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Abril del 2008

 

Homilia VII Domingo de Pascua - Ciclo A

Enlace permanente 30 de Abril, 2008, 17:08

En Camino

Homilía para el Domingo

Tiempo de Pascua

VII Domingo

4 de mayo de 2008

Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                                                                                                     Fuente: www.scalando.com 

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VII (Séptimo) Domingo de Pascua.  Ciclo A

Hazpara para ver las lecturas de hoy

-         1ra lect.: Hch 1,12-14

-         Sal 46, 2-3. 6-927(26)

-         2da lect.: 1Pe 4,13-16

-         Evangelio: Jn 17,1-11a

 

"Constitución de la comunidad"

Las lecturas de hoy

El presente relato que leemos hoy lo presenta Lucas, el autor de los Hechos de los Apóstoles, después del relato de la ascensión del Señor. Notemos que el grupo de discípulos y discípulas sigue dentro de las normas judías. Jesús resucitado se les reveló fuera de Jerusalén y su significado religioso, pero luego ellos volvieron a ella. El texto hace énfasis en que el camino que recorrieron desde el monte de los Olivos hasta Jerusalén fue lo estrictamente permitido: caminar el día sábado, lo que indica lo difícil que fue tomar distancia de la institucionalidad judía.

 

Según Pablo Richard[1], la reunión la realizaron posiblemente cerca del templo, en el segundo piso de una casa. Este detalle se puede tomar como un retroceso de la comunidad con respecto a Jesús, pero también como un reto por el testimonio que debían dar ante la institucionalidad judía, como en efecto lo hicieron más tarde.

 

Un detalle que vale la pena resaltar es el de las personas que se reunieron para la constitución de primera comunidad. Se trata de los once clásicos discípulos, un grupo de mujeres discípulas, incluida María la madre de Jesús y sus hermanos. No vamos a entrar en discusión sobre si eran hermanos de sangre, hermanos de comunidad o simples parientes, porque eso no es lo más importante. Resaltamos que aquí los hermanos de Jesús no aparecen en contraposición a Él como los presenta Marcos, porque ellos creían que no estaba en sus cabales (Mc 3,20-21.31-35), o como los presenta Juan que ni siquiera ellos creían en él (Jn 7,1-10). Lucas los presenta en la misma tónica de los demás discípulos. Es más, Santiago, uno de los hermanos de Jesús, jugó un papel muy influyente en la comunidad de Jerusalén, después de Pedro. (Hch 12,17; 15,13; 21,18).

 

Se trata de una comunidad mixta con teologías y estrategias distintas, pero reunidos y perseverando en oración. No obstante las diferencias ideológicas y prácticas entre este grupo, tuvieron la humildad, tolerancia y agudeza con la causa de Jesús para reunirse y perseverar en la oración con un mismo espíritu[2].

 

En estos tiempos de convulsión y de cambios, de crisis en nuestras iglesias, familias y comunidades; en estos tiempos en los que muchos reclaman cambios estructurales en la Iglesia y en nuestras sociedades, vale la pena aprender de esta primigenia comunidad fundacional. Aquí encontramos mujeres y hombres, los once apóstoles y los demás. La experiencia y el testimonio de esta comunidad debe iluminar las nuestras para que nosotros también, no obstante nuestras diferencias, perseveremos unidos en la oración y en un mismo espíritu: el de Jesús que murió y resucitó para dar vida al mundo.

 

La oración de Jesús

El fragmento del Cuarto Evangelista que leemos hoy es la primera parte de la conocida oración de Jesús por su pueblo que abarca todo el capítulo 17. La oración empieza con el tema de “la hora de Jesús”. En algunos textos, especialmente del Cuarto Evangelista, se habla de que todavía no había llegado la hora de Jesús: En las bodas de Caná, Jesús le dice a María, su mamá, que todavía no había llegado su hora (Jn 2,1ss). En otro texto Jesús explica que muchos hermanos suyos no habían creído en Él porque todavía no había llegado su hora (Jn 7,5-6). En otra ocasión, cuando quisieron apedrearlo, nadie le puso las manos porque todavía no había llegado su hora (Jn 7,30). Ya en el relato del lavatorio de los pies se dice que Jesús sabía que había llegado su hora (Jn 13,1ss), y aquí en su oración al Padre por sus discípulos dice claramente: “Padre, llegó la hora: glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique(Jn 17,1).

 

Hemos hablado ya muchas veces de que Dios no mandó a su hijo para que lo mataran y de esta manera saciar su sed de venganza por los innumerables pecados de los hombres. Sabemos que la muerte de Jesús es consecuencia de su compromiso por el Reino. La muerte, para el Cuarto Evangelista, no es una derrota sino un triunfo porque allí se manifiesta la máxima expresión del amor (Jn 15,13), porque Él selló con su sangre la fidelidad hacia la causa de una vida nueva para la humanidad; porque aunque aparentemente lo vencieron, fue Él quien venció al mundo. (Jn 16,33), pues no dejó contaminar su corazón con las ansias de poder y de dominio sino que se mantuvo fiel al proyecto salvador de Dios, su Padre.

 

La gloria de Dios se manifiesta en la forma como vivió su hijo, siempre en una actitud de servicio. La gloria de Dios se manifiesta no en la forma como maltratan a su hijo sino en la forma digna como Él asumió su vida, pasión y muerte.

 

Lo oferta de Jesús para la humanidad es la vida eterna. Pero veamos que la vida eterna no es necesariamente del más allá, sino que es algo concreto y cercano que consiste en conocer a Dios y a Jesús. “Tú le diste poder sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos los que tú le confiaste. Esta es la vida eterna: que te conozcan, a ti, único Dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo.” (Jn 17,2-3).

 

Durante mucho tiempo la Iglesia insistió en la vida eterna como algo del más allá y se olvidó completamente de la vida real y concreta. Al punto de que muchas personas piensan que la Iglesia, y en general el cristianismo, es algo que debe archivarse en los anaqueles de la premodernidad. Hoy como Iglesia hemos cambiado, pero todavía en muchos grupos, se sigue haciendo un énfasis exclusivo en el ganar el cielo. Una oración muy utilizada por algunos de estos grupos despistados es la siguiente: “Oh Jesús mío perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia”. ¿Le vamos a seguir dando la razón a quienes piensan que debemos ser tan sólo una pieza de museo?

 

Vale la pena preguntarnos si nosotros participamos de la gloria de Jesús, si conocemos al Padre por medio de Jesús, su Hijo. Llegaremos a este conocimiento cuando vivamos como Él vivió y amemos como Jesús amó. Cuando nos comprometamos con el pobre como Él lo hizo y trabajemos por la justicia, la verdad y la paz como Él trabajó.

 

¿De parte de quién estamos? ¿De parte del mundo que representa el proyecto del mal, o de parte de Jesús que representa el proyecto de Dios para la humanidad? Jesús no ruega por el mundo sino por los discípulos, de ayer y de hoy, que representan el lugar por excelencia donde él manifiesta su gloria. ¿Somos parte de ese grupo? Ojalá que sí. Es grandioso hacer parte del grupo de Jesús y saber que somos continuadores de su obra salvadora, pero también es una gran responsabilidad, pues dependiendo de nuestro testimonio de vida, los demás podrán ver y reconocer la gloria de Jesús.

 

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

Cincuentena Pascual: http://www.scalando.com/Liturgia/pascua/index.htm

Lecturas para el Domingo: http://www.scalando.com/Liturgia/leccionarios/a/index.htm

Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.



[1] RICHARD Pablo, El movimiento de Jesús, después de su resurrección y antes de la Iglesia, una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Verbo divino y otras, Colección Biblia 71. Quito 2001. Pag. 31s

[2] Según Pablo Richard (Op Cit. 33), la frase “perseveraban en oración con un mismo espíritu”, es un término redaccional de Lucas que nos hace sospechar una realidad histórica diferente.

Misioneros Redentoristas, dando la vida por la Abundante Redención: www.scalando.com

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Homilía para la Ascención del Señor - Ciclo A

Enlace permanente 30 de Abril, 2008, 17:00

En Camino

Homilía para el Domingo

Tiempo de Pascua

Ascención del Señor

4 de mayo de 2008

Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                                                                                                     Fuente: www.scalando.com 

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La Ascención del Señor

Hazpara para ver las lecturas de hoy

-1ra lect.: Hch 1, 1-11

-Sal. 46

-2da lect.: Ef 1, 17-23

-3ra Lect.: Mt 28, 16-20

 

"Glorificado"

LAS LECTURAS DE HOYLAS LECTURAS DE HOY

El piloto y cosmonauta ruso Yuri Alexéievich Gagarin, primer ser humano que viajó al espacio, el 12 de abril de 1961, a bordo de la nave Vostok 1, comentaba que no había visto a Dios por ninguna parte durante su vuelo. Podemos pensar, erradamente, que la ascensión de Jesús fue subir literalmente hacia el cielo, por la creencia de que Dios está allá arriba en algún lugar, sentado en su trono rodeado de ángeles. Así nos lo han mostrado las representaciones artísticas, las películas, muchas predicaciones fantasiosas y la creencia popular.

 

Ubicándonos en el mundo antiguo, la ascensión era una forma narrativa de la época para realzar el fin glorioso de un gran hombre. Dichas narraciones tenían el siguiente esquema: 1) Se describe una escena con espectadores. 2) El personaje famoso dirige sus últimas palabras al pueblo, a sus amigos o a sus discípulos. 3) Es arrebatado al cielo. La narración de Lucas, no es la única. Tito Livio, historiador, presenta a Rómulo, primer rey de Roma, ascendido en una nube y venerado posteriormente como dios.  De igual manera es presentada la ascensión de Heracles, Empédocles, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. En la literatura bíblica encontramos a Elías (2Re 2,1-18), así como una breve referencia a Henoc (Gen 5, 24).

 

Entonces ¿la narración de Lucas fue un invento y debemos archivarla? ¡No! Lo que narró Lucas no fue una verdad histórica sino una verdad teológica. Con el relato de la ascensión él quiso decir que Jesús había sido glorificado. La resurrección y la ascensión son un mismo acontecimiento narrado en distintos tiempos y con distintos matices para dar una enseñanza de manera pedagógica. Toda esa historia fantástica, propia del mundo antiguo, quiere indicarnos que a Jesús, el condenado y asesinado en la cruz, Dios lo resucitó, puso todo bajo sus pies y le dio la primicia absoluta, haciéndolo cabeza de la Iglesia, como dice la segunda lectura. A ese hombre que no quiso ser Dios, que no quiso ser rey y que comprendió que no había venido a este mundo para ser servido sino para servir, Dios lo había exaltado como Señor de la nueva creación y cabeza de la nueva humanidad.

 

En este sentido, el cielo no es un lugar al que iremos si nos portamos bien, sino una situación en la que seremos transformados si nos abrimos a la gracia y al amor de Dios. Con la ascensión no se dice que se haya anticipado a la ciencia moderna y hubiera emprendido un viaje hacia el espacio. Jesús subió al cielo, quiere decir, Jesús está en Dios, triunfante, glorificado. Nube aquí no es un signo meteorológico, es el signo de la presencia de Dios (Ex 25,15; 1Re 8,10; Mc 9,7).

 

¿Jesús ascendió y está sentado a la derecha de Dios? ¡Claro que sí! Está en Dios, en la gloria del Padre porque cumplió a cabalidad su voluntad salvífica (Mc 16,19). Él está allá, ahora nos toca a nosotros. Leemos este relato no sólo para contemplarlo y menos para quedarnos en discusiones triviales, sino para animarnos continuar su obra salvadora. Una y otra vez se ha repetido: éste es el tiempo de la Iglesia, ahora es nuestro turno como discípulos y misioneros. Éste es el tiempo de la Iglesia. ¿Qué hacen ahí parados mirando al cielo? le reclamaron los personajes a los apóstoles en Galilea. ¿Qué hacemos como cristianos y como Iglesia ante los acontecimientos de nuestra ciudad, de nuestro país, de nuestra aldea global? Cuidado con quedarnos parados mirando al cielo, cuidado con convertir la iglesia, comunidad de amor, en una institución anquilosada, anacrónica, cerrada a los signos de los tiempos y en pieza de museo. Cuidado con convertir el Evangelio y su punzante aguijón en un analgésico.

 

Esto no es tarea fácil y nos podemos desviar de camino. Por eso, necesitamos el espíritu de la sabiduría y la revelación, la luz en el corazón, la riqueza y el esplendor del amor de Dios para conocer cada vez más sus caminos (Ef 1,17-18 – 2da lect.).

 

Y como no somos capaces por nuestras propias fuerzas, contamos nada más y nada menos que con la fuerza de Dios. Se trata, como dice Pablo (Ef 1,19-21) del mismo poder y de la misma fuerza que Él desplegó al resucitar a Cristo de entre los muertos y darle asiento a su derecha en el cielo, por encima de todos los tronos y grandezas, poderes y autoridades, y de todos los seres en este mundo o en el otro. Esa es una poderosa razón para mantener viva la esperanza en la construcción de una humanidad nueva. Esa es una poderosa razón para comprometernos como Iglesia en la Causa de Jesús.

 

En el Evangelio encontramos una teofanía (manifestación de Dios) del resucitado en una montaña. Como la montaña de la tentación del poder (Mt 4,8), la montaña de las bienaventuranzas (Mt 5,1ss), o la montaña de la transfiguración (Mt 17,1ss). La actitud de los discípulos ante Jesús glorificado no fue la misma: unos se postraron, es decir, le creyeron y pusieron toda su confianza en Él, y otros dudaron.

 

El mensaje del Evangelio es muy concreto y diciente: a Jesús, quien rechazó la tentación del poder y llevó una vida pobre en el espíritu, le ha sido entregado todo poder en el cielo y en la tierra. En medio de un mundo que exalta a los hombres exitosos sin importar que estos hayan depuesto la dignidad de muchos seres humanos por exaltar sus bajos instintos de poder, el Evangelio presenta como paradigma a Jesús muerto y glorificado, el único que tiene verdadero poder en el cielo y en la tierra.

 

Inmediatamente viene el envío misionero de Jesús a sus discípulos en un monte de la mal vista y despreciada Galilea de los gentiles. Él sabe para qué es la autoridad. El pleno poder que Dios le ha dado a Jesús lo emplea no para vanagloriarse sino para enviar a sus discípulos a todos los pueblos con una misión muy concreta: bautizarlos, es decir, incorporarlos a una comunidad discipular, y enseñarles a guardar todo los que él ha mandado. El envío misionero viene acompañado de una promesa muy alentadora: “Yo estoy siempre con ustedes hasta el fin de los tiempos.” (Mt 28,20). Él no nos prometió la ausencia de problemas y la paz perpetua, es más, muchas veces insistió en la necesidad de asumir la cruz. Pero sí nos prometió su presencia hasta el fin de los tiempos, es decir, hasta la victoria final, hasta que en Cristo todas las cosas lleguen a su plenitud.

 

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Moniciones VII Domingo de Pascua ciclo A

Enlace permanente 29 de Abril, 2008, 10:23

Moniciones para la Misa

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Tiempo de Pascua

VII Domingo

4 de mayo de 2008

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.                                                                       Fuente: www.scalando.com 

VII (Séptimo) Domingo de Pascua.  Ciclo A

Hazpara ver las lecturas del día:

-1ra lect.: Hch 1, 12-14

-Sal. 26

-2da lect.: 1P 3, 15-18  

-Evangelio: Jn 14, 15-21

 

"La oración de Jesús"

LAS LECTURAS DE HOY

Nota:

Estas moniciones son para ser utilizadas en aquellos lugares donde la solemnidad del Señor se celebra el jueves de la VI Semana de Pascua.

Monición de entrada

 

Muy buenas (noches, días, tardes): hay quienes dicen que uno de los principales problemas de la sociedad moderna es la pérdida de la espiritualidad y que se ora muy poco.  Al igual que en la vida de Jesús y en las primeras comunidades cristianas, la oración viene a ser para las comunidades de hoy y para cada creyente una virtud indispensable para una vida cristiana eficaz.

 

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles: 1, 12-14 (Se dedicaban a la oración en común)

 

San Lucas en su libro de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta cómo la joven comunidad cristiana comenzó el camino histórico de la misión entrenándose en la oración comunitaria.

 

Segunda lectura: Primera Carta de Pedro: 4, 13-16 (Dichos si los ultrajan por el nombre de Cristo)

 

Alegría en el sufrimiento es la exhortación apostólica de san Pedro, en la lectura que escucharemos a continuación.  La participación en el dolor de Cristo, implica a su vez, la participación en su gloria.  Por eso en el sufrimiento cristiano hay un motivo de alegría.  Si sufrimos con Él, reinaremos con Él.

 

Tercera lectura: San Juan: 17, 1-11a (Padre, glorifica a tu Hijo)

 

La proclamación del Evangelio que escucharemos hoy es la oración sacerdotal de Jesús, oración que comprende el capítulo 17 de san Juan.  El Señor pide al Padre ser glorificado; ora por sus discípulos presentes para que sean uno con Él y el Padre; y reza, finalmente, por la comunidad futura de los que creen en Él como enviado del Padre.

 

Oración Universal

 

A cada invocación, respondan, por favor: “Señor, haz que nuestra vida glorifique tu Nombre”

  1. Asiste a la Iglesia, a la que encomendaste la misión de proseguir el anuncio del Evangelio, hasta que vuelvas, roguemos al Señor.

  2. Inspira a los que gobiernan las naciones sentimientos de paz y de justicia, tú que estás por encima de todo principado, potestad y dominación, roguemos al Señor.

  3. Consuela a los que sufren en este valle de dolor, para que se sientan confortados con la eficacia de tu fuerza poderosa, roguemos al Señor.

  4. Ilumina los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llamas, y la riqueza de gloria que nos da en herencia, roguemos al Señor.

  5. Al Papa N, vicario de Cristo en la tierra, concédele fortaleza, prudencia y caridad en el servicio a la Iglesia universal, roguemos al Señor.

  6. A nuestros jóvenes, llénalos de sabiduría y fortaleza para que puedan escuchar tu voz, llamándolo a la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.

 

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 100)

 

Hoy nuestra oración, Padre, se une a la oración de Jesús

En la despedida de los suyos, sentado a la mesa de la cena:

Haz que te conozcamos a ti, nuestro único Dios verdadero,

Y a tu envidado Jesucristo, que nos manifestó tu nombre de Padre.

 

Queremos que fructifiquen en nosotros y en nuestra conducta

Las palabras de vida que Cristo nos comunicó como amigos suyos.

Padre, somos tuyos y no del mundo; te pertenecemos para siempre.

 

Que nuestra vida glorifique tu nombre ante los demás,

Para que transparentemos un poco la imagen de tu Hijo, Cristo.

Manténnos siempre en oración con Jesús y en diálogo contigo,

Para que vivamos conscientemente nuestra condición filial

 

Amén.

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Moniciones Ascención del Señor - Ciclo A

Enlace permanente 29 de Abril, 2008, 10:05

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.                                                                       Fuente: www.scalando.com 

La Ascención del Señor

Hazpara ver las lecturas del día:

-1ra lect.: Hch 1, 1-11

-Sal. 46

-2da lect.: Ef 1, 17-23

-3ra Lect.: Mt 28, 16-20

 

"La Ascención del Señor"

LAS LECTURAS DE HOY

Monición de entrada

 

Muy buenas (noches, días, tardes): hoy celebramos, queridos hermanos, el Misterio de la Ascensión del Señor.  Porque Cristo Jesús bajó a la realidad de nuestro mundo, al dolor de la muerte, por eso subió, por la resurrección, a la gloria del Padre.  La Ascensión es la total exaltación.  De las lecturas que hoy escucharemos podemos sacar estas dos conclusiones: primera, Cristo Resucitado, es constituido por el Padre, Señor del universo, cabeza de la humanidad y de la Iglesia, que es su cuerpo y plenitud; segunda, el envío misionero, que Cristo transmite a la comunidad: “vayan y hagan discípulos…”.  Este sigue siendo el mandato de Jesús para nosotros hoy.

 

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11 (Jesús se elevó de ellos)

 

En el mismo punto final que Lucas pone a su narración del Evangelio comienza su segundo libro: Hechos de los Apóstoles.  El tema es éste: “la Ascensión del Señor al cielo”.  Lo importante de este misterio es su significado: la glorificación de Jesús que vuelve al Padre constituido Señor de todos.

 

Segunda lectura: Carta de San Pablo a los Efesios 1, 17-23 (El Padre lo sentó a su derecha)

 

El apóstol san Pablo, escribiéndoles a los efesios, mensaje válido para nosotros hoy, nos pide que sepamos comprender la soberanía de Dios que resucitó a Cristo, lo sentó a su derecha y lo constituyó Señor del universo y de la  historia y cabeza de la Iglesia, Señor de todos.

 

Tercera lectura: Mateo 28, 16-20(Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra)

 

En la Buena Noticia, san Mateo nos presenta a los apóstoles postrados ante el Señor, aunque algunos titubeaban, éstos reconocen a Cristo como Señor con poder sobre el cielo y sobre la tierra, haciéndoles un envío a anunciar la Buena Nueva, asegurándoles su permanente presencia.

 

Para la Oración Universal:

 

A cada invocación, respondan, por favor: “Señor, llénanos con tu sabiduría para encontrar el camino”

  1. Asiste a la Iglesia, a la que encomendaste la misión de proseguir el anuncio del Evangelio, hasta que vuelvas, roguemos al Señor.

  2. Inspira a los que gobiernan las naciones sentimientos de paz y de justicia, tú que estás por encima de todo principado, potestad y dominación, roguemos al Señor.

  3. Consuela a los que sufren en este valle de dolor, para que se sientan confortados con la eficacia de tu fuerza poderosa, roguemos al Señor.

  4. Ilumina los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llamas, y la riqueza de gloria que nos das en herencia, roguemos al Señor.

  5. Al Papa, Benedicto, vicario de Cristo en la tierra, concédele fortaleza, prudencia y caridad en el servicio a la Iglesia universal, roguemos al Señor.

  6. A nuestros jóvenes, llénalos de sabiduría y fortaleza para que puedan escuchar tu voz, llamándolos a la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.

 

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 97)

 

Hoy nuestro corazón salta de júbilo, Dios Padre nuestro,

Por la glorificación de tu Hijo y nuestro hermano, Cristo Jesús.

Él vive, Él es el Señor con pleno poder en cielo y tierra.

En verdad, ¡suyo es el reino, el poder y la gloria por siempre!

 

Danos, Señor, espíritu de sabiduría para conocerlo.

Ilumina los ojos de nuestro corazón para que comprendamos

Cuál es la esperanza a la que nos llama en Cristo Resucitado

Y cuál la riqueza de gloria que tú das a tus elegidos.

 

Mientras tanto, queremos cumplir la tarea que Él nos confió:

Anunciar a todos la buena nueva de tu amor y de tu salvación.

Danos la luz y la fuerza de tu Espíritu para esta misión.

 

Amén.

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Homilia VI Domingo de Pascua - Ciclo A

Enlace permanente 24 de Abril, 2008, 23:04

En Camino

Homilía para el Domingo

Tiempo de Pascua

VI Domingo

27 de abril de 2008

Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                                                                                                     Fuente: www.scalando.com 

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VI Domingo de Pascua. Ciclo A

Hazpara para ver las lecturas de hoy

-1ra lect.: Hch 8, 5-8. 14-17       

-Sal. 65       

-2da lect.: 1P 3, 15-18        

-Evangelio: Jn 14, 15-21

 

"Misión evangelizadora"

LAS LECTURAS DE HOYLAS LECTURAS DE HOY

La Iglesia es misionera o no es Iglesia, dijo el papa Pablo VI en la conocida Carta Encíclica, Evangeli Nuntiandi (El anuncio del Evangelio). En el fragmento de los Hechos de Apóstoles que leemos hoy vemos al apóstol Felipe en misión evangelizadora. Viéndolo en su contexto, parecería disonante que un judeocristiano como Felipe, se arriesgara a entrar en tierra de samaritanos a compartir su fe. Sabemos que judíos y samaritanos tenían una histórica rivalidad que los había llevado a maltratarse con fuertes agresiones y a guardar odios dañidos de parte y parte. 

 

Por obra y gracia del Espíritu Santo, y por el noble y sabio servicio del apóstol Felipe, la predicación de la Buena Noticia dio muchos frutos. El anuncio respetuoso del Evangelio y los frutos vistos en la comunidad de Samaría, son señal de que el Espíritu del Señor estaba con ellos.

 

En este tiempo hay una fuerte y necesaria disertación acerca de la misión evangelizadora  en las Iglesias cristianas. Le debemos mucho a los misioneros y misioneras que vinieron a estas tierras a anunciar la Buena Noticia. Es admirable ver cómo muchas personas se desprenden de su familia, de su país, de su cultura y se internan en las comunidades indígenas de Latinoamérica y el Caribe, en el África, Asia y Oceanía. Pero también es cuestionante la estrategia de muchas misiones y la forma como ha sido utilizada la religión para fundamentar invasiones, zaqueos, destrucción de pueblos y colonizaciones.

 

La humanidad ha sido testigo silente de choques culturales en los que la cultura más débil desde el punto de vista bélico, siempre ha llevado las de perder. Para no ir tan lejos, basta ver cómo nuestros pueblos latinoamericanos fueron arrasados y esclavizados por la arrogante cultura europea, con una sed insaciable de oro, poder y dominio, todo ello con el sofisma de anunciar el evangelio a estos salvajes. La colonización en Norte América fue más destructora para los nativos porque los colonos ingleses se establecieron con sus familias y lo único que buscaban era acabar como fuera a los “salvajes indios”, para quedarse con lo único valioso que ellos tenían: la tierra.