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Enero del 2010

 

Moniciones para el V Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo C

Enlace permanente 31 de Enero, 2010, 22:00

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario

 

V Domingo

“Vocación al seguimiento de Cristo”

Lecturas:

-          1ra lect.: Is 6, 1-8

-          Sal 137

-          2da lect.: 1 Cor 15, 1-11

-          Evangelio: Lc 5, 1-11

7 de febrero de 2010

Monición de entrada

 

La liturgia del domingo pasado nos refería la vocación del Profeta Jeremías. Las lecturas de esta celebración, quinto domingo del tiempo ordinario, nos presentan otra vocación y sus respuestas generosas a la invitación de Dios. La Iglesia necesita que cada uno de nosotros cumpla el compromiso de su vocación cristiana y seamos testigos fieles de Dios ante los hombres. Celebremos con profundo recogimiento y alegría el día del Señor. Pónganse de pie para que recibamos, cantando con entusiasmo, a los ministros de esta celebración.

 

Primera lectura: Isaías 6, 1-2a.3-8 (Vocación del profeta Isaías)

 

La misión de Isaías no será fácil porque deberá profetizar la ruina de Israel y Judá en castigo a sus infidelidades. Dios purifica los labios del profeta para que pueda cumplir su misión. Escuchemos con atención.

 

Segunda lectura: I Corintios 15, 1-11 (Evangelio de Pablo,          que recuerda su vocación)

 

San Pablo, que se considera indigno y pecador, pero no ha defraudado la gracia que le ha sido concedida, explica cuál ha sido el contenido de su predicación. Que esta lectura ilumine nuestro diario actuar para no defraudar la gracia que Cristo nos da. Presten atención.

 

Tercera lectura: Lc. 5, 1-11 (Vocación de los cuatro primeros discípulos de Jesús)

 

La lectura del Evangelio de San Lucas nos refiere una pesca milagrosa.  Pedro se confiesa pecador. En cambio el Señor llama a Pedro y a sus amigos para hacerlos pescadores de hombres. No importa lo que haya sido nuestra vida pasada, el Señor perdona y olvida. Pero exige una conversión auténtica. Nos quiere ahora santos a su servicio. De pie, por favor; cantemos el Aleluya, para luego escuchar la Buena Nueva.

Oración Universal:

Por la Iglesia, santa y pecadora, purificada por el Espíritu de Dios y necesitada siempre de conversión, roguemos al Señor.

Por los que admiran Jesús de Nazaret y no han descubierto en Él al Dios santo y misericordioso, que trasciende a todos y está cercano a nosotros, roguemos al Señor.

Por los que trabajan, como los discípulos, pescando en el lago durante la noche: en la industria, en la tecnología, en los hospitales, en los servicios públicos, roguemos al Señor.

Por nuestros hijos, para que como los discípulos, sepan descubrir a Jesús, lo sigan y lo anuncien con valentía, roguemos al Señor.

Por nosotros, aquí reunidos; para que, acogiendo en nuestro corazón el Evangelio de Cristo, sintamos su fuerza liberadora, roguemos al Señor

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 515)

 

Es justo bendecirte, Padre, porque, como a los apóstoles,

Cristo nos llamó por nuestro nombre a su seguimiento por la fe.

Por el bautismo tú nos has incorporado al cuerpo de Cristo

y nos has hecho templos del Espíritu y miembros de tu Iglesia.

¡Gracias, Señor! Es hermosa nuestra vocación cristiana,

pero es también vocación totalizante: en cuerpo y alma.

 

Ilumínanos, Señor, con el Espíritu de tu verdad,

para que entendamos qué es ser discípulo auténtico de Jesús.

Y haznos fuertes para testimoniar los valores del evangelio

en medio de un mundo que prefiere el desamor y  la mentira.

Así demostraremos que te pertenecemos para siempre. 

 

Amén.

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

 

Comunícate conmigo: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Homilia para el IV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Enlace permanente 28 de Enero, 2010, 11:44

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “C”

 

IV Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.                            Fuente: www.scalando.com

 

-      1ra lect.: Jr 1, 4-5.17-19

-      Sal 70

-      2da lect.: 1Cor 12,31 - 13,13

-      Evangelio: Lc 4,21-30

 

 

La supremacía del verdadero Amor

 

El cántico del amor lo ubicamos dentro de la disertación sobre la situación de la Iglesia de Cortino, su problemática interna y los carismas dentro de ella.

En el capítulo 11, Pablo hace un fuerte llamado de atención por las eucaristías mal celebradas, no tanto porque no cumplieran las normas litúrgicas, que en aquella época no existían, sino porque se quedaban en ritos vacíos que no transformaban la vida personal y comunitaria de los participantes: “Mientras unos pasan hambre, otros se emborrachan” (1Cor 11,21). Luego invita a celebrar dignamente la eucaristía, compartiendo en igualdad y fraternidad.

En el capítulo 12 (texto que reflexionamos hace 15 días) está la discusión acerca de la diversidad de carismas: profecía, predicación, servicio, etc. Pablo invita a poner todos los carismas al servicio de la comunidad, para formar el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y vivir en armonía.

En cuanto al capítulo 13, vemos claramente que fue elaborado por un Pablo maduro y lleno de Dios, quien, después de haber vivido mucho, descubrió lo fundamental en la vida: el amor. Los antiguos identifica tres tipos de amor: Eros, Filía y Ágape. Aquí se habla no tanto del eros, que es un amor más pasional y de atracción, ni del filía que es el amor de familia, sino del amor ágape que es más fraternal, donativo y universal.

Primero menciona unos carismas que no son nada si falta el amor. Profecía, predicación, servicio, conocimiento, etc., adquieren sentido en la medida en que se hacen con amor y lo pierden si carecen de éste. Vale la pena que hoy analicemos si hacemos las cosas con amor. Si nuestro trabajo, nuestro servicio y nuestras relaciones interpersonales en general, están hechas con amor o hacemos las cosas por costumbre o porque nos toca.

Luego enumera quince características del amor cristiano, siete planteadas de forma positiva y ocho de forma negativa. Podríamos analizar cada característica y compararla con nuestra manera de amar. Porque cuando hablamos de la supremacía del amor, casi todos estamos de acuerdo en lo fundamental que es el amor para realizar plenamente nuestra vida y ser felices. Pero a la hora de amar, muchas veces confundimos amor con aquello que realmente no lo es. Hoy la palabra amor está tan desprestigiada como la palabra democracia. Con la excusa del amor se engaña, se manipula, se malcrían hijos, se arruinan vidas.

Cada característica mencionada por Pablo, podemos convertirla en pregunta. Por ejemplo: El amor no es envidioso. ¿Hemos sentido envidia hacia las personas que decimos amar? El amor no hace alardes ni se envanece. ¿Decimos amar a alguien más por su carro y sus bolsillos que por su humanidad? ¿Nos hemos creído superiores a las personas que amamos o hemos tratado de llamar su atención con alguna extravagancia farandulera? El amor no actúa con bajeza. ¿Hemos actuado con  bajeza, con mentiras, con engaños, con malos deseos, con las personas que decimos amar? Podemos hacer lo mismo con las demás características: no busca su propio interés, no se irrita, no es rencoroso, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo soporta, todo lo sufre; cree sin límites, espera sin límites.

Por si acaso, quiero aclarar que cuando Pablo habla del amor que todo lo soporta y todo lo sufre, no tiene en absoluto nada que ver con soportar a un ogro que maltrata y hace sufrir a la persona que dice amar. “Por qué te quiero te aporrio”, repiten algunos despistados. ¡No señor! Porque que te quiero te respeto, te apoyo, te acompaño, te trato bien. Eso de maltratar a las personas que decimos amar es un grave desorden psiquiátrico que necesita urgentemente un tratamiento.

Cuando se habla de soportar y sufrir, se refiere a las pruebas que tiene la vida, a las dificultades por las que pueden pasar las personas. Si realmente hay amor tenemos que estar en los momentos alegres y también en los difíciles. Cuando hay dinero hay muchos amigos. ¡Pero falsos amigos! La verdadera amistad soporta la prueba.

Finalmente, se reafirma la eternidad del amor. ¡Todo pasará! Empezando por las cosas superfluas: el lujo, la ostentación, los honores. Pasarán aún los carismas valiosos: la profecía, la sabiduría, el conocimiento. Hasta la fe y la esperanza, cuando estemos frente a Dios, no serán necesarias. Quedará únicamente el amor.

 

El verdadero profeta y el demagogo milagrero

 

Ante la inestabilidad política de los emperadores romanos más corruptos, sus asesores aconsejaron la política del “pan y circo” (comida y diversión), para tener contenta a la plebe. Con algo de pan y mucho circo, mucha distracción y espectáculo, cuanto más alienante y degradante mejor; el pueblo se mantenía tranquilo y los “nobles” podían seguir con su lujo insultante, mientras los esclavos, quienes no tenían derechos, llevaban la peor parte. Como servidores, como gladiadores, como guerreros o sencillamente, como carne para las fieras, con el fin de divertir a los ciudadanos romanos.

Esa política logró calmar en parte los ánimos del pueblo romano, pero después se convirtió en un arma en contra de ellos mismos, pues el pueblo lo único que quería era pan y circo. El imperio se debilitó y se hizo presa fácil de los pueblos vecinos, que en repetidas ocasiones lo invadieron. “Nuestros vicios son la mejor arma de los bárbaros”, dijo después un ilustre asesor.

Un pueblo analfabeto o mediocremente formado, no se interesa más que por el pan y el circo. Le da pereza analizar las propuestas serias y comprometerse con procesos integrales, y es amante de líderes mediáticos, populistas y demagogos. Cualquier parecido con nuestra realidad latinoamericana, no es pura coincidencia. A nuestros pueblos también les gusta la política del “pan y circo”. Claro que a nosotros en vez de pan nos dan pata… ¡Pero eso sí!, ¡circo, mucho circo! Campeonatos de fútbol o de otro “deporte” durante todo el año. Fiestas y reinados de lo que usted quiera.

Los noticieros de televisión ahora están llenos de colas y bolas (farándula y deportes). No pueden faltar unas presentadoras tan lindas como huecas a quienes se les llena la boca de babas cuando dicen que son “periodistas de la farándula.” Para completar, algunas iglesias han caído en la tentación del espectáculo milagrero y del cura o pastor farandulero.[1] ¡Mejor dicho! ¡Que viva el circo, la mediocridad y el engaño!

Hoy continuamos con el texto evangélico de hace ocho días, en el cual Jesús presenta su proyecto de vida a sus paisanos en la sinagoga de Nazareth. Cuando terminó la lectura programática del profeta Isaías y dijo que esa lectura se cumplía (en él), todos aprobaban y se admiraban de las palabras que salían de sus labios.

Sus paisanos esperaban algún signo milagroso, que demostrara gran poder para darle su apoyo. Pero se encontraron con un hombre que no gustaba del espectáculo milagrero. Con un profeta cuyo proyecto pedía compromiso, trabajo y esfuerzo por parte de todos. Ellos querían un milagro, Jesús les pidió trabajar con él. Ellos querían las cosas rápidas, su propuesta necesitaba la paciencia del labrador que hace su trabajo y espera que el tiempo haga crecer y producir la semilla. Lástima que ese tipo de propuestas no sean, por lo general, bien recibidas.

Los verdaderos profetas son muchas veces despreciados. Porque el verdadero profeta no se deja acaparar ni presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo en el espectáculo o en intereses individuales, aunque sean los de su propia familia o pueblo. ¡Y Jesús no cedió! Se mantuvo siempre fiel a sus convicciones; prefirió el desprecio de la gente, a engañarla con algún “signo milagroso”. Fue entonces cuando lo vieron con otros ojos y pasó a ser el pobre vecino, el hijo de José, que todos conocían y no era mayor cosa, pues era como ellos.

Una mezcla de baja autoestima, envidia, ignorancia y pesimismo colectivos, trajo como resultado un veneno mortal que por poco mata a Jesús antes de cumplir su misión en este mundo. Muchas veces los evangelios lo presentan en confrontación con las autoridades. En este texto el enfrentamiento fue con el pueblo, con la gente que lo vio crecer. Con los pobres que no comprendieron su propuesta y menospreciaron sus propios brazos para trabajar y cambiar el rumbo de la historia. Tuvieron miedo al cambio  y prefirieron lo malo conocido que bueno por conocer.

Cuando un orador alaba un país o un territorio por sus múltiples virtudes, por su gente y por los paisajes ensoñadores en donde viven; por su gloriosa historia, sus héroes y sus valientes luchadores, se gana los aplausos del respetable público y posiblemente su apoyo. Pero cuando un orador se atreve a hacer una crítica a su auditorio, cuando hace memoria de sus errores en el pasado y del poco aprecio por los profetas, entonces con mucha frecuencia el orador es rechiflado.

A todos nos gusta que nos alaben y nos molesta que nos critiquen. Pero es necesario recibir con humildad tanto las alabanzas por nuestros aciertos, como las críticas por nuestros desaciertos. Es necesario reconocer el trabajo de la gente, valorarlo y estimularlo, y hacer una crítica seria y constructiva, cuando sea necesario, aunque no nos miren bien.

Nadie es profeta en su tierra, les dijo Jesús, y les recordó las historias de Elías y Eliseo, profetas despreciados en su tierra que ejercieron su ministerio con los extranjeros.

El pueblo no aguantó la crítica. Prefirieron arremeter contra aquel que amorosamente la hacía buscando el bienestar de todos, que cambiar sus mediocres e inestables conductas. La cosa se fue al extremo. Unos minutos antes mostraban su admiración y aprobación por lo que decía, ávidos de milagros y signos prodigiosos que solucionaran sus problemas, por arte de magia. Luego, llenos de rabia y de frustración, quisieron matarlo. Al final de su vida, los mismos que gritaron, “viva el rey de los judíos”, unos días después gritaron: “¡crucifícale, crucifícale!”. Pero esta vez, Jesús se abrió camino y se alejó, para anunciar su evangelio en otra parte, pues el profeta es libre y no se debe a la presión de la gente sino a la Palabra de Dios y a su fuerza liberadora.

Mirémonos a nosotros mismos como pueblo. ¿Nos molesta la crítica? ¿Qué líderes nos gustan? ¿Qué esperamos de Jesús? ¿Será que con nuestra manera de ser hemos hecho alejar a Jesús? o, ¿realmente lo acogemos con gozo en nuestro corazón y estamos dispuestos a trabajar con él?

Oración

Padre Dios, origen y meta de nuestra vida, fuente de alegría, de amor y de salvación. Te damos gracias por todos los dones que cada día recibimos de ti a manos llenas. Así como ayer llamaste a Jeremías y lo enviaste a profetizar en el tiempo del Rey Josías, hoy nos sentimos llamados y enviados por ti a trabajar en nuestro mundo concreto, en el hoy de nuestra historia. Ayúdanos a tomar conciencia de nuestro propio contexto vital, para describir cuál es nuestra la misión como seguidores de tu Hijo Jesús.

Gracias padre bueno por este maravilloso llamado y por las fuerzas que nos das para cumplir bien la misión que nos das. Ayúdanos sobre todo a amar como tú nos amas, a hacerlo todo con amor sincero, a crear en nuestras familias y comunidades un ambiente comunión, de fraternidad, de amistad y de solidaridad. Ayúdanos a superar el egoísmo, odio, la avaricia, los miedos y todo aquello que nos impide amar. Haz de nosotros personas comprometidas con tu causa, valientes anunciadores de la Buena Nueva de la Salvación, profetas que denuncian y anuncian conducidos por la fuerza de tu Espíritu.

Padre bueno, que también en nosotros se realicen tus maravillas. Ayúdanos a experimentar que hoy también se cumple en nosotros esta escritura. Que también nosotros nos comprometemos, como Jesús, en continuar tu obra salvadora. 

Padre amoroso, en el continuo trasegar de nuestra vida, con la firme compañía de Jesús y la fuerza del Espíritu Santo, nos disponemos a seguir fielmente la ruta trazada de la salvación, porque contigo nos encaminamos irreversiblemente a la plenitud de nuestra vida en el amor. Amén.

 

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.



[1] No critico la incursión de las iglesias cristianas en los mas media, sino la mediocridad de algunos líderes religiosos y, sobre todo, la forma como utilizan la fe y la inocencia de la gente, para su propio beneficio y el de los dueños de estos medios masivos.

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Moniciones para el IV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Enlace permanente 26 de Enero, 2010, 0:04

"Con Cristo en comunidad, cambiemos la sociedad"                                                                                                                         "Con Cristo en comunidad, cambiemos la sociedad"

Moniciones para la Misa

Ciclo C

Tiempo de NAVIDAD

Santa María, Madre de Dios

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.                                                                                      Fuente: www.scalando.com 

IV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

"Un mismo y único espirítu reparte los carismas"

-          1ra lect.: Jr 1, 4-5.17-19

-          Sal 70

-          2da lect.: 1Cor 12,31 - 13,13

-          Evangelio: Lc 4,21-30

La ley de Dios

Monición de entrada

Este es  el cuarto domingo del año litúrgico. La primera lectura nos presenta la vocación del profeta Jeremías, quien no fue bien recibido por su pueblo. Cristo, el gran profeta del Nuevo Testamento, fue también rechazado por su propia gente. San Pablo nos dirá que, en medio de este mundo hostil, tenemos que practicar una virtud esencial, la caridad. De pie para recibir la procesión con el cántico de entrada.

Primera lectura: Jer 1, 4-5.17-19 (Te nombré profeta de los gentiles)

La primera lectura nos habla de la vocación de un gran profeta: Jeremías. Su misión: "elegido para que diga todo cuanto Dios le mande proclamar". Su actitud interna: "no debe desmayar ante los grandes de la tierra". Sus pruebas: las persecuciones. Su esperanza: "no podrán contigo, pues Yo, contigo estoy". ¿Realizamos así nuestra misión cristiana en el diario vivir? Escuchemos.

Segunda lectura: I Corintios 12, 31-13,13 (Jerarquía de los carismas.  Himno a la caridad)

En su primera carta a los corintios, San Pablo compone un himno sublime al amor. Lo describe como paciente, servicial, desinteresado, excusándolo todo, creyéndolo todo, esperándolo todo y que perdurará por siempre. El amor es un don del Espíritu Santo. Así debe ser nuestra caridad. Escuchemos.

Tercera lectura: Lc. 4, 21-30 (Jesús no es enviado sólo a los judíos)

Como Jeremías, en la primera lectura, Cristo no es bien recibido en su propia tierra. Llenos de ira arrojaron a Cristo fuera de la ciudad. Cristo continuó su misión hasta el final. Se necesita valor, fuerza, gracia y auténtico compromiso para seguir al Señor. Escuchemos, con mucha atención, pero antes cantemos el Aleluya.

Oración Universal:

  1. Por los que han recibido la misión de anunciar al Evangelio: para que lo anuncien sin temor, denunciando el pecado, llamando a la esperanza, consolando, iluminado, roguemos al Señor.
  2. Por los que cumplen la ardua tarea de educar a los demás: para que enseñen con autoridad, con coherencia: con la palabra y el testimonio de vida, roguemos al Señor.
  3. Por aquellos a quienes les cuesta reconocer la palabra de Dios en la envoltura de la palabra humana: para que sepan aceptarla con fe y humildad, roguemos al Señor.
  4. Por nuestros jóvenes: para que, escuchando la palabra de Dios, descubran la alegría de seguir a Cristo Redentor en la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
  5. Por nosotros: para que no rechacemos la palabra de Dios que nos interpela, incluso cuando contradice nuestra manera de pensar y de vivir, roguemos al Señor.  

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 512)

 

Hoy, Señor, nuestra plegaria es de humilde conversión.

Porque hemos confinado tu palabra a la medida estrecha

de nuestra rutina y cálculos mezquinos, ¡Señor, ten piedad!

Porque has venido a nuestra comunidad y te hemos rechazado

silenciando la voz de tus profetas, ¡Cristo, ten piedad!

Porque te hemos encerrado en nombres vacíos de significado,

sin dejarnos interpelar por tu Espíritu, ¡Señor, ten piedad!

Oh, Señor, Dios nuestro, sorprendente en tus venidas,

no permitas que apaguemos tu Espíritu dentro de nosotros.

Convierte nuestros corazones a tu amor y al de los hermanos,

y mantennos siempre despiertos en la alabanza de tu nombre.

 

Amén.

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

 

Comunícate conmigo: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Moniciones para el III Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo C

Enlace permanente 23 de Enero, 2010, 1:29

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario

 

III Domingo

“Buena Noticia para los pobres”

24 de enero de 2010

Monición de entrada

 

Hoy celebramos el tercer domingo del año litúrgico. En las lecturas escucharemos la eficacia y autoridad que la Palabra de Dios tiene. La misma Palabra aceptada y obedecida por un grupo de gente, los consagró como el Pueblo escogido. Más tarde, Cristo, al predicar la Buena Nueva nos anuncia que Él es aquella Palabra de Dios encarnada. De pie, por favor, para empezar nuestra celebración cantando con alegría.

Primera lectura: Neh. 8,2-4ª,15-6. 8-10 (Esdras lee el libro de la ley al pueblo)

A Dios nadie lo ha visto. Él manifiesta su voluntad por la ley escrita en el corazón de los seres hermanos y por medio de los profetas inspirados. El pueblo, congregado en torno a Esdras, escucha con veneración la lectura del libro sagrado. Escuchemos.

Segunda lectura: I Corintios 12, 12-30 (Son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro)

En su primera carta a los Corintios, San Pablo usa el ejemplo del cuerpo humano para explicar el gran misterio del Cuerpo Místico de Cristo. Todos nosotros somos distintos, pero formamos una comunidad y la cabeza de todo es Cristo.  Presten mucha atención, por favor.

Tercera lectura: Lc. 1,1-4; 4, 14-21 (En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos)

La escena que nos cuenta hoy san Lucas tiene lugar al comienzo del ministerio de Jesús de Nazaret. Cristo leyó la parte bíblica que explica su propia misión como Mesías anunciado. Él es la Palabra de Dios encarnada. Escuchemos con mucha atención.

Oración Universal:

  1. Por los que han recibido en la Iglesia el encargo de la palabra de Dios; los exegetas, que la interpretan: los teólogos, que profundizan su sentido; los pastores y los catequistas, que la anuncian; para que sepan actualizarla, iluminando la vida de los oyentes, roguemos al Señor.
  2. Por los que escuchan la Palabra de Dios; para que sean capaces de descubrir al que es la Buena Noticia para los pobres, la luz para los ciegos, la libertad para los oprimidos, roguemos al Señor.
  3. Por los profesionales de la palabra; para que alumbren la verdad, inciten al bien, sensibilicen para la belleza, roguemos al Señor.
  4. Por nuestros jóvenes; para que escuchen la Palabra de Dios y respondan con generosidad a su llamada a la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
  5. Por nosotros, aquí reunidos; para que tomemos en serio la palabra de Dios, sepamos escucharla, celebrarla y realizarla en nuestra vida, roguemos al Señor.

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 509)

 

Te damos gracias, Padre, porque hoy se cumple la Escritura

que nos habla de salvación y esperanza en Cristo Jesús, tu Hijo.

Él es tu palabra que nos revela tu nombre, tu amor y tu rostro.

Él es tu ungido, enviado para dar la buena noticia a los pobres,

para restituir a los explotados y oprimidos la dignidad,

para inaugurar el tiempo de gracia y bendición de nuestro Dios.

Queremos, Señor, sumarnos a esa misión liberadora de Jesús,

restaurando con amor a su imagen primera la figura del hombre,

nuestro hermano, deformada y envejecida por tantas esclavitudes.

Ayúdanos en este empeño con la fuerza de tu Espíritu y concédenos

que nuestro momento fugaz madure en frutos de eternidad.

 

Amén.

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Beato Pedro Donders, misionero redentorista

Enlace permanente 14 de Enero, 2010, 8:14

14 de enero: fiesta del Beato Pedro Donders

Desde niño, Pedro deseaba hacerse sacerdote. Quiso entrar en los  redentoristas, pero fue rechazado por ser ya demasiado mayor. Después.  Entre aquí http://www.scalando.com/donders.htm

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Moniciones para el II Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo C

Enlace permanente 14 de Enero, 2010, 7:50

Tiempo Ordinario

 

II Domingo

“La devoción a María”

17 de enero de 2010

Monición de entrada

 

La intercesión e María, la madre del Señor, adelanta la “hora” de Jesús, la realización del milagro.  En el cuarto evangelio María es mencionada al principio y al fin: en Caná y al pie de la cruz.  Dos momentos glorificación de Jesús: el primero y el último.  La maternidad divina de María es la explicación cumplida de su vida y misión; es su razón de ser, su condicionamiento previo y posterior: concepción inmaculada y asunción gloriosa, pasando por su virginidad y su participación en los episodios de la infancia, vida apostólica, pasión, muerte y resurrección de Jesús, así como en la prolongación de éste en la vida de la Iglesia por el Espíritu.  Empecemos esta celebración cantando, de pie, por favor.

Primera lectura: Isaías 62, 1-5 (El marido se alegrará con su esposa)

En esta primera lectura escucharemos, del profeta Isaías, un gozoso anuncio de la salvación de Dios.  De la misma manera que una pareja de enamorados se aman y están alegres por tenerse el uno al otro, así Dios ama a su pueblo.  Presten mucha atención, por favor.

Segunda lectura: I Corintios 12, 4-11 (Un mismo y único Espíritu reparte los carismas)

Durante algunos domingos, hasta la Cuaresma, estaremos leyendo en la segunda lecturas trozos de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios, donde Pablo nos presenta aspectos básicos de lo que es ser cristiano y de lo que es la comunidad. Hoy nos hablará de la diversidad de dones y carismas que hemos recibido y que provienen de un solo Espíritu.  Escuchemos.

Tercera lectura: Juan 2, 1-12 (En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos)

La escena evangélica de hoy se sitúa en una boda celebrada en Caná de Galilea.  Según san Juan, el milagro de las bodas de Caná es el primero de los que realizó Jesús.  “Así manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en Él”.  Ésta es la intención primera y última del relato.  Continuamos así las “manifestaciones” de Jesús como mesías e hijo de Dios: Epifanía, Bautismo, y hoy Caná.  Escucharemos esta buena noticia, pero antes, entonemos el Aleluya, de pie, por favor.

Oración Universal:

  1. Por la Iglesia; para que atienda solícita a las necesidades de todos y preste su voz suplicante a los que pueden hablar, roguemos al Señor.
  2.  Por la unión de las iglesias; para que los sarmientos separados sean injertados en al vid que es Cristo, roguemos al Señor.
  3. Por los enfermos y todos los que sufren; para que el vino del amor fraterno endulce su amargura y mitigue su dolor, roguemos al Señor.
  4. por los esposos; para que no se vuelva agrio el vino de su amo, roguemos al Señor.
  5. Por los jóvenes, especialmente los de nuestra comunidad y parroquia; para que sepan responder a la llamada del Señor a la vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
  6. Por nosotros, invitados a la mesa del Señor; para que sepamos ofrecer a todos el vino del consuelo y la alegría, roguemos al Señor.

 

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 506)

 

En verdad eres digno de toda bendición, Dios Padre,

porque nos diste como madre a María, la Madre de Jesús.

Hoy la vemos a su lado en funciones de intercesión maternal,

como acostumbra, preocupada siempre del bien de los demás.

Ese vino de la boda, que ella consigue, es anticipo festivo

el banquete de la eucaristía a la comunidad del reino de Dios.

 

Tú, Señor, que nos diste a María como modelo de creyente,

ejemplo perfecto de discípula de Jesús, madre de la Iglesia

e imagen esplendorosa de ésta misma en su plenitud final,

concédenos caminar con ella, alegres en el seguimiento de Cristo,

y respondiendo fielmente a nuestra vocación cristiana.

 

Amén.

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

 

Comunícate conmigo: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Moniciones para la solemnidad del bautismo del Señor

Enlace permanente 7 de Enero, 2010, 3:25

Tiempo de Navidad

 

Solemnidad Del Bautismo Del Señor

“Dios ungió a Jesús com La fuerza del Espíritu Santo”

10 de enero del 2010

Monición de entrada

 

Hermanos en Cristo, hoy celebramos el Bautismo de Jesús en el río Jordán y con esta fiesta terminamos el gran tiempo navideño. Al salir Jesús del agua, el Padre proclama que Jesús es su Hijo muy amado y el Espíritu Santo se posa sobre Él. Luego de esto, Jesús empieza su misión tal y como la vamos a ver en las dos primeras lecturas. Nosotros también, en virtud de nuestro Bautismo, estamos llamados a continuar la misión de Cristo en el mundo de hoy. Demos gracias a Dios y comencemos cantando con entusiasmo el cántico de entrada.

 

Primera lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7 (Miren mi siervo, a quien sostengo)

 

Esta lectura, tomada del libro de Isaías, es el primer cántico del siervo del Señor. Este siervo está llamado por Dios y formado por Él para traer la justicia a las naciones. Él es humilde, pero lleno de fortaleza; es el preferido de Dios y ungido por el Espíritu Santo.  Escuchemos.

 

Segunda lectura: Hechos 10, 34-38 (Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu)

 

La segunda lectura es del libro de los hechos de los apóstoles.  Ella resume la enseñanza fundamental sobre Cristo, quien fue bautizado y ungido  por Dios con la fuerza del Espíritu. Por eso tuvo el poder de proclamar el reino de Dios y de curar a los enfermos, porque Dios estaba con Él.  Escuchemos atentamente.

 

Tercera lectura: Lucas 3, 15-16.21-22 (Bautismo de Jesús)

 

El relato del Bautismo de Cristo está tomado del Evangelio según san Lucas. La escena del bautismo de Jesús culmina en una manifestación maravillosa. Se abre el cielo, desciende sobre Jesús el Espíritu Santo, se oye la voz del Padre que anuncia la afiliación divina de Jesús y su complacencia en su Hijo. Padre, Hijo y Espíritu Santo se manifiestan.  Antes de escuchar este relato, cantemos el aleluya.  De pie, por favor.

 

Oración Universal:

  1. Para que todos los bautizados en Cristo, amados y elegidos de Dios, ungidos por el Espíritu Santo, pasemos, como Cristo, haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal, roguemos al Señor.

  2. Para que los padres cristianos, al presentar a sus hijos para el bautismo, sean conscientes de su responsabilidad de transmitirles la vivencia de su fe, roguemos al Señor.

  3. Para que cuantos se sienten oprimidos y habitan en las tinieblas abran las puertas a Cristo, luz de las naciones, roguemos al Señor.

  4. Para que nuestros trabajos, quehaceres, obligaciones, cargos, imitemos a Cristo, que no vino a ser servido sino a servir, roguemos al Señor.

 

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 443)

 

Hoy te bendecimos a boca llena, Señor Dios nuestro,

porque en el bautismo de Jesús realizaste signos visibles

que anunciaban el nuevo bautismo en el agua y Espíritu,

e hiciste descender tu voz desde el cielo para que el mundo

creyese que tu Palabra, Cristo Jesús, habitaba entre nosotros.

Así lo ungiste con el Espíritu como Mesías elegido

y enviado a anunciar la salvación a los pobres.  ¡Gracias!

Gracias, Señor, también por nuestro propio bautismo

que nos incorpora a Cristo, a su muerte al pecado y

a su resurrección a la vida nueva que de ti recibimos

por medio de Jesús, tu hijo y nuestro hermano mayor.

 

Amén.

 

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