Moniciones para a Misa
Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
Tiempo Ordinario – Ciclo A
XXVII domingo: Dios traspasa el reino
5 de octubre de 2008
Monición de entrada
Buenos días (tardes, noches). El domingo pasado, guiados por el profeta Ezequiel, reflexionábamos sobre la responsabilidad que supone poner en juego la libertad. Hoy el profeta Isaías vuelve sobre el tema, pero poniendo el acento en la responsabilidad colectiva. El proyecto amoroso de Dios se dirige a todos y es para todos. Y para hacerlo posible busca a personas dispuestas, como diría San Pablo, a pelear por lo verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable. La invitación es a estar atentos porque llega el Señor para ver cómo anda nuestro trabajo.
Primera Lectura: Isaías 5, 1-7 (La viña del Señor de los ejércitos es Israel)
El cántico de la viña es una bella composición poética extraída del libro del profeta Isaías que alaba el amor y la solicitud de un propietario por su viña. Hay que prestar mucha atención a esta lectura porque es el trasfondo literario y teológico del texto evangélico que escucharemos hoy.
Segunda Lectura: Filipenses 4, 6-9 (Todo lo que es virtud ténganlo en cuenta y practíquenlo)
Estamos leyendo como segunda lectura la carta de Pablo a los filipenses, una carta llena de simpatía y afecto. Hay en esta carta una serie de recomendaciones relacionadas con actitudes que deben ser características de los cristianos.
Tercera Lectura: Mateo 21, 28-32 (Parábola de los viñadores homicida)
Si pusiste atención a la primera lectura, pudiste entender qué significa la viña en el Antiguo Testamento, podrás captar mejor la parábola de Jesús con todo el eco que tenía para sus oyentes.
Oración universal
A cada petición contestaremos: “Confiamos en tu Misericordia, Señor”.
Para que la Iglesia sea siempre fiel a su misión: anunciar el reino de Dios, procurar que su anuncio llegue a todos. Oremos…
En todos los tiempos Dios envía mensajeros que anuncien con fuerza el Evangelio y remuevan las conciencias. Para que escuchemos dócilmente la voz de los profetas –la voz del mismo Cristo–, y no se endurezca nuestro corazón. Oremos…
La constante tentación es de edificar nuestra vida sobre nosotros mismos. Para que descubramos al que es la piedra angular, fundamento de todo edificio. Oremos…
Para que temamos nos sea quitado también a nosotros el reino de Cristo, el Señor, si no damos fruto a su tiempo. Oremos…
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 189)
Te bendecimos, Padre, porque tu amor nos eligió
como tu pueblo, como la viña que tú cuidas con ternura;
en ella el cáliz del vino nuevo de la sangre de Cristo
sella por tu Espíritu la nueva alianza con tu pueblo, la Iglesia.
Tanto amaste al hombre que le diste a tu propio Hijo.
Y él se entregó incondicionalmente en manos de los pecadores,
para que de su sangre derramada naciera el nuevo pueblo,
como de la uva prensada nace el vino joven de la fiesta.
Haz, Señor, que en la viña de tu Iglesia podamos ofrecerte
no los agrazones de nuestro egoísmo, sino frutos maduros
de la humanidad, fraternidad, solidaridad, justicia y paz. Amén.
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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
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