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Febrero del 2008

 

Homilia IV Domingo de Cuaresma - Ciclo A

Enlace permanente 29 de Febrero, 2008, 15:27

En Camino

Homilía para el Domingo

Tiempo de Cuaresma

IV Domingo

2 de marzo de 2008

Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                                                                                                     Fuente: www.scalando.com 

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V Domingo de Cuaresma Ciclo A

Hazpara para ver las lecturas de hoy

-          1ra lect.: 1S 16,1b.6-7.10-13

-          Sal 22,2-6

-          2da lect.: Ef 5,8-14

-          Evangelio: Jn 9,1-41

 

"Saber elegir"

Saber elegir

Que un hombre sea galante y buen conquistador, y además, sea poseedor de una gran chequera, no significa que sea un esposo y un padre excelente. Que una mujer llame la atención con sus carnosos labios y su despampanante figura, no significa que sea la ideal para formar un hogar estable y que con ella se construya un matrimonio feliz. Que un candidato para liderar alguna obra pública o privada sea el más destacado por su presencia, sus títulos o su palabrería, no significa que realmente sea un excelente conductor y servidor de dicha causa. Muchos países, ciudades, iglesias o empresas han sufrido los estragos de los buenos candidatos que resultaron ser verdaderos fiascos. No son pocos los matrimonios que han terminado en la papelera porque los cónyuges se dejaron llevar por las apariencias.

 

El libro de Samuel nos presenta la elección del Rey David para invitarnos a que, cuando debamos elegir, analicemos muy bien las posibilidades y escojamos la mejor de ellas. Saúl era un muchacho distinguido, de buena familia y de una figura muy atrayente. Los ganaderos y demás hebreos influyentes lo apoyaron con la esperanza de que el Rey lograra controlar el avance de los filisteos. Pero una vez llegó al poder, Saúl se encargó de defender sólo a quienes lo habían puesto en el poder y a darse la gran vida, mientras los filisteos avanzaban en su propósito de dominar Israel. Al poco tiempo se convirtió en un tirano que hacía la vida del pueblo más insoportable y los debilitaba ante los extranjeros que pescaban en río revuelto.

 

Entonces, surgió un líder carismático cuya condición humilde no fue obstáculo para hacer que Saúl terminara de perder el apoyo de los grandes y de todo el pueblo, y que pasara a formar parte del pasado, con un fin muy triste: el suicidio. El relato de Samuel presenta a los siete hermanos de David, todos ellos muy buenos candidatos por su figura, más no por su corazón. Por eso, Dios invita a Samuel a ver más allá: “No te fijes en su apariencia ni en su buena estatura. No es éste el que quiero. Lo importante no lo ven los hombres: ellos ven sólo la apariencia, pero Dios ve el corazón.” Finalmente, apareció David y ese fue el elegido.

 

Nos corresponde ser muy cuidadosos con nuestras elecciones tanto a nivel personal como comunitario. Tenemos la responsabilidad de ser muy críticos y analíticos porque en este mundo de las apariencias, la imagen está por encima de la esencia y, aunque los humanos tenemos la capacidad de razonar, muchas veces nos dejamos dominar por las pasiones y los impulsos de bajo nivel. Aunque tenemos la capacidad de ir más allá de las apariencias, muchas veces la pereza y la mediocridad nos hacer quedar con una imagen distorsionada y engañadora que esconde la realidad.

 

 

De las tinieblas a la luz

Vale la pena recordar que el presente texto del Cuarto Evangelista no es una narración periodística, sino un relato teológico-simbólico. El texto es ciento por ciento cierto, más no literalmente, sino simbólicamente, pues como decía Antoine de Saint Exúperi: “Lo esencial es imperceptible a los ojos”. Aquí lo esencial está en el trasfondo del texto, en lo sucedido a la comunidad cristiana que, por obra de Jesús, pasaba de la oscuridad a la luz y se convertía en protagonista de su propia historia.

 

Como todos los evangelios, el presente texto fue elaborado por las comunidades cristianas después del acontecimiento pascual (pasión, muerte y resurrección). Una clave de lectura para comprender este texto es tener en cuenta que el ciego no es sólo una persona sino todas aquellas personas que se encontraron con Jesús durante su vida pública y, después de su muerte y resurrección, las que lo experimentaron dentro de la comunidad cristiana. Recordemos que para el Cuarto Evangelista, Jesús y comunidad cristiana se identifican. Lo que le hacen a Jesús se lo hacen a la comunidad: La persecución, los azotes, los insultos, así como las alabanzas y las atenciones. Jesús sufre, ríe y obra en la comunidad.

 

Este texto sintetiza el proceso salvífico de las personas que se encontraron con Jesús: pobres, enfermos, pecadores, marginados, ignorantes, etc. Personas que nacieron y crecieron en un ambiente hostil que los marginaba y les gritaba a cada rato la poca cosa que eran. No hay pobreza ni ceguera más grande que la ignorancia. Estas personas habían crecido ignorando su dignidad humana, su filiación con Dios y sus grandes posibilidades de crecer como seres humanos. A pesar de que Qohelet y Job habían cuestionado la doctrina de la retribución, los rabinos en el tiempo de Jesús, así como el sistema cultural y religioso de su tiempo, enseñaban que Dios amaba especialmente a quienes les concedía salud, buen nombre, bienes e hijos en abundancia. Los pobres, las estériles, los enfermos y en general los marginados vivían así porque habían cometido pecados, ellos mismos, sus padres, abuelos o tatarabuelos. Además del sufrimiento por su condición social y personal, la religión los tachaba de pecadores despreciados por Dios y despreciables por los hombres. Por eso, los discípulos le preguntaron a Jesús quién había pecado para que ese hombre estuviera así, si él o sus padres.

 

Efectivamente, hay padecimientos que son consecuencia de algún mal paso que damos los seres humanos. Una persona que sufre un accidente mientras conduce embriagado, otra que le da cáncer por fumar cigarrillo o aquella que echa a perder su hogar a causa del licor, etc. Pero hay  muchos dolores que son causados por problemas genéticos, por el medio en el que vive, por situaciones terriblemente adversas en las que crece la persona, por la ausencia de padre o de madre, por la falta de amor, de comprensión y de compañía. Por carencia de formación y educación, por mala alimentación y servicios de salud, por valores tergiversados, etc. El problema del ciego de nacimiento, es decir, el problema de los marginados se había convertido en una marca social, religiosa y cultural que les habían impuesto y que no solamente los hacía sufrir más, sino que los ataba para salir de su problema, porque, si esa situación era un castigo de Dios, ¿quién podría contra eso? Por eso, lo primero que hace Jesús es quitar ese mito maléfico que tacha de pecadores a quienes sufren un mal.

 

Luego los invitó a ir más allá de la cruda realidad y a ver la vida con la esperanza que da la fe en la acción salvífica de Dios. Muchas veces pronunciamos o escuchamos quiméricas frases tales como: “¿Por qué a mí?” “¿Qué estoy pagando”? “¿Qué hice yo para recibir esto?” “¿Por qué Dios a mí no me escucha?” Más allá del por qué, Jesús ve en esa situación una oportunidad para permitir que Dios transforme radicalmente la vida humana y cambie el llanto en alegría (Jer 31,13). Ante una situación difícil podemos darnos látigo, encerrarnos en el círculo vicioso de la desesperanza y la culpabilidad enfermiza, en la cual no lograremos otra cosa sino hundirnos más. Otra opción es reconocer los errores en los que realmente hemos caído, mejorar y crecer como personas, y abrirnos a la gracia de Dios para que Él manifieste su obra y nos libere de eso que nos hace sufrir.

 

El barro aquí es más que un elemento precario e insignificante para realizar una curación. Detrás de este signo se esconde la historia del pueblo desde sus orígenes, por el empleo que le daban al barro. De barro hizo Dios al ser humano. Durante la esclavitud en Egipto el pueblo duró años haciendo ladrillos, cuya materia prima era el barro. Ya en su tierra cada familia hacía su casa de barro y construían las fortalezas que protegían a las ciudades. De barro se fabricaban tinajas, platos, ollas, cazuelas, lámparas y miles de utensilios. El barro hecho con la tierra y con la saliva de Jesús es un signo de la nueva creación que Dios quiere hacer en cada ser humano y de la nueva humanidad surgida a partir de Jesús.

 

Cuando el ciego se encontró con Jesús, se dejó tocar por él y se lavó en la piscina, quedó limpio. Esa fue la experiencia vivida por los integrantes de las comunidades cristianas que llevaban el proceso discipular con Jesús. Esos marginados a los cuales Jesús, el enviado del Padre, les abrió los ojos y les hizo ver el derecho que tenían de vivir dignamente como hijos de Dios. Con su vida, con su palabra, con su solidaridad; con la forma como trataba a todas las personas les hizo ver que no eran lo peor del mundo. Que eran sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5,13-14). Que Dios había tenido a bien darles el Reino. (Lc 12, 32) Que tenían dentro de sí grandes talentos dados por Dios y que debían ponerlos a producir (Mt 25,14-30). Que el Padre Dios había ocultado estas cosas a los sabios y entendidos para revelárselas a la gente sencilla (Lc 10,21)…

 

El ciego vivió su experiencia de salvación y se convirtió en testigo de la obra de Dios en él, por medio de Jesús. Los vecinos notaron el cambio y se admiraron. Sin grandes discursos, sólo contando su experiencia con el maestro de Nazaret, este hombre se había convertido en un anunciador de la Buena Noticia. Eso es evangelizar.

 

Los fariseos se negaban a creer que un hombre sencillo y sin autoridad oficial para enseñar como Jesús, pudiera realizar obras como ésta, peor aún si no guardaba la Ley del Sábado. Sentían que este hombre les movía la banca y ponía en peligro su autoridad religiosa y su influencia social. No alcanzaron a ver en él a un hombre de Dios, a un profeta y, menos, a su enviado y ungido. Vieron en él un peligro que debía ser combatido como fuera y a una llama “perversa” que debía ser apagada de cualquier manera.

 

Después de mostrar incredulidad ante el acontecimiento, presionaron al ciego para que “desmintiera” el supuesto milagro. Luego lo intentaron hacer con sus padres para “desmintieran” que su hijo había nacido ciego. Sus padres, que no querían meterse en problemas con las autoridades, sólo confirmaron que, en efecto, había nacido ciego, pero que sobre lo demás no tenían ningún conocimiento, por lo cual debían preguntárselo a él ya que era mayor de edad. Ellos conocían la amenaza que había contra aquellos que aceptaran el camino de Jesús: excomunión.

 

El que antes era un marginado, señalado por todos  y que inspiraba lástima, ahora era un hombre totalmente renovado por el Espíritu de Dios que vibraba en él y le hacía ver la vida con nuevos ojos. El que antes era considerado un desgraciado pecador, castigado por la furia de Dios, ahora era un bendecido por el amor y la misericordia del Señor. Del más profundo anonimato de los marginados había pasado a ser el centro de discusión. De la ignorancia, al conocimiento de Dios y de la oscuridad, a la luz, por medio de Jesús. La acción de Dios había hecho su obra en él y lo hacía sentir seguro para enfrentar cualquier situación. Por eso, en el segundo interrogatorio de las autoridades, habló con ellas de tú a tú y se atrevió, incluso, a hacerles comentarios sarcásticos. No era un erudito en las leyes religiosas, (“doctores tiene la santa madre iglesia”, decían nuestros viejos a veces también de manera sarcástica), pero había sido testigo de la obra de Dios en su vida y esa es la más grande autoridad que puede tener un evangelizador. Los fariseos no soportaron tremenda “competencia”, tremenda llama de luz y, por lo tanto, lo expulsaron de la sinagoga, es decir, lo excomulgaron.

 

La plenitud de la fe llegó para este hombre en el encuentro final con Jesús. Al principio hablaba de él como ese hombre que se llama Jesús (v. 11), luego lo dijo que era un profeta (v. 17) y finalmente lo reconoció como el Salvador y se postró (v. 38), es decir, se convirtió decididamente en su discípulo.

 

Recordemos de nuevo que éste no es un relato periodístico sino una magnífica elaboración teológica que cuenta la historia de las comunidades cristianas, las cuales fueron testigos de la obra de Dios por medio de Jesús. Obra que transformó totalmente sus vidas, las llenó de gozo y las ayudó a encontrarle un sentido pleno. Por eso seguían sus pasos a pesar de las amenazas. Sin creernos los únicos, nosotros estamos invitados a vivir esta misma experiencia de salvación. Sin fanatismos ni exclusivas, pero con el convencimiento, la alegría y el amor de Dios que obra en nuestra vida y la dignifica totalmente.

 

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

Reflexiones para la Cuaresma: http://www.scalando.com/Cuaresma/cicloA.htm

Semana Santa http://www.scalando.com/moniciones/semanasanta.htm

Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm

Oración de discernimiento: http://www.scalando.com/elecciones/oracion_de_discernimiento_2006.htm

Moniciones

Grupos de interés: http://www.egrupos.net/grupo/scalando; http://www.egrupos.net/grupo/moniciones; http://blogs.vivito.net/blog/scalando463

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

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Moniciones IV Domingo de Cuaresma ciclo A

Enlace permanente 25 de Febrero, 2008, 11:42

Moniciones para la Misa

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Tiempo de Cuaresma

 IV Domingo

2 de marzo de 2008

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.                                                                       Fuente: www.scalando.com 

V Domingo de Cuaresma Ciclo A

Hazpara ver las lecturas del día:

-         1ra lect.: Ex 17,3-7

-         Sal 94, 1-2 y 6-9

-         2da lect.: Rom: 5,1-2,5-8

-         Evangelio: Jn 4,5-42

 

"La luz del bautismo"

LAS LECTURAS DE HOY

Monición de entrada

Muy buenos (noches, días, tardes)

Ya hemos pasado la mitad de la cuaresma.  ¿Qué frutos hemos sacado de ella?  ¡Tenemos tiempo todavía!  Como bautizados, podemos ver la luz que viene de Dios, pasando la ceguera que nos nubla, y nos hace ir de tropiezo en tropiezo.  Busquemos la luz que da sentido a nuestras vidas y no sigamos caminando como ciegos de nacimiento.  La conversión, sólo se logra, si uno reconoce que no ve o que la visión está equivocada.  Aprovechemos para meditar las lecturas de hoy que nos invitan a buscar una visión nueva, una luz nueva, que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo, el Señor.  De pie por favor, para recibir al ministro de esta Eucaristía.

 

Primera lectura I Sam 16, 1b.6-7.10-13 (Samuel unge a David como rey)

El relato de la unción de David, como Rey de Israel, nos recuerda que Jesús, siendo Hijo de Dios, también es hijo de David.  Pero David, es escogido por Dios mismo.  El envía al profeta Samuel para que lo unja con aceite y así sea reconocido por el pueblo; no a su persona como tal, sino al Espíritu de Dios que ha de manifestarse en el rey David.  Escuchemos.

Segunda lectura Ef 5, 8-14 (Caminen como hijos de la luz)

En esta segunda lectura, San Pablo, en su carta a los efesios, nos invita a estar despiertos, para vivir como hijos de la luz, dándonos las herramientas para lograrlo.  Meditemos profundamente en la voz de Jesús que nos dice “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá luz y vida”.  Oigamos.

Tercera lectura Jn. 9,1-41 (El ciego de nacimiento)

Para meditar profundamente este Evangelio, debemos observar las reacciones de la gente frente al milagro de sanar a un ciego de nacimiento. ¡Qué prontos somos para juzgar y condenar!: “¿Quién pecó?”.  Jesús se manifiesta y se proclama como Hijo de Dios al devolverle la vista a este ciego de nacimiento, y todo, “para la gloria de Dios”.  De pie, por favor, para escuchar atentamente el Santo Evangelio.

Oración Universal:

Monitor: Favor respondan a cada petición: “Cristo, luz de las naciones, ilumina nuestras vidas”

Por el papa, los obispos, y toda la Iglesia: para que siga fiel a su misión de madre y maestra, orando constantemente, especialmente en esta cuaresma. Roguemos al Señor.

 

Por todos los pueblos de América Latina y el Caribe: para que el Señor ilumine la tarea evangelizadora de la Iglesia y fecunde su misión.  Roguemos al Señor.

 

Por los gobernantes de nuestros pueblos y naciones: para que caminen como hijos de la luz,  busquen la verdad y el bien común, comprometiéndose en conseguir la justicia. Roguemos al Señor.

 

Por los jóvenes, esperanza del mundo actual: para que descubran a Jesucristo y siguiéndolo transformen nuestra sociedad.   Roguemos al Señor.

 

Por todos los enfermos de nuestra comunidad, por los minusválidos, los que carecen del pan de cada día, las mujeres y los niños maltratados: para que podamos ver en ellos la imagen de Cristo.  Roguemos al Señor.

 

Por un aumento en las vocaciones en la Vida Religiosa y Sacerdotal, en toda la Iglesia en particular, para nuestra congregación redentorista.  Roguemos al Señor.

 

Por nosotros aquí presente, celebrando el banquete de la Palabra y la Eucaristía: para que sepamos descubrir que Jesús está con nosotros y nos llama a vivir su amor en plenitud. Roguemos al Señor.

 

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 65)

 

Hoy te bendecimos, Padre, por la luz de nuestro bautismo,

esa luz de la fe en Cristo que iluminó toda nuestra vida.

No permitas que volvamos a ser ciegos que creen ver,

pero no distinguen los colores de tu presencia en el mundo.

 

Quitas, Señor, las escamas de nuestros ojos en tinieblas.

Ayúdanos a dar el paso definitivo de la incredulidad a la fe,

de nuestra ceguera congénita a la iluminación de Cristo,

de nuestro egoísmo tenebroso a la luz esplendorosa del amor.

 

Queremos caminar como hijos de la luz, estrenar ojos nuevos,

ver a los demás como hijos tuyos y hermanos nuestros,

y aparecer ante ellos rebosando bondad, justicia y verdad.

 

 

Amén.

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Jesús, amigo cercano, es fuente de vida

 

Durante toda su vida Jesús se mostró compasivo con todas aquellas perso­nas que sufrían diferentes dolencias o estaban limitados y limitadas física o mental­mente. Por eso con frecuencia curó a las y los enfermos, abrió los oídos a los sor­dos, hizo hablar a los mudos... Todo eso lo hizo como parte de su misión sal­vadora y movido por su corazón sensible y compasivo con el dolor de los hermanos y hermanas.

 

La familia de Betania formada por Lázaro, Marta y María forman parte de las personas seguidoras y amigas de Jesús. Con ocasión de la muerte de su amigo Lázaro, el Evangelio nos dice que Jesús quería mucho a estas dos mujeres y a su hermano. Al constatar la muerte de su amigo Lázaro, se le vio llorar. Los judíos comentaban: "¡Cuánto lo quería!"(Jn 11,36).

El Proyecto de Dios, Proyecto de vida y de justicia, es para siempre. Dios quiere que sus hijos e hijas vivan felices para siempre. Por eso quiere que esa vida feliz comience hoy y aquí, cada día. Esa vida feliz tendrá su plenitud sólo en la otra vida, cuando podamos sentarnos todos en la mesa común del Padre, en la mesa de los hermanos.

Al realizar la resurrección de Lázaro, Jesús mostró el mayor signo que podía presentar ante los judíos. Ya no sólo sanaba a los enfermos y devolvía la vista a los ciegos, sino que devolvía la vida a los muertos. Así demuestra el poder que Dios tiene sobre la muerte. Fue precisamente a partir de la resurrección de Lázaro cuando los judíos decidieron matar a Jesús, porque se daban cuenta que era un hecho tan grande y tan patente que no lo podían explicar humanamente y que no lo podían esconder (Jn 11,45-52).

 

Como creyentes tenemos el reto de convertirnos en defensores de la vida, porque somos seguidores de un Dios de vida y no de muerte. En medio de las situaciones más difíciles, en medio de tantas situaciones de muerte como podemos vivir como fruto de nuestro pecado personal y del pecado social y estructural, hay lugar para la esperanza, para crear nuevas alternativas, para seguir trabajando por la causa del Proyecto del pueblo del Dios liberador, llamado por Jesús, según la mentalidad de su tiempo, “Reino de Dios”,  porque El es quien nos acompaña y nos da fuerzas para ser testigos de su Vida inmortal.

 

Como seguidores de Jesús se nos pide tener un corazón compasivo como el de Jesús. La compasión por el otro es el punto de partida para la realización de hechos y acciones concretas de solidaridad en favor de aquellas personas que necesitan nuestra mano amiga. La compasión es uno de los frutos principales del Espíritu que nos hace vivir como verdaderos seres humanos, mientras que la insensibilidad ante la situación de los hermanos es uno de los frutos de la carne, que convierte a las personas en una bestia.

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Moniciones III Domingo de Cuaresma ciclo A

Enlace permanente 18 de Febrero, 2008, 9:22

Moniciones para la Misa

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Tiempo de Cuaresma

 III Domingo

24 de febrero de 2008

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.                                                                       Fuente: www.scalando.com 

III Domingo de Cuaresma Ciclo A

Hazpara ver las lecturas del día:

-         1ra lect.: Ex 17,3-7

-         Sal 94, 1-2 y 6-9

-         2da lect.: Rom: 5,1-2,5-8

-         Evangelio: Jn 4,5-42

 

"Agua para la sed"

LAS LECTURAS DE HOY

Monición de entrada

 

En este tercer domingo de Cuaresma las lecturas nos invitan a fijar nuestros ojos y nuestra vida en Dios, quien es la fuente de la vida.  En este mundo tan materializado, hemos perdido el conocimiento auténtico de Dios.  Hoy nosotros, como el pueblo de Israel, seguimos sedientos de Dios.  Busquemos la Roca que nos salva, entrando en su presencia, para fortalecernos cada vez más en la gracia recibida en nuestro bautismo.  De pie por favor, para recibir al celebrante de esta Eucaristía con el canto de entrada

 

Primera lectura Ex 17, 3—7 (Danos agua para beber)

  

Dios nunca nos abandona ante nuestras necesidades.  En esta lectura vemos que el pueblo de Israel es probado en el desierto.  Ante sus quejas, Dios se hace presente, como salvador de ellos, haciendo brotar agua de la roca, por medio de Moisés.  Presten mucha atención.

 

Segunda lectura Rom 5, 1-2. 5-8 (El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos ha sido dado)

  

San Pablo nos aclara magistralmente lo que es la salvación en Cristo.  Al incorporarnos a Cristo, vemos que efectivamente podemos superar el pecado.  Dios ha dejado constancia de su amor por nosotros, entregando su Hijo único, ya que por Cristo hemos sido llamados a este plan divino de salvación.  Escuchemos.

 

Tercera lectura Jn. 4,5-42 (Un surtidor de agua que salta hasta vida eterna)

 

Este Evangelio es de una riqueza incalculable; puede alimentar nuestra oración por muchos días.  Dios se hace el encontradizo, en el momento y hora menos esperado.  Jesús es quien inicia el diálogo con la Samaritana.  El parte de lo sencillo y cotidiano: “Dame de deber”.  Luego hace ver cuánto vale la samaritana, mujer despreciada por sus pecados y por ser de Samaría. De aquel encuentro, la mujer pecadora y despreciada sale como discípula de Jesús. La pregunta para nosotros hoy es: ¿quieres dejar hoy tu cántaro junto a Jesús e ir a proclamar que El es el Mesías y Salvador?  Escuchemos.

 

Oración Universal:

Monitor: Respondan, por favor: “Señor, dame de esa agua para no tener más sed”

 

Por el Papa y toda la iglesia: para que escuchando la palabra de Dios, nos abramos a ella y la transmitamos sin temor ni egoísmo. Roguemos al Señor.

Por todos los gobernantes del mundo: para que no endurezcan sus corazones ante la miseria y los pecados sociales, sino que busquen caminos de desarrollo y valores cristianos. Roguemos al Señor.

Por todas las familias divididas que viven situaciones difíciles, mujeres y niños maltratados: para que Jesús sacie su sed de felicidad y bienestar. Roguemos al Señor.

Por todos los padres y madres: para que dediquen suficiente tiempo y amor a sus hijos en vez de llenarlos de cosas materiales. Roguemos al Señor.

Por un aumento en las vocaciones en la Vida Religiosa y Sacerdotal, en toda la Iglesia en particular, para nuestra congregación redentorista. Roguemos al Señor.

Por todos nosotros, aquí presente: para que vivamos el gozo de nuestra salvación con un corazón agradecido, siempre dispuestos a servir a nuestros hermanos más necesitados. Roguemos al Señor.

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 62)

 

¿Cómo podríamos silenciar nuestro canto de alabanza,

Señor, Dios de misericordia, cuando oímos de labios de Jesús

la revelación sublime de tu nombre, que es don, amor y vida?

Cristo nos da el agua viva que calma  nuestra sed para siempre

y se convierte dentro de nosotros en surtidor de vida eterna.

¡Gracias, Padre, porque el río de tu amor no conoce el estiaje!

 

Pero nuestra sed es infinita.  Una sed de vida en plenitud,

de felicidad profunda que no defraude, de liberación total,

de pan y cariño, de verdad y dignidad, de amor y esperanza,

de fraternidad y justicia, de solidaridad y derechos humanos.

¿Dónde sino en ti, Señor, encontraremos agua para tanta sed?

 

 

Amén.

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

 

Está cerca la Cuaresma: http://www.scalando.com/Cuaresma/cicloA.htm

Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm

Grupos de interés: http://www.egrupos.net/grupo/scalando; http://www.egrupos.net/grupo/moniciones; http://blogs.vivito.net/blog/scalando463

El compromiso de cambio que nos exige la fe

 

Jesús es el agua viva, el Salvador del mundo

 

Jesús iba cansado por el camino que iba de Jerusalén a Galilea, pasando por el centro del país y atravesando la zona de Samaría. Generalmente los ju­díos de Galilea preferían hacer el camino por el valle del Jordán, que aunque era más largo, era más seguro, ya que los judíos y los samaritanos eran enemi­gos por motivos religiosos y políticos. Pero Jesús se decidió a atravesar la región de Samaría y al pasar por allí le pide un poco de agua, del pozo de Jacob, a una mujer samaritana. Jacob había sido el padre de los jefes de fami­lia de las 12 tribus de Israel. Por eso, todos los descendientes de Jacob te­nían derecho a beber del agua del aquel pozo. En un primer momento la samari­tana no acoge bien a Jesús, pero después establecen una conversación que lleva a la mujer de Samaría a descubrir quién es Jesús y a pedirle de beber el agua verdadera.

La samaritana hace un proceso hasta descubrir quién es Jesús. De forastero y judío enemigo, descubre al hombre que la desconcierta, al profeta de Dios y finalmente llega a reconocerlo como Mesías. Por esto, la samaritana es un modelo de vida cristiana, de lo que nos debe pasar en el proceso de descubrir quién es Jesús: ir gradualmente conociéndolo hasta descubrirlo como el Salvador que da sentido a nuestras vidas y a nuestras luchas cotidianas.

La imagen de Jesús como verdadera agua viva es muy interesante. De hecho el agua es un elemento indispensable para vivir. Dicen los especialistas del área de la medicina, que nues­tro cuerpo está constituido por un 60% de agua. Sin agua los seres humanos no tenemos vida, no cre­cen las plantas, ni pueden vivir los animales. De tal manera que cuando se dice que Jesús es la fuente de agua viva, se quiere decir simplemente que Je­sús es quien nos da la verdadera vida.

Nuestras comunidades descubren que necesitan del agua viva que es Jesús.  Esa agua viva la descubrimos en su Palabra salvadora que descubrimos en la vida cotidiana y en las Sagradas Escrituras. Su Palabra es como un vaso de agua refrescante en los meses más calurosos del año. Sólo esa agua nos calma la sed de justicia y de amor que tenemos. Por ello debemos dedicarnos a escuchar la Palabra y hacerla rea­lidad en nuestro ambiente.

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Homilía III domingo de Cuaresma, ciclo A

Enlace permanente 18 de Febrero, 2008, 9:06

En Camino

Homilía para el Domingo

Tiempo de Cuaresma

III Domingo

24 de febrero de 2008

Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                                                                                                     Fuente: www.scalando.com 

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III Domingo de Cuaresma Ciclo A

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-         1ra lect.: Ex 17,3-7

-         Sal 94, 1-2 y 6-9

-         2da lect.: Rom: 5,1-2,5-8

-         Evangelio: Jn 4,5-42

 

"Nuevos adoradores"

Entre otros derechos fundamentales, los seres humanos tenemos derecho a un nombre propio, a un apellido y a una nacionalidad, y a afiliarnos a una comundiad religiosa o ideológica. Para una vida sana es necesario la identidad con nosotros mismos, con nuestra familia, con nuestro país, así como con nuestro grupo religioso o ideológico. Es necesario trabajar para crecer como personas y para hacer crecer el entorno vital en cual nos desarrollamos.

 

Si a una persona le falta identidad y amor propio, se descuidará a sí misma y vivirá con profundos complejos de inferioridad, lo cual le impedirá desarrollarse como tal. Esto lo puede llevar a desinteresarse por tener una interacción sana con los demás seres humanos y, por el contrario, puede convertirse en un antisocial que atente contra el  bien común y busque, simplemente, sobrevivir en esta selva de cemento que amenaza contantemente su vida.

 

Si una persona crece con sus necesidades totalmente resueltas y rodeada de servidores que lo hacen sentir como un dios, creerá que pertenece a una raza superior y que, por lo tanto, tiene derechos por encima del común de los mortales. Si un ser humano es adoctrinado con la convicción de que pertenece a un grupo selecto de personas puras por excelencia y carece de sentido crítico, puede caer fácilmente en un fundamentalismo peligroso y con una ceguera que no le permitirá ver que otros seres humanos tienen derecho a vivir de manera diferente.

 

Es necesario el amor propio y la valoración individual como un ser dotado de facultades, proyectos, derechos y deberes. Pero la supravaloración del ego y el desprecio de los demás crea personas egoístas y peligrosas para la sociedad, e infelices en su interior. Es necesaria la identidad cultural, ideológica y/o religiosa. Pero cualquier tipo de fundamentalismo es destructor. Es necesario un sano sentido de pertenencia y referencia a una región o a un país, es decir, una buena identidad regional o nacional. Pero los regionalismos y los nacionalismos, combinados además con ideologías segregacionistas y exclusivistas, son tremendamente peligrosas y han causado grandes desastres a nuestra humanidad.

 

Después de tantos golpes que ha recibido la humanidad por culpa de los fundamentalismos, y aún en medio de tantas falencias, se están dando pasos para hacer respetar los derechos humanos y para promover el desarrollo de los pueblos. Terminada la Segunda Guerra Mundial nació la ONU y detrás de ella vinieron otras organizaciones internacionales. El diálogo interreligioso se viene dando como un fruto de la toma de conciencia por parte de algunos miembros de las diferentes religiones, las cuales han sido utilizas muchas veces para justificar guerras, o como escudo perverso de muchas conquistas, colonizaciones y destrucción de la vida. Algunas iglesias cristianas, que en este tema también tenemos rabo de paja, hemos formado grupos ecuménicos, en los cuales buscamos unirnos en lo fundamental del evangelio de Jesús y respetar las diferencias. Disfrutar del generoso y añejo vino donado por Jesús, respetando la copa en la que cada cual lo quiera tomar.

 

Al acercarnos al Cuarto Evangelista (Evangelio según San Juan) es necesario precisar su carácter especialmente simbólico. El carácter simbólico del Cuarto Evangelista reemplaza casi en su totalidad al carácter histórico. Este evangelio es el más simbólico y el menos histórico de todos. El texto que hoy leemos no es una crónica de los acontecimientos tal y como sucedieron, sino que es una hermosa composición teológico-simbólica, con un mensaje muy profundo para las comunidades cristianas.