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Monciones para el I Domingo de Adviento Ciclo C
27 de Noviembre, 2006, 21:51
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Moniciones para a Misa
Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
Tiempo de Adviento
Primer Domingo – Ciclo C (Se acerca nuestra liberación)
3 de diciembre del 2006
Monición de entrada
Buenas noches, (días, tardes) hermanos en Cristo. Comenzamos un nuevo año litúrgico, y es san Lucas quien con su evangelio nos va a servir de guía en nuestro intento de llegar a Jesús. Nuestro mundo actual está hecho de violentos contrastes. Los maravillosos progresos de la tecnología no van al paso con lo que parece ser un estancamiento o retroceso de la cultura y la moral. Este mundo podría ser mejor, pero sólo Dios le dará la perfección total al fin de los tiempos, porque ni la vida personal ni la manera de ver el mundo tiene sentido si no damos cabida a Dios entre nosotros. Cristo vino una vez como salvador y creemos que vendrá otra vez como juez. Hasta entonces nos toca responder a las exigencias y retos de la historia. El Señor nos manda a vigilar en la oración para recibirle cuando venga. Vigilancia es reflexión y oración, es fuerza. Pidamos unos por los otros en esta Eucaristía, para poder prepararnos para acoger al Señor en la intimidad del amor. De pie por favor para recibir la procesión con esperanza y alegría con el cántico de entrada.
Primera lectura: Jr, 33:14-16 (Suscitaré a David un vástago legítimo)
Los reyes históricos decepcionaron las esperanzas que en ellos había puesto el pueblo. Pasaron sin establecer el reino de justicia y de paz anhelado por todos. El Mesías esperado descendiente de David, vendrá y revelará a Dios, que verdaderamente es nuestra justicia. Escuchemos.
Segunda lectura: 1 Tes.3, 12-4.2 (El Señor los fortalezca para cuando vuelva Jesús)
La esperanza cristiana se abraza con el amor en su dimensión universal, llegando más allá de toda frontera, de toda discriminación y de todo condicionamiento. Presten atención.
Tercera lectura: Lc. 21. 25-28.34-36 (Se acerca su liberación)
La esperanza cristiana sobresale por encima de todas las tragedias humanas. Los cristianos debemos aprender a interpretar los momentos más difíciles de nuestra historia como pasos que nos llevan a la liberación. Tras ésta interpretación optimista, debemos buscar afanosamente la manera concreta de hacerla realidad. De Pie por favor.
Oración Universal
Por la Iglesia; para que, en medio de la injusticia de este mundo, sepa anunciar al que viene: el “Señor-nuestra-justicia”, Roguemos al Señor.
Por los gobernantes; para que, procurando el bien común, defiendan los derechos de todos y principalmente de los más débiles, Roguemos al Señor.
Por los que están angustiados, en trance de desesperación; para que encuentren junto a ellos una mano amiga, que los levante, y sientan cercana la liberación, Roguemos al Señor.
Por todos los difuntos, especialmente los de nuestra parroquia; para que pronto lleguen a la presencia de Dios vivo, Roguemos al Señor.
Por los jovenes de nuestras comunidades y parroquia; para que sepan responder con generosidad a la llamada de Dios a seguirle en la vida religiosa y sacerdotal, Roguemos al Señor.
Por nosotros y por todos los que comparten nuestra esperanza; para que, amándonos unos a otros, procedamos siempre agradando a Dios y, cuando venga el Señor Jesús, podamos presentarnos santos e irreprensibles ante él, Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 414)
Gracias, Señor, porque al comienzo del adviento
nos das un cariño y amigable toque en el hombro
a fin de despertarnos de nuestra habitual somnolencia:
¡Estén alerta porque es inmediata su liberación!
¡Gracias! Tú eres la única esperanza que no nos defrauda.
Haznos capaces de mantener cada día la tensión del amor
que vela trabajando, sin permitir que se nos embote la mente
con el vicio, el egoísmo, la soberbia y la ambición.
Queremos vivir preparados, esperándote siempre alegres,
como si cada día fuera el definitivo para tu esperada venida.
Así aprobaremos el examen final del curso en marcha.
Amén.
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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
La Redención en la espiritualidad de San Alfonso. Hoy no es fácil hablar de la redención que Cristo nos ha alcanzado. Para muchos no tiene sentido hablar de redención porque no tenemos de qué ser redimidos; la redención es vista como una respuesta que no tiene pregunta. Leer el artículo completo.
Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm
Moniciones para la Misa diaria: http://www.scalando.com/moniciones/diarias/index.htm con la firme determinación de te guste este servicio, el cual entregamos en tu computadora
Homilía para hoy
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Homilía para el I Domingo de Adviento Ciclo C
27 de Noviembre, 2006, 21:43
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EN CAMINO
Tempo Ordinario, ciclo “B”
26 de noviembre de 2006, Trigésimo Cuarto Domingo:
JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO
Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR. Fuente: www.scalando.com
1ra lect.: Jr 33,14-16
Sal 24,4-5.8-10.14
2da lect.: 1Tes 3,12-4,2
Evangelio: Lc 21,25-28.34-36
Se acerca nuestra liberación
Empezamos un nuevo año litúrgico con el tiempo de adviento. Adviento es advenimiento. Es un tiempo de atención y espera de algo bueno que está por llegar. Durante estas cuatro semanas la liturgia nos ayudará a prepararnos para vivir intensamente la celebración de la natividad del Señor.
La primera lectura pertenece al ministerio profético de Jeremías durante un periodo muy difícil como lo fue la conquista de Jerusalén por parte de las tropas de Nabucodonosor II, rey de Babilonia en el 586 a.C. Su vida profética la había empezado hacia el año 627 a.C. Durante los primeros años de su vida profética gozó de la protección de sus amigos de la cohorte real, a quienes apoyó y legitimó. Pero nunca su vida y su ministerio fueron tan auténticos como cuando fue capaz de revelarse ante los poderosos porque sus acciones no producían bienestar para el pueblo. Fue entonces cuando le vinieron las desgracias, y el hálito reverencial del que gozaba se esfumó como espuma que lleva el mar. Lo arrestaron, le prohibieron hablar en público y lo lanzaron a una cisterna que hizo las veces de calabozo. Durante el tiempo de la guerra lo consideraron traidor y enemigo del pueblo.
Después de la destrucción de Jerusalén, vino la famosa cautividad o el exilio babilónico hasta el año 538, cuan Ciro, rey de Persia los dejó marchar. Fue una época de desolación para quienes deportaron a Babilonia, para quienes huyeron a Egipto, así como para quines les permitieron quedarse en Palestina. El pueblo libre e independiente había desaparecido y estaba partido en tres. Ante esa realidad, Jeremías levantó su voz para ayudar al pueblo a tomar conciencia de su situación y para decirle que Dios no lo había abandonado.
Para Jeremías, Dios iba a mostrar el amor por su pueblo, haciéndolo volver a su tierra e impulsando la reconstrucción de los campos y de las ciudades. Mandando un rey justo, no como los que produjeron la crisis que los llevó a la cautividad, sino como el rey David, a quien todos recordaban con un reinado próspero. Para legitimarse como tal, el rey debería implantar la justicia y el derecho en el país.
En el evangelio nos encontramos otra vez con un texto escrito en literatura apocalíptica, muy similar al que estudiamos hace dos domingos, en la versión de Marcos. Este fragmento del evangelio de Lucas no anuncia catástrofes o destrucción del mundo. Es una toma de conciencia, a la luz de la fe en Jesús resucitado, de la grave situación por la que pasaban. El contexto es el mismo que vimos con el pequeño Apocalipsis de Marcos, aunque el texto de Lucas es posterior ya que se escribió después, durante los años 70 y 80 d.C. Hablamos de la guerra judía, acontecida durante los años 66 al 70 d.C., cuando las tropas comandadas por Tito Flavio Vespasiano, legado del emperador romano, destruyeron el país como represalia al levantamiento celote.
Fueron tiempos difíciles ya que los romanos destruyeron todo. La situación la representa el evangelio cuando habla de la angustia y la desesperación que produce el estruendo y el oleaje del mar. El mar para ellos era el lugar donde habitaba el Leviatán, mítico monstruo marino capaz de destruir todo. Desde el mar llegaron las invasiones griegas, fenicias, romanas, etc., que los había dominado. Por eso el mar era signo de opresión, peligro y muerte. El sol, la luna y las estrellas, simbolizan a los poderosos que se erigían como hijos de los astros para infundir respeto.
Eso generó una crisis muy tremenda en el pueblo: destrucción, hambre, miedo, ansiedad, desolación y muerte. Realmente la gente quedó sin alientos por el terror y la expectativa que amenazaba la tierra y por los poderosos quienes, al ser atacados, sintieron tambalear su poder y reaccionaron con más violencia y destrucción.
Ante una situación crítica, ayer como hoy, mucha gente se desespera, cae en el sinsentido de su existencia y es fácil presa de los vicios y de los agobios de la vida. Surgen también líderes mediáticos que prometen cielo y tierra, pero en el fondo son explotadores y oportunistas, vendedores de ilusiones e ídolos que embotan la mente y agudizan más la crisis.
El evangelio no oculta la situación crítica, pues no es un opio que adormece, sino un grito a la conciencia para que descubra a fondo la dura realidad; pero no cae en el pesimismo de ver en la tragedia un viaje sin retorno. Evangelio significa Buena Noticia y una buena noticia no puede ser trágica. Aquí la buena noticia es que en medio de la tragedia por la que pasaban, Dios se hacía presente para salvar a su pueblo. La Figura del Hijo del hombre, es aplicada a Jesús, vencedor de la muerte. La acción de Jesús resucitado al interior de las personas y de las comunidades, era motor que impulsaba los cambios necesarios, la razón para vivir en esperanza y la certeza de una liberación duradera. “Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con poder y gloria inmensa. Cuando comiencen a suceder estas cosas, levántense con la frente erguida, porque se acerca su liberación.”
Necesitamos estar vigilantes para descubrir las crisis que atacan nuestras familias, nuestras iglesias y nuestra sociedad en general. Vigilantes y cuidadosos con los engañadores que aprovechan para pescar en río revuelto. Vigilantes y en actitud de esperanza activa porque Dios se hace presente para salvarnos. Necesitamos, como nos decía la carta a los tesalonicenses que leíamos en la segunda lectura: amor unos con otros y firmeza de espíritu para ser santos e irreprensibles. “Mi alma espera en Señor, espera en su palabra”, repetíamos en el salmo de respuesta.
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Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)
Moniciones y oración Universal
Viviendo un buen ADVIENTO para una feliz NAVIDAD: http://www.scalando.com/Liturgia/adviento.htm
Nuevo Artículo: La redención en la Espiritualidad de San Alfonso por Noel Londoño, C.Ss.R. http://www.scalando.com/espiritualidad/redencion.htm
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Moniciones para el domingo 26 de noviembre de 2006
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La guerra fuerte duró hasta el 70. Pero los celotes conservaban su refugio en unas cuevas, llamadas la fortaleza de Mashada. Desde allí hacían pequeños asedios hasta que en el 73 d.C. fue desmantelada la fortaleza. Los romanos taparon todas las salidas de la fortaleza y los hicieron pasas hambre hasta que entraron con el fin de tomarlos presos o persuadirlos que se rindieran, pero los celotes prefirieron el suicidio antes que rendirse. Hoy los celotes son considerados héroes nacionales por los judíos y cada año se conmemora su deceso con honores.
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Moniciones para el XXXIV Domngo del Tiempo del Ordinario Ciclo B
20 de Noviembre, 2006, 13:42
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Moniciones para a Misa
Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
Tiempo Ordinario
Trigésimo Cuarto Domingo – Ciclo B
26 de noviembre del 2006
Solemnidad de Cristo Rey
Monición de entrada
La celebración de Jesucristo, Rey del Universo, cierra el año litúrgico con el acento escatológico y apocalíptico propio de los últimos domingos. Cristo es el Alfa y la Omega, es decir: el principio, el centro y el fin de la historia humana que Dios convierte en historia de salvación. Cristo se manifestó ante Pilato; es Él quien nos revela al Padre. Vivamos en esta Eucaristía el gran gozo de tener a Cristo como testigo de la Verdad que nos guía hacia el Padre. Hermanos y hermanas cantemos con ánimo.
Primera lectura: Dt 7, 13-14 (Su poder es eterno, no cesará)
La primera lectura nos describe una visión de Daniel. Entre las nubes aparece un hombre a quien se le da poder, honor y reino. Nuestro autor identifica a este Mesías con el líder del pueblo de los santos. Luego el Nuevo Testamento identifica a este Hijo de Hombre con Jesús. Escuchen hermanos y hermanas.
Segunda lectura: Ap 1, 5-8 (Cristo ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes)
En la segunda lectura tomada del libro del Apocalipsis vemos a Cristo como el Testigo fiel de Dios, el resucitado y el Rey Todopoderoso. Sigue una alabanza de la obra redentora de Cristo y una proclamación de su venida en gloria. Les invito a que nos dejemos penetrar por la grandeza y majestad de Jesucristo.
Tercera lectura: Jn 18, 33.37 (Tú lo dices: soy rey)
La lectura evangélica de hoy, según San Juan, Cristo afirma claramente su realeza. A la vez dice que ha venido a revelar o dar testimonio de la Verdad. Su reino no es como los reinos de la tierra, sino que es un reino nacido de la humillación, del sufrimiento y de la muerte, del servicio a la Verdad. Vamos a escuchar este diálogo sobre nuestro Rey, pero antes entonemos el Aleluya.
Oración Universal
1. Por la santa Iglesia: para que unida en Cristo, Rey de paz, exprese a la luz del Evangelio la justicia nueva que él ha promulgado desde la cruz. Roguemos al Señor.
2. Por los pastores del pueblo de Dios, obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas: para que imiten a Jesús, que no vino para ser servido, sino para servir. Roguemos al Señor.
3. Por la sociedad en que nos ha tocado vivir: para que reconozca en todo ser humano la presencia del Hijo de Dios, que un día vendrá a juzgar al mundo. Roguemos al Señor.
4. Por nuestra parroquia Espíritu Santo: para que vivamos convencidos de que servir es reinar. Roguemos al Señor.
5. Por todos nosotros: para que Jesús reine en nuestros corazones y en nuestras vidas, santificando nuestras acciones y palabras. Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 406)
Hoy te alabamos, Padre, porque en la resurrección
de tu Hijo, Cristo Jesús, lo constituiste Rey y Señor del universal
de todo lo creado con un poder y un reino eternos que no cesarán.
gracias también, porque, a su vez, Cristo ha hecho de nosotros,
los bautizados en él, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Haz, Señor, que venga tu reino al mundo de los hombres,
y danos la fuerza de tu Espíritu para mantener irrevocable
nuestra entrega personal a la construcción de tu reinado
en nuestro mundo: tu reinote verdad y de vida,
tu reino de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.
Así mereceremos alcanzar de ti el reino eterno con Cristo.
Amén
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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
La Redención en la espiritualidad de San Alfonso. Hoy no es fácil hablar de la redención que Cristo nos ha alcanzado. Para muchos no tiene sentido hablar de redención porque no tenemos de qué ser redimidos; la redención es vista como una respuesta que no tiene pregunta. Leer el artículo completo.
Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm
Moniciones para la Misa diaria: http://www.scalando.com/moniciones/diarias/index.htm con la firme determinación de te guste este servicio, el cual entregamos en tu computadora
Homilía para hoy
Grupos de interés: http://www.egrupos.net/grupo/scalando; http://www.egrupos.net/grupo/moniciones; http://blogs.vivito.net/blog/scalando463
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Homilía para el XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B
20 de Noviembre, 2006, 13:31
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EN CAMINO
Tempo Ordinario, ciclo “B”
26 de noviembre de 2006, Trigésimo Cuarto Domingo:
JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO
Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR. Fuente: www.scalando.com
1ra lect: Dn 12, 1-13
Salmo responsorial: 15, 5.8-11
2da lect.: Heb 10,11 -14, 18
Evangelio: Mc 13,24-32
El hijo del hombre
Nos volvemos a encontrar hoy, como hace ocho días, con un fragmento del libro de Daniel. Un texto que pertenece a la literatura apocalíptica y que es preciso leer desde esta perspectiva. Recordemos que se trata de un texto opuesto a las pretensiones de divinidad y dominio absolutos, típicos de los dominadores helénicos, que para la época de la elaboración del texto, sometían Palestina. La escuela apocalíptica que escribió el libro de Daniel tenía como objetivo animar a sus fieles a una resistencia contra la ideología dominante, que pretendía suplantar el poder y señorío del Dios en el cual ellos siempre habían creído.
Este fragmento nos presenta como protagonista central al Hijo del Hombre, que recibe el poder y el señorío para siempre. El Hijo del Hombre representa todo lo bueno que hay en la humanidad. Esa humanidad buena que procede de Dios (las nubes significan la morada de Dios) y hace su voluntad, vencerá la maldad que parece dominar.
Aunque los poderosos pretendan eternizarse en el poder y acabar con todo aquel que cuestione su actitud arrogante y su falso sentido de humanidad, la historia nos demuestra que todos los reyes con sus reinados son efímeros. Que sólo es eterno el poder de Dios y su mano salvadora a favor del necesitado.
¿Cristo Rey?
Algunos predicadores dicen que Jesús se proclamó rey, aunque Él no hablaba del reino de este mundo sino de un reino espiritual, más allá de este. La cosa parece muy clara: “No es el mundo el que me ha hecho rey. Si el título de rey me viniera de este mundo, tendría gente a mi servicio que peleara para que yo no cayera en manos de las autoridades judías. Pero mi título de rey no viene de aquí abajo.”
Aquí, como en otros textos de la Biblia, nos encontramos con un problema de traducción. Sucede que Jesús no habló del título de rey, sino del reino. Parece una tontería, pero no lo es. El texto griego dice: “E basileia e emé ouk estin ek ton kósmon tóuton”, lo cual significa literalmente: “El reino mío no es del mundo este”. Rey en griego es: “Basileús”, mientras que reino o reinado es: “Basileia”, tal como está en el texto. De tal manera que Jesús no habló de sí mismo como rey, ni de la supuesta procedencia de su título real, sino del reinado por el cual él siempre había luchado: el Reinado de Dios.
La traducción literal completa del párrafo es esta: “El reino mío no es del mundo este; si del mundo este fuese el reino mío, los servidores míos lucharían para que no fuese entregado a los judíos; pero ahora el reino mío no es de aquí.”
Pilato era quien insistía en preguntar si Jesús era rey: “oukoun basileus ei su” lo que significa: “¿Luego rey eres tú?”. Aquí sí se utiliza el término basileus, o sea rey. Pilato estaba interesado en saber si Jesús de verdad se había declarado rey tal como lo acusaban sus enemigos judíos. Jesús le respondió: “Tú dices que rey soy.” Aquí tampoco podemos decir que Jesús haya aceptado el título de rey. “Tu dices que rey soy” no es una respuesta afirmativa. Podría traducirse también: “Eres tú quien lo dices”. Algunas Biblias traducen: “Sí, como tu lo dices: soy Rey”. Es una traducción totalmente errada. Él nunca habló de sí mismo como rey. Es más, cuando después del signo de la multiplicación de los panes quisieron hacerlo rey, se escapó al monte (Jn 6,15).
Las palabras que siguen: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye de mi la voz”, tampoco significan que Jesús haya venido a este mundo para ser rey. Revelan la verdadera misión de Jesús: dar testimonio de la verdad. Podemos decirlo directamente: Jesús no vino para ser rey de nada, sino para dar testimonio de la verdad.
¿Entonces por qué la causa de condenación fue precisamente por haberse declarado rey, tal como se escribió en la tablilla: “Jesús el nazareno, Rey de los judíos”? (Jn 19,19). Quienes acusaron a Jesús de haberse declarado rey fueron los interesados en deshacerse de él: sumos sacerdotes, escribas, doctores de la ley, saduceos, entre otros. Como en aquella época los dirigentes judíos no tenían la “ius gladi” o facultad para condenar a muerte, entonces acudieron a quien sí la tenía: Pilato. Una razón poderosa, que seguramente conllevaría a la condenación inmediata, era decir que se había declarado rey, porque Pilato lo relacionaría con un desconocimiento del emperador romano y por tanto con una sublevación al imperio.
“Que Jesús sí es rey pero no de este mundo, sino de la otra vida, la vida del cielo, en la cual reina con todos sus ángeles”, dicen otros despistados. Otra afirmación igualmente errada. “El reino mío no es del mundo este”, no significa que Jesús sea rey de otra parte, de un mundo extrasensorial y supraterrenal más allá de la historia humana. Significa que el reinado por el cual luchó Jesús no era como el reinado del mundo romano, o “el orbe romano”, como le llamaban. Un reinado esclavizador, generador de terror, miseria, dolor y muerte. El reinado propuesto por Jesús era el reinado de Dios el cual implicaba un proyecto de justicia y verdad. Para esto vino al mundo: para dar testimonio de la verdad.
Es bueno saber que “mundo”, para los escritos de la tradición de Juan, tiene dos significados que se entienden según el contexto. Por una parte está el mundo como universo, incluido el ser humano: “El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo” (Jn 6,51b), “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que se salve por medio de él” (Jn 3,17).
Otro significado de mundo es todo aquello que esté contra la voluntad de Dios: la maldad en contra de la bondad, la mentira como contraria a la verdad, el poder que oprime contrario al amor que sirve, las tinieblas como contraposición a la luz, etc.: “Ustedes encontrarán la persecución del mundo. Pero ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16,33) “No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Pues toda corriente del mundo – la codicia del hombre carnal, los ojos siempre ávidos, y la arrogancia de los ricos – nada viene del Padre, sino del mundo” (1Jn 2,15-16)
Algunas veces los dos conceptos de mundo de mezclan en un párrafo, pero se pueden diferenciar: “Yo les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Jn 17,14-15)
Esto es bueno aclararlo porque, si el reinado que anunció Jesús es de otro mundo diferente a este de los mortales, el cristiano no debe meterse en cuestiones temporales. Por eso a muchos no les interesa la situación de los pueblos, la riqueza o la pobreza, la miseria y la injusticia de nuestro mundo. Por eso mismo muchos monjes medievales “dejaron el mundo” y se encerraron en las celdas conventuales para hacerse santos. Pero Jesús no fue un hombre autista desconectado de la realidad, no fue anacoreta, ni un monje conventual. Esa es una visión peligrosa que enceguece al creyente y convierte la religión en un opio adormecedor de las conciencias. Un Jesús que proclama el reinado de un mundo espiritual y extramundo, desencarnado y alejado de todo compromiso de orden temporal con la realidad concreta que vive el ser humano, es un Jesús falseado.
En este evangelio lo vemos compartiendo la tragedia humana, vivida por muchos hombres de las colonias romanas que se atrevían a levantar la cabeza. Éste es el típico juicio de un inocente procesado como si fuera un peligroso criminal. No precisamente por huir del “mundo, el demonio y la carne”, sino como consecuencia de su compromiso con la historia, por su manera como enfrentó y se opuso a todo lo que disminuía la dignidad humana.
Pilato representaba a Tiberio, emperador romano, quien tenía el poder en su mano. Los romanos controlaban todo, absorbían como una aspiradora los bienes del pueblo de Dios y lo dejaban en la miseria. Sin ser los únicos, eran la cara más visible del mundo en cuanto que se oponían a los planes de Dios. Según la religiosidad romana, el emperador era el hijo del altísimo y el absoluto de todo el orbe. Esa era la “verdad”: todo lo que dijera el emperador era palabra de Dios. La voluntad del emperador era la voluntad de Dios y debían hacerla cumplir a la fuerza.
La maquinaria judía, que servía a los romanos y traicionaba a su propio pueblo para defender sus privilegios, le había vendido una idea a la masa de gente: “Jesús es un peligro y debe morir”. Aquí vemos una vez que la voluntad popular no siempre representa la autonomía de un pueblo. Que no siempre la voz del pueblo es la voz de Dios y con mucha frecuencia la voz del pueblo no es más que una soberana gritería, fruto del engaño de las maquinarias corruptas que se alimentan de la desgracia de los inocentes.
Esa era la “verdad” oficial: la persona más importante era el emperador, seguidos por sus ministros y demás ciudadanos romanos. Los demás individuos no contaban. “El bien del pueblo romano era la suprema ley”. Los demás pueblos podían ser colonizados, explotados con cargas tributarias y pisoteados con todo tipo de vejámenes, si ponían resistencia.
Esa era la “verdad” oficial: Jesús era un nativo de una colonia del imperio, un hombre grosero que se había atrevido a cuestionar esa verdad, un peligro que debía ser eliminado. Un pobre reo con quien podían jugar los soldados, pues una vez condenado a muerte quedaban derogados todos sus derechos como ser humano.
Pero esa era una “verdad” impuesta. Una falsa “verdad”, como tantas versiones oficiales de gobiernos totalitarios y de ideologías dominantes.
La verdad – verdad, estaba en la persona de Jesús. En su calidad humana, en su testimonio de vida y en su entrega generosa al reinado de Dios. Él no vino para usurparle el reinado a nadie y tomar su puesto como otro monarca. Vino para ser testimonio de la verdad y para mostrarnos un camino que lleva a la plenitud a todos los seres humanos.
Aunque su vida estaba en manos del poder judío y del poder romano, aunque era un perdedor que no valía, la verdad – verdad, es que nada era tan valioso como su testimonio de amor y su entrega por una humanidad realmente libre y feliz. Su vida, su palabra y su proyecto eran generadores de amor, fraternidad, justicia y verdad.
Los poderosos lo vencieron, pero en el fondo fue él quien venció. El poder judío buscó que Pilato lo condenara a muerte. Pilato lo condenó no sólo para responder a la presión judía sino porque también tenía razones poderosas para quitárselo de encima. Jesús podía renunciar a su proyecto para evitar que lo mataran, pero no lo hizo. Pagó el precio de la cruz como expresión de su fidelidad a Dios y a los demás seres humanos, como manifestación de su solidaridad con todos los crucificados de la historia que, como él, eran víctimas de quienes prefieren excluir y matar en vez de cambiarse a sí mismos y cambiar las relaciones para sean más humanas. Si realmente quería afirmar la fidelidad de Dios con el ser humano, la validez de su proyecto y la supremacía del reinado de Dios sobre los reinados temporales que se erigían para aplastar a los débiles, tenía que morir. Si se retractaba y renunciaba a su causa, salvaba su pellejo y lo dejaban libre, pero todo se habría perdido. Sólo asumiendo las consecuencias de su compromiso, sólo asumiendo la cruz, impediría que la injusticia y la frustración tuvieran la última palabra; sólo así se reafirmaría como el hijo de Dios, el hijo del hombre y el hermano de todos. Y así fue como venció al mundo (Jn 16,33), porque sólo así, la última palabra la tuvieron el amor incondicional y el perdón.
Hoy celebramos la fiesta de Cristo rey. Pero más que proclamar a Jesús como el rey del universo, Dios y hombre, señor y Mesías, a quien deben consagrarse las archicofradías, las parroquias, o los estados, podemos anunciarlo como Buena Noticia, como un camino, un modelo para ser plenamente humanos y un proyecto para construir una vida justa y digna. Buena Noticia que se vive y se anuncia, y utopía que se construye en medio de las duras realidades y de los poderes que se oponen a su realización.
“Para mí, lo más importante que se dijo de Jesús en el Nuevo Testamento no es tanto que él es Dios, Hijo de Dios, Mesías, sino que pasó por el mundo haciendo el bien (Hch 10,38), curando a unos y consolando a otros. Cómo me gustaría que se dijera éso de todos y también de mí”
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Moniciones y oración Universal
Nuevo Artículo: La redención en la Espiritualidad de San Alfonso por Noel Londoño, C.Ss.R. http://www.scalando.com/espiritualidad/redencion.htm
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Moniciones para el domingo 26 de noviembre de 2006
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Boff Leonardo, Una espiritualidad liberadora, Estella 1992, 15.
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Moniciones para el XXXIII Domingo del Tiempo Oridinaio Ciclo B
14 de Noviembre, 2006, 0:16
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Moniciones para a Misa
Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
Tiempo Ordinario
Trigésimo Tercer Domingo – Ciclo B
19 de noviembre de 2006
Monición de entrada
Hoy estamos celebrando el penúltimo domingo del año litúrgico. Siempre hemos oído los relatos apocalípticos sobre la última venida del Señor. Toda la creación será transformada por el amor de Dios, y el tiempo, como lo experimentamos y conocemos ahora, terminará. Mientras tanto caminamos ineludiblemente, día tras día, hacia esa consumación. Tenemos que estar alerta, vigilantes y viviendo nuestra fe. Debemos poner nuestra esperanza en Cristo Jesús, cuyo sacrificio nos santifica. En esta Eucaristía pidamos a Dios la gracia de la perseverancia en nuestra fidelidad a Él y a la Iglesia. De pie para recibir a los ministros de la Misa, mientras cantamos.
Primera lectura: Dt 12, 1-3 (Entonces se salvará tu pueblo)
El texto que vamos a escuchar ahora es uno de los más importantes del Antiguo Testamento sobre la resurrección de los muertos. Los justos, en particular aquellos cuyos nombres han quedado escritos para siempre en el cielo, resucitarán. Escuchemos a Daniel y su descripción de lo que ocurrirá en aquellos últimos días.
Segunda lectura: Hb 10, 11-14.18 (Cristo ofreció un solo sacrificio para siempre)
La carta a los hebreos nos dice que Jesús borró con su sacrificio en la cruz, de una vez para siempre, los pecados de toda la humanidad. Él está a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros, guiándonos al cielo. Pongan atención
Tercera lectura: Mc 13, 24-32 (Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos)
Marcos en el texto evangélico de hoy nos anuncia la venida final del Hijo del hombre. Nadie sabe cuándo será esta segunda venida del Señor. Entonces debemos estar vigilantes y mantenernos alerta en todo momento. Aunque el cielo y la tierra pasarán ni Jesús ni sus palabras pasarán. Antes de escuchar este mensaje, pongámonos de pie para que cantemos el Aleluya.
Oración Universal
1. Por la Santa Madre Iglesia: para que el Señor la proteja y la perfeccione hasta el día en que vuelva como juez a la tierra. Roguemos al Señor.
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