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Moniciones II Domingo de Pascua - ciclo A
25 de Marzo, 2008, 20:32
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LAS LECTURAS DE HOY
Monición de entrada
Muy buenos (noches, días, tardes): La alegría que pregonan las campanas, los aleluyas que resuenan en el templo son un signo claro del gran gozo de este bendito día de Pascua. Nosotros somos bienaventurados, pues hemos alcanzado la vida nueva que Jesús resucitado nos transmite por su Espíritu. Hoy es el día dedicado a la Divina Misericordia y este es el don que recibimos de Cristo resucitado. Señor, aunque no te vemos con los ojos de la carne, nuestra ardiente profesión de fe es la del Apóstol Tomás ¡Creemos en ti, Señor nuestro y Dios nuestro! Puestos de pie entonemos con alegría el canto de entrada.
Primera lectura: Hechos 5, 12-16 (Crecía el número de los creyentes)
Escucharemos a continuación algunas características de las primeras comunidades cristianas, estas primitivas comunidades giran en torno a la enseñanza de los apóstoles, eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, la vida en común, compartiendo sus bienes. La fracción de pan, es decir, la Eucaristía que une en oración a la comunidad. Escuchemos.
Segunda lectura: Apocalipsis 1,9-12.17 (Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos)
San Pedro nos presenta un hermoso himno de alabanza. Cristo ha resucitado y esto para nosotros significa un nuevo nacimiento y una nueva esperanza en un mundo mejor, una vida nueva que no puede corromperse ni mancharse. Pongan mucha atención.
Secuencia (opcional)
Tercera lectura: Juan 20, 19-31 (A los ocho días llegó Jesús de nuevo)
El Evangelio de hoy relata dos apariciones a los discípulos. Estas apariciones se escribieron para los cristianos de la segunda generación y las sucesivas generaciones en la historia, o sea, nosotros, para que creamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en su nombre. Antes de proclamar la Buena Nueva de hoy cantemos con entusiasmo el Aleluya.
Oración universal
A cada invocación, responderemos: “Tu que vives eternamente, escúchanos, Señor”
1. Para que el Señor Jesús, Salvador del mundo, haga de su Iglesia el testigo fiel de su resurrección, roguemos al Señor.
2. Para que los gobernantes busquen ante todo la justicia y la paz, roguemos al Señor.
3. Para que los que buscan la fe, sean iluminados por la luz de Cristo resucitado y el testimonio de los hermanos, roguemos al Señor.
4. Para que Jesús, el Señor, vencedor de la muerte nos confirme a nosotros en la firmeza de la fe y en el testimonio de su resurrección, roguemos al Señor.
5. Para que los jóvenes, sigan las huellas del Redentor, respondiendo a su llamada, para que haya un aumento en las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 79)
Señor, Jesús, aunque no te vemos con estos ojos de carne,
nuestra ardiente profesión de es hoy la del apóstol Tomás,
primeramente incrédulo y después creyente ejemplar:
¡Creemos en ti, Señor nuestro y Dios nuestro!
Vamos buscando razones, pruebas y seguridad absoluta
para creer y aceptar a Dios en nuestra vida personal y social.
Pero tú nos dices: ¡Dichosos los que crean si haber visto!
Tú eres, Señor, la razón de nuestra fe, esperanza y amor.
Ábrenos, Señor Jesús, a los demás, a sus penas y alegrías,
porque cuando amamos y compartimos, estamos testimoniando
tu resurrección en un mundo nuevo de amor y fraternidad.
Amén.
Formato para imprimir
Cincuentena Pascual: http://www.scalando.com/Liturgia/pascua/index.htm
Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm
Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza. Ha resucitado. ¡Aleluya! Que la Pascua del Señor Resucitado se prolongue a lo largo de todos los días de tu vida...
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Homilia II Domingo de Pascua - Ciclo A
25 de Marzo, 2008, 20:16
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En Camino
Homilía para el Domingo |

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Tiempo de Pascua
II Domingo |
30 de marzo de 2008 |
LAS LECTURAS DE HOY
La mejor prueba de la resurrección de Jesús no la constituye la tumba vacía sino el testimonio de una comunidad que se ama. Una comunidad que supera los odios, los miedos, los egoísmos propios de la vieja humanidad dominada por el pecado, y es capaz de vivir solidariamente con la fuerza del resucitado.
Con la muerte de Jesús sus seguidores y seguidoras, vieron terminadas sus esperanzas de una transformación para sus vidas. Como lo podemos ver en el evangelio de hoy, se llenaron de miedo y pensaron que les podría ocurrir lo mismo que a su maestro. Muchos huyeron (Lc 24, 13ss) porque no querían saber nada de las pasadas esperanzas chocadas con la dura realidad y convertidas en tremendas frustraciones.
Pero de pronto, toda esa realidad trágica empezó a cambiar porque el hombre que habían matado estaba vivo. Y no fue que sus discípulos resucitaran la causa de ese hombre; fue que Él resucitó de verdad y se presentó a ellos: a quienes iban de camino, a quienes estaban pescando, así como a quienes estaban encerrados, o sea a todos sus discípulos que habían vuelto a sus actividades de antes. La resurrección los sorprendió en medio de su increencia y de su decepción.
Poco a poco fueron descubriendo algo especial relacionado con Jesús. No sabían con claridad qué era lo que pasaba, ni identificaban muy bien lo que estaba pasando. Por eso en algunos relatos del evangelio, se dice que los discípulos confundieron a Jesús con un fantasma. Unos pensaron que esas sensaciones se daban por la fuerte decepción que habían sufrido, que era un producto de la locura o porque estaban pasados de copas. Con el paso del tiempo se convencieron de que esa experiencia que los cubría y les devolvía las esperanzas, era provocada por Jesús. El mismo Jesús que habían visto clavado de pies y manos en la cruz, y traspasado en su costado. El mismo con el cual habían compartido experiencias únicas que habían cambiado radicalmente sus vidas. No había duda: era la presencia viva de Jesús, ahora de una manera nueva. No había duda: Jesús había resucitado y vivía en medio de ellos.
La resurrección no fue algo inminente. No fue un hecho comprobado científicamente que dejara a todos sin alguna duda. Fue un acontecimiento que necesitó tiempo para madurar y para convencerlos de su veracidad. Un acontecimiento muy sutil, pero con una fuerza tan grande que los hizo vencer todas las limitaciones humanas, los capacitó para lanzarse a anunciar la Buena Nueva y los hizo capaces de continuar con el proyecto de Jesús.
La experiencia de la resurrección les hizo experimentar la paz de Jesús, que no es la de las tumbas sino la que viene como consecuencia de la justicia y de una vida reconciliada con el Espíritu del Señor. Con la experiencia de la resurrección, los discípulos se convirtieron en apóstoles, es decir en enviados, para ser continuadores de la obra de Jesús. Así como Jesús se sintió enviado por el Padre Dios a continuar su obra, con el acontecimiento pascual los discípulos sintieron la obligación interna de continuar la obra salvífica de Jesús. La reconciliación, el perdón y la paz, son consecuencias del acontecimiento pascual en la vida de las personas y de las comunidades. La comunidad cristiana debe brindar el espacio para superar toda categoría de pecado que pisotee la dignidad humana y le quite la paz, y generar el ambiente necesario para que Cristo resucitado llegue con su perdón y su paz a cada ser humano.
La figura de Tomás nos deja ver un proceso de fe con el resucitado. Tomas quería ver a Jesús en las mismas condiciones espacio-temporales con las que se ve a un ser humano normal, y se negaba a creer en el resucitado por el testimonio de la comunidad. Sus compañeros le decían que lo habían visto, pero Tomás se negaba a creerlo. Veamos que la experiencia de la resurrección se da en Tomás cuando estaban reunidos en comunidad. Tomás entró en comunión con la comunidad, se abrió a ella y al Espíritu que la movía, y fue descubriendo poco a poco los signos del resucitado en sus hermanos. Vio que realmente sus hermanos estaban totalmente transformados. Los que antes temblaban de miedo por la persecución de los judíos y se encerraban para no ser vistos por las autoridades, luego confesaban abiertamente que Jesús había resucitado. Los que antes huían porque no querían saber nada del “fracasado” Jesús, ahora se sentían ungidos por su Espíritu y trabajaban para transformar todas las realidades que dañan al ser humano, y para conseguir la paz y la reconciliación.
+*+*
Lucas, el autor de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta hoy una comunidad discipular que ha vivido la experiencia de la resurrección y camina firmemente con Jesús. Cuatro elementos deben acompañar la vida de toda comunidad discipular: 1) Escuchar la enseñanza de los apóstoles. 2) La vida común y compartir solidario. 3) La fracción del pan o la Eucaristía y 4) Las oraciones. Veamos estos cuatro elementos:
Afortunadamente, hoy hay muchas formas para escuchar la enseñanza de los apóstoles. Recordemos que el apóstol es el enviado para dar testimonio del acontecimiento de la resurrección. En los primeros años del cristianismo, la experiencia de fe se transmitía de manera oral. Luego se fueron escribiendo los evangelios y las cartas de los apóstoles. La enseñanza de los primeros apóstoles está consignada en la Biblia, y cada día esa enseñanza se va enriqueciendo con la experiencia de aquellos que siguen con sinceridad a Jesús y experimentan su salvación.
Antes la Biblia era para uso exclusivo del clero, porque se pensaba que el pueblo iletrado no la comprendería y haría mal uso de ella. Lo que debía hacer el pueblo de Dios era obedecer a la enseñanza de los jerarcas. Después de la reforma protestante la Iglesia Católica se vio obligada a entregarle la Biblia al pueblo e incentivar un estudio responsable. Hoy hay muchas formas para acceder la Biblia. En muchas universidades se ofrecen diplomados, licenciaturas, especializaciones, maestrías o doctorados, y cualquier persona puede acceder a estos estudios, dependiendo de su tiempo y su capacidad económica. Hay también algunas parroquias que ofrecen buenos cursos de estudio de la palabra. Se pueden hacer también estudios personales por medio de la lectura de buenos libros o de páginas Web con estudios sustentados. ¡Vale la pena intentarlo!
En cuanto al segundo punto, la solidaridad, hay muchas formas de hacerlo. Durante los días de cuaresma se promueve la comunicación cristiana de bienes en las parroquias. Muchas fundaciones con un espíritu cristiano promueven la justicia y la paz en el mundo. Hay personas e instituciones realmente comprometidas con la construcción de un mundo mejor. Vale la pena integrarnos de alguna manera a estos grupos.
En cuanto a la Eucaristía o fracción del pan, muchas personas tenemos la fortuna de participar cada domingo e incluso a diario de este alimento de vida eterna. Muchos no participan porque no es de su agrado la forma como se realiza o porque no se sienten involucrados; y otros porque sencillamente no les interesa. Quienes participan con asiduidad y saborean este gran misterio de salvación, dan testimonio de los buenos frutos que recogen para su vida. Pero también hay un gran número de cristianos católicos que no tienen acceso a la eucaristía por falta de sacerdotes. Los jerarcas de la Iglesia han promovido grandes campañas de promoción vocacional para este ministerio, algunas de ellas con muy buenos frutos.
Yo me he unido a esas campañas de promoción vocacional en las parroquias, en los colegios, en las universidades, en pueblos, campos y veredas. Hemos organizados jornadas de oración para que Dios nos envíe pastores que lideren al pueblo de Dios. Pero hay una inquietud que el pueblo ya conoce y que vale la pena no dejar inadvertida. En las campañas de promoción vocacional encontramos muchos jóvenes que se sienten llamados a servir en este ministerio, pero se encuentran con una disciplina de la Iglesia: los ministros ordenados deben ser varones célibes. Este es un tema largo y espinoso. Hay muchos jóvenes a quienes les gustaría servir a Dios y a la comunidad como presbíteros y tienen a su vez vocación para el matrimonio. Hay también mujeres a quienes les encantaría servir como presbíteras, pero el sacerdocio para las mujeres ni hablar, en actual la disciplina de la Iglesia Católica. ¿Esta disciplina forma parte del núcleo de la fe o pudiera ser de otra forma para favorecer la humanidad de los ministros ordenados y para ofrecer al pueblo más posibilidad de acceder a la fracción del pan? ¿Las sacerdotisas que existen en otras Iglesias cristianas serían un adefesio en la nuestra, o darían un aporte del cual ahora nos estamos perdiendo? ¿El celibato opcional sería un grave peligro para la Iglesia, o una forma de tener ministros más auténticos y felices para el servicio al pueblo? Si es cierto que, como dice Juan Pablo II: “La Iglesia vive de la Eucaristía”, ¿no sería bueno buscar que todas las comunidades cristinas católicas tengan acceso a este sacramento?
El cuanto al punto del que habla Lucas es el de la oración. Hoy se han multiplicado los grupos de oración tanto a nivel católico como protestante. Esto indudablemente manifiesta la sed espiritual que tiene nuestro mundo. Es necesario buscar la comunión con la Iglesia porque muchos grupos se han convertido en un problema, no sólo para la estructura de la Iglesia sino especialmente para muchos de sus miembros. Algunos hacen un énfasis casi enfermizo en lo místico y lo mágico: don de lenguas, expulsión de demonios, revelaciones, manifestaciones, etc. Es necesario que saquemos el espacio personal, familiar y comunitario para la oración. Ojalá debidamente asesorados y acompañados por personas con una espiritualidad profunda y así como con un buen conocimiento teológico.
Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com
Cincuentena Pascual: http://www.scalando.com/Liturgia/pascua/index.htm
Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm
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Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza. Ha resucitado. ¡Aleluya! Que la Pascua del Señor Resucitado se prolongue a lo largo de todos los días de tu vida...
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Moniciones I Domingo de Pascua - Ciclo A
22 de Marzo, 2008, 11:57
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Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R. Fuente: www.scalando.com |
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Haz para ver las lecturas del día: |
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- 1ra lect.: Hch 10, 34ª. 37-43
- Sal 117, 1-2.16-17.22-23
- 2da lect.: Col 3, 1-4
- Evangelio: Jn 20, 1-9 |
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"Resurrección y vida para el que cree" |
LAS LECTURAS DE HOY
Monición de entrada
Muy buenos (noches, días, tardes): mis carísimos hermanos y hermanas. La Resurrección de Jesús es el milagro del comienzo de una vida nueva, a partir precisamente, de la muerte. Estamos en el punto inicial del tiempo de Pascua que empieza en la Vigilia, comprende la cincuentena pascual y concluye, después de siete semanas, en Pentecostés. El misterio pascual, es decir la muerte y resurrección de Jesús, es el contenido básico y la verdad fundamental de la fe cristiana, la piedra angular de todo el edificio, la columna vertebral de toda la revelación y del proyecto salvador de Dios. Proclamemos con el salmo responsorial “Este es el día que hizo el Señor” y dispongámonos a celebrar con gozo la Eucaristía, poniéndonos de pie para cantar con entusiasmo.
Primera lectura: Hechos 10, 34.37-43 (Nosotros somos testigos)
En la lectura que escucharemos a continuación San Pedro afirma haber comido y bebido con Jesús, después que resucitó de entre los muertos, convirtiéndose en testigo del resucitado, constituido juez de vivos y muertos. Escuchemos, con oídos atentos.
Segunda lectura: Colosenses 3,1-4 (Busquen los bienes de allá arriba donde está Cristo)
Escucharemos un breve mensaje tomado de la Carta de San Pablo a los colosenses, para San Pablo, la fe en la Resurrección es la roca firme en la cual se afianza todo su dinamismo apostólico. Presten mucha atención a esta lectura es muy corta y nos puede pasar desapercibida.
Secuencia
(Sólo hoy es obligatoria, durante la octava es opcional)
Tercera lectura: Juan 20, 1-9 (Cristo había de resucitar de entre los muertos)
El mensaje del evangelista san Juan nos lleva a la entrada del sepulcro vacío aquel primer día de la semana. María Magdalena es la primera en descubrirlo y da testimonio a los discípulos, éstos “ven y creen”. El sepulcro vacío es la garantía de nuestra fe. Escuchen hermanos la Buena Noticia de hoy. Pero antes entonemos el GRAN ALELUYA.
Oración universal
A cada invocación van a responder, por favor: “Cristo, Rey victorioso, escucha nuestra súplica”.
Por la Iglesia; para que, renovándose sin cesar, pueda anunciar al mundo la vida nueva en Cristo, roguemos al Señor.
Por los bautizados en la noche de Pascua, para que, despojados del hombre viejo y revestidos del hombre nuevo, a imagen de Cristo, perseveren en la fe, que han sellado en el bautismo, roguemos al Señor.
Por la humanidad que sufre; para el Señor Jesús, el Viviente, encienda en ella la esperanza de la liberación de todo mal, roguemos al Señor.
Por los que gobiernan las naciones y los pueblos; para que la Resurrección de Jesús los estimule para hacer de éste un mundo más justo y solidario, roguemos al Señor.
Por nosotros, que celebramos esta PASCUA; para que, cuando aparezca Cristo, vida nuestra, aparezcamos juntamente con Él en la gloria, roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 79)
Nuestro corazón te canta jubiloso, Dios de la vida.
Éste es el día en que actuaste en la resurrección de Jesús;
por eso desborda nuestra alegría y nuestro gozo por la vida nueva
que fluye a raudales de la cruz y del sepulcro vacío de Cristo.
Gracias, Padre, porque en el bautismo nos hiciste renacer
con Jesús a la vida nueva que nos hace hijos de tu amor.
El fuego joven de la primavera y la luz del cirio pascual
son los signos alegres del hombre nuevo, liberado en Cristo.
Queremos barrer la vieja levadura del pecado para ser
hombres y mujeres nuevos, hijos de tu ternura de Padre, invitados
a comer el pan y a beber el vino de la fiesta de tu reino.
Amén.
Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
¡Felicidades! en la Pascua de Resurrección
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Homilia I Domingo de Pascua - Ciclo A
22 de Marzo, 2008, 11:49
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En Camino
Homilía para el Domingo |

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Tiempo de Pascua
I Domingo |
23 de marzo de 2008 |
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Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR. Fuente: www.scalando.com
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Haz para para ver las lecturas de hoy |
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- 1ra lect.: Hch 10, 34ª. 37-43
- Sal 117, 1-2.16-17.22-23
- 2da lect.: Col 3, 1-4
- Evangelio: Jn 20, 1-9 |
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"El acontecimiento Cristo" |
“Ustedes ya conocen el acontecimiento que trascendió y que había tenido su comienzo en Galilea”, dijo Pedro en casa de Cornelio, refiriéndose a Jesús de Nazareth. En un primer momento, Jesús fue para ellos el personaje con el cual compartieron, caminaron, lucharon, aprendieron y se unieron a su causa. En el que pusieron sus esperanzas de liberación e instauración del Reinado de Dios, pero que finalmente, lo mataron y ahí todo había acabado.
Aparentemente, Jesús fracasó, pues terminó derrotado en el patíbulo por cuenta de las autoridades romanas y judías. Pero ¡Jesús no vivió ni murió en vano! Su vida y su muerte representaron un gran acontecimiento para las personas con las cuales compartió. Jesús aconteció en las personas y el acontecimiento de Jesús en ellas representó su salvación, pues, “pasó su vida haciendo el bien, curando a los que estaban bajo el dominio del diablo, porque Dios estaba con él”. Así como Dios aconteció en el hombre Jesús y él, a su vez, aconteció en las personas con las cuales entró en contacto. Ellas, por su parte, se convirtieron en testigos del acontecimiento de Jesús, el ungido por Dios (o sea, Jesucristo).
Las autoridades que quisieron acabar con Él, pensaron que allí todo terminaría, pero se engañaron. En un primer momento su movimiento, sus comunidades se dispersaron. Pero, al tercer día (que significa tiempo en que Dios actúa), Dios lo resucitó. Acabaron con el Jesús histórico, pero, al tercer día, Cristo siguió aconteciendo de nuevo y con mucha más fuerza en las personas que lo conocieron y se abrieron a su acción salvadora. Esas personas se convirtieron en testigos del acontecimiento Cristo y por eso no se callaron sino que, por el contrario, anunciaron con más fuerza esa Buena Noticia. Los testigos de ese acontecimiento querían que también otras personas tuvieran la oportunidad de una nueva vida en Cristo.
Ser cristiano significa ser testigo del acontecimiento Cristo en la propia vida personal y comunitaria. Si nosotros somos testigos de ese acontecimiento nuestra vida no puede seguir siendo la misma, sino que, necesariamente, debe ser radicalmente transformada a imagen de aquel que murió y resucitó. Esa fue la invitación de Pablo a la comunidad de Colosas: “busquen los bienes de allá arriba”. Cuidado, que los bienes de “allá arriba” no significan necesariamente los bienes que usualmente se han prometido para la otra vida después de la muerte. Los bienes de “allá arriba” son también todos los de aquí abajo, pero vividos de una manera distinta. Vividos con la altura humana con la cual los vivió Jesús. Es todo lo material, lo espiritual, lo temporal, los dones y carismas puestos al servicio de los demás seres humanos y siempre en la defensa de una vida digna. Esto implica derrotar el egoísmo y vivir la solidaridad y el amor. Esto implica permitir que Cristo siga aconteciendo y salvando por medio nuestro en cada cosa que hagamos.
Es posible que después de 2000 años muchos de nosotros, como dice el Evangelio, no hayamos entendido lo que significa la resurrección. Es posible que todavía pensemos que resurrección es gua a revivificación de un cadáver, como si el cadáver de Jesús hubiera vuelto a tomar vida y se hubiera levantado. Es posible que nos quedemos en el espectáculo mediático de ver entrar la estatua del “Resucitado” entre los aplausos de la gente y las campanas del templo que suenan. Pero, también es posible que hoy seamos testigos del acontecimiento Cristo en nuestras propias vidas, es decir, que podamos vivir en Cristo, morir con él a todo aquello que nos disminuye como personas (pecado) y resucitar cada día siendo un ser humano nuevo. Un ser humano capaz de amar y servir como lo hizo Jesús. Un ser humano que deja ver en su vida a Cristo resucitado y resucitador. Un ser humano totalmente cristificado.
Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com
Reflexiones para la Cuaresma: http://www.scalando.com/Cuaresma/cicloA.htm
Semana Santa http://www.scalando.com/moniciones/semanasanta.htm
Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm
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¡Felicidades! en la PASCUA de Resurrección
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Homilia Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
6 de Marzo, 2008, 0:36
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En Camino
Homilía para el Domingo |
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Semana Santa
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor |
16 de marzo de 2007 |
Abrir el oído
“El Señor me abrió el oído”, dijo Isaías. Todos los días, pero particularmente en estos de celebración pascual, es preciso tener los oídos abiertos, para escuchar la voz de Dios que nos habla en medio de los acontecimientos de nuestro mundo convulsionado. La llamada Semana Mayor es como un alto en el camino para recordar y actualizar el acontecimiento central de nuestra fe: la muerte y la resurrección de Jesús. Ese fue el primer anuncio, el llamado Kerigma: Jesús vive. El mismo que mataron, Dios lo resucitó.
Empezamos hoy con el recuerdo de la entrada profética de Jesús a Jerusalén en un asno. De una manera sencilla y no con la prepotencia de los reyes que imponían su ley, sino como la humildad de un provinciano que llega a la gran ciudad. Como lo escribió Pablo a la comunidad de Filipos, sin hacer alarde de alguna categoría divina, sino como el más humilde de todos y obediente al Padre hasta el final. Con la humildad de un hombre de pueblo, pero con la certeza absoluta de que su Causa era la misma Causa de Dios y, por lo tanto, estaba avalada por Él.
La lectura de la pasión nos recuerda los últimos momentos vividos intensamente por Jesús. No podemos quedarnos con la contemplación piadosa de un cuadro melodramático. La lectura de la pasión debe ayudarnos para descubrir el drama que hoy vive la humanidad y nuestra actitud ante ella. No se proclama la pasión de Jesús para contemplar o imaginar un espectáculo sadomasoquista que nos muestra cómo unos hombres malos mataron al hijo de Dios. Tampoco se proclama para que los fieles nos demos golpes de pecho y lloremos desgarradamente por el “ancestral pecado de Adán”, ni para sentirnos culpables porque en esa cruz pesada, Él cargó con nuestros pecados.
Abramos nuestros oídos y también nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para descubrir, en la lectura de la pasión, nuestra propia realidad. El que traiciona y vende a su amigo, a su familia, o a su pueblo por dinero. El Fulano que facilita su casa para celebrar la cena pascual y provee generosamente para el compartir fraterno. El miedo de los discípulos ante el peligro; la falsa promesa de Pedro de acompañar a Jesús y estar dispuesto a morir con él, y la negación posterior. La debilidad en la oración por parte de los discípulos, el sueño que no los deja ver la realidad y la invitación a estar siempre vigilantes y orantes pues no es fácil asumir la cruz de cada día. ¿Existen esas realidades en nuestro entorno social, familiar y eclesial?
¿Podemos ver hoy también a personas al servicio de algún régimen opresor, desde los soldados que trabajan por un sueldo sin importarles la desgracia de la gente, hasta sumos sacerdotes y senadores que viven más interesados en eliminar al intruso que les mueve su curubito de poder, que en trabajar por el pueblo? ¿Existen hoy personas que buscan la justicia por medios violentos, como lo quiso hacer aquel que sacó la espada para defender el proyecto de Jesús? ¿Existen hoy personas que, llenas de miedo, abandonan la causa del Reino y se esconden para defender sus vidas? ¿Existen hoy juicios como el que le hicieron a Jesús? Recordemos que el juicio a Jesús no fue otra cosa sino una pantomima engañosa de los que tenían la sartén por el mango, porque ya el veredicto final estaba: ese hombre debía morir y sólo faltaban las “pruebas”, para justificar su condena. ¿Vemos esas realidades en nuestro entorno?
Tratemos de ver también a los “testigos” dispuestos a declarar lo que les digan y al sumo sacerdote que se escandaliza y se rasga sus vestiduras por la “blasfemia” de Jesús, pero tranquilamente busca su muerte sin siquiera sonrojarse. Aquel que se lava las manos para esconder su complicidad, los que observaban de lejos el “espectáculo” y los que, finalmente, reconocen que en verdad este hombre es el Hijo de Dios. ¿Existen esos personajes entre nosotros?
Finalmente, ¿podemos ver en nuestro mundo a personas que siguen el testimonio de Jesús? No dejemos de contemplar su hermoso testimonio desde el principio al final del relato en el que se mantuvo siempre fiel a la causa de Dios y la causa humana. Totalmente entregado el Reino de Dios, con miedo ante el abismo que representaba la muerte, pero con la confianza puesta en el Padre. ¿Dónde nos ubicamos nosotros en el drama que vive hoy nuestra humanidad?
Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com
Reflexiones para la Cuaresma: http://www.scalando.com/Cuaresma/cicloA.htm
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