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Agosto del 2007

 

Moniciones XXII Semana del Tiempo Ordinario Ciclo C

Enlace permanente 27 de Agosto, 2007, 22:30

Moniciones para la Misa

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Tiempo Ordinario

XXII Domingo

2 de septiebre de 2007

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.                                                                       Fuente: www.scalando.com 

XXII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Hazpara ver las lecturas del día:

-         1ra lect.: Eclo 3, 19-21.30-31

-         Sal 67

-         2da lect.: Heb 12,18-19.22-24

-         Evangelio: Lc 14,1.7-14

 

"Primeros y últimos puestos"

LAS LECTURAS DE HOY

Monición de entrada:

 

Buenos noches (días, tardes): hermanos en Cristo. Celebramos el vigésimo segundo (XXII domingo 22) del Tiempo Ordinario. Las lecturas que hoy meditaremos tienen un acentuado sabor a humildad. Ser humildes es ser realistas. Es saber que somos obra de Dios y le necesitamos. Con espíritu de humildad y de gratitud celebremos esta Eucaristía. Les invito para que se pongan de pie, para que demos inicio a esta Eucaristía.                                       

 

Primera lectura: Sirácides  3, 19-21. 30-31 (Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios)

 

Esta primera lectura está tomada del libro del Eclesiástico. Nos enseña el valor de la humildad. La persona humilde está abierta a escuchar y a responder a Dios. "Cuánto más seas, más debes humillarte". Presten mucha atención a este sabio consejo.

 

Segunda lectura: Hebreos 12, 18-19. 22-24a (Se acercaron al Dios vivo)

 

El autor del escrito a los Hebreos nos contrasta las dos alianzas de Dios con los seres humanos. La primera alianza en el desierto era dura y exterior. La segunda con Jesús como mediador, es una alianza de paz y de amor. Todos pueden y deben acercarse confiados a la misericordia y a la bondad de Dios. Escuchemos.

 

Tercera lectura: Lucas 13, 22-30 (Puerta que se abre para unos y se cierra para otros)

 

Jesús, en casa de un fariseo y espiado por fariseos, en el marco de un banquete, nos exhorta a la humildad y al amor a los pobres. Son señales de pertenecer al reino de Dios. De pie, por favor, para entonar el Aleluya.

 

Oración Universal:

 

Por el Papa, los Obispos, Sacerdotes y Diáconos, para que sean auténticos servidores en la comunidad. Roguemos al Señor.

 

Por los empresarios y jefes de personal, para que traten a sus obreros y colaboradores con respeto, dignidad, rectitud y comprensión. Roguemos al Señor.

 

Por los enfermos y los ausentes a nuestra celebración, para que pronto regresen aquí confortados en nuestro Señor Jesucristo,  Roguemos al Señor.

 

Por los jóvenes, especialmente los de nuestra comunidad de (se menciona el nombre) y nuestra parroquia (se menciona el nombre), para surjan las vocaciones que necesitan la Iglesia y el mundo de hoy, Roguemos al Señor.

 

Por nosotros, los aquí presentes, para que ayudemos al prójimo renunciando a nuestro egoísmo y comodidad, Roguemos al Señor.

 

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 566)

 

Bendito seas, Dios del amor gratuito y de la grata sorpresa,

porque humillas al que se engríe  enalteces al que se humilla.

Con quien primero obraste así fue con Jesucristo, tu Hijo.

Él consiguió la gloria más esplendorosa por la vía de la máxima

humillación, porque Él comenzó por practicar lo que nos enseñó:

Quien quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos.

 

Concédenos, Señor, seguir su ejemplo y su enseñanza

para saber estar y vivir en relación contigo y con los hermanos.

Danos un corazón grande y humilde para acoger como pobres

tu amor, tu gracia, tu misericordia, tu perdón y tu reino,

y poder ser enriquecidos con la aportación de los demás.

 

Amén.

 

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

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Homilía para hoy

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XXII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Enlace permanente 27 de Agosto, 2007, 22:12

En Camino

Homilía para el Domingo

Tiempo Ordinario

XXII Domingo

2 de septiembre de 2007

Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                                                                                                     Fuente: www.scalando.com 

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XXII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Hazpara para ver las lecturas de hoy

-         1ra lect.: Eclo 3, 19-21.30-31

-         Sal 67

-         2da lect.: Heb 12,18-19.22-24

-         Evangelio: Lc 14,1.7-14

 

Ser o parecerse

LAS LECTURAS DE HOY

Las comidas de Jesús son especialmente significativas. En ellas compartió con todo tipo de personas: de derecha o de izquierda, ricos o pobres, “puros” o “impuros”, “santos” o “pecadores”. Durante las comidas se vieron signos muy valiosos como el de aquella mujer cariñosa que le lavó los pies con sus lágrimas y se los secó con sus cabellos (Lc 7,36-50), o el de la mujer que derramó un costoso perfume de nardo sobre sus pies (Jn 12,1-11).

 

En las comidas compartió con sus amigos y hasta con sus enemigos. Según el relato de Juan, durante la comida del lavatorio de los pies, cuando Judas ya tenía en mente venderle por 30 monedas de plata, Jesús le ofreció un último signo de amor fraterno al darle un pedazo de pan mojado en vino (Jn 13,21-30). Pero en la vida de Judas todo estaba oscuro; por eso no pudo descubrir la grandeza de la amistad de Jesús y su camino. Prefirió las 30 monedas.[1] En las comidas, Jesús aprendía y enseñaba, amaba y se dejaba amar, servía y se dejaba servir. Sin duda, supo compartir con grandeza las cosas pequeñas de la vida.

 

Cuando era niño escuché de mis padres una frase cuya veracidad he comprobado durante la vida. “En la mesa y en el juego se conoce al caballero”.

 

Ciertamente, en el juego se puede ver la baja calidad humana de quien hace trampa para ganar, de aquel que mete la zancadilla porque quiere quitarle la pelota a su contendor, o la de aquel que simula una falta para cobrar la pena máxima. Ni hablar del deporte profesional, como por ejemplo en el último Tour de Francia, donde más de uno fue expulsado por doping. El deporte se ha convertido, muchas veces, en un elemento mercantilista, economicista y deshumanizante. En el juego también se puede descubrir la buena calidad humana de quien sencillamente sabe jugar y divertirse, de aquel que se exige para lograr resultados, pero tiene siempre presente que lo más importante somos las personas y no el marcador que, en últimas, puede ser una apariencia.

 

En la mesa se puede ver la poca la calidad humana de quien coge una gran porción de comida sin pensar que alguien puede quedarse sin comer. El vacío existencial de aquella persona que come compulsivamente, el egoísmo de quien se niega a compartir con los más necesitados y la prepotencia de quien desprecia las cosas pequeñas que ofrecen los pobres. En la mesa se puede ver también la alta calidad humana de quien comparte solidariamente el pan material que quita el hambre y fortalece el cuerpo, y el pan espiritual de la amistad que quita el tedio y le da sentido a la vida. Eso fue lo que hizo Jesús en sus comidas.

 

Esta vez la comida era en la casa de un jefe de los fariseos, aunque la relación de Jesús con este grupo político religioso en ese momento no era la mejor. Había tenido varios enfrentamientos con ellos debido a que su total libertad, con la cual manifestaba el amor del Padre, chocaba con la mentalidad cuadriculada de los fariseos y su estricto cumplimiento de la ley. Las predicaciones, las cuantas curaciones en días Sábados, las parábolas y, en general, todo el ministerio de Jesús, los había molestado sobremanera.

 

Antes del relato de Lucas que leemos hoy, los fariseos le habían sugerido a Jesús que se marchara porque Herodes lo buscaba para matarlo. No sabemos si lo hicieron porque de verdad el Rey Herodes quería matarlo en ese momento, porque los fariseos querían que se fuera o por las dos anteriores.

 

Durante la cena los fariseos lo observaban. Muchas veces los evangelistas nos dicen que los fariseos y otras autoridades religiosas estaban pendientes de sus actos o de sus palabras para tener de qué acusarlo. Jesús también observaba, no para hacerles luego una mala jugada y acabar con ellos. Siempre fue un buen observador. Durante esa comida observó cómo unos personajes sedientos de distinción, escogían los primeros puestos para presumir de hombres importantes. Querían cultivar la atención ajena y así colmar el vacío de su propia insignificancia. Les gustaba que los valoraran más que a los demás y que notaran su importancia, aunque en esencia carecieran de ella, porque toda su vida giraba más en el aparecer que en el ser.

 

Jesús fue un hombre sincero y frentero. Su observación no se la guardó para después hablar mal de ellos o para desprestigiarlos a tal punto de acabarlos, como sí lo hacían los fariseos. Su observación la dijo en ese momento gustara a quien le gustara y molestara a quien molestara. No la hizo para acabar con alguien, ni porque buscara el conflicto. La hizo como un acto de honestidad con quienes compartía el pan; porque la arrogancia y la vanidad de estos hombres destacados, no les permitía ser verdaderos seres humanos. Su observación no fue un ataque mordaz y devastador, sino una crítica constructiva que buscaba que todos fueran más auténticos, libres y felices.[2]

 

“El que se enaltece será humillado, el que se humilla será enaltecido”. (v. 11). Contra la arrogancia, la humildad. Decía Santa Teresa de Ávila: “estaba yo considerando por qué razón Nuestro Señor es tan amigo de la humildad y me dije: es porque Dios es suma Verdad y la humildad es andar en la verdad”. El valor real del ser humano está en su ser, no en su tener ni en su apariencia. Es un gran engaño sentir que somos más o menos que otros. Podemos tener más o menos, saber sobre algunas cosas más o menos sobre algún tema, pero esencialmente todos somos iguales y tenemos la misma dignidad, aunque muchas veces sea pisoteada por otros o por nosotros mismos.

 

Permítanme citar una hermosa canción de Los Aterciopelados[3]:

“Es un mandamiento ser la diva del momento, ¿para qué trabajar por un cuerpo escultural? ¿Acaso deseas sentir en ti todos los ojos y desencadenar silbidos al pasar?

/Mira la esencia no las apariencias/

El cuerpo es sólo un estuche y los ojos la ventana de nuestra alma apensionada.

Oye, Mira la esencia no las apariencias

Que todo entra por los ojos, dicen los superficiales, lo que hay adentro es lo que vale.

Suelta en el aire un aroma espiritual, mensajeros a la dos, intentando aterrizar.

Si abres el estuche lo que debes encontrar es una joya que te deslumbrará. Ay pero /Mira la esencia no las apariencias/

90-60-90 suman 240, cifras que no hay que, tener en cuenta.

/Mira la esencia no las apariencias/

No te dejes medir, no te dejes confundir

///Agúzate, hazte valer///”

 

En un reciente libro el teólogo José María Castillo afirma: “El asombroso baile de disfraces al que asistimos cada día, a todas horas y en todas partes, es una de las cosas que más daño hacen a todos. En un sentido concreto: eso es lo que más destruye nuestra propia humanidad. Disfrazarse es aparecer ante los demás, no como uno es, sino como cada cual quiere que los demás lo vean. Eso exactamente es lo que hace trizas mi humanidad. Porque mi humanidad es lo que soy. Mi disfraz es lo que oculta lo que soy y muestra lo que se me antoja parecer que soy. He ahí la raíz de la deshumanización. Nos deshumanizamos porque aparentamos ser ricos, poderosos, importantes, notables en la vida y en la sociedad. Pero como ocurre que, normalmente no somos ni lo ricos que queremos ser, ni tenemos el poder que nos gustaría tener, ni gozamos de la importancia con la que soñamos, y así sucesivamente, entonces lo que hacemos es que, en lugar de aceptar nuestra propia humanidad y ser lo que realmente somos, cada cual se dedica a endosarse todos los días el disfraz que oculta su ser, su humanidad, y exhibe ridículas apetencias que nos deshumanizan.”[4]

 

Las apariencias engañan, cuidado con las apariencias. “El hombre es, la sombra parece; el que aspira a parecer renuncia al ser. Cuando el afán de parecer arrastra a cualquier abajamiento, el culto de la sombra enciende la vanidad. El vanidoso vive comparándose con los que le rodean, envidiando toda excelencia ajena y carcomiendo toda reputación que no puede igualar”[5]. Al respecto afirmó Albert Einstein: “estaríamos en una situación lamentable si el envoltorio fuera mejor que la carne que envuelve”. 

 

Normalmente muchas veces los invitados devuelven la invitación. Jesús hizo una exhortación final: Invitar a aquellos que no pueden devolver la invitación. Pobres, lisiados, cojos y ciegos. A aquellos que no tienen con qué pagar pues el mismo Dios será el que pague.

 

Jesús invita, finalmente, a la generosidad sincera que no busca recompensa. A celebrar desinteresadamente la fiesta de la vida con quienes nadie celebra y con aquellos de los cuales nada se espera. A compartir nuestra vida con los marginados de la sociedad, a quienes les pasa normalmente lo que le pasó a Jesús en Belén, que le tocó nacer en un establo porque no hubo para él un lugar en el mesón. En otras palabras, a encaminar nuestra vida no sólo a buscar la satisfacción personal sino el bien común. Pues como dijo Einstein: “una vida encaminada fundamentalmente a la satisfacción de anhelos personales, tarde o temprano, conduce a una amarga desilusión. La vida de un individuo sólo tiene sentido en tanto contribuya a que la vida de todo lo que vive sea más noble y hermosa”.[6]  

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

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[1] Judas actuó como suelen actuar muchos hombres prácticos. Seguir a Jesús implicaba un riesgo tremendo. Las 30 monedas podían ser muy utilizadas para una buena causa. “El hombre honesto y sensato dice lo que siente y el hombre práctico le escucha y luego se lo come” (DOSTOIEVSKI Fedor, Crimen y Castigo I. Oveja Negra, Bogotá 1982, p.131)

[2] “Una institución que no admite ni tolera disenso y crítica está, por eso mismo, condenada a perpetuar sus miserias y contradicciones. De ahí que los inconformistas y los críticos son enteramente necesarios para que cualquier institución o sociedad tome conciencia de sus patologías y, a partir de esa toma de conciencia, pueda vencer y desterrar sus incongruencias y sus posibles miserias” (CASTILLO José María, El disfraz de carnaval. Desclée de Brouwer, Bilbao 2006. p. 18).

[3] Los aterciopelados son un grupo bogotano de rock en español. La canción se llama El estuche y la voz principal es de Andrea Echeverri.

[4] CASTILLO José María, El disfraz de carnaval. Desclée de Brouwer, Bilbao 2006. p. 14.

[5] INGENIEROS José, El hombre mediocre. Panamericana, Bogotá 1999. 135 – 139.   

[6] Einstein Albert, Einstein entre comillas, selección y edición de Alice Calaprice, Norma, Bogotá 1997. 165 -166

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Homilia XXI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Enlace permanente 22 de Agosto, 2007, 23:25

En Camino

Homilía para el Domingo

Tiempo Ordinario

XXI Domingo

26 de agosto de 2007

Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                                                                                                     Fuente: www.scalando.com 

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XXI Domingo del Tiempo Ordinario del Ciclo C

Hazpara para ver las lecturas de hoy

-  1ra lect.: Is 66,18-21

-    Sal 116

-   2da lect.: 12,5-7. 11-13

-    Evangelio: Lc 13,22-30

 

La puerta estrecha, pero siempre abierta

LAS LECTURAS DE HOY

Jesús seguía su camino hacia Jerusalén. En el evangelio, particularmente en Lucas, la actitud de quien va de camino es signo del cumplimiento de la voluntad del Padre.

Jesús era el maestro del camino, del día a día y del vivir cotidiano. Era maestro en lo grande y en lo pequeño. No tenía dónde reclinar la cabeza. Unas veces enseñaba bajo un árbol, otras, en una playa, junto al río, al lado o dentro de los cultivos, en una sala, en la sinagoga o en la mesa cuando compartía los alimentos. Enseñaba en las ciudades o en las aldeas, a hombres y a mujeres, a niños, jóvenes, adultos o ancianos. Aquí o allá, en el lugar que fuera y con quien fuera, pero siempre con la autoridad que le daba su intensa relación y conocimiento de la voluntad del Padre y su profundo conocimiento de la realidad humana.

Una persona de entre la gente, le hizo una pregunta curiosa: ¿Señor, serán pocos lo que se salvan? Con mucha frecuencia nos interesamos más por las curiosidades que por el meollo del asunto. En los noticieros, en los periódicos, en las conversaciones, muchas veces nos quedamos en la superficialidad de las cosas. Lo mismo sucede con la fe. Hay preguntas curiosas que suelen hacer algunas personas sobre Jesús y María: ¿María la

Madre de Jesús tuvo o no tuvo más hijos? ¿Es verdad que María Magdalena fue esposa de Jesús? ¿Las bienaventuranzas fueron proclamadas en una colina o en una llanura? ¿Los primeros visitantes del niño Jesús en Belén fueron los pastores o los magos? A estas preguntas podríamos responder con otra pregunta: ¿Cualquiera que sea la respuesta, altera en algo al centro de la fe y al Proyecto de Jesús? Son, sin lugar a dudas, preguntas curiosas y no más.

Hay preguntas que son, además, una ofensa a la razón y al corazón mismo de la fe: ¿Es cierto que la copa de la última cena tiene poderes mágicos y que quien la encuentra puede utilizarla para el bien o para el mal? ¿Es verdad que los sacerdotes son los hijos predilectos de la virgen María? ¿El obispo debe llevar el anillo en la mano derecha o en la izquierda? ¿Es inválida una eucaristía celebrada con vino que no sea de uva o que, siendo de uva, no tenga aprobación eclesiástica? ¿Es verdad que quién no cree en las apariciones de la virgen de Fátima pone en riesgo su salvación?

Jesús no respondió la pregunta curiosa que le hizo ese personaje anónimo y superficial. No respondió cuantos ni cuáles podrían ser salvos. El Dios de Jesús no es un científico loco que crea a los seres humanos a su imagen, y destina a unos para que se salven y a otros para que se condenen. El Dios de Jesús es un Padre amoroso que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (Tim 2,4).

El detalle no estaba tanto en la curiosidad de saber si serían pocos quienes se salvarían, sino en qué consiste la salvación y de qué manera nos podemos salvar. Con esto pasamos de la simple curiosidad y ociosidad, a los verdaderos problemas que atacan a la gente y atañen al Reino de Dios.

Empecemos por reconocer algo: es muy valiosa toda la vivencia religiosa del pueblo judío. Su experiencia con un Dios que lo salvó de la esclavitud y lo condujo a una tierra de promisión. Toda la historia del pueblo judío, su literatura, sus escuelas proféticas, su tradición rabínica, su dolor, su llanto y su alegría, siempre tienen un interés para la humanidad. Considerarse pueblo de Dios siempre fue para los judíos un aliciente para luchar por su dignificación, cada vez que aparecían personas o pueblos que pretendían esclavizarlos.

Pero, ¿era suficiente hacer parte del “pueblo elegido” para ser salvos? ¡He ahí el dilema! Un gran problema surgió cuando, por su convicción de ser “el pueblo elegido”, éste se creyó el único pueblo amado por Dios y el único digno de salvación, cuando pensó que bastaba con hacer parte de ese pueblo para adquirir la salvación (ese fundamentalismo no es único del pueblo de Israel. Otros pueblos antes y ahora, tienen la misma convicción peligrosa).

Como consecuencia de ese exclusivismo se llenaron de prepotencia, se creyeron los únicos poseedores de la revelación divina y los únicos dignos de recibir las bendiciones de Dios. Entonces llamaron a los demás pueblos con algunos epítetos ofensivos tales como: pagano, gentil y, en el extremo, los llamaron perros, como le pasó al mismo Jesús con la mujer sirofenicia: “Espera que se sacien los hijos primero, pues no está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos”. (Mc 7,24-30 / Mt 15,21-28). Suena repugnante escuchar el calificativo “perro”, así sea en su diminutivo “perrillo”, en labios de Jesús. No se puede negar que Jesús fue un judío y ahí actuó como tal. Con la diferencia de que Él tuvo luego una apertura mental que le permitió cambiar de parecer y convertirse en una persona universal.

Ya el profeta Isaías (1ra. Lect. Is 66,18-21), Jonás, el salmo 116, entre otros libros habían empezado a abrir el horizonte y a mostrar un Dios abierto a toda la humanidad. A toda raza, lengua, pueblo y nación. Pero  las escuelas rabínicas en la época de Jesús, afirmaban que la salvación era exclusividad de los judíos. El hecho de ser judío hacía pensar a algunos que ya estaban salvados y con derecho a excluir y a condenar. El mismo error cometió la Iglesia en aquel tiempo cuando decía: “fuera de la Iglesia no hay salvación”. El mismo error cometen hoy algunas sectas fundamentalistas que se sienten únicas.

Para Jesús es definitivo: no nos salvamos por el simple hecho de pertenecer jurídicamente a un pueblo, a una Iglesia o a grupo religioso. No es garantía de salvación haber hecho un largo camino con Jesús y ni siquiera haber desgastado la vida trabajando en las “cosas del Señor”, como se suele decir.

La comunidad es muy importante. La ayuda de las demás personas: amigos, familiares, condiscípulos, etc., es muy importante. Pertenecer a un grupo de oración, a un grupo apostólico, comunidad religiosa, etc., puede ayudar. Pero todas estas ayudas serán insuficientes sin una decisión personal para hacer realidad en la vida, la voluntad salvífica de Dios.

La pregunta no sería tanto si son pocos los que se salvan. La pregunta sería a nivel más personal: ¿Estoy salvando mi vida? ¿Soy realmente feliz o mi vida es una apariencia? ¿La presencia de Dios es fundamental para mi realización humana o la he convertido en un elemento que justifica mi mediocridad y mi deshumanización?

Aquí es necesario descubrir todo aquello que me esclaviza, me condena como ser humano y me arrastra hacia la infelicidad. Una vez descubiertos esos elementos deshumanizantes, es preciso hacer el esfuerzo para cambiarlos y optar por una vida más humana, justa, igualitaria y digna. ¡Los cambios no son fáciles! Es más fácil hacer lo que siempre se hace y andar por la puerta ancha.

La puerta ancha: El facilismo, la mediocridad, el miedo a enfrentarme a mí mismo y a la necesidad de asumir cambios en mi vida.

La puerta ancha: andar por la vida sin rumbo, sin disciplina, sin un proyecto a realizar y sin tomarla en serio.

La puerta ancha: una vida religiosa de meros ritos y ligada únicamente a la pertenencia de una iglesia determinada, sin un compromiso vital con la causa de Jesús.

La puerta ancha: comer y beber el cuerpo y la sangre de Señor, escuchar su Palabra, multiplicar las oraciones, sólo como un acto piadoso, intimista y egoísta, que lógicamente no es suficiente para alcanzar la Salvación. "No puedo soportar  falsedad y solemnidad" (Is 1,13)

La puerta ancha nos conduce irremediablemente a la frustración, a la infelicidad.

La puerta angosta: el esfuerzo, el trabajo, el riesgo, los cambios necesarios.

Puerta angosta: Una vida que corresponde al amor de Dios y al prójimo.

La puerta angosta: “negarse así mismo y cargar la cruz”.

La puerta angosta: bendecir a quien maldice, perdonar las deudas, servir, tomar la toalla y la tinaja para lavar los pies.

La puerta angosta: hacer vida las bienaventuranzas que evitan la frustración total y nos conducen a una vida plenamente bienaventurada.

La puerta angosta: el empeño serio y personal en la búsqueda del Reino de Dios.

La puerta angosta: