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Moniciones: Presentación del Señor - 2 de febrero

Enlace permanente 25 de Enero, 2012, 1:35

Moniciones para la Misa
2 de febrero

Presentación del Señor

Autor: P. Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.                                                                  Fuente: www.scalando.com

Hazpara ver las lecturas del día

-      Ira lect.: Mal 3, 1-4

-      Sal 23

-      2da lect.: Heb 2, 14-18

-      3ra: lect.: Lc 2, 22-40

"Corramos todos al encuentro del Señor"

Monición de entrada

Muy buenas (noches, días, tardes) La fiesta de hoy es conocida y celebrada con diversos nombres: La presentación del Señor, la purificación de María, la fiesta de la luz, la fiesta de las Candelas o Candelaria, es decir, fiesta de la luz.

María y José acuden con el Niño al templo de Jerusalén para cumplir la doble disposición de la ley mosaica: presentación del primogénito varón al Señor para su rescate y purificación de la madre a los cuarenta días del parto.  De pie, por favor para recibir a los celebrantes de  esta Eucaristía.

Primera lectura: Mal 3, 1-4 (El mensajero del Señor entrará en su santuario)

En la primera parte de la alocución de Simeón, es decir, en la proclamación mesiánica de Jesús, escuchamos un eco, mejor dicho vemos la realización del anuncio del profeta Malaquías: venida del Señor al santuario.  El libro de Malaquías está centrado en la figura del Mensajero, se orienta a crear una nueva actitud religiosa que, a su vez, renueve el culto del templo, que estaba en franca decadencia. Escuchemos.

Segunda lectura: Heb 2, 14-18 (Tenía que parecerse a todos sus hermanos)

Jesús participó de nuestra humanidad y con su muerte nos liberó del poder de Satanás que nos tenía esclavizados.  Jesús es el Sumo Sacerdote compasivo y fidedigno en lo que toca a Dios.  Pongan atención.

Tercera lectura: Lc 2, 22-40 (Mis ojos han visto a tu Salvador)

En el texto evangélico de hoy y en boca del anciano Simeón hay una proclamación solemne, casi oficial, de Jesús en el mismo templo de Jerusalén, como el Mesías esperado.  Dichoso este anciano a quien el paso de los años no le apagó sus pupilas, sino que le dio una visión más aguda y penetrante para ver en aquella oblación, que parecía tan rutinaria como una de tantas, a una pareja distinta y a un niño sin paralelo: el Mesías de Dios.

Oración Universal

1.    Por la Iglesia de Dios: para que, por la vida de sus fieles y el ministerio de sus sacerdotes, haga brillar ante los hombres la luz de Cristo, Salvador de las naciones. Roguemos al Señor.

2.    Por nuestros gobernantes: para que su labor sea siempre de servicio, de justicia y de paz. Roguemos al Señor.

3.    Por las madres de familias: para que reciban en sus hogares el honor, la ayuda y la gratitud que merecen sus afanes de cada día por el bienestar su familia. Roguemos al Señor.

4.    Por los enfermos y todos los que sufren: para que perseveren de la llamada de atención  a la responsabilidad de todos. Roguemos al Señor.

5.    Por nosotros mismos, los aquí reunidos; y por todos los miembros de nuestra parroquia: para que la manifestación del Señor en la carne sea causa de edificación y vida, y no ocasión de caída y escándalo.Roguemos al Señor.

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Moniciones: IV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Enlace permanente 24 de Enero, 2012, 1:35

Moniciones para la Misa

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com

Moniciones para el IV Domingo Ordinario - Ciclo B

La autoridad que viene del carisma

29  de enero de 2012

 

Monición de entrada:

        

Buenas noches, días, tardes, hermanos en Cristo.  Hoy día oímos hablar de los profetas modernos y del mensaje que comunican.  Aunque en el Antiguo Testamento Moisés fue el más grande mediador entre Israel y Dios, existía ya la promesa de un profeta aún mayor.  Todos sabemos que Jesús es el Enviado de Dios; sus enseñanzas tienen el sostén de la autoridad, el amor y la verdad.  Obedezcamos la Palabra de Dios a la vez que celebramos esta liturgia dominical.  Nos ponemos de pie para recibir a los ministros de esta celebración.

 

Primera lectura: Dt 18, 15-20 (Suscitaré un profeta de entre sus hermanos)

 

La primera lectura de hoy tomada del libro del Deuteronomio, nos explica que el profeta es el mensajero de la  Palabra de Dios.  Es un mediador entre Dios y su pueblo.  Moisés fue el gran profeta hasta la venida de Cristo, como leeremos en el Evangelio.  Escuchemos.

 

Segunda lectura: 1 Cor 7, 32-35 (El célibe se preocupa de los asuntos del Señor)

 

El Apóstol Pablo, en su carta a los corintios, continúa hablando sobre la virginidad con referencia a la vocación religiosa.  Según él, la virginidad es un don de Dios, un carisma dado por motivos apostólicos. Pongan atención a este importante mensaje.

 

Tercera lectura: Mc 1, 21-28 (Jesús les enseñaba con autoridad)

 

El evangelista Marcos nos asegura que Jesús es el más grande expositor de la Palabra de Dios.  El enseña con autoridad propia y no vicaria o delegada, de modo que hasta los demonios tienen que admitir su santidad y el poder de su palabra.  Las palabras de Jesús los sorprendió a todos.  Abramos nuestro corazón a esta Palabra.  Cantemos el Aleluya.  De pie, por favor.

 

Oración universal

 

1.    Por los obispos, nuestros sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas: para que tengan la valentía de predicar el Evangelio en tiempos buenos y difíciles. Roguemos al Señor.

 

2.    Por los padres de familia: para que a través de su autoridad en el hogar, se dediquen más a amar y ser amados que a crear un ambiente de temor. Roguemos al Señor.

 

3.    Por los enfermos y cuantos no han podido venir a nuestra celebración, especialmente los de nuestra parroquia: para que presentes en espíritu, obtengan los bienes de Dios y usen este tiempo para crecer en el amor de Dios. Roguemos al Señor.

 

4.    Por un aumento en las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal: para que tengamos buenos discípulos y misioneros que lleven la Buena Nueva a los más pobres.  Roguemos al Señor.

 

5.    Por todos nosotros presentes aquí: para que cada día la Palabra de Dios sea algo real en nuestra vida. Roguemos al Señor.

 

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 316)

 

Te bendecimos, Padre, porque Cristo Jesús, tu Hijo,

Basó su autoridad en el carisma y no en la fuerza del poder,

En el servicio liberador y no en la opresión de los demás.

 

En él nos mostraste que es posible ser hombres libres,

Desposeídos del pecado, señores de nuestro destino,

Hermanos de los demás y solidarios de todo el que sufre.

Ayúdanos a continuar su misión liberadora del hombre actual,

Poseído por los demonios del tener, acaparar y consumir,

Del egoísmo y la soberbia, la insolidaridad y el desamor.

 

Así el anuncio de tu reino llenará de luz nuestro mundo

Y viviremos en plenitud, libertad y esperanza segura.

 

Así sea

 

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En camino: IV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Enlace permanente 24 de Enero, 2012, 1:16

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “B”

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.           Fuente: www.scalando.com

29 de enero de 2012, 4to Domingo del tiempo ordinario

 

-          Primera lectura: Dt 18,15-20: El Señor, tu Dios, te dará un profeta.

-          Salmo Responsorial: 94: Ojalá escuchen hoy su voz; no endurezcan el corazón.

-          Segunda lectura: 1Cor 7,32-35: Una propuesta: servir al señor sin distracciones.

-          Evangelio: Mc 1,21-28: Una nueva manera de enseñar, con autoridad.

 

JESÚS EL LIBERADOR

La literatura bíblica contiene varias líneas ideológicas, así como diversas experiencias de Dios. En el Pentateuco (cinco primeros libros de la Biblia) tenemos cuatro líneas ideológicas que testimoniaron la experiencia de Dios: Sacerdotal (P), Yavista (J), Eloísta (E) y Deuteronomista (D).

La Deuteronomista (primera lectura) pone el énfasis no tanto en el cumplimiento de la Ley de manera minuciosa y casi escrupulosa, como lo hacían muchos rabinos, sino en la Ley como un don para hacer que en las relaciones humanas reinen la justicia y la buena convivencia.

¿Por qué Dios prometió un profeta? ¿Por qué no le dijo a Moisés todo de una vez? ¿Acaso se le olvidó algo? Para la escuela Deuteronomista, la que escribió el libro del Deuteronomio, la palabra de Dios no es estática sino dinámica. Recordemos que Deuteronomio significa segunda Ley (Deutero = posterior y, Nomos = Ley). Para esta escuela religiosa Dios sigue hablando por medio de los signos de los tiempos y se hace necesario renovar el mensaje sin tergiversarlo. Dinamizar la experiencia de Dios, sin traicionarla: “A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o habla en nombre de otros dioses, será reo de muerte”. (Dt 18,19-20).

El Deuteronomio fue uno de los textos que más influyó en Jesús. Él lo citó en varias oportunidades y se hizo continuador de su manera de interpretar la Ley. Aunque Jesús no fue un maestro autorizado por la academia, tuvo la sagacidad de interpretar acertadamente la Ley y la Palabra en general. No se limitó a repetir al pie de la letra los preceptos y a aplicarlos sin ningún discernimiento como lo hacían los maestros. Supo comprender que lo esencial era la salvación del ser humano, liberarlo de todas sus esclavitudes, de sus taras y de todo aquello que le impedía vivir a plenitud.

¿De qué libera Jesús en este evangelio? Primero, del miedo a la Ley, de la interpretación simplista y mediocre, anquilosada y traicionera como lo hacían los maestros oficiales. Por eso la gente que lo escuchaba comprendía que la suya era una nueva forma de enseñar: con autoridad, con fundamentos sólidos, con un profundo deseo de liberar al ser humano, y sin algún tipo de interés mezquino, sin nada que ocultar, sin aspiraciones proselitistas, ni engaños frustrantes.

Jesús nos liberó de la visión del Dios rígido, legislador implacable y nos mostró al papá bueno y misericordioso, con una palabra esperanzadora, siempre dinámica y actualizada. Con el hermoso testimonio de Jesús y con los cambios que vive nuestro mundo contemporáneo, podemos decir con Juan Arias: “Se puede decir, sin escandalizar a nadie, que cada época, cada generación, cada nueva revolución histórica, cada nuevo escenario mundial, cada toma de conciencia del mundo y de su devenir necesitan un nuevo Dios, de una nueva forma de concebirlo. Dios en la vida de los hombres es, de alguna manera, como el arte, como la literatura o la música, como todo lo fundamentalmente humano. Por eso cada época tiene su música y su Dios y sus demonios. Lo que no cambia es una cierta insistencia del hombre en la búsqueda de una dimensión que, de alguna forma, lo trascienda en cualquiera de sus actividades, desde la artística a la religiosa, ante la amenaza de vulgaridad de lo sin sentido, que le impide seguir soñando”[1]. Nos corresponde hacer hoy ese discernimiento a la luz del evangelio y analizando nuestro propio devenir histórico.

¿De qué otra cosa nos libera Jesús? Jesús libera al ser humano de los espíritus malignos. ¿Qué es esto? Los demonios o espíritus inmundos no son seres raros que vejan y golpean a las personas; son situaciones internas o externas que desintegran al ser humano. Pueden ser enfermedades físicas, emocionales, espirituales, sicológicas y familiares, corrientes ideológicas o problemas sociales. Pueden ser experiencias traumáticas, recuerdos y/o vivencias de la infancia o de algún otro momento de la historia personal, que enturbian la manera de pensar y sentir, y aunque la persona quiera escapar de ello, no puede; no es capaz de confiar y de vivir la vida con esperanza, porque se grabó en ella una gran desconfianza y un miedo profundo.

En el relato que hoy leemos cuando Jesús estuvo cerca del hombre endemoniado, los malos espíritus no pudieron ocultarse. El camino de Jesús tiene que ayudarnos a identificar los malos espíritus que habitan y dañan la vida personal o social. Con la presencia de Jesús los malos espíritus tienen que salir de su escondite. Ante Jesús, los malos espíritus se dividen; se hace visible lo que es impuro y lo que no puede subsistir ante Dios. Jesús tuvo y sigue teniendo autoridad. Sus Palabras y sus obras producen efecto salvífico en el ser humano.

Hoy tenemos la oportunidad de vivir esta nueva experiencia de salvación. Nos corresponde abrirnos confiadamente al amor misericordioso del Padre manifestado en Jesús y exorcizar los espíritus malignos, es decir, trabajar para eliminar todo aquello que nos impide vivir a plenitud como personas y como sociedad. Nos corresponde evaluar nuestra vida religiosa para evitar todo anacronismo inmovilizador, así como todo libertinaje desbocado.  Nos corresponde comunicar nuestra experiencia de salvación para que mucha gente, que vive esclava de los “malos espíritus”, sea testigo del amor de Dios y viva a plenitud su libertad.

 

Oración

Señor Jesús, te damos gracias porque sigues en medio de nosotros, siempre dispuesto a liberarnos de todas las cadenas que oprimen y denigran la vida. Te reconocemos como el Profeta, el liberador, el Mesías, el camino, la verdad y la vida. Te abrimos nuestra mente, nuestro corazón, toda nuestra historia con sus luces y sus sombras, con las experiencias bellas y con las experiencias dolorosas que han hecho grabar en nuestro interior ciertos pesares, miedos e inseguridades que interrumpen nuestra buena marcha.

Reconocemos esas realidades humanas, “esos malos espíritus” en nuestro interior y en nuestras familias y comunidades. Pedimos la acción de tu Espíritu para que ilumine todo nuestro ser y nos ayude a descubrir esas realidades que nos quitan la paz, que oscurecen nuestra vida y nos esclavizan. Pedimos la fuerza de tu Espíritu para que  podamos vencerlas, superarlas y vernos libres de ellas. Que tu Espíritu inunde con su amor toda nuestra vida, penetre hasta lo más profundo, transformando todo, purificando todo, santificando todo… desatando toda cadena, eliminando todo miedo, toda inseguridad, todo resentimiento, todo odio, todo rencor… Que la luz de tu Santo Espíritu limpie nuestras heridas, afiance nuestras fortalezas y nos dé la gracia de continuar con la seguridad propia de los hijos bien amados de Dios, Padre y Madre. Amén.

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[1] ÁRIAS Juan. Un Dios para el 2000, Bilbao 1998, 32.

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Moniciones: 21 de enero Fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia, protectora de la República Domi

Enlace permanente 18 de Enero, 2012, 0:43

Autor: P. Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com

Ntra. Sra. de la Altagracia, protectora del pueblo dominicano

Hazpara ver las lecturas del día

Citás Bíblicas

  • Isaías 7, 10-14
  • O bien

  • Ec (Sirácides) 24, 23-31

  • Gálatas 4, 4-7
  • Lucas 1, 39-48

"El “hágase” de María es un “SÍ”, para la nueva humanidad"

Monición de entrada:

Muy buenas (noches, días, tardes). Hoy celebramos el día de Nuestra Señora de la Altagracia, nuestra protectora. La Altagracia es símbolo del pueblo dominicano. Símbolo de su fe, de su identidad nacional, de su confianza en la protección de la Virgen. Es el punto de unión en medio de cualquier división de nuestro pueblo. Demos gracias a Dios, porque quiso enviarnos a la Santísima Virgen María para darnos consuelo en nuestras penas y llevarnos hacia él. Pongámonos de pie para recibir a los ministros de esta Eucaristía.

Primera lectura: Is 7, 10-15

En la primera lectura vemos un encuentro del Profeta Isaías con Acaz, rey de Judá, en el siglo octavo antes de Cristo, que se veía tentado a hacer alianza con el rey pagano de Asiria para librarse de la amenaza de los reyes de Damasco en Aram y de Efraím. El profeta anuncia una señal de Dios para alentar la fidelidad del rey Acaz, y como una garantía de la permanencia de la promesa hecha por Dios a David: el nacimiento de un niño de una mujer doncella. Escuchemos.

Segunda lectura: Gál 4, 17

En el texto que escucharemos a continuación San Pablo condensa el rimo y la finalidad de la Encarnación. El Hijo de Dios se hace humano, nacido de una mujer, para que recibiéramos la condición de hijos. Desde ahora, impulsados por el Espíritu, podemos llamar “Padre” a Dios y “hermano” al semejante. Pongan atención al siguiente mensaje.

Tercera lectura: Lc 1, 26-38

El Evangelio de hoy contiene el anuncio del Señor a María. Se cumple así la profecía de Isaías en la primera lectura. El “hágase” de María es un “SÍ”, para la nueva humanidad salvada por Dios en Cristo; y nos muestra a nosotros, cristianos de hoy, el modo de optar definitivamente por el Evangelio y asumir compromisos concretos de presencia en el mundo y en la sociedad en que vivimos. Nos ponemos de pie para escuchar esta Buena Noticia, pero antes entonemos el Aleluya.

Oración Universal

1. Tú que has hecho surgir a la Santísima Virgen María como el sol sobre los montes para iluminar a tu Iglesia, haz que, bajo el influjo de su belleza y de su amor, reine la justicia y la paz en todo el mundo. Roguemos al Señor.

2. Señor Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo, fuera venerada en nuestro pueblo con el nombre de la Altagracia, haz que copiemos en nosotros sus virtudes y su amor hacia los pobres y desamparados. Roguemos al Señor.

3. Tú que, por medio de Nuestra Señora de la Altagracia, cambiaste la fe de nuestro pueblo dominicano, has que por su intercesión esta fe se haga más profunda y comprometida. Roguemos al Señor.

4. Haz Señor, que seamos siempre fieles al culto divino y tus mandatos, para que merezcamos, también nosotros, que la Virgen María nos salga al paso en el camino de nuestra vida. Roguemos al Señor.

Exhortación final:

Jesús

Hágase en mí según tu Palabra

María, la madre de Jesús, aunque en un primer momento no entendía cómo podía llegar a ser madre sin la interven­ción de ningún hombre, acepta la vo­luntad de Dios, porque estaba convencida de que Dios es capaz de hacer lo que humana­mente parecería imposible.

Hacer la voluntad de Dios puede contrariar nuestros planes y proyectos; e incluso podemos resistirnos a realizar lo que Dios nos pide. Sin embargo, sólo encontraremos la verdadera felicidad en la realización de su voluntad.

Hoy, como comunidad, podemos pedir, por intercesión de María de la Altagracia, que sepamos cumplir la voluntad de Dios en cada momento de nuestras vidas. Ojalá las dificultades de la vida, ni el desánimo que muchas veces tenemos a la hora de asumir nuestros compromisos, nos impidan realizar nuestro trabajo comu­nitario con responsabilidad y constancia.

María, la madre de Jesús, aunque en un primer momento no entendía cómo podía llegar a ser madre sin la interven­ción de ningún hombre, acepta la vo­luntad de Dios, porque estaba convencida de que Dios es capaz de hacer lo que humana­mente parecería imposible.

Hacer la voluntad de Dios puede contrariar nuestros planes y proyectos; e incluso podemos resistirnos a realizar lo que Dios nos pide. Sin embargo, sólo encontraremos la verdadera felicidad en la realización de su voluntad.

Hoy, como comunidad, podemos pedir, por intercesión de María de la Altagracia, que sepamos cumplir la voluntad de Dios en cada momento de nuestras vidas. Ojalá las dificultades de la vida, ni el desánimo que muchas veces tenemos a la hora de asumir nuestros compromisos, nos impidan realizar nuestro trabajo comu­nitario con responsabilidad y constancia.

Preguntas, comentarios a: P. Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Moniciones: III Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Enlace permanente 16 de Enero, 2012, 0:00

Moniciones para la Misa

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com

Moniciones para el III Domingo Ordinario - Ciclo B

Conversión para la mayoría cristiana de edad

22  de enero de 2012

 

Monición de entrada:

           

En el Evangelio de hoy hay dos partes bien diferenciadas: 1ra un resumen de la predicación inaugural de Jesús en Galilea. 2da narración de las cuatro primeras vocaciones de discípulos por parte de Jesús.  Pescadores todos, que inmediata e incondicionalmente dejan todo, familia y redes para responder a la invitación de Jesús.  A cada uno de nosotros Dios nos llama, una y otra vez, a la conversión, al arrepentimiento, y nos invita a vivir más completamente con Cristo.  Abrámonos al amor de Dios y pidámosle que tengamos la fortaleza y el valor de cambiar lo que debe cambiarse en nuestra vida.  De pie por favor, para recibir a los ministros de la Eucaristía.

 

Primera lectura: Jonás 3, 1-5.10 (Los ninivitas se convirtieron de su mala vida)

 

La narración legendaria de la primera lectura tomada del libro del profeta Jonás, nos enseña dos cosas importantes: revela la naturaleza universal de la misericordia de Dios y demuestra los efectos de la verdadera conversión.  Jonás se nos presenta hoy como un prototipo de Cristo en su predicación del Reino.  Escuchemos.

 

Segunda lectura: 1 Cor 7, 29-31 (La escena de este mundo se termina)

 

San Pablo mientras nos aconseja sobre la virginidad y el matrimonio, nos recuerda que hemos sido llamados a una nueva manera de vivir y a una nueva jerarquía de valores.  Mientras vivamos en este mundo imperfecto debemos tratar de vivir totalmente para Dios.

 

Tercera lectura: Mc 1, 14-20 (Conviértanse y crean el Evangelio)

 

Jesús empieza el anuncio de la Buena Nueva afirmando que el Reino de Dios está cerca.  Nuestra respuesta debe ser convertirnos y creer en el evangelio.  La llamada de los discípulos ilustra claramente lo que quiere decir arrepentirse y creer: significa estar vinculados a Jesús.  Como anuncio de este Evangelio, cantemos jubilosamente el Aleluya.  De pie por, favor.

 

Oración universal

 

1.  Por Iglesia Universal: para que siempre predique la Buena Nueva a todo el mundo, pero especialmente a los más pobres y abandonados. Roguemos al Señor.

 

2.  Por los misioneros: para que generosamente partan de sus patrias hacia los lugares donde Dios los llama. Roguemos al Señor.

 

3.  Por los difuntos especialmente nuestros familiares y los de nuestra parroquia: para que pronto vean el rostro del Señor. Roguemos al Señor.

 

4.  Por nuestros jóvenes, para que sepan responder con generosidad al amor misericordioso de Dios que los llama a la vida religiosa y sacerdotal.  Roguemos al Señor.

 

5.  Por cada uno de nosotros: para que nunca dudemos de la misericordia y el amor de Dios. Roguemos al Señor.

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 313)

 

Bendito seas, Señor Jesús, porque hoy nos invitas

a optar contigo por la espléndida aventura del reino de Dios,

Éste es el camino más rápido y directo para la plenitud

como personas y para una fecunda mayoría de edad cristiana.

Haz que tu amor desbordante y el momento decisivo que vivimos

nos motiven para crecer más y más como personas y cristianos.

 

Conviértenos, Señor, a los valores perennes de tu reino:

verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz,

Y concédenos el espíritu joven del Evangelio para amar más,

para empezar la vida cada mañana, para hacer efectiva la plegaria

incombustible del padrenuestro: Venga a nosotros tu reino.

 

Amén

 

 

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En camino: III Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Enlace permanente 15 de Enero, 2012, 23:47

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “B”

 

 22 de enero de 2012, 3er domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.           Fuente: www.scalando.com

-       Primera lectura: Jon 3,1-5.10: Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.

-       Salmo Responsorial: 24: Señor, enséñame tus caminos.

-       Segunda lectura: 1Cor 7,29-31: Porque este mundo que vemos termina.

-       Evangelio: Mc 1,14-20: Síganme, y haré que sean pescadores de hombres.

 

TIRE Y AFLOJE

Nínive era una antigua ciudad situada en las orillas del río Tigris, capital del Imperio asirio en el apogeo de su poder (c. 705-612 a.C.), hoy norte de Irak. De dicha capital imperial no sobreviven ni los cimientos, como suele ocurrir con todos los pedestales humanos.

En todo el mundo antiguo, cada pueblo tenía su dios o sus dioses. Nínive era conocida principalmente como centro religioso, donde se le rendía culto a la Diosa Istar a la cual le atribuían poderes curativos. Su estatua era muy conocida y tenía devotos que la adoraban incluso en Egipto. Se la representaba con una espada, arco y una funda con flechas, pues la veían como la diosa de la caza y la guerra. También era vista como la gran madre, la diosa de la fertilidad y la reina del firmamento, la representaban desnuda y con pechos prominentes, o como una madre con un niño junto a su pecho. Como diosa del amor traía la destrucción a muchos de sus amantes, el más notable de ellos su consorte Dumuzi.

Uno de los motivos, o una de las excusas para hacer la guerra entre los pueblos durante la historia humana, ha sido la religión o los dioses. La guerra entre pueblos era vista en cierta manera, como guerra entre dioses. Se pensaba que el pueblo vencedor tenía un dios más poderoso; con esa mentalidad al Dios de Israel se le llamaba Yahvé Dios Shebaot, o sea Dios de los ejércitos. 

Israel estaba convencido de que su Dios era el más poderoso. Por eso cuando perdían una batalla o una guerra, lo veían como castigo de Dios por el mal comportamiento: “Ahora nos rechazas y avergüenzas; ya no sales, Señor,  con nuestras tropas, nos haces dar la espalda al enemigo y nos saquean aquellos que nos odian…” (Sal 44). Istar, una de las diosas de los babilonios y de los asirios, según la mentalidad de la época era rival del Dios de Israel, pues los dos pueblos eran enemigos. Se trataba nada más y nada menos que del pueblo invasor que acabó con el templo de Jerusalén, arrasó con las ciudades y mantuvo a los israelitas deportados durante 50 años (587 – 538 a.C.)

¿Por qué el Dios de Israel le pidió a Jonás que predicara en Nínive, si era un pueblo enemigo que no creía en Él? Detrás de este relato encontramos un movimiento profético que reacciona frente a la reforma de Esdras y Nehemías y su exclusivismo nacionalista que llegó hasta los extremos de la xenofobia (año 538 a.C.). Cuando Ciro, rey de Persia, les permitió a los judíos volver a su tierra, Esdras y Nehemías impusieron una restauración fundada en la veneración de la Ley, la reconstrucción del Templo y la conciencia de ser el único pueblo elegido. Esto los llevó a exigir la pureza de la fe y de la raza, buscando al máximo evitar todo tipo de contaminación. De esta manera los extranjeros se convertían en enemigos por naturaleza.

Desde esta óptica se persiguió todo tipo de influencia extranjera en la cultura judía. Los matrimonios mixtos fueron repudiados (Esdras 9-10). Se instaba a abandonar pareja e hijos so pena de ser expulsados de la comunidad judía. Los extranjeros fueron expulsados (Nehemías 13,1-3), no sólo del templo sino más allá de las fronteras nacionales.  Las fronteras se cerraron y el pueblo se replegó en su propio orgullo nacional, en su miedo y odio al extranjero, cosa totalmente contraria a los orígenes de Israel como pueblo. Ser amigo de un extranjero, colaborarle, darle la mano en algún momento se había convertido en sinónimo de idolatría.

El libro surge como una reacción frente a ese nacionalismo xenófobo que causaba dolor a muchas personas. La escuela profética que compone el libro de Jonás propone no solo rebajarle el calibre al nacionalismo sino llegar a compartir la experiencia religiosa con los demás pueblos, incluso con los enemigos.

Después de un “tire y afloje” entre Jonás y Dios (véase aquí las dos corrientes mencionadas)  Jonás terminó anunciando el mensaje del Dios de Israel en Nínive. Su mensaje fue muy seco, nada esperanzador y, se podía decir, un poco mediocre; nada poético, como nos acostumbraron otros profetas. Su mensaje fue: “Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida”. Y este pueblo pagano tuvo una actitud de conversión digna de admirar. Con un hombre que aceptó profetizar en Nínive a regañadientes y con un mensaje tan parco, la gente cambió de vida.

Jonás representa a esos judíos ortodoxos, recalcitrantes y xenófobos que se niegan entrar en contacto con extranjeros. Esos que se irritan porque la planta de ricino se ha secado (4,5-11), aunque no les ha costado ningún esfuerzo, pero no les duele el dolor de los extranjeros que están persiguiendo. Es más, les molesta la misericordia de Dios y su propuesta universal a favor de todos los pueblos. (2,3-10; 4,2) “Tú tienes lástima de un ricino... ¿y no voy a tener yo lástima de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y de una gran cantidad de animales?” (4,10-11).

Curiosamente, el texto de Jonás nos trae también una visión de Dios diferente y hasta un poco peligrosa, como cualquier visión de Dios cuando no se sabe manejar. En contacto con lo sagrado, el ser humano elabora una imagen de Dios y la transmite por medio de palabras, esculturas y por medio de todos los elementos culturales de un pueblo. En el mundo antiguo cuando lo natural era la monarquía, se hablaba del Dios rey, del Señor de los ejércitos, del poderoso defensor.

Frente a una imagen del Dios impasible, el Señor soberano que todo lo ve y todo lo sostiene, que nunca cambia y siempre permanece, Jonás nos mostró un Dios que cambia. ¿Dios cambia de parecer? ¿Será que Dios se equivoca y se arrepiente? Esto puede ser utilizado para manipular la religión y para hacer decir a Dios lo que no dice, o para hacerle decir lo que “nos conviene”. Aunque también puede ayudarnos a renovar sanamente la fe y nuestras estructuras. Cualquier experiencia y cualquier imagen de Dios no pueden ser definitivas y absolutizadas, pues Dios es un misterio más grande que cualquier canon, cualquier definición y que todas las imágenes antropomórficas, por medio de las cuales lo han representado en todo el mundo y durante toda la historia humana.

 

PRIORIZAR

¿Qué estaría pensando Pablo cuando escribió el texto que hoy leemos de la Carta a los Corintios? ¿Acaso es una pócima para insensibilizar al ser humano y hacerlo olvidar de las realidades de la tierra: sufrimiento, alegría, dolor placer, sueños e ilusiones? ¿Acaso es una invitación a vivir sólo en torno a la otra vida y a olvidarnos de ésta? ¿Estaba Pablo en ese momento esperando la parusía? Yo prefiero pensar que Pablo no invita a una vida flemática, espiritualista casi antihumana, sino a saber priorizar el Reino por encima de todo. Con el Reino de Dios todas las realidades adquieren un sentido nuevo. Comprar, vender, casarse, tener hijos, inclusive “quedarse” célibe, sufrir y llorar; las frustraciones dolorosas, los proyectos no realizados y los conflictos permanentes. Todo adquiere un sentido y puede verse en cada situación, una oportunidad para construir el Reino donde todos tengamos cabida y la salvación abunde eternamente.

 

EL KAIRÓS

¡Llegó el Reino! ¿Cuál Reino? ¿Cómo es ese Reino? ¿Qué podemos hacer? El Reino es un concepto antiguo, correspondiente a un mundo dominado social y políticamente por reinados y monarquías absolutas. Los evangelistas tomaron los códigos de su época. Hablar de reinado en aquel tiempo era hablar de la organización social imperante. Recordemos que la estructura tribal había sido derrotada por los ganaderos en tiempo de Saúl, primer rey de Israel, y continuando con David, Salomón y toda su descendencia.

En tiempo de Jesús el pueblo padecía el reinado absolutista de Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, los dos, ambiciosos y sanguinarios, capaces de lo que fuera para mantener su poder. Fieles al gran emperador romano, Augusto y Tiberio respectivamente. El pueblo era poseedor de una rica memoria histórica. No podía olvidar los reinados opresores desde la monarquía egipcia y las ciudades estado cananeas, pasando por los imperios regionales que los acosaban, así como los reyes propios de Israel que desde Saúl no habían hecho otra cosa diferente a aprovecharse del pueblo. Tenían muy reciente la gran frustración sufrida debido a que los asmoneos que asumieron el poder después de ganar la guerra contra los invasores seléucidas, dejaron despertar el pequeño rey absolutista que habita en todo ser humano y se convirtieron en tiranos más, que los mismos invasores. (135 – 75 a.C.)[1]

Hablar de rey y de reinados aunque era lo normal, causaba muchos recelos. El mismo Jesús huyó cuando quisieron proclamarlo rey (Jn 6,15). Nunca habló de sí mismo como rey, sino del reinado de Dios. Que nadie distinto a Dios se proclamara absoluto y que nadie utilizara su nombre como instrumento para adquirir y mantener el poder. “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” (Mc 9,35). El reinado de Dios excluía necesariamente todo tipo de absolutismo, de tiranía y de explotación. El reinado de Dios garantizaba la hermandad entre los seres humanos, la justicia, el derecho y la exclusión de la violencia. La anulación  del nacionalismo fundamentalista, la xenofobia y las fronteras, para facilitar una fraternidad universal. Un sueño inalcanzable, una ilusión delirante para algunos, la razón de nuestra lucha, la meta que esperamos y el sentido de nuestra vida, para los que creemos en Jesús el Cristo.

Según el mensaje de Jesús, para hacer realidad ese Reinado con nuevos valores incluyentes, participativos y realizadores, necesitamos una actitud constante: la conversión. Del latín convertio – onis, acción o efecto de convertir. Implica cambio, transformación, dinamicidad. Como cuando una persona va por un camino equivocado, reconoce su error, encuentra el verdadero, cambia de rumbo y lo asume con todas sus fuerzas. El reinado de Dios es una oferta que viene de la voluntad salvífica del Padre para la humanidad y que sólo es posible realizar con nuestro aporte. Es fruto de la gracia y del trabajo humano.

Conversión no significa necesariamente cambiar de religión y aceptar racionalmente todos los dogmas; es estar dispuesto a hacer del Reino nuestra opción fundamental alrededor de la cual gire toda nuestra vida. “Lo que Jesús intentaba despertar era la aceptación creyente y confiada de su proclamación del reino de Dios, para congregar a los hombres bajo este reino y moverlos a un nuevo comportamiento”[2]. “Conversión significa: mudar el modo de pensar y actuar en el sentido de Dios, por lo tanto, revolucionarse interiormente... convertirse no consiste en ejercicios piadosos, sino en un nuevo modo de existir frente a Dios y ante la novedad anunciada por Jesús”[3].  “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Nueva”.

 

Oración

Señor Jesús, rostro humano de Dios, plenitud de la revelación amorosa del Padre. Gracias por darnos lo mejor de tu propio corazón, por comunicarnos con generosidad la Buena Nueva de la salvación. Gracias por tu vida, totalmente entregada a la realización de la justicia del Reino. Gracias porque hoy continúas llamándonos a seguirte para ser pescadores de personas, para trabajar por una humanidad nueva, libre y digna, conforme al plan de salvación.

Te pedimos que nos libres de todo tipo de fanatismos, de exclusivismos, intolerancias, odios y xenofobias que destruyen nuestras instituciones y nuestra humanidad. Ayúdanos a defender nuestra identidad, sin despreciar ni dañar a los demás. Danos un corazón grande y abierto para amar la vida, defenderla y dignificarla, en cualquiera de sus manifestaciones.

Danos la gracia de vivir en continua conversión de cara al Reino de Dios y su justicia. Queremos vivir totalmente libres para amar, para seguirte, para construir juntos tu proyecto, que nos garantiza y vida plenamente feliz. Aquí estamos, Jesús, aceptamos tu llamado, seguimos tus pasos, nos ponemos en camino, como personas, como familias, como comunidad, como Iglesia. Aquí estamos, vamos en pos de ti, confiamos en tu Palabra, en tu bondad… amén.

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[1] En el año 175 a.C. el rey asirio de la familia seléucida Antioco IV Epífanes, impuso costumbres paganas al pueblo judío que vivía sometido e hizo ofrecer sacrificios al dios Baal Shamim (Zeus Olímpico). Esta situación rebosó la copa y surgió la sublevación de Matatías y, con él, todo un movimiento de resistencia armada guerrillera, liderada por Judas Macabeo. Este grupo logró derrotar y expulsar a los seléucidas; se consolidó en el poder y formó de nuevo una nación independiente. Pero los libertadores una vez llegaron al poder se comportaron con una tiranía aún más fuerte que la de los mismos asirios. Después de una época de orden y esperanza, vino de nuevo el desorden, situación que aprovechó muy bien Pompeyo, general romano (año 63 a.C.) para tomarse el poder y hacer de Israel una colonia más del vasto imperio romano.

[2] SCHNACKENBURG Rudof.  El mensaje moral del Nuevo Testamento. Barcelona 1.989, 50.

[3] BOFF Leonardo. Jesucristo el liberador. Bogotá 1976,82.

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Moniciones: II Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Enlace permanente 10 de Enero, 2012, 20:08

Moniciones para la Misa

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com

Moniciones para el II Domingo Ordinario - Ciclo B

Para una moral Cristiana del cuerpo

15 de enero de 2012

Monición de entrada:

 

La respuesta vocacional a Dios que nos llama personalmente por nuestro nombre propio centra la primera lectura de hoy con el sencillo relato de la llamada del profeta Samuel, así como el Evangelio  que, a su vez refiere la vocación de los primeros discípulos de Jesús de Nazaret.  Dios nos habla de varias maneras.  El Bautismo nos capacita para escuchar la llamada de Cristo y en respuesta a esta llamada dar testimonio de El.  Nuestra actitud deber ser como la de Samuel: “Habla, Señor; tu siervo escucha”.  Escuchemos cuidadosamente la palabra de Dios que viene a nosotros en esta celebración eucarística y respondamos generosamente.  De pie, por favor, para recibir a los ministros de esta celebración, mientras cantamos:

 

Primera lectura: 1 Sam 3b, 3-10.19 (Habla, Señor, que tu siervo Samuel te escucha)

 

La primera lectura nos presenta la vocación del joven Samuel, el último juez de Israel.  Samuel oye la llamada de  Dios y responde así: “Aquí estoy”.  Como profeta que es Samuel aprende a escuchar y a atesorar la palabra de Dios.  Nosotros también tenemos el privilegio de oír la Palabra de Dios.  Abramos nuestros corazones a esa Palabra.

 

Segunda lectura: 1 Cor 6, 13b-15a.17-20 (Miembros de Cristo y templos del Espíritu)

 

San Pablo escribiéndole a los corintios viene a recordarnos que nosotros somos miembros del Cuerpo de Cristo y templos del Espíritu Santo.  Debemos respetar nuestro cuerpo porque éste, al igual que el de Cristo, resucitará y será glorificado.

 

Tercera lectura: Jn 1, 35-42 (Vieron donde vivía y se quedaron con Jesús aquel día)

 

La narración evangélica de hoy se abre con el testimonio que Juan el Bautista da sobre Jesús delante de dos sus discípulos, Andrés y Juan.  Ellos escuchan y responden; buscan y siguen; dan testimonio de haber encontrado ya, personalmente, a alguien y al fin escogen quedarse con Jesús a quien su maestro llama “Cordero de Dios”.  Como bienvenida a Cristo en el Evangelio, entonemos el Aleluya que significa Alaben a Yavé”.

 

Oración universal

 

1.    Por los líderes de las Iglesias: para que den testimonio por medio de su propia vida de que Cristo está vivo. Roguemos al Señor.

 

2.    Por los pueblos ricos: para que compartan y sean solidarios con los que tienen menos. Roguemos al Señor.

 

3.    Por nuestra juventud: para que sepan responder con generosidad a la llamada de Cristo y lo sigan. Roguemos al Señor.

 

4.    Por nosotros reunidos en el Señor: para que sepamos escucharlo, especialmente cuando nos habla por medio de nuestros semejantes. Roguemos al Señor.

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 310)

 

Te damos gracias, Dios Padre, porque, como a los apóstoles,

Cristo no ha llamado por nuestro nombre a su fiel seguimiento.

Por el bautismo tú nos has hecho miembros del cuerpo de Cristo

Y templo vivo del Espíritu Santo para alabanza de tu gloria.

Es vocación hermosa nuestra vocación cristiana. ¡Gracias, Señor!

Pero es también vocación totalizante: en cuerpo y alma.

 

Guíanos, Señor, mediante el Espíritu de tu verdad,

Para que entendamos qué  es ser discípulo auténtico de Jesús.

Y haznos fuertes para testimoniar los valores del espíritu

En el mundo que nos rodea, ahíto de cuerpo y ayuno de alma.

Así demostraremos que te pertenecemos para siempre.

 

Amén

 

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Moniciones: Bautismo del Señor

Enlace permanente 6 de Enero, 2012, 11:05

Moniciones para la Misa

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.  Fuente: www.scalando.com

Domingo después de Epifanía – I Domingo Ordinario - Ciclo B

El Bautismo, Sacramento del Espíritu

 

Monición de entrada:

                                   

Hermanos en Cristo Jesús, hoy estamos celebrando la fiesta del bautismo del Señor en el Río Jordán por Juan Bautista y con esta fiesta terminamos el tiempo de la Navidad.  Jesús en su Bautismo, se manifiesta como el Elegido, el Ungido con toda la fuerza del Espíritu, para anunciar un bautismo en el que el pecado sea realmente erradicado de la sociedad y del individuo.  En el Bautismo de Jesús se realiza la manifestación de su misión y su tarea en el mundo, predica el Reino de su Padre y sana a los enfermos.  Nosotros por nuestro bautismo estamos llamados a continuar la misión de Cristo en medio de la sociedad.

 

Primera lectura: Is 42, 1-4. 6-7 (Miren a mi Siervo a quien prefiero)

 

El siguiente texto del profeta Isaías nos describe los rasgos y el programa de acción del Siervo elegido del Señor: manso, paciente, fiel y tenaz en la obra de la justicia; él es alianza de un pueblo, luz de las naciones, y liberador de cuantos sufren.  La liturgia de hoy aplica este texto a Cristo, para definir su persona y su misión.  Escuchemos.

 

Segunda lectura: Hc 10, 34-38 (Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu)

 

La segunda lectura es tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles.  El apóstol Pedro, en los inicios de la Iglesia, testimonia a Jesús de Nazaret como el Ungido de Dios con la fuerza del Espíritu Santo y resume su acción mesiánica al decir: “Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.  Pongamos atención.

 

Tercera lectura: Mc 1. 6b-11 (Tú eres mi Hijo amado, mi preferido)

 

Las dos lecturas anteriores hablaron sobre el Siervo de Dios, ungido por el Espíritu Santo.  Juan conoce personalmente a Jesús, quien se ha colocado en la fila de los pecadores, y se resiste a bautizarlo; Juan lo identifica como el Cordero de Dios.  La presencia del Espíritu Santo consagró a Jesús como Mesías y Siervo con el poder para predicar, curar y fundar el Reino de Dios.  Les invito para que se pongan de pie para que cantamos el Aleluya.

 

Oración universal

 

1.    Por la Iglesia, extendida por el mundo: para que nunca desfallezca en su misión de predicar y bautizar en todas las partes del mundo. Roguemos al Señor.

 

2.    Por el Papa N., nuestro obispo N. y los demás obispos: para que Dios los visite con su gracia, los ilumine y les dé fuerzas. Roguemos al Señor.

 

3.    Por los padres de familias: para que como los primeros educadores en la fe, den buen ejemplo a sus hijos. Roguemos al Señor.

 

4.    Por todos los que estamos reunidos en el Señor: para que Dios nos conceda perseverar en la fe, y creer siempre en el amor. Roguemos al Señor.

 

5.    Por el progreso espiritual y material de todos los pueblos: para que todos tengan escuelas, hogar y el pan de cada día. Roguemos al Señor.

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 247)

 

Padre nuestro, en este día en que celebramos

El bautismo de Jesús y nuestro propio bautismo en el Espíritu,

Te pedimos el coraje que nos es indispensable para confesar

a Cristo como Señor de nuestras vidas, para ser cristianos,

para poder rezar el padrenuestro y abrirnos al amor fraterno,

para ser miembros conscientes y adultos de tu pueblo, la Iglesia

a fin de que el mundo vea el testimonio de nuestra fe  y conducta,

para derretir nuestro hielo y llenar nuestro vacío interior,

para vencer el pecado con la fuerza de tu amor en el corazón,

para vivir, en fin, la moral cristiana con talantes de hijos tuyos

y como Ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús.

 

Amén

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Moniciones: Epifanía del Señor

Enlace permanente 6 de Enero, 2012, 9:25

Moniciones para la Misa

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com

Moniciones para la Epifanía del Señor - Ciclo B

Fe adulta y evangelio de la infancia

 

6 de enero

 

Monición de entrada:

                       

En esta fiesta de hoy, celebramos la manifestación de Jesús.  Es la fiesta de la luz que nos ilumina y de regalos porque hemos recibido el don más precioso: Jesucristo mismo.  En esta celebración, unidos a todos los hombres, caminemos como un solo pueblo hacia el reconocimiento de Jesús como el Salvador.  Expresemos nuestra alegría cantando con ánimo…

 

Primera lectura: Is 60, 1-6 (La gloria del Señor amanece sobre ti)

 

Isaías proclama con gran exaltación la Buena Nueva a las gentes que andaban en la oscuridad.  Una luz brilla; la gloria de Dios aparece.  Cristo es esta estrella radiante de la mañana que nos guía en la vida.  Él vino al mundo para que lleguemos hasta él.  Escuchemos esta primera lectura.

 

Segunda lectura: Ef 3, 2-3a.5-6 (También los gentiles son coherederos)

 

San Pablo, en la carta a los efesios, nos habla de la gracia que Dios nos ha dado.  Por nuestro bautismo somos coherederos y copartícipes de la promesa de Dios.  Nosotros sentimos alegría ya que en Cristo somos un pueblo de reyes, pueblo sacerdotal, una asamblea santa.

 

Tercera lectura: Mt 2, 1-12 (Venimos de Oriente para adora al Rey)

 

El siguiente relato es muy conocido por todos nosotros.  Los magos buscan con plena sinceridad a Cristo para ofrecerle sus riquezas, su fe, su amor y ofrecerse a sí mismos.  Estamos invitados a encontrar a Cristo en este Evangelio y en la eucaristía.  Antes de la proclamación del Evangelio nos ponemos de pie, para entonar el Aleluya.

 


Oración universal

 

1.    Por la Iglesia, nuestra madre: para que haga resplandecer ante los pueblos la luz del Evangelio. Roguemos al Señor.

 

2.    Por todos los niños: para que ellos gocen hoy y siempre de un sincero amor familiar. Roguemos al Señor.

 

3.    Por todos nosotros aquí reunidos: para que vivamos abiertos a los signos de los tiempos y respondamos con prontitud a la llamada de Dios y de nuestros hermanos, especialmente los más pobres. Roguemos al Señor.

 

4.    Por nuestro país (se dice el nombre)  y todos sus habitantes: para que hoy llegue la luz de Cristo a cada hogar. Roguemos al Señor.

 

5.    Por nuestras comunidades: para que reciban los dones del Señor. Roguemos al Señor.

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 244)

 

Es justo bendecirte y darte gracias, Dios Padre nuestro,

Entre otras muchas, por estas cuatro razones fundamentales:

Porque Cristo, tu Hijo y nuestro hermano, plantó su tienda

En nuestro campamento humano, haciéndonos presente tu rostro;

Porque hoy has revelado a Cristo, para luz de los pueblos,

Tu oferta de salvación universal para todos los hombres;

Porque al manifestarse Jesús en nuestra carne mortal

Nos hace partícipes de su inmortalidad bienaventurada;

Y finalmente porque así has elevado y dignificado tanto

Nuestra naturaleza que nos concedes tu filiación adoptiva.

Por todo ello y por tantos detalles, ¡gracias, Señor!

 

Amén.

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 “Porque sólo cuando se vea el rostro de Cristo y oiga su voz... se convertirá Internet en un espacio auténticamente humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre... Que el Señor bendiga a todos los que trabajan con este propósito” (Juan Pablo II).
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En camino: Epifanía del Señor

Enlace permanente 6 de Enero, 2012, 9:03

EN CAMINO

Tiempo de Navidad, ciclo “B”

 

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.           Fuente: www.scalando.com

9 de enero de 2012, “Epifanía del Señor”

 

-       Primera lectura: Is 60,1-6: Levántate y sonríe.

-       Salmo Responsorial: 72 (71): Salvará la vida de los pobres.

-       Segunda lectura: Ef 3,2-3ª.5-6: Todos recibimos la misma herencia.

-       Evangelio: Mt 2,1-12: Se postraron y le rindieron homenaje.

 

 

LEVÁNTATE Y SONRÍE

Son  muchos los textos en la Biblia, tanto en el primero como el segundo testamento, donde encontramos la palabra levántate. “A ti te hablo niña, levántate” (Lc 8,54). “Joven, a ti digo: levántate” (Lc 7,14b). “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y anda” (Hch 3,6)… El mensaje del Señor siempre, siempre, es para levantar. Si en algún momento, ante alguna circunstancia se llama la atención, se reclama, se denuncia; nunca es para condenar, nunca para hundir definitivamente, aunque a veces necesitamos bajar la cabeza y “morder el polvo” para reconocer nuestra humanidad y levantarnos dignamente, sin falsos pedestales. El texto de Isaías fue alimento para un pueblo que en exilio quería volver a su tierra. Isaías reconoció que había tinieblas, pero que por encima de toda angustia, de todo dolor, de toda oscuridad, estaba la fuerzan y el amor de Dios que libera. “Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria…” (Primera lectura.). Vale la pena tener siempre presente este mensaje de esperanza. En todo momento, especialmente cuando las tinieblas rondan a nuestro alrededor o, en el peor de los casos, en nuestro propio interior. Abrámonos a esa luz divina que inunda nuestro corazón para que nos dé la fuerza y la gracia de enfrentar la crisis.

La Palabra, la luz, la gracia y el amor de Dios alimentan nuestra esperanza para enfrentar la crisis con una actitud de victoria. No siempre nos va bien, a veces vienen crisis. No siempre estamos bien, a veces los males golpean nuestra vida personal, familiar o comunitaria. Es más, esos momentos pueden ser muy fructíferos si los sabemos asumir con la fuerza de Dios. Necesitamos una actitud constante de apertura a la gracia de Dios y sacar de nuestro interior lo mejor de nosotros mismos para vencer el tedio, el pesimismo, el sinsentido. En esos momentos duros: Levántate y sonríe”.

Claro que en ocasiones necesitamos llorar, gritar, mostrarnos molestos, tal vez alejarnos un poco del ruido ensordecedor y buscar momentos de soledad. Tenemos derecho a entrar en crisis, a poner cara dura, no es bueno aparentar una sonrisa mientras por dentro nos consumimos de tristeza. Tenemos derecho, incluso, a decir palabras feas, a desahogarnos, a sacar tal vez eso que nos molesta, que nos duele, nos envenena, nos carcome. Eso lo hizo Job en medio del tremendo dolor por cual atravesó (Job 3,1ss)

Pero no tenemos derecho a prolongar nuestra amargura y sembrarla a nuestro paso. No tenemos derecho a amargarle la vida a los demás con constantes actitudes  despectivas y despreciativas de la vida. Tenemos el deber, el derecho y la gran oportunidad de cambiar de actitud, mucho más si sabemos que Dios está con nosotros y con su gracia podremos luchar y vencer, buscar y hallar. Por eso: “Levántate y sonríe, Jerusalén, que ya llega tu luz, y brilla en ti la gloria del Señor: Aunque cubran la tierra las tinieblas y la noche envuelva a las naciones, el Señor irradia sobre ti su luz, y su gloria se revela en ti.”

 

EPIFANIA

Hoy celebramos la conocida fiesta de los tres reyes magos: Gaspar, Melchor y Baltasar. El altito, el calvito y el negrito. Sin el ánimo de acabar lo que ya está construido, quiero aclarar que en ninguna parte del texto se dice el número de personas, no se mencionan sus nombres ni su color de piel y, menos, se dice que fueran reyes.

Estos detalles son producto de especulaciones de algunos padres de la Iglesia para llenar vacíos históricos y dar respuestas a interrogantes de la gente. Orígenes, en el siglo III supuso que eran tres porque tres eran los dones: incienso, mirra y oro. Cesáreo de Arlés en el siglo IV le dio el título de reyes, y en el siglo IX se les puso nombre y color a su piel. El pesebre de San Francisco de Asís puso su cuota, pues en su época y en esa región se pensaba que había sólo tres continentes. Por eso los magos con un europeo, un asiático y un africano. Además, existen tres regiones distintas que afirman tener sus reliquias auténticas y sus restos mortales: Colonia (en Alemania), Líbano y Turquía.

Pero hoy sabemos, gracias a los estudios bíblicos, que el relato de los Magos no surgió a partir de un acontecimiento histórico sino que se trata de una elaboración teológica del evangelista para comunicar una realidad por medio de símbolos. Sabiendo que es un relato elaborado para testimoniar una experiencia de Dios, podemos estudiar el texto y encontrarle un sentido más profundo.

El texto empieza, como es tradicional en la literatura bíblica, haciendo una ubicación histórica con un sentido teológico. “Jesús nació en Belén de Judá, en tiempo de rey Herodes”. Este dato nos ayuda a comprender el contexto social, político, religioso y cultural que rodeó el acontecimiento y lo que quería transmitir el autor.

Las comunidades cristianas daban testimonio de Jesús, muerto y resucitado, como su Salvador y Mesías. Con esa intención elaboraron el texto. Y como según la profecía de Miqueas 5,1ss el Salvador vendría de Belén, debían decir que Jesús nació en este pueblo. No podemos quedarnos en discusiones peregrinas sobre el lugar histórico de su nacimiento, sino pasar a lo que quisieron expresar las comunidades cristianas que daban testimonio de su fe: Que Jesús es el Mesías esperado. Que en Jesús se encontraban y realizaban todas las profecías y las esperanzas de un pueblo necesitado de la acción salvadora de Dios.

El contexto social era muy difícil. Palestina era una colonia del sanguinario imperio romano que, como todo imperio, crecía despojando a sus colonias y condenándolas a vivir en la miseria, como el gran árbol del libro de Daniel (capítulo 4to). Herodes, el reyezuelo nombrado por Roma, era un hombre cruel, inhumano y capaz de todo por mantener su poder: fiel a Roma y  bestial con su gente, siempre defendido por el ejército imperial. El Mesías no llegó con gran poder y gloria, como el pueblo pensaba y quería, sino como fruto del vientre sagrado[1] de una humilde mujer campesina y con la fragilidad humana de un niño pobre, susceptible de ser destruido por el poder homicida de la época.

Unos Magos de oriente fueron a visitarlo. ¿Qué o a quiénes representan los magos? El término griego Magoi (magos), tenía varios connotaciones: podían ser personajes que se dedicaban a las ciencias ocultas: astrólogos, estudiosos de las estrellas, hechiceros, sacerdotes y adivinos. Podían ser también devotos de una antigua religión heredada de Zoroastro, cuya divinidad se manifestaba en las estrellas, o personas que buscaban el saber; por eso algunas biblias traducen la palabra magoi como sabios. 

Es posible que Mateo haya escogido la figura de los magos debido a que eran considerados los pícaros más idólatras (o los idólatras más pícaros) de la época. Quiere así decir que Jesús es para todos, sin condiciones previas de pureza legal.

Eran de oriente, es decir, no eran judíos. Por tanto tenían otra cultura, otra manera de vivir y de pensar, con otra experiencia religiosa. No creían en el mismo Dios en el que creían los judíos. Podrían representar también a aquellos que no creen en un Dios personal sino en una energía universal, al estilo de algunas experiencias religiosas orientales. Podemos ver en ellos también a algún seguidor de Leucipo y Demócrito, filósofos ateos de la antigua Grecia, estudiosos de los fenómenos naturales.

Esto no significa que fueran malos, como solemos calificar a quienes piensan distinto a nosotros, a los de otras religiones o a los no creyentes.  Mateo insiste en su incansable búsqueda hasta encontrar al Mesías y rendirle tributo. No fueron en busca del niño para pedirle un milagro, sino para ofrecerle lo mejor de su cultura (incienso, mirra y oro) y sus propias vidas en adoración. Y Dios, revelado en este niño frágil, aceptó con agrado la ofrenda de los magos.

El centro del relato no son los magos, es Dios que se manifiesta a toda la humanidad. Por eso la fiesta de hoy se llama Epifanía, es decir, manifestación de Dios a toda la humanidad, personificada en los magos.

Dios se manifestó y sigue manifestándose a la humanidad por encima de los límites de la religión, de la cultura, de las ideologías y de las diferencias étnicas que nos pueden dividir y hasta hacer enfrentar a muerte. Dios se manifestó de manera especial por medio de ese niño frágil y nos mostró que no es exclusividad de ninguna religión y de ningún pueblo. La estrella la vieron estos personajes no judíos, que estaban en su búsqueda y se pusieron en camino hasta encontrarlo.

Según el relato, la estrella se equivocó y no los llevó a Belén sino a Jerusalén. Este detalle lo pone el autor del relato con una intención concreta: Los magos que estaban buscando al Mesías, tenían una mente abierta. Cuando llegaron a Jerusalén y manifestaron ante Herodes, los Sumos Pontífices y letrados del país, el motivo de su búsqueda, estos se sobresaltaron, se preocuparon y toda Jerusalén con ellos. ¿Por qué? Porque la llegada del Mesías implicaba cambio, transformación, algo a lo cual los poderosos de todos los tiempos siempre temen. En este caso concreto, mientras la esperanza es la virtud que brota de los pobres cuando buscan dignificar su existencia, el miedo es el bajo instinto que conmociona a los poderosos cuando sólo buscan mantener sus privilegios y sus insultantes excentricidades.

Los Sumos Sacerdotes y los escribas del pueblo recibieron la noticia del nacimiento del Mesías y ubicaron bien a los Magos para que fueran hacia Belén. Es decir, ellos tenían un conocimiento válido que se podía utilizar para guiar al pueblo, pero sólo estaban interesados en ellos mismos, no dieron el paso hacia Jesús y su camino de solidaridad y responsabilidad con la historia. Herodes, al contrario, al enterarse de la existencia del Mesías lo buscó para matarlo sin importarle acabar con la vida de muchos inocentes. Todo eso porque el sentido de su vida no estaba en sí mismo como persona y en su valor como ser humano, sino en cuanto tenía el poder. Así que por ningún motivo podía permitir que le quitaran el poder, porque su vida quedaba sin piso.

Las escrituras por sí mismas no conducen al Mesías, menos las instituciones en manos de unos pícaros que las manipulan. Sólo la estrella que es Jesús mismo, el encuentro con su persona, su palabra y su camino nos harán descubrir al Ungido de Dios. Por eso ver al niño y ver la estrella es lo mismo.

En la época se llamaba “estrellas” a los reyes. Hoy, a la gente de la farándula y del deporte. Para nosotros sigue vigente Jesús, su palabra, su obra, su proyecto de vida. Hoy también Dios se manifiesta en medio de nuestro mundo transcultural, dinámico y en continua expansión, según los científicos modernos. Podemos asumir la actitud de Herodes y su combo: miedo a que les quitaran el poder, rechazo al cambio, persecución y muerte a cualquier tipo de “competencia”. O la de los “magos”: ponerse en camino hasta encontrar al Señor y rendirle homenaje con vida y con la palabra.

 

Oración

Señor Jesús, hoy celebramos la manifestación gloriosa de tu amor misericordioso a toda la humanidad, personificada en los magos. Nosotros también te reconocemos como el Sol que nace de lo Alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz (Lc 1,78-79).

No permitas que aniden en nosotros esos bajos instintos que desgraciaron la vida de Herodes y sus compinches. Ayúdanos a superar la codicia, el egoísmo y el miedo que no nos dejan crecer como seres humanos. Haz renacer en nosotros el anhelo de servir con amor, la apertura a tu gracia salvadora y la esperanza de la verdadera paz. Ayúdanos a superar todo tipo de fundamentalismo, porque así como el sol nace para todos y las estrellas inspiran a todos los enamorados, tu propuesta de vida es para toda la humanidad, cualquiera que sea su casa de oración o sus motivaciones culturales o personales.

Ayer los magos te presentaron incienso, mirra y oro. Hoy nosotros te presentamos todo lo que somos y tenemos. Nuestros conflictos, para que sean superados con la fuerza de tu poder; nuestra alma enturbiada, para que sea purificada con la acción de tu Espíritu; nuestras familias, para que sean convertidas en templos de la vida, en Iglesias domésticas en la cuales se multiplica tu amor. Te presentamos nuestros pies para seguir tus pasos; nuestras manos, para trabajar y construir una humanidad nueva; nuestra voz, para cantar la alegría de la salvación y la alabanza de tu nombre; todo nuestro ser en continua comunión contigo. Te presentamos nuestros grupos y comunidades, para que abunde en nosotros la luz de tu infinito amor y la pureza de tu sagrado corazón. En tu nombre nos levantaremos cada día con una sonrisa grande en nuestros labios, con la esperanza de que tu luz maravillosa nos conduce hacia la plenitud. Amén.

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[1] Sagrado como todos los vientres por ser los templos donde se gesta la vida

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