud inepta de los pastores deslegitima su autoridad.
De igual manera el evangelio de hoy denuncia la irresponsabilidad de de los líderes del tiempo de Jesús, pues no eran pastores sino asalariados que trabajaban sólo por la paga. No les interesaba la vida de las personas sino que se aprovechan de ellas y las explotaban.
El relato evangélico describe de manera clara aunque indirecta a los ancianos del pueblo, magistrados y fariseos, a los sacerdotes, al mismo Herodes y demás autoridades, todas ellas preocupadas únicamente de ellas mismas. No conocían el sufrimiento del pueblo, nos les importaba sus dolencias y reprimían con violencia sus deseos de libertad. No tenían sentido de pertenencia, no se sentían del pueblo, sino una casta privilegiada y digna de llevar una mejor vida. No lo amaban ni lo comprendían, por el contrario, lo criticaban y lo juzgaban. No vivían para servir sino para que les sirvieran. Aunque vivían de él, les molesta su presencia y les escandalizaba sus gritos. Eran más cercanos a los romanos quienes defendían sus privilegios y posibilitaban su continuidad en el poder. Vivían de esa manera de rodillas ante la bota romana y con la espada para con su gente.
Jesús es presentado por la comunidad de Juan como el Buen Pastor, con una relación de intimidad con el Padre. Él estaba con Dios y Dios estaba con Él. Conocía a Dios, vivía profundamente unido a Él. Fue eso lo que lo hizo capaz de ser misericordioso como Dios es misericordioso, de ser perfecto, como Dios es perfecto, de dar vida, como Dios da vida. De asumir como propio el Proyecto de Dios en defensa de los más pobres y marginados del mundo. Se identificó de tal manera con Dios que llegó a decir: “el padre y yo somos uno”. Se identificó de tal manera con Dios y su obra que llegó hasta dar la vida por sus ovejas.
La identificación con su Padre Dios era a su vez identificación con su pueblo; con la gente con la cual creció y compartió sus dolores y alegrías, sus deseos y esperanzas. Conoció a Dios y al ser humano, por eso pudo comprenderlo, aceptarlo y amarlo. El amor a Dios y a los hermanos lo facultó para acoger y enseñar, para reprender con cariño y para sanar integralmente. No juzgó ni rechazó a nadie, no se aprovechó de la ignorancia, ni de la necesidad, no explotó el sentimiento de afecto hacia él y siempre estuvo dispuesto a dar lo mejor de su propio corazón.
No excluyó a nadie de su camino por ser prostituta, publicano o pecador; a todos, inclusive a los que se creían santos, los invitó a la conversión y a caminar con él. Con el tiempo descubrió que había otros seres humanos que no eran del pueblo de Israel, pero que de igual manera eran amados por Dios; fue entonces cuando extendió su mensaje de salvación a toda la humanidad: “Pero tengo otras ovejas, que no son de este redil. También a ellas debo traerlas; ellas escucharán mi voz, y se hará un solo rebaño con un solo pastor”.
Mirando nuestro mundo descubrimos que a nivel político, social, empresarial y aún a nivel eclesial, como en todos los grupos humanos, existen líderes - funcionarios que, como dice Drewermann, su actividad profesional no es más que un modo de ganarse la vida, algo meramente exterior a su existencia como personas, y así su oficio siempre será algo accidental. Estos pseudopastores se creen miembros de una casta privilegiada a la que hay que hacerle reverencias. Son alérgicos a las críticas pues creen que nunca se equivocan y siempre tienen la razón, su lenguaje es arrogante y se ufanan de poseer el esplendor de la verdad. Les gusta que los traten con preferencia en los controles de inmigración cada vez que andan por el mundo y gozar de la inmunidad diplomática o de cualquier inmunidad, no pocas veces utilizada para esconder sus fechorías. Estos personajes pasan la vida escondiendo sus propios vacíos humanos, sembrando indiferencia e impidiendo la renovación de las instituciones para defender sus prebendas. Por acción o por omisión alrededor de ellos se genera más caos, corrupción, injusticias y muerte. Así el lobo entra con más facilidad, hace sus estragos y las ovejas se dispersan.
Por supuesto que existen también líderes serios, que sin ser perfectos, conocen, trabajan y aman a su pueblo hasta dar la vida por él. Reciben salario porque naturalmente el trabajador merece su salario y su descanso, pero esa no es la principal razón de su labor. Vemos líderes comunitarios, sociales y políticos que luchan contra viento y marea, a pesar de tener en contra una poderosa maquinaria. Vemos religiosos laicos y sacerdotes que trabajan por construir la Iglesia que Dios quiere y el mundo concreto necesita. Vemos padres y madres de familias entregados a los suyos, con las herramientas de trabajo en una mano y el bolso de los pañales en la otra, con la inteligencia bien puesta para orientar y el corazón bien caliente para amar.
Necesitamos líderes que sean buenos pastores. Que conozcan a su pueblo y que generen verdaderos procesos para vernos libres de todo tipo de esclavitud. Que promuevan un crecimiento y de progreso integral. Y que unidos a Cristo único Pastor lo den todo por su pueblo. Necesitamos padres y madres de familia que conozcan, amen, eduquen y les brinden a sus hijos el mejor ambiente para crecer en armonía. Necesitamos un pueblo conciente de la necesidad de implicarse en sus procesos humanos. Los líderes son el reflejo de un pueblo; de su interés por desarrollarse integralmente o de su indeferencia ante su propio atraso y su propio dolor. Por eso cada pueblo tiene los gobernantes que se merece, conquista su victoria o sufre su derrota. Es un compromiso ética - político, religioso, humano y cristiano reaccionar ante un líder cuyo accionar lo deslegitima. Así mismo todos tenemos el compromiso de apoyar procesos familiares, comunitarios y sociales para transformar positivamente nuestro entorno.
Nota 1: Oremos por la unidad de todos los cristianos que no significa necesariamente que todos se sometan a la disciplina domesticadora que en ocasiones se pretende implantar. Sería interesante reflexionar sobre cómo construir la unidad de tal manera que, como dice el evangelio, “se haga un solo rebaño, con un solo pastor”. ¿El rebaño tendría que ser necesariamente la Iglesia católica romana y el pastor sería el papa, llamando el sucesor de Pedro y vicario de Cristo?
Nota 2: La frase de los Hechos de los Apóstoles referida a Jesús: “no existe bajo el cielo otra persona cuyo nombre pueda salvarnos”. ¿No sería un impedimento para el diálogo interreligioso? Según esto, ¿no tendrían validez el camino propuesto por otras religiones como la budista, islamista y el mismo judaísmo? Este es un tema donde hay mucha tela para cortar. A grandes rasgos digo que la sagrada escritura no es una declaración dogmática y lo que pretendían los escritores sagrados era hacer una confesión de fe para que otros acogieran la Buena Nueva de la salvación que ellos recibían por medio de Jesús. Los dogmas aparecieron en el siglo IV con el emperador Constantino el Grande que acogió el cristianismo no precisamente por convicciones de fe.
Nota 3: En muchas iglesias se convoca para este día a una jornada especial de oración por las vocaciones sacerdotales, porque se ha asumido que los buenos pastores son los sacerdotes y la fiesta del buen pastor es la fiesta del sacerdote. ¿No será que buenos pastores debemos ser todos los que de una u otra manera tenemos la responsabilidad de orientar algún grupo humano? ¿No será que a demás de orar para que tengamos muchos y santos sacerdotes, debemos orar y sugerir, como miembros vivos de la Iglesia, que cambie el modelo de sacerdocio que tenemos hoy?...
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