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Octubre del 2010

 

En camino para el XXXI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Enlace permanente 25 de Octubre, 2010, 22:37

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “C”

 

4 de noviembre de 2007 XXXI Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.                            Fuente: www.scalando.com

 

-      1ra lect.: Sab 11,22-12,2

-      Sal 144

-      2da lect.: 2Tes 1,11 - 2,2

-      Evangelio: Lc 19,1-10

 

 

Conversión

Según la enseñanza de los rabinos en el tiempo de Jesús, aquel que no comulgara con todas las prescripciones de la Ley y de La Tradición, es decir, quien no estuviera dentro de la ortodoxia, quedaba excluido de la salvación. Entre este grupo se encuentra a prostitutas, publicanos (cobradores de impuestos para Roma), ladrones, usureros, pastores, médicos, sastres, barberos y carniceros. Aquellos que no pagaban el diezmo, trabajaban en sábado y hacían caso omiso a la pureza ritual. Ni hablar de los pobres que ignoraban la Ley, pues los fariseos decían que eran gente maldita (Jn7,49) y que por ellos venían muchas desgracias para el pueblo.

Zaqueo estaba dentro de ese grupo de condenamos porque era jefe de recaudadores de impuestos y muy rico. Riqueza adquirida fruto de la explotación y de la traición a su pueblo. ¡Claro que se trataba de una persona injusta que llenaba sus arcas a expensas del empobrecimiento y la miseria de los demás! Y sabemos que Jesús siempre estuvo en contra de todo tipo de injusticia. Pero él, para rechazar la injusticia, no condenó a la persona injusta, sino que buscó su transformación de una manera muy pedagógica. Quiso, como escribió Pablo: cambiar el mal a fuerza de bien (Rom 8,21).

Zaqueo era un hombre excluido, juzgado y condenado por el sistema religioso, y despreciado por todo el pueblo. Un ser humano con apariencia de dios, un hombre acomodado y aparentemente sin problemas, pero con un drama tremendo que le impedía vivir libremente y ser feliz. Un hombre con profundos complejos de inferioridad, que pretendía ocultar con la acumulación de riqueza, para sentirse importante. Un hombre pequeño que se subía a los árboles para estar por encima de los demás, sentirse importante y colmar el vacío de su propia insignificancia. No obstante, era un hombre que no había aplastado totalmente su conciencia humana y que, hastiado de su vaciedad, buscaba tímidamente al Maestro de Nazareth, en quien veía una luz de esperanza para su vida.

Zaqueo no lograba ver a Jesús a causa del gentío, porque una comunidad que sigue a Jesús es un medio eficaz para encontrarse con él, pero una muchedumbre de gente que camina como borrego tras el espectáculo religioso del momento, oculta su figura y su propuesta de salvación. Jesús se acercó al árbol donde se había subido Zaqueo, lo invitó a bajarse y se hizo el invitado. Lo aceptó como persona y se atrevió a creer en lo bueno que podía dar este hombre rico e injusto, menospreciado por todos. No lo rechazó como ser humano ni le reprochó su actitud injusta, sino que le brindó su amistad y le manifestó su deseo de quedarse en su casa, es decir, de entrar en su mundo, en su vida y hacerse su amigo.

Zaqueo comprendió que ante sus ojos había una oportunidad única que tal vez nunca volvería a tener. Por eso, sin pensarlo dos veces bajó rápido y recibió a Jesús en su casa con alegría. Se trató de un acto de fe y de un voto de confianza en Jesús. Zaqueo le creyó a Jesús y le abrió las puertas de su corazón para que entrara y transformara su vida. Fue un acto espontáneo en el que dejó a un lado la voluntad de poder y el delirio de grandeza, y se dejó conducir por su sed humana de una amistad sincera, realidad que difícilmente se encuentra en el oscuro mundo de los negocios sucios. La alegría de Zaqueo es manifestación de que el Reino de Dios se empezaba a gestar en él. Se trataba de la misma alegría del hombre que encontró un tesoro en el campo y lleno de alegría lo escondió, vendió todo lo que tenía para comprar el campo y así quedarse con el tesoro (Mt 13,44). Se trataba de la misma alegría del pastor que encontró a su oveja extraviada, o de la alegría de aquella mujer que encontró su dracma perdida (Lc 15,1ss).

Las críticas no se hicieron esperar, esta vez no sólo de la élite religiosa, sino de todo el pueblo. Las personas que se atreven a cuestionar lo incuestionable, a “irrespetar” lo más respetable y a romper los tabúes de las sociedades, suelen ser vistas como peligrosas. Con su actitud para con los pecadores ponía en peligro el sistema religioso: “Nada especial en esta historia, puesto que si Dios ama por igual a buenos y malos, entonces el sistema se viene abajo; la enseñanza tradicional no tiene  más fundamento, los guías del pueblo ya dejan de serlo, la organización de la sinagoga y del templo está minada por la base. Si las prostitutas y los publicanos tienen los primeros puestos en el reino de los cielos, ¿de qué sirve ser escriba, pastor, sacerdote?[1]

Mientras unos criticaban a Jesús y veían un peligro en él, Zaqueo aprovechaba el paso de Dios por su vida, se dejaba transformar por su amor incondicional, generoso y compasivo; daba muestras concretas de su transformación y de su sí al Reino de Dios: “Mira, Señor: voy a dar a los pobres la mitad de lo que tengo, y si a alguien le cobré más de lo debido, le voy a devolver cuatro veces más.” (Lc 19,8). Como dice Leonardo Boff, aquí vemos claramente que “lo redentor en Jesús no es propiamente la cruz, la sangre, ni la muerte, tomados en sí mismos. Sino su actitud de entrega y de perdón”.[2]

Lo que no habían logrado las autoridades y todo el pueblo religioso con su actitud condenatoria, lo hizo Jesús al mostrar el rostro misericordioso de Dios. Como personas religiosas, miembros de una comunidad cristiana, podríamos preguntarnos cuál es nuestra actitud ante estas personas que, como Zaqueo, viven en un mundo tan lleno de privilegios como tan efímero, engañoso y deshumanizante.

Ahora pongámonos en el sitio de Zaqueo. Jesús sigue invitándonos a bajarnos de todos los falsos pedestales para encontrarnos con él. Su invitación generosa a comer con nosotros y a entrar en nuestra vida trae consigo la invitación a despojarnos de todo aquello que nos impida vivir como hermanos. A reparar el daño que hayamos cometido y a comprometernos con la construcción del Reino. Nadie está excluido de la llamada a participar en el Reino. Pero la llamada de Jesús al rico es la invitación a dejar de acaparar para sí. Es la invitación a abrirse a los pobres y a compartir con ellos”.[3]

El Reino de Dios propuesto por Jesús no ataca alguien en particular, sino que combate todo tipo de injusticia y favorece a toda la humanidad. “Si Jesús, el Mesías del reino de justicia viene a los injustos, pecadores y publicanos, quiere indicarnos con esto que también es indigno del hombre ser esclavo de la injusticia. Con estos hombres injustos celebra el banquete futuro de los justos”.[4]

Se trata de optar a favor de la justicia y en contra de todo tipo de opresión y engaño. Cuando, como Zaqueo, la persona renuncia a la vida de engaño, mentira, opresión e injusticia y se convierte radicalmente, experimenta la verdadera vida. Cuando deja el mundo de privilegios fruto de la opresión y se decide a vivir llanamente con otros seres humanos en condiciones de dignidad; cuando con todos sus recursos promueve una vida digna como derecho y oportunidad para todos, experimenta la auténtica alegría que le da paz y felicidad. El primer beneficiario de la decisión de Zaqueo fue él mismo. Por eso dijo Jesús: “Hoy llegó la salvación a esta casa”.

Sin lugar a dudas que si optamos por una vida justa, si actuamos con honestidad y promovemos la dignificación y los derechos humanos, los primeros beneficiados seremos nosotros mismos. Viviremos en armonía con la vida, en comunión con el amor misericordioso de Dios y ahí encontraremos nuestra plenitud. Podremos escuchar en lo profundo de nuestra vida cada día esas hermosas palabras de Jesús: “Hoy llegó la salvación a esta casa”. Sin prepotencias, sin falsas seguridades, qué bueno sentir que estamos haciendo realidad el plan de salvación en la medida que aceptamos a Jesús en nuestra vida y vivimos en continua conversión.

 

Oración

Padre y Madre Dios, misterio infinito, que estás en el cielo, en la tierra, todo y en todos. Te bendecimos por el derroche de amor que nos has dado por medio de Jesús. Te damos gracias porque hoy sigues invitándonos a vivir este proceso de conversión. Gracias por todas las oportunidades que nos das para ser mejores. Perdónanos si algunas veces hemos sido injustos, deshonestos y mezquinos con los demás y con nosotros mismos. Perdónanos si en algún momento como creyentes nos hemos limitado a cumplir estrictamente los preceptos y a evitar las prohibiciones, sin hacer opciones radicales por la justicia del Reino.

Hoy manifestamos nuestro deseo de bajarnos de todas aquellas falsas seguridades que “sostienen” nuestra vida y nos hacen sentir superiores a los demás. Hoy manifestamos nuestra decisión de optar por una vida llana, honesta contigo, con nosotros mismos y con los demás seres humanos. Una vida en justicia, en servicio, en hermandad y en fraternidad, movida por la misericordia. Pedimos la gracia de tu Espíritu para mantenernos firmes en este camino de fe. Pedimos la gracia de tu Espíritu para que podamos vivir con sabiduría y amor, de manera que descubramos en el día a día, la forma más correcta de ser fieles a ti, atendiendo siempre tu llamado, según los signos de los tiempos. Amén.

 

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

Nota: en este servicio podrá aparecer publicidad.  Queremos aclarar que no está bajo nuestra responsabilidad, gracias a esos anuncios, este mensaje te llega gratuitamente.



[1] MYRE André, Escándalo, Jesús y los pobres,  Bogotá 1993, 33.

[2] BOFF Leonardo, Textos selectos. Bogotá 1992, 93.

[3] GUTIERREZ Gustavo, Compartir la palabra, Salamanca 1996, 352.

[4] MOLTMANN Jürgen, Esperanza y planificación del futuro, Salamanca 1997, 241.

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Moniciones para el XXXI Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo C

Enlace permanente 25 de Octubre, 2010, 22:37

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario-Ciclo C

XXXI Domingo

                                             La pequeña figura de un gigante

Lecturas:

-         1ra lect.: Sabiduría 11, 23-12, 2

-         Sal 144

-         2da lect.: II Tesalonicenses 1, 11-2,2

-         Evangelio: Lc 19, 1-10

 

Monición de entrada

 

Estamos ya en los últimos domingos del año litúrgico. Una vez más la palabra de Dios nos habla de la presencia y el amor de Dios hacia nosotros. La sabiduría en el viejo testamento, poco a poco, reveló esa presencia reconciliadora. Cristo, como Hijo del Padre quien buscó y salvó a los pecadores,  manifestó de esta manera el gran amor misericordioso de Dios. Agradecidos por la presencia de Cristo entre nosotros en esta Eucaristía, nos ponemos de pie para recibir la procesión con el canto de entrada.

 

Primera lectura: Sabiduría 11, 23-12, 2 (Dios se compadece porque ama a todos los seres humanos)

 

El autor del libro de la Sabiduría nos presenta a Dios actuando en la historia con inmenso poder y a la vez con gran compasión y misericordia. Como un padre, Dios corrige al pecador para que se aparte del mal y crea en El y viva. Escuchemos esta lectura que nos relata la gran misericordia divina.

 

Segunda lectura: II Tesalonicenses 1, 11-2,2 (Oración de Pablo por los fieles de Tesalónica)

 

La segunda lectura de hoy nos presenta a San Pablo orando por los fieles de Tesalónica. En su corazón, Pablo pide que sean fieles a su vocación cristiana para que así se manifieste la gloria de Dios. Escuchemos.

 

Tercera lectura: Lucas 19, 1-10   (Cristo salva lo perdido.  Conversión de Zaqueo)

 

En el evangelio según san Lucas, se habla de la visita de Jesús a casa del jefe publicano llamado Zaqueo. Cristo toma la iniciativa y se invita. Su presencia es motivo de gozo y de conversión. Que la palabra de Dios sea la salvación y el principio de conversión para cada uno de nosotros. Escuchemos la Buena Nueva de hoy, pero antes entonemos el Aleluya.

 

Oración Universal:

Por la Iglesia de Dios, para que siempre busque a los pecadores y les perdone. Roguemos al Señor.

 

Por los gobernantes, para que agoten todos los esfuerzos y recursos para conservar sano el ambiente y la naturaleza que Dios nos ha regalado. Roguemos al Señor.

                                          

Por los pecadores, para que escuchen la palabra de Dios, se arrepientan y respondan a la gracia que Dios les concede. Roguemos al Señor.

 

Por los empresarios y toda persona que tenga empleados, para que pague salarios justos y. como Zaqueo, devuelvan los agravios que hayan cometido.  Roguemos al Señor.

 

Por nosotros, los aquí presentes, para que no prestemos atención a los falsos profetas modernos y permanezcamos fieles a nuestra vocación cristiana y al mensaje recibido. Roguemos al Señor. 

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 593)

 

Es justo alabarte, Dios de la ternura y de la misericordia,

porque, al provocar Jesús la conversión del publicano Zaqueo,

diste pruebas fehacientes de creer en el hombre a pesar de todo.

 

Nosotros somos muy dados a juzgar negativamente a los demás,

pero tú muestras una tolerancia y comprensión sin límites,

proclamando para hoy la salvación de los hombres y los pecadores.

 

En este día, Señor, tú nos invitas a cada uno de nosotros

a dar abundantes frutos de la nueva justicia de tu reino.

Concédenos imitar la pedagogía de Jesús para salvar lo perdido;

y haz que en el camino llevemos el corazón libre de lastre

para ser mensajeros alegres de tu liberación del hombre. 

 

Amén.

 

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Comunícate conmigo: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Moniciones para el XXX Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo C

Enlace permanente 18 de Octubre, 2010, 14:00

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario-Ciclo C

XXX Domingo

                                     La oración es experiencia gratuita de Dios

Lecturas:

-         1ra lect.: Ecl 35,12-14.16-18

-         Sal 33

-         2da lect.: 2Tim 4,6-8.16-18

-         Evangelio: Lc 18,9-14

 

Monición de entrada

 

Buenos, días, (tardes, noches). Estamos celebrando el trigésimo domingo del tiempo ordinario. Dos de las lecturas de hoy nos exhortan a la humildad y a la pobreza de espíritu frente a Dios, ya que por nosotros mismos no podemos nada. Nuestra actitud, por un lado, debe ser la de estar abiertos a los reclamos de Dios, y por otro lado, la de poner nuestra total confianza en El. Unidos en la fe y en el amor de Dios que nos ha congregado aquí este domingo, empecemos nuestra liturgia con la procesión de entrada. De pie, por favor.

 

Primera lectura: Si 35, 15b-17.20-22a (Los gritos del pobre atraviesan las nubes)

 

La primera lectura de hoy está tomada del libro del eclesiástico. Este pasaje nos dice que Dios es justo. El siempre escucha las súplicas de los pobres, de aquellos que todo lo esperan de Dios, o sea, de los humildes. Dios, siempre toma propia la causa de estos pobres y desprecia a los orgullosos. Escuchemos con atención este interesante texto.

 

Segunda lectura: II Timoteo 4, 6-8.16-18 (Ahora me aguarda la coroza merecida)

 

En la segunda lectura resuena la plegaria de agradecimiento a Dios por parte de san Pablo. También él está preocupado que Timoteo permanezca fiel a su vocación y a su fe. Pablo sabe que su vida está casi terminada y por eso es que espera de Jesús, el juez justo.  Pongan mucha atención a san Pablo, dirigiéndose a su querido Timoteo.

 

Tercera lectura: Lucas 18, 9-14   (Parábola del fariseo y el publicano)

 

El evangelio, narrado por san Lucas, nos presenta una de las parábolas más expresivas: la del fariseo y el publicano. En ella aprendemos que nuestra actitud ante Dios y ante los demás seres humanos debe ser sincera, humilde y sin egoísmo. Nuestro Señor aceptó la actitud del publicano, del pobre y humilde, y por eso el éste regresó justificado, es decir, perdonado y salvado. Escuchemos la Buena Nueva de hoy, pero antes, entonemos el Aleluya.

 

Oración Universal:

  1. Por el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que siempre vivan la humildad y la igualdad. Roguemos al Señor.

 

  1. Por todos los sacerdotes y misioneros, para que en su ministerio siempre imiten a san Pablo en su seguimiento de Cristo. Roguemos al Señor.

 

  1. Por las naciones ricas, para que no exploten a las menos favorecidas y compartan sus riquezas con  todos los pueblos. Roguemos al Señor.

 

  1. Por todas nuestras agrupaciones católicas, para que no exista la división, ni la envidia, antes bien trabajen juntos y con humildad por la santificación de todos los fieles. Roguemos al Señor.

 

  1. Por todos nosotros, los aquí presentes, para que cada día seamos más humildes, para que aceptemos a los demás sin reparo alguno y reconozcamos nuestras debilidades y limitaciones humanas. Roguemos al Señor.

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 590)

 

Gracias, Padre, por la lección de conversión que hoy

nos da Jesús en la parábola del fariseo y del publicano.

Haznos, Señor, entender que somos tan fariseos como pecadores,

tan hipócritas como mezquinos, tan necios como soberbios.

 

Nosotros encasillamos de una vez por todas a los demás,

pero tú eres el que brinda siempre una segunda oportunidad.

Tú crees en el hombre a pesar de todo, porque tu misericordia,

tú compasión, tu paciencia, tu amor y tu perdón no tienen límite.

 

Líbranos, Señor, de la religiosidad de escaparate,

y haz que la brisa de tu ternura oree nuestro yermo corazón

con la esperanza y el gusto de tu banquete de fiesta. 

 

Amén.

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

 

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En camino para el XXI X Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Enlace permanente 11 de Octubre, 2010, 9:18

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “C”

 

XXIX Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.                            Fuente: www.scalando.com

 

-       1ra lect.: Ex 17, 8-13

-       Sal 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

-       2da lect.: 2Tim 2,8-13

-       Evangelio: Lc 18, 1-8

 

Perseverancia

Muchos de nuestros viejos disfrutaron más de una noche de parranda, con una agrupación musical oriunda de Majagual, en el departamento de Sucre (en Colombia). Dicha agrupación se llamaba “Los Corraleros de Majagual” e interpretaba música popular. Los Corraleros contaban historias de amor, cuentos tradicionales, historias de ganadería, de ríos y montañas. Le cantaban al vivo y al bobo, al borracho, a la pulguita, a la burrita, al toro, a la vaca, al elefante, en fin… Su música fue muy popular en Colombia, parte de Venezuela y el Caribe.

Al leer el evangelio de hoy recordé una de sus canciones que dice así: “El machorrito es un animalito chiquirri-qui-tiqui-tiqui-tiqui-tico. El elefante es un animalote grandorrototo-toto-toto-toto-tote. Yo no me explico cómo hizo ese animalito para morder a ese animal en el cogote. Un machorrito tan chiquirri-qui-tiqui-tiqui-tiqui-tico y un elefante tan grandorrototo-toto-toto-toto-tote. Yo no me explico cómo hizo ese animalito para morder a ese animal en el cogote”.

Así como el machorrito, hay personas que molestan tanto hasta lograr su deseo: un vendedor que insiste con su oferta, un niño que pide un helado a su papá, un mendigo que pide una moneda con su cara de “yo no fui”, en fin… He visto cómo mucha personas, a raíz de tanta insistencia, terminan accediendo a deseos como los del vendedor, los del niño o los del mendigo, para quitárselos de encima, porque hay otras personas que, como decían nuestros viejos en estos casos: “Molestan más que una nigua[1] en una oreja”. Animalitos como la nigua, el chinche o el machorrito, son figuras para hacer ver cómo los pequeños tienen ciertas ventajas frente a los grandes, que son muy útiles si se usan con creatividad.

La viuda del evangelio se le “pegó del cogote al juez inicuo”, como lo hizo machorrito con el elefante, hasta lograr su objetivo. ¡Claro que no se trata de acercarse a las demás personas con un afán mezquino! Esta viuda no buscaba alimentarse de la sangre del juez, explotarlo y aprovecharse de él, ni le pedía que hiciera con ella una obra de caridad. Lo único que pedía era lo justo.

Es preciso aclarar que no se trataba de la justicia en el senti­do griego (dar a cada uno lo suyo), ni en sentido del derecho romano (emitir un jui­cio impar­cial). Para la concep­ción del pueblo de Israel, la justicia consistía en de­fender eficazmente al que por sí mismo no puede defenderse[2]. De ahí que la justicia consistiera en la protec­ción que el juez debía prestar a los desvali­dos, a los débiles y a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. Cuando se implantó la monarquía, el rey se legitimaba en la medida en que se convertía en hacedor de justicia. El Salmo 72 nos presenta un testimonio claro:

 

“Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes:

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz para tu pueblo

y los collados justicia;

que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos del pobre

y quebrante al explotador...

Porque él librará al pobre que pide auxilio,

al afligido que no tiene protector,

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres;

él vengará sus vidas de la violencia,

su sangre será preciosa ante sus ojos.”

 

Finalmente, el juez le hizo justicia, no por buena gente, sino porque la viuda molestó más que una nigua en la oreja. El evangelio de hoy debe animarnos a perseverar en el trabajo por el Reino, fortalecidos con la oración, que es la fuerza de los pequeños. Bien decía San Alfonso de una manea muy sencilla: “A unos animales dio Nuestro Señor colmillos y velocidad para salir huyendo o atacar; a unos una gran fuerza defensiva y a otros, astucia para liberarse de peligros, pero al ser humano decidió el Creador que para llegar a la perfección necesitara continuamente de la gracia y ayuda divina. Y esta gracia y ayuda las concede a quienes hacen oración”[3].

La primera lectura nos cuenta que durante la lucha del pueblo de Israel con los amalecitas, mientras Moisés tenía el brazo levantado, vencía a Israel, pero cuando lo bajaba, vencía Amalec, comandante de las tropas amalecitas (Ex 17, 8-13). Aunque esta figura mezcla la violencia con la fe, vale la pena aclarar que se trata de un momento histórico ya superado en la historia de las religiones. No se pude hoy utilizar este texto para pedir a Dios la ayuda en la invasión a otros pueblos, en la persecución y el despojo a otros seres humanos. No podemos caer en la insensatez de J.W. Bush que solía decir “Dios bendiga a América”, cuando se dirigía a los ingenuos conciudadanos que lo apoyaban, mientras ordenaba la destrucción de miles de personas en Irak. La figura de un Dios que se pone de parte de un pueblo para que despoje y pase a filo de espada a otro pueblo debe ser superado totalmente. El nombre de Dios no se puede utilizar para destruir vidas y hay que estar atentos ante cualquier utilización del nombre de Dios con fines mezquinos y violentos.

Esta figura del libro del Éxodo es válida sólo como símbolo de oración en medio de la lucha, no violenta por la vida. Nuestros viejos decían: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Es preciso orar siempre en medio de la lucha. Es agradable y muy estimulante contar con el apoyo espiritual, con la oración, con la comunión de vida de otras personas que nos acompañan en nuestra búsqueda continua de una vida digna, en procesos personales, familiares y comunitarios. Qué bueno es sentirnos acompañados por el amor misericordioso de Dios y de muchas personas que espiritualmente están con nosotros.

Pablo, en su Segunda Carta a los Corintios, era conciente de la dura realidad por la que atravesaba esa comunidad y la animaba a perseverar con la gracia de Cristo: “Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro, para que esta fuerza soberana se vea como obra de Dios y no nuestra. Nos sobrevienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos; estamos entre problemas, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no eliminados; derribados, pero no fuera de combate. Por todas partes llevamos en nuestra persona la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra persona” (Cor 4,7-10).

Hoy, como ayer, no sólo hay numerosos “jueces inicuos”, sino demasiada gente que pisotea a otros y se aprovecha de su debilidad. Por eso, muchos se preguntan a diario: ¿hasta cuándo tanto dolor, tanta explotación y miseria, tanta sangre derramada, tanto desplazamiento, tanta injusticia, muchas veces legalizada?  La parábola de hoy es una historia con un final feliz. Pero a diario se ven muchas historias con finales trágicos, con justos “ajusticiados”, con defensores de derechos humanos asesinados, encarcelados, y vituperados; calumniados por el sistema y rematados por fuerzas oscuras[4].

Ésta realidad nos afecta, mas no podemos perder las esperanzas. Cuando en 1984 las “fuerzas oscuras” asesinaron a Álvaro Ulcue Chocue, primer indígena que logró ser ordenado presbítero de la Iglesia Católica en Colombia, muchos pensaron que todos sus proyectos acabarían con su muerte. Este hombre se había convertido en un gran problema para los terratenientes explotadores de los indígenas, para las fuerzas del orden y hasta para las mismas autoridades eclesiásticas. Pero sus proyectos no terminaron con su muerte, porque otros tomaron el bastón y continuaron su lucha, su utopía. Hoy el proyecto NASA[5] empezado por Álvaro, es paradigma de desarrollo sostenible, premiado nacional e internacionalmente. Tienen proyectos productivos, escuelas, colegios, emisoras y hasta universidad. Hace poco colocaron en el mercado una gaseosa energizante a base de hoja coca, planta sagrada para ellos. La Coca-Sek. Las autoridades nacionales “competentes” prohibieron su comercialización con el pírrico argumento de que era la base para elaborar la cocaína, y los estupefacientes están prohibidos en la legislación nacional. No hacen lo mismo con las otras colas que contienen también elementos estimulantes. Estos hermanos nuestros, continúan su lucha “perseguidos pero no eliminados”, como decía Pablo.

Vale la pena aprender de todos estos testimonios de vida, de trabajo y de oración. Necesitamos trabajar comprometidos en la construcción del Reino y sacar espacios para la oración. Una oración sin acción o una acción sin oración pueden hacernos caer en una peligrosa tentación. El activismo frío de un trabajo automático y deshumanizante o la oración narcisista y egoísta de quien se limita al monólogo de pedir y pedir, como mendigo, carente de un compromiso real con la causa de Jesús. Como decía San Benito a sus monjes: “ora et labora”, es decir, oración y trabajo.

Necesitamos realizar una oración que brote, manifieste y alimente la fe viva y comprometida con el proyecto de Jesús. Una oración que brinde espacios para encontrarnos con los demás hermanos y con la gracia de Dios que nos hace más humanos, alegres y generosos. Una oración que nos dé fuerza en la debilidad, humildad en los triunfos, esperanza en los momentos difíciles, valor para predicar a tiempo y a destiempo la Buena Noticia del Reino (2da lect – 2Tm 3,14-4,2) y perseverancia en nuestra búsqueda de la justicia a pesar de los “jueces inicuos”.

 

Oración

Oh Dios que eres Padre y Madre de misericordia, que vives, sufres, sueñas, ríes con cada uno de tus hijos. Dirigimos hacia ti nuestra mirada para bendecirte y agradecerte por tu presencia misteriosa, sutil, a veces imperceptible, pero siempre maravillosa en medio de nosotros, tus hijos. Abrimos nuestro corazón para expresarte nuestro dolor ante tanta violencia, tanto caos, tanta injusticia, tanta muerte. Abrimos nuestro corazón para expresarte nuestra frustración al ver que muchos “jueces inicuos”, muchos violentos, muchos explotadores y demás generadores de muerte, pareciera que triunfaran en el mundo. Abrimos nuestro corazón para expresarte nuestro dolor ante cuadros dramáticos de abandono, enfermedad, soledad y sufrimiento de muchos hermanos nuestros. Abrimos nuestro corazón para pedirte que nos perdones, nos purifiques, nos limpies de toda maldad, de toda indiferencia, de toda tentación a ser injustos.

Ponemos en tus manos generosas todos nuestros anhelos y proyectos. Toda la lucha, el trabajo y la esperanza de muchos hermanos nuestros que resisten pacíficamente y buscan condiciones de justicia y equidad para construir una vida digna. Concédenos la gracia de vivir siempre en auténtica comunicación y comunión contigo y con tu proyecto de salvación. Concédenos la gracia de vivir conducidos por tu Espíritu y de perseverar en la oración y en la acción liberadoras. Danos el valor para resistir a la tentación de la desesperanza. Ayúdanos a descubrir cada día que vale la pena seguir buscando un mundo mejor, que en medio de las situaciones caóticas de dolor y de muerte se cocinan nuevas alternativas de vida y nuevas manifestaciones de tu amor misericordioso.

Danos la gracia de ver cada amanecer como una oportunidad para vivir y para construir, para amar y para servir. Permítenos sorprendernos en cada momento de nuestra historia con la triunfante vida que se impone sobre dolor y la muerte, y danos serenidad de espíritu para ser testigos vivos de Cristo resucitado y resucitador. Amén.

 

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[1] Las niguas son un tipo de ácaro rojo muy pequeño (la mayoría sólo pueden verse con una lupa). Los ácaros no son insectos; son arácnidos, por lo que pertenecen a la misma familia que las arañas, los escorpiones y las garrapatas. Las niguas pueden encontrarse en todas partes, incluso en los campos cubiertos de hierba, cerca de lagos y arroyos y en los bosques. Hay niguas adultas y niguas bebé (denominadas larvas), pero solamente las niguas bebé molestan a las personas y a los animales. Las niguas tienen pequeñas garras que les permiten adherirse firmemente a las personas y a los animales. Una vez adheridas, pueden perforar la piel e inyectar su saliva, que contiene jugos digestivos que licuan las células de la piel. Luego, la nigua sorbe las células licuadas de la piel. Para la nigua, ¡se trata de una comida muy apetitosa! La piel de la persona atacada por niguas se irritará mucho. Después de unos días, la nigua habrá terminado de alimentarse y se desprenderá de la piel de la persona, dejando una roncha roja en el lugar donde estuvo adherida. (www.kidshealth.org/kid/en_espanol/sano/chigger_esp.html)

[2] CASTILLO José María, Teología para comunidades. Madrid 1990. 100-110

[3] DE LIGUORI Alfonso, El gran medio de la oración. Publicaciones Emmanuel, Barranquilla 2006. 14

[4] En Colombia cuando los asesinatos los comete la guerrilla o los delincuentes comunes dicen claramente: fueron los terroristas de las FARC o del ELN, o fueron las bandas criminales o delincuentes comunes. Pero cuando no hay mucha claridad o cuando quieren ocultar algo, dicen que fueron fuerzas oscuras. E infortunadamente algunas veces se trata de militares o paramilitares al servicio de empresas, familias o grupos políticos, económicos y sociales con influencia en el país.

[5] Su nombre viene del nombre original de la comunidad: los Nasa, más conocidos por los mestizos como los indios paeces.

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Moniciones para el XXIX Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo C

Enlace permanente 11 de Octubre, 2010, 9:18

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario-Ciclo C

XXIX Domingo

                                     La oración es experiencia gratuita de Dios

Lecturas:

-          1ra lect.: Éxodo 17, 8-13

-          Sal 120

-          2da lect.: 2Tim 3, 14-4, 2

-          Evangelio: Lc 18,1-8 

 

Monición de entrada

 

Buenos, días, (tardes, noches). Nos acercamos al final del año litúrgico. La celebración dominical nos hablará de la oración y nos enseñará la importancia de la confianza y la perseverancia en ella. Juntemos nuestras voces para cantar mientras recibimos a los ministros de esta celebración. De pie, por favor.

 

Primera lectura: Éxodo 17, 8-13 (Mientras Moisés alzaba las manos, vencía Israel)

 

La primera lectura presenta la batalla del pueblo de Israel contra los Amalecitas. Moisés estaba en la cima del monte con sus brazos elevados orando a Yavé. Esta lectura nos quiere indicar que la victoria del pueblo de Dios se obtuvo gracias a la oración perseverante de Moisés. Escuchemos con atención este gran relato bíblico.

 

Segunda lectura: II Timoteo 3, 14-4, 2 (Toda Escritura inspirada por Dios es provechosa)

 

En la segunda lectura San Pablo aconseja a su discípulo Timoteo, y también a nosotros, para los momentos difíciles con estas tres instrucciones: 1) que se instruya en la sagrada Escritura. 2) que siempre proclame la palabra de Dios. 3) que limite su ejemplo a su doctrina. Oigamos con atención los consejos de San Pablo para vivir cristianamente.

 

Tercera lectura: Lucas 18, 1-8   (Parábola del juez corrupto y la viuda suplicante)

 

San Lucas, en su evangelio, nos presenta hoy la parábola del juez perverso, que no hacía justicia a una pobre viuda. La insistencia y perseverancia de la mujer logra que se haga justicia. Si un juez corrupto hace justicia a la viuda para que deje de importunarle, Dios que es justo escuchará a sus elegidos. De pie, por favor, para que cantemos el Aleluya, para luego escuchar la Buena Noticia de hoy.

 

Oración Universal:

  1. Por la Iglesia, por los que la odian y persiguen: para que anuncie sin cesar que el amor es más fuerte que el odio y testimonie la misericordia que ella experimenta de Dios Padre.  Roguemos al Señor.

  2. Por todos los pueblos de la tierra para que se afiancen sentimientos de mutuo acercamiento, aceptación y sincera colaboración.  Roguemos al Señor.

  3. Por los perseguidos, los privados de libertad, los enfermos, moribundos, tristes, abatidos, por todos los que padecen algún mal.  Roguemos al Señor.

  4. Por nosotros mismos: para que el amor crezca sin cesar y cada vez más desterremos de nuestras vidas la enemistad, las rencillas, el rencor.  Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 587)

 

Es justo bendecirte, Dios Padre, Dios fiel a tus promesas,

porque Cristo nos mostró la eficacia de la fe suplicante,

enseñándonos así que la fe y la oración deben ir unidas.

Tú eres, Padre, el interlocutor con quien hablamos como hijos,

y tú, Jesús, nuestro modelo acabado de oración cristiana.

 

Reconocemos, Señor, que no sabemos orar en profundidad.

Danos tu Espíritu, que venga en ayuda de nuestra debilidad,

para que sepamos pedirte lo que nos conviene, con plena

disponibilidad a tu voluntad.  Cuando el desánimo nos ronde

concédenos, Señor, tu verdad y tu alegría, tu luz y tu fuerza,

Para mantenernos como fieles discípulos de Cristo. 

 

Amén.

 

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En camino para el XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Enlace permanente 5 de Octubre, 2010, 7:40

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “C”

 

XXVIII Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.                            Fuente: www.scalando.com

 

-       1ra lect.: 2Re 5,14-17

-       Sal 97,1.2-3ab.3cd-4

-       2da lect.: 2Tim 2,8-13

-       Evangelio: Lc 17,11-19

Otro lugar

La lepra es una enfermedad muy estudiaba y combatida, con muy buenos resultados científicos, aunque todavía no ha sido erradicada de la humanidad. En el mundo hay unas quince millones de personas que padecen los efectos de la lepra. Hoy sabemos que es una enfermedad infecto contagiosa producida por el bacilo de Hansen o mycrobacterium leprae, que afecta fundamentalmente la piel, el sistema nervioso y las mucosas de las vías aéreas superiores. Sin embargo, el grado de contagio es bajo y se necesita el contacto permanente y prolongado con personas infectadas. Sólo el 20% de la población expuesta es susceptible a la enfermedad y el 10% la desarrolla con gravedad, si no es detectada y tratada a tiempo.

Hay que guardar ciertas prevenciones si sabemos que hay un enfermo de lepra; pero hoy en día no causa el terror que causaba en la época antigua. En aquel tiempo, con los escasos conocimientos científicos a nivel de medicina, se llamaba con el terrorífico nombre de lepra a diferentes afecciones de la piel, afecciones dérmicas y lesiones cutáneas.

Para prevenir que la población sana se contagiara de esta peligrosa enfermedad, en el siglo VI a.C., las autoridades del pueblo de Israel emitieron la siguiente Ley promulgada en el nombre de Dios: “El leproso que tiene llaga de lepra, llevará los vestidos rasgados e irá despeinado, se cubrirá la barba y tendrá que gritar: ¡Impuro, impuro! Mientras le dure la llaga seguirá impuro. Vivirá apartado y tendrá su morada fuera del campamento” (Lv 13,45-46).

Esta Ley hizo que los leprosos sufrieran aún más. Además de sus malestares físicos tenían que soportar la separación de sus seres queridos y la falta del amor familiar. Como se pensaba que toda desgracia era consecuencia de los pecados propios o de los padres, los leprosos eran considerados pecadores acérrimos e impuros en mayor grado. Por lo tanto, padecían de un sentimiento de culpa y guardaban un resentimiento muy grande contra sus padres por haberles dejado tremenda carga de pecados. Eso los hacía sentirse indignos de Dios y condenados a sobrevivir lejos de las ciudades, con dolor, hambre, frío y el desprecio de la gente. Nadie podía acercarse a un leproso, y la comida se la tiraban desde lejos para evitar contagios.

Esta realidad sirvió como marco de referencia para que Lucas elaborara este relato, ayudado de otros relatos como las curaciones de Naamán el sirio (1ra. Lect.) y la de un leproso por parte de Jesús (Mc 1,40-45). El evangelista le puso su toque personal para dar un mensaje, como vamos a ver.

Entre el grupo de diez leprosos había un samaritano y podemos deducir que los demás eran judíos. Sabemos que samaritanos y judíos eran dos grupos humanos con una pelea cazada desde hacía mucho tiempo, con muchos odios de por medio y con agresiones de parte y parte. Los judíos decían que los samaritanos eran herejes, heterodoxos y mestizos impuros, por haberse mezclado con razas gentiles durante la cautividad de Babilonia (2Re 17). Los samaritanos decían que los judíos eran cismáticos desviados de la verdadera fe manifestada en la Ley de Moisés. Para los judíos era un gran insulto calificar a otro de samaritano. En una disertación acalorada con los judíos, a Jesús lo quisieron ofender llamándolo samaritano endemoniado (Jn 8,48).

No obstante la clásica riña entre judíos y samaritanos, la dura realidad de la lepra fue el medio para que convivieran juntos. La enfermedad, el dolor, la muerte y demás vejaciones humanas son realidades que tratan a todos por igual sin distingo de raza, religión o status social.

Como en otros textos evangélicos, el camino es un signo central. El evangelista presenta a Jesús de camino hacia Jerusalén, lo cual quiere decir que estaba haciendo realidad la voluntad salvífica de Dios para el ser humano, de la manera nueva como él lo hacía. “Jesús iba de camino”, es decir, ejercía su ministerio sanador, acontecía en la vida de las personas y les ofrecía una propuesta de salvación. Esa fue su lucha, su causa: la salvación integral del ser humano y de todos los seres humanos.

Mientras iba de camino hacia Jerusalén, en medio del rechazo, de la exclusión, del dolor en el alma y en el cuerpo, diez leprosos gritaron desde lejos: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”. Estaba prohibido el contacto con leprosos. Por eso gritaron desde lejos. Cuando ya se habían agotado todos los recursos, acudieron al maestro de Nazaret. No perdían nada y podían ganarlo todo.

Había personas que aparecían con infecciones cutáneas y eran inmediatamente rezagados de la comunidad. Una vez pasaban estas infecciones las personas debían presentarse al sacerdote para que éste les diera una certificación que les permitiera integrarse a la sociedad (Lev 14). Jesús, como si ya estuvieran curados, les ordenó que fueran a presentarse al sacerdote, el cual representaba la institución religiosa de Israel.

Aquí aparece de nuevo el camino como medio de salvación: “Mientras iban de camino quedaron limpios” (v. 14b). De los diez, nueve siguieron la tradición judía de presentarse al sacerdote. Sólo uno, el samaritano, el hereje, el heterodoxo, volvió para dar gracias y postrarse a los pies de Jesús. He aquí el punto central de este evangelio: El lugar para el encuentro con Dios ya no es la institución judía. El templo, manejado por los sacerdotes y demás bandidos con licencia para alienar y explotar, había llegado a un nivel de corrupción que era totalmente contrario al Dios revelado en la historia de salvación. Por eso el Evangelio propone que en adelante, el verdadero encuentro con Dios debía darse siguiendo el camino de Jesús.

Este evangelio tiene que ayudarnos a mirar nuestras comunidades eclesiales. Hay que reconocer con humildad que en muchas ocasiones nuestra Iglesia se ha parecido más al templo de Jerusalén que al camino de Jesús. Hay que reconocer que en muchos sectores de la Iglesia, las cosas funcionan no precisamente por un deseo sincero de seguir a Jesús y de apostarle a su causa sino por anhelos de poder. Hay que reconocer que muchos teólogos y pensadores cristianos que se han tomado el atrevimiento de rescatar al Jesús vivo y su causa salvífica, han terminado vetados de sus cátedras, suspendidos de sus ministerios y señalados como heterodoxos, cismáticos y peligrosos enemigos de la fe.

Nuestro amor por la Iglesia no puede llevarnos a ocultar esta realidad que la carcome y que mucha gente conoce. Nuestro amor por la Iglesia tiene que ayudarnos a amarla como a la Madre que nos transmitió la vida en Cristo, pero también a ejercer nuestro derecho y deber a la crítica constructiva. Mucha gente critica mordazmente a la Iglesia desde fuera, con el afán de desprestigiarla y convertirla en el chivo expiatorio de todos los males nuestra sociedad. De esa crítica tenemos que cuidarnos y defendernos, reconociendo que en muchos sectores nuestra institución eclesial despierta odios y desprecios por los errores históricos no asumidos, y por la terquedad de muchos de nuestros hermanos.

Tenemos que auspiciar la crítica al interior de nuestras comunidades eclesiales. “Una institución, por más divina que pretenda ser, si tiene la desgracia de que sus responsables y dirigentes no toleran el disenso y la crítica, es una institución condenada a reproducir incesantemente lo peor que hay en ella”[1]. Además de una crítica constructiva a la luz del Evangelio, necesitamos trabajar unidos para hacer que nuestra Madre Iglesia sea cada día más fiel a Jesús y permita que sus hijos sigan libremente al maestro de Nazaret. Una Iglesia que brinde espacios vinculantes para encontrarnos con el Dios vivo. Una Iglesia con estructuras y disciplinas que ayuden a hacer realidad el Reino de Dios. Una Iglesia de verdadera comunión y participación, discípula y apóstol de aquel que tiene la capacidad de sanar las lepras que destruyen la vida humana.

 

Oración

Oh Dios que eres Padre y Madre, te damos gracias porque nos permites acercarnos a tu Palabra y conocer tu voluntad salvífica. Te glorificamos porque nos permites experimentar cada día tu presencia maravillosa en medio del acontecer cotidiano y en estos momentos especiales de oración comunitaria y de interiorización personal. Te bendecimos porque tu presencia misteriosa nos llena de plenitud y de vida en lo profundo de nuestro ser y nos capacita para servir, para amar y para vivir en plenitud, como auténticos hijos de tuyos.

Hoy Padre y Madre, te pedimos perdón porque por momentos nos hemos convertido en despreciadores de quienes consideramos leprosos de nuestro tiempo. Tal vez de quienes vemos como más pecadores, herejes, ateos, alejados… de tantos marginados por diversas causas. Te manifestamos nuestro deseo de ser purificados de tantas realidades negativas que enturbian nuestra vida y no nos permiten ser auténticos hijos tuyos. Te abrimos nuestra vida para que la gracia de tu Espíritu nos limpie, nos transforme, nos convierta desde lo profundo de nuestro ser en mejores seres humanos a imagen y semejanza tuya.

Te pedimos que nos ayudes a asumir con autenticidad el camino de Jesús. Que todas nuestras estructuras eclesiales y nuestra estructura interna como seres humanos, estén empapadas del Espíritu con el cual Jesús caminaba construyendo la justicia del Reino. Danos la fortaleza para romper todas la barreras que nos separan y una gran capacidad para acoger con amor y construir juntos una humanidad en la cual podamos ser verdaderos hermanos. Llénanos de tu presencia inefable y de tu energía transformante. Colma con tu plenitud los anhelos más profundos de nuestros corazones, según tu voluntad. Todo te lo pedimos a ti que vives y haces vivir por los siglos de los siglos. Amén.

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[1] CASTILLO José María, El disfraz de Carnaval. Desclee de Brouwer. Bilbao 2006. 18.

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Moniciones para el XXVIII Domigo del Tiempo Ordinario- Ciclo C

Enlace permanente 4 de Octubre, 2010, 8:39

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario-Ciclo C

XXVIII Domingo

                                               Los milagros, signos del Reino

Lecturas:

-          1ra lect.: II Reyes 5, 14-17

-          Sal 97

-          2da lect.: II Timoteo 2, 8-13

-          Evangelio: 17, 11-19 

 

Monición de entrada

 

Buenos, días, (tardes, noches). La liturgia de hoy, tanto como en la celebración de la palabra, como en el sacrificio mismo, nos habla del agradecimiento. Nosotros molestamos mucho, insistimos para que  se nos preste un servicio.  Sin embargo, no somos muy generosos en el agradecimiento. Como cristianos nos podemos llamar los "eternos limosneros" porque nuestras oraciones son, en su mayoría de petición. La liturgia de hoy nos presenta el agradecimiento de dos hombres por el don recibido que revela la calidad de su corazón. Aprendamos la lección, celebrando con entusiasmo la Eucaristía de hoy. Puestos de pie, cantamos con alegría y entusiasmo.

 

Primera lectura: II Reyes 5, 14-17 (Naamán, el sirio, es curado de la lepra por Eliseo)

 

La primera lectura está tomada del segundo libro de los Reyes. Este texto nos presenta la curación del leproso Naamán, quien no era del pueblo de Israel. Dios se lo manifestó en el "milagro" y este pagano supo responder con gran agradecimiento a Dios. Escuchemos con atención este interesante relato.

 

Segunda lectura: II Timoteo 2, 8-13 (Si perseveramos, reinaremos con Cristo)

 

Pablo, en la segunda lectura de hoy anima a su discípulo Timoteo a cumplir su misión con valor y fidelidad. Dios nos ha dado una vida que no puede estar encadenada por ninguna fuerza de la tierra.  Escuchen atentos.

 

Tercera lectura: Lucas 17, 11-19   (Curación de diez leprosos por Jesús)

 

El evangelio según san Lucas nos presenta el relato de la curación de los diez leprosos. Una vez más vemos que las bendiciones de Dios alcanzan a todos los seres humanos. Los curados fueron diez en total. De éstos, sólo el samaritano, el extranjero, regresó para manifestar al Señor su agradecimiento por la curación. Vamos a continuación a escuchar la Buena Nueva, pónganse de pie, por favor, para entonar el Aleluya.

 

Oración Universal:

  1. Por el Papa Benedicto XVI: para que Dios le dé su Espíritu de sabiduría y así pueda fortalecer a la Iglesia en el amor y en la unidad.  Roguemos al Señor.

  2. Por las naciones ricas: para que sientan el deber de compartir sus recursos con los pueblos más necesitados.  Roguemos al Señor.

  3. Por los pobres de este mundo, los que sufren, los que lloran, los perseguidos, los que padecen soledad y abandono: para que en el fondo de su corazón puedan escuchar “dichos ustedes” y confíen en Dios.  Roguemos al Señor.

  4. Por los jóvenes de nuestras comunidades y parroquia: para que puedan responder con generosidad a la llamada del Señor a entregar sus vidas en la vida religiosa y sacerdotal.  Roguemos al Señor.

  5. Por nosotros, aquí reunidos: para que no caigamos en la tentación de bastarnos a nosotros mismos y nos fiemos de la palabra de Cristo.  Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 584)

 

Te bendecimos, Padre, porque Jesús curando a los enfermos,

mostró tu predilección por todos los marginados de la vida

y cambió el llanto de los pobres en cantos de liberación.

Con sus milagros inauguró la liberación que trae el reino de Dios

para el hombre que tú amas locamente con ternura de padre.

 

Cada sanación de Cristo nos habla de corazón sensible

y nos confirma en la llegada a nosotros de tu reino y de tu amor.

Su ejemplo nos estimula a hacer nuestro los gozos y esperanzas,

las tristezas y angustias de los hombres, nuestros hermanos,

especialmente de los más pobres y de cuantos sufren en el mundo.

Haznos un sitio, Señor, a todos en la fiesta de tu reino. 

 

Amén.

 

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