Scalando : Misioneros Redentoristas

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Diciembre del 2013

 

Moniciones: IV Domingo de Aviento Ciclo A

Enlace permanente 19 de Diciembre, 2013, 22:09

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo de ADVIENTO-Ciclo A  "La figura silenciosa del Adviento"

 

IV Domingo

Monición de entrada

Nos estamos acercando a la importante celebración del nacimiento de Jesús. La Palabra Bíblica nos invita hoy a contemplar la grandeza de un Dios que se hace una persona como nosotros, para mostrarnos su salvación, su compasión y su liberación. El niño pequeño que nace en Belén se convierte para el pueblo oprimido y creyente en signo de la cercanía de Dios que quiere mostrarnos su vida y su salvación. Quiera Dios que esta celebración nos ayude a prepararnos adecuadamente para la celebración de la Navidad

Primera lectura: Isaías 7, 10-14 (La virgen está encinta)

Hacia la segunda mitad del siglo 8° a.C. el reino de Judá, en tiempos del rey Ajaz (736-716 a.C.), estaba siendo amenazado de destrucción por el imperio Asirio. El rey del Norte, Israel, y el rey de Aram invitan a Ajaz a unirse en contra del imperio asirio. El profeta Isaías invita a confiar en Dios quien se ha comprometido a salvar a su pueblo. Como prueba de esa salvación se le enviará una señal: una muchacha –la esposa del rey Ajaz- está embarazada y dará a luz a un niño que lleva por nombre Emmanuel (Dios con nosotros). El rey confió en la promesa del Señor y su territorio no fue destruido en esa ocasión.

Segunda lectura: (Romanos 1, 1-7 (Jesucristo, de la estirpe de David e Hijo de Dios)

El texto que leemos a continuación es el inicio de la carta de Pablo a las y los cristianos de Roma. En éste se nos habla de la vocación que Pablo recibió como apóstol y servidor del proyecto del pueblo del Dios liberador para realizar la misión de anunciar el Evangelio a los paganos. Ese anuncio permitirá el surgimiento de nuevas comunidades cristianas formadas por personas llamadas a vivir según los valores del amor y la justicia propuestos en el evangelio de Jesús.

Tercera lectura: Mateo 1, 18-24(Las dudas de José el justo)

La siguiente lectura nos narra cómo ocurrió la encarnación de Jesús y su nacimiento. También nos describe la actitud de José, el esposo de María, que supo aceptar que su prometida quedase embarazada por obra del Espíritu Santo. Finalmente, el texto nos dice que así se ha cumplido la profecía sobre el Emmanuel, el Dios con nosotros, del profeta Isaías que hemos oído en la primera lectura.

 

Oración Universal:

Después de cada pausa respondan, por favor: Ven pronto, Señor, ven que te esperamos.

1. Para que todos los seres humanos del mundo nos abramos a la buena noticia de que Dios está con nosotros porque nos ama y nos quiere liberar. Roguemos

2. Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una vivencia intensa del misterio de la navidad. Roguemos...

3. Para que reconozcamos a María como la mujer símbolo de la humanidad salvada, abierta totalmente a la Palabra y comprometida radicalmente con un Proyecto de salvación-liberación. Roguemos...

4. Para que la celebración de estas fiestas de navidad sean expresión de fraternidad, afecto y reconciliación duraderas; de justicia y paz entre todas las personas, pueblos y naciones.  Roguemos

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 31)

 

En  el umbral de tu inminente venida, Señor, el gozo,

el asombro y la alabanza inundan hoy nuestro corazón,

como el de san José, la figura silenciosa del adviento.

 

Tu salvación, Señor, está ya cerca de tus fieles

y tu gloria habitará en nuestro árido planeta Tierra.

Tu misericordia y tu fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan, mientras tu bendición brota

Pujante en nuestro suelo, mullido por la lluvia de lo Alto.

 

Gracias, Señor, por tanta bonanza de tu amor.

mantén alerta nuestra fe en la radiante oscuridad de tu noche,

porque ya está a la vista el Dios-con-nosotros.  ¡Aleluya!

 

Amén.

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

 

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En camino: IV Domingo de Adviento Ciclo A

Enlace permanente 19 de Diciembre, 2013, 21:55

Camino de FE: comentando la Palabra

Por Neptalí Díaz Villán CSsR. 

 

Tiempo de ADVIENTO-Ciclo A

IV Domingo

Una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo

El espíritu profético y profundamente comprometido de Isaías le permitió conocer la dura situación del pueblo. Como empleado del palacio conoció los pormenores del rey Acaz y su cohorte, y se decepcionó especialmente con sus derroches (que contrastaban con la cruda realidad de la gente), así como con sus alianzas con los vecinos para defenderse de las amenazas del Reino del norte.

Recordemos que para ésta época Israel estaba dividido en el Reino del Norte y el Reino del Sur. Corría aproximadamente el año 736 a.C., cuando los pueblos de Aram y el de Israel (Reino del Norte, con su capital Samaría), invadieron a Judea, o Reino del Sur cuya capital era Jerusalén. Rasín, rey de Aram y Pecaj, el hijo de Romelía (llamado también Efraím – 7,9), rey de Israel, pretendían obligar a Acaz, rey de Judea, a enfrentar la amenaza Asiria, la nación más poderosa que sometía en ese momento a todos los pueblos del Medio Oriente. Acaz no quiso unirse a Rasín y Pecaj, sino que por el contrario, llamó a los Asirios para enfrentar esa situación. En todo esto Acaz no tuvo en cuenta a Dios que se había comprometido con el pueblo y sus líderes, con la condición de que buscaran la justicia y el derecho. El rey debía confiar en la alianza y en la protección de Yahvé, pero no lo hizo. Por eso Isaías le reclamó a Acaz su falta de compromiso con el pueblo y su falta de confianza en Dios.

En medio del miedo por la amenaza del Reino del Norte con sus aliados y también con los Asirios en quienes habían buscado protección, y que seguramente tarde o temprano pasarían la cuenta de cobro, el profeta anunció un pequeño oráculo: “Miren: una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo; y el nombre que le pondrá será Emmanuel”.

No podemos afirmar ingenuamente que Isaías estuviera pensando en María y en la encarnación del Verbo, cuando escribió este oráculo. Es posible que este oráculo se lo haya dedicado a su joven esposa en embarazo. Otros exegetas dicen que posiblemente se lo haya dedicado a alguna de las jóvenes esposas del rey Acaz. Bien sea que se lo haya dedicado a su esposa o a alguna de las esposas del Rey, el oráculo busca alimentar la esperanza del pueblo y animarlo a poner toda su confianza en Dios, que sigue siempre fiel a sus promesas. En medio de la inseguridad y del miedo por la guerra y sus estragos dolorosos, la solución a esos problemas se va gestando, como lo hace un niño en el vientre de su joven madre.

Con el tiempo se fue gestando en el pueblo la esperanza de un Mesías, descendiente de David, que asumiera sus destinos, hiciera justicia y lo liberara de todos sus enemigos. En general, las mujeres primerizas embarazadas guardaban la esperanza de que en su vientre se estuviera gestando el Mesías, y por eso se cuidaban con especial atención. María seguramente no fue la excepción.

El fragmento del Evangelio que leemos hoy, según la comunidad de Mateo, es una confesión de fe en Jesús el Cristo. El texto confiesa su experiencia con Jesús y anuncia que en Él se cumplen todas las esperanzas del pueblo a lo largo de los años. Que Él es el Emmanuel, el ungido del Señor, el Hijo del hombre (según lo anuncia el profeta Daniel). El evangelista se esfuerza por demostrarlo a lo largo de su escrito.

El Evangelio no presenta una verdad histórica sino una experiencia de fe, es decir, una verdad teológica. Históricamente Jesús fue engendrado, nació y creció en el más completo anonimato, como solía pasar con los pobres de Israel y como suele pasar con los pobres de nuestro tiempo. No hubo testigos oculares del hecho. Lo más real fue el acontecer histórico y mesiánico de Jesús. Los primeros discípulos y discípulas tuvieron la experiencia con el Jesús que vivió, caminó, comió, sufrió y lloró con ellos. Primero, vivieron la fascinante y desafiante experiencia de caminar con el hombre de Nazaret. Luego, sufrieron su aplastante derrota de la cruz y, finalmente, participaron de su gloria inmarcesible con la resurrección, experiencia con la cual confirmaron que ese hombre era el Mesías. Que en él se cumplían todas las promesas de los profetas y las esperanzas de la humanidad.

No podemos afirmar que históricamente Isaías haya anunciado el oráculo pensando en María y en Jesús. Pero sí podemos afirmar que el Evangelio de Mateo confiesa que ese hombre que hizo historia con sus amigos, ese mismo que mataron, que Dios resucitó y que sigue haciendo historia en Espíritu y verdad en sus comunidades, es el Emmanuel, el Dios con nosotros.

El tema de la concepción virginal es nuevo en la literatura bíblica. Todas las concepciones prodigiosas en el Primer Testamento son de mujeres estériles. ¿Por qué el de Jesús lo presentaron de esa manera? Los evangelistas siempre muestran que Jesús está por encima de todos los personajes del Primer Testamento. Es posible que la idea haya sido tomada de alguna de las tradiciones religiosas de Egipto o Grecia, en las cuales los dioses engendran doncellas[1]. Es posible que se haya puesto como una forma de manifestar la grandeza de de Jesús el Cristo. Muchos judíos pensaban que el origen del Mesías habría de ser muy extraordinario y ya antes de Jesús la traducción de la Biblia a lengua griega había reemplazado el término `doncella´, utilizado por Isaías, por el de ´virgen`, utilizado después por Mateo. Por eso Mateo y Lucas, los únicos evangelistas que presentan algo de la infancia de Jesús, aprovecharon todo ese material y presentaron a Jesús concebido virginalmente como una manifestación fehaciente de su mesianismo. Lo que haría posible dicha concepción fue la acción del Espíritu Santo, para decir que desde el principio Jesús vivió movido por el Espíritu y obró íntimamente unido a Dios, su Padre.

Aunque no es central, otra figura que resalta el Evangelio de hoy es la de José. Según el texto, María estaba desposada con él, pero aún no vivían juntos. La tradición judía daba un período que llamaban desposorio o compromiso matrimonial, período que podía durar de seis meses a un año. Tiempo prudente para que el esposo construyera su casa y acondicionara su campo o lugar de trabajo donde recibiría a su esposa. Durante ese tiempo la novia-esposa vivía en su casa paterna a órdenes de su padre hasta que pasara a órdenes de su esposo, quien sería su nuevo ´amo`. Esta promesa de matrimonio exigía completa fidelidad y cualquier acto de infidelidad debía ser castigado tal como lo determina la Ley de Moisés; en este caso la lapidación. En el caso de que la prometida saliera en embarazo de su prometido, la cosa se veía como algo muy normal.

El Evangelio dice que María resultó embarazada por obra del Espíritu Santo. Eso, sin duda, haría saltar las dudas en la mente de José, además de su tristeza y desolación. José era un hombre justo, dice Mateo. Si justicia fuera para el Evangelio solamente cumplir la Ley a cabalidad, José habría debido denunciarla para que María recibiera el castigo merecido. Porque a una pobre mujer de Nazaret no le iban a creer que su hijo era del Espíritu Santo. Pero no lo hizo, en cambio, decidió repudiarla en secreto para evitarle a María el castigo prescrito por la Ley. José se limitó a cumplir la Ley y a descargar su dolor y su rabia con la muerte de una mujer débil. José le dejó espacio a Dios para que con el tiempo le fuera indicando su ser y quehacer en ese momento de su historia. Dios se le manifestó y él supo escuchar su voz. Comprendió que Dios le daba una misión, la aceptó y la realizó con gozo. Puso a disposición de Dios su libertad y voluntad humana, supo descubrir el plan de Dios para su vida y para la humanidad, y dispuso toda su vida para que se hiciera realidad. El silencio y la aceptación de José son un testimonio de entrega total al proyecto salvador de Dios, sobre todo para nosotros hoy que con mucha frecuencia pretendemos darle lecciones a Dios e indicarle cómo debe actuar. María, con su silencio y su aceptación gozosa de los planes de Dios, nos sigue acompañando y animando en el camino de Jesús.

Ad portas de la Navidad, somos invitados a abrir la mente y el corazón a los planes de Dios como lo hicieron José y María. A entrar en diálogo con Dios que se manifiesta en nuestra vida, nos cuestiona, nos interpela y nos propone un plan de salvación. Somos invitados a experimentar al Emmanuel, al Verbo que se hizo carne y puso su tienda entre nosotros para acompañarnos en nuestro éxodo salvífico hacia la consumación plena del Reino de Dios.


[1] “Cuando Mahoma el fundador del Islán tenía tres años de edad, el mismo ángel Gabriel lo recostó en la tierra, abrió su pecho sin causarle dolor, sacó su corazón, lo limpió del pecado original, lo llenó de fe, conocimiento y luz, volvió a colocarlo en su seno y la piel quedó lista e intocada… Saturno mutiló con una guadaña de diamantes a su padre, de cuya herida brotó la sangre que fecundó la blanca espuma del mar de la que nació Venus, diosa del amor. Coatlicue, la deidad de las enaguas de serpientes, encontró un día un ovillo de plumas que guardó en su ceñidor y quedó entonces en cinta de Huitzilopochtli sin el concurso de varón. Buda fue también concebido por una madre virgen, tras haber esta soñado que el futuro Gautama entraba en su seno bajo la forma de un elefante blanco y, cuando nació, las aguas del mar perdieron su sabor salobre. Acristo encerró a su Dánae en un torre, para alejarla del amor, pero Júpiter, el dios más poderoso del Olimpo, se transformó en lluvia de oro para fecundarla y engendrar a Perseo...” (DEL PASO Fernando, Religión y educación, en: Agenda Latinoamericana 2003)

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Moniciones: iii Domingo de Adviento Ciclo A

Enlace permanente 12 de Diciembre, 2013, 22:23

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 
Tiempo de ADVIENTO-Ciclo A

III Domingo

Monición de entrada

Hoy nos encontramos en el tercer domingo de Adviento.  El profeta Isaías nos describe la venida del Mesías que salva a los pobres e introduce la era de la alegría.  Nosotros, los que vivimos en este tiempo, tiempo de gracia, somos aún más bienaventurados que aquellos que se prepararon para su primera venida.  Celebremos esta Eucaristía en el espíritu del Adviento.  De pie, por favor, para recibir a los ministros cantando con alegría.

Primera lectura: Isaías 35, 1-6a.10 (Dios vendrá y nos salvará)

El pasaje de Isaías, de quien se toma la primera lectura de hoy, es un canto a la alegría, exultación desbordante ante la proximidad del Nuevo Éxodo.  El desierto lo veremos florecer.  El pueblo de Dios no tendrá nada que temer porque todos serán salvados.  Presten atención a este mensaje lleno de alegría y confianza.

Segunda lectura: (Santiago 5, 7-10 (Manténganse firmes: el Señor está cerca)

En la segunda lectura, tomada de la carta del apóstol Santiago, se nos invita a revestirnos de paciencia.  Mientras luchamos contra las injusticias, los cristianos levantan los ojos al cielo hasta que Dios remedie nuestra situación cuando aparezca como juez.  Como el labrador espera pacientemente las lluvias y su cosecha, así nosotros debemos esperar la segunda venida del Señor.

Tercera lectura: Mateo 24, 37-44(¿Eres tú el que ha de venir?)

En el Evangelio de hoy Juan Bautista, prisionero en la cárcel, envía a algunos de sus discípulos a preguntarle a Jesús, si es Él el Mesías o no.  La respuesta del Maestro es indirecta: hace referencia a lo que Él hace y dice, que es, precisamente, lo que se espera que suceda en los días del Mesías: los ciegos ven, los sordos oyen y los cojos andan.  Nos ponemos de pie para escuchar este escalofriante mensaje del Señor.

Oración Universal:

Después de cada pausa respondan, por favor: Quédate con nosotros, Señor.

  1. Por la Iglesia, para que a tiempo y en todo momento propague la construcción del Reino de Dios.
  1. Por los gobernantes, especialmente los de nuestra nación, para que en todo momento cumplan con fidelidad las promesas que hacen a sus pueblos.
  1. Por nosotros, los aquí reunidos, en torno al banquete de la Eucaristía, para que nos llenemos de alegría y paciencia cuando preparamos nuestros hogares y a nosotros mismos para la próxima fiesta de Navidad.

 

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 28)

 

Te glorificamos, Cristo Redentor, porque tú eres

nuestra única esperanza y salvación en este bajo mundo.

¿A quién iremos?  Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

Somos dichosos porque no nos sentimos defraudados por ti.

 

Haznos, Señor, creyentes invulnerables al desencanto:

de fe robusta, esperanza alegre y caridad ardiente,

siempre en camino, que ni se duermen ni se venden,

ardiendo como lámpara inagotable al servicio de la vida,

del amor, de los derechos humanos y de los pobres,

con la vista fija en el reino de Dios que apunta en adviento

como fermento de conversión personal y cambio estructural.

 

Amén.

 

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En Camino: iii Domingo de Adviento Ciclo A

Enlace permanente 12 de Diciembre, 2013, 22:08

Camino de FE: comentando la Palabra

Por Neptalí Díaz Villán CSsR. 

 
Tiempo de ADVIENTO-Ciclo A

III Domingo

Renace la esperanza de la paz

Los profetas en Israel, entre otras cosas, ayudaban a que el pueblo tomara conciencia del momento histórico por el que pasaban. Cuando se trataba de situaciones críticas, debían hacer ver las fallas que había en los actos humanos para que esa situación se diera, no para acomplejarlos y obligarlos a aceptar las desgracias como un castigo de Dios, sino para buscar la solución. Una vez denunciado, a los responsables de la crisis los profetas les anunciaban la fidelidad de Dios con su pueblo y alimentaban la esperanza para que todos se comprometieran y trabajaran decididamente para superarla. En otras palabras: hacían ver la situación de desierto, las razones por las cuales pasaban por el desierto, y anunciaban cómo Dios convertiría ese desierto en un campo alegre lleno de flores y de júbilo (Is 35,1).

La literatura, el folklore, la música y demás elementos culturales manifiestan y alimentan el espíritu de un pueblo. En nuestros pueblos tenemos muchas manifestaciones culturales que nos identifican, nos enorgullecen y nos hacen crecer como seres humanos. Aunque hay también algunas expresiones culturales, algunas canciones populares en la cuales se expresa una frustración fatal y un sinsentido total de la existencia. Canciones que sólo invitan a emborracharse y a perder el sentido, a tomar para olvidar, a odiar, a vengarse, a engañar e incluso a matar: canciones como esta: “A este mundo vive uno es a sufrir… y si el mar se convirtiera en aguardiente, me lanzaría para morirme borracho…” Hay más: “La liberación solo es para las ricas, porque las pobres estamos en la olleta. Maldito el día en que me casé con este sinvergüenza que me tiene jodida”: Y este otro “Ella se fue, me abandonó y destrozó mi corazón. Esta noche quiero beber hasta morir, es que me duele el corazón por la traición de esa mujer. Por eso quiero tomar hasta… no sé qué hacer…” Qué tal esta: “Cuando me muera levanten un cruz de marihuana, con diez botellas de vino y cien barajas clavadas, al fin que fue mi destino andar en las sendas malas…sobre mi tumba levanten una cruz de marihuana, no quiero llanto ni rezo, tampoco tierra sagrada. Que me entierren en sierra con leones de mi manada…” ¡Y qué tal esta perla!: “En una cantina lo encontré, en una cantina lo perdí. Hoy voy de cantina en cantina, buscando al ingrato que me abandonó. Si no me querés te corto la cara con una cuchilla de esas de afeitar. El día de la boda te doy puñaladas, te arranco el ombligo y mato a tu mamá”… Ni hablar del reggaeton y su lenguaje vulgar y denigrante: “Si tu me calientas, si tu me provocas, vas a tener que aguantar, mami… te voy a dar duro”. Por no mencionar otras peores… Este tipo de literatura afecta negativamente el inconciente de las personas y de las sociedades. Hay niños que crecen escuchando y tarareando este tipo de música… ¡Ojalá seamos muy cuidadosos con nuestros hijos!

Nosotros como personas o como comunidad, pasamos por momentos de desierto. A veces vivimos crisis de tipo económico, emocional, efectivo, familiar, social, político, etc. Pero con nuestro esfuerzo y animados por la gracia de Dios, podemos sobreponernos a todo. Tenemos la capacidad de superar el subdesarrollo económico, científico, cultural, político y religioso, así como la dependencia y la infantilidad que nos lleva a entregarle nuestra libertad a un caudillo, cualquiera que sea y en nombre de quien sea.

El fragmento de Isaías que leemos hoy quiere animar al pueblo para que en medio del caos generado por el destierro en Babilonia, ponga su confianza en la acción salvadora de Dios y trabaje para transformar su realidad. Porque ese Dios que creo todas las cosas a partir de la nada, que puso orden donde todo era caos y que dio la libertad a su pueblo arrancándolo del poder de Faraón y conduciéndolo por un inmenso desierto, rescatará a su pueblo, esta vez de la mano de los Babilonios, y lo devolverá a su tierra. “Rescatados por el Señor, volverán del destierro y entrarán a Sión con gritos de júbilo. Se abre paso la perpetua alegría, el gozo desbordado los inunda, y quedan atrás el pesar y la tristeza.” (Is 35,10).

***- ***

Para este mismo anhelo utópico de la paz y la alegría perpetua, Santiago (en la segunda lectura) nos invita a vivir en esperanza con la paciencia del agricultor. El agricultor hace su trabajo: limpia el terreno, siembra en buena temporada, riega y cuida, pero debe esperar a que la semilla germine por sí misma y a que el sol abrace la planta y le de la energía precisa. Una vez hecho su trabajo, no le queda otra cosa sino esperar con paciencia a que con el tiempo pueda recoger los frutos. A nosotros nos corresponde hacer el trabajo con mucho cuidado y dedicación. Debemos ocuparnos de aquello que podemos hacer. Lo que no podemos hacer es preciso dejárselo al tiempo y sobre todo a Dios, en cuyas manos está nuestra historia.

***- ***

Generalmente los pobres reciben malas noticias: que el niño se enfermó y no tienen para el médico. Que cortaron algún servicio como la luz, el agua, el teléfono o el gas, porque este mes no alcanzó para pagar todo. Que el colegio público donde estudiaba la muchacha lo cerraron por falta de presupuesto y que al más grandecito, el que vende dulces en el semáforo de la 46, junto a la catedral, lo atracaron y le robaron el plante. En ciertas temporadas los pobres son protagonistas de la noticia porque se desbordó el río y se metió al barrio subnormal, porque el terremoto destruyó su casa y las ayudas internacionales se perdieron por el camino o porque el huracán les dañó los cultivos que con tanto esfuerzo habían sembrado. Ellos no entienden qué es eso del calentamiento global, la capa de ozono, la biosfera y la estratosfera, pero son quienes más sufren los estragos causados especialmente por quienes comen solos y ensucian a todos, como afirmaba un curtido anciano en su sabiduría popular.

El caso colombiano es uno de los más conocidos en Latinoamérica por ser uno de los más graves. En Colombia se vive hoy una de las crisis humanitarias más grandes de toda su historia, superada tan sólo por la invasión y colonización española y su respectiva tragedia para los pueblos aborígenes. A muchos pequeños propietarios que tenían sus tierras los mataron, a otros los intimidaron y les dieron una fatídica noticia de parte de un grupo paramilitar: “En 2 horas deben abandonar la zona; de lo contrario no respondemos…”  ¿Por qué? Hay muchos motivos: unas veces se da porque un terrateniente necesita agrandar su finca, porque en la zona encontraron petróleo, oro, gas o carbón y la multinacional exige la zona libre de “problemas”, porque se va a construir una troncal y no quieren pagar indemnizaciones… Para los grupos armados (guerrilleros o paramilitares) la cuestión es muy simple: “Eran colaboradores del otro bando y por lo tanto se convirtieron en objetivo militar.”[1].

Ante la pregunta de los discípulos de Juan sobre el posible mesianismo de Jesús, Él no respondió con teorías. Los invitó a que vieran las obras: “los ciegos recobran la vista, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios de su enfermedad, y los sordos oyen; resucitan los muertos, y a los pobres se les anuncia la buena noticia.” Jesús siempre manifiesta su obra salvadora por medio de signos liberadores. El Reino de Dios inaugurado por Jesús, se hace realidad cuando con su presencia vivimos una experiencia profunda de liberación física, psicológica, emocional, social y espiritual.

¿Hemos experimentado la liberación de Jesucristo en nuestra propia carne? ¿Somos nosotros buena noticia para los demás, especialmente para los pobres o nos escandalizamos de quienes, como Jesús, hacen la opción fundamental de trabajar con y por los pobres? “Bienaventurado aquel que no escandaliza de mí” (Mt 11,6).


[1] En los últimos años en Colombia han sido desplazados más de 4 millones de personas. El Tribunal internacional de opinión sobre el desplazamiento forzado en Colombia (nov 21-23 de 2007), condenó por acción directa y por conductas omisivas al Estado y al gobierno colombiano y a sus agentes. A las compañías multinacionales con asiento en Colombia como operadores de la imposición de un modelo económico que garantiza el saqueo de recursos naturales de propiedad de la nación, por utilizar a militares y paramilitares, mercenarios, miembros de la policía y de los servicios de inteligencia del Estado, como agentes del desplazamiento forzado. Así mismo condenó a los gobiernos de países como Estado Unidos, Canadá, Inglaterra, Suiza, España, Israel,  Sudáfrica  y la Unión Europea por proporcionar ayuda militar a los gobiernos de Colombia, por permitir que compañías multinacionales de estos países financien directamente las operaciones militares y paramilitares, que desplazan a millones de colombianos y colombianas para “garantizar”  la operación de estas en el territorio nacional. Ver más información en: www.bandatoscaribe.org

 

 

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Moniciones: II Domingo de Adviento Cicl A

Enlace permanente 5 de Diciembre, 2013, 18:25

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 
Tiempo de ADVIENTO-Ciclo A

II Domingo

Monición de entrada

(El monitor deber dar un saludo espontáneo a la comunidad).  En este segundo domingo de adviento, la Iglesia nos presenta a Juan Bautista, llamándonos a la conversión de corazón. Mientras que el mensaje de Juan es severo, el profeta Isaías, en la primera lectura, nos presenta un rey ideal dotado de los dones del espíritu y cuyo reinado nos traerá la paz y la justicia. Nosotros los cristianos, sabemos en fe, que Cristo vino a este mundo y que constantemente nos ofrece sus dones. Abramos nuestros corazones para recibirlo ahora, en la celebración de la Eucaristía.   De pie, por favor.

 

Primera lectura: Is 11, 1-10 (Con equidad dará sentencia al pobre)

 

La primera lectura nos relata una de las grandes profecías mesiánicas de Isaías. El mesías, como verdadero y justo rey, está dotado del espíritu de Yavé y posee sus dones. Él será un  nuevo brote que nace de una raíz vieja para darnos nueva vida, precisamente en este adviento. Presten atención.

 

Segunda lectura: Rom 15, 4-9 (Cristo salvó a todos los hombres)

Con mucha frecuencia llamamos el Adviento “el tiempo de espera gozosa”.  En la segunda lectura San Pablo ruega que las sagradas escrituras nos sirvan de estímulo y que este estímulo junto con la venida de Cristo fortalezcan nuestra esperanza mientras aguardamos la segunda venida de Cristo Jesús.  Debemos estar todos tan unidos mentalmente que tengamos un solo pensamiento y una sola voz para dar gloria a Dios.  Presten atención a este mensaje paulino.

 

Tercera lectura: Mt 3, 1-12 (Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos)

 

En el evangelio según san Mateo, San Juan Bautista entra en escena como predicador penitencial. La conversión que él exige es un cambio radical en la relación del individuo con Dios. El motivo de esta exigencia es la próxima venida del reino de Dios. De pie por favor, para escuchar el texto evangélico de hoy.

 

Oración Universal:

Después de cada pausa, respondan por favor: Ven, Señor Jesús.

  1. Por la Iglesia, extendida en el mundo: para que viva en actitud constante de pobreza y de servicio.  Roguemos al Señor.
  2. Por los hombres que no han recibido la Buena Noticia: para que la solidaridad de las comunidades cristianas los disponga para acoger más fácilmente a Cristo Jesús, el Salvador.  Roguemos al Señor.
  3. Por la justicia y la paz del mundo: para que los egoísmos y los intereses cedan el paso a una fraternidad verdadera.  Roguemos al Señor.
  4. Por todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu y por cuantos se encuentran en mayor necesidad: para que experimenten los bienes que nos ha traído Jesús, a través de la caridad generosa de los hermanos.  Roguemos al Señor.
  5. Por todos nosotros, reunidos en torno al altar: para que mantengamos una actitud de espera vigilante y serena ante la venida de Cristo Jesús.  Roguemos al Señor.

 

Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 2)

 

Señor, en este domingo de adviento nos reconocemos

pobres, miserables y pecadores ante ti y ante los hermanos.

Nos creemos los mejores, nos vemos superiores a los demás,

contabilizamos nuestros méritos, vivimos autosatisfechos

y decimos estar ya convertidos del todo.  ¡Cuanta mentira!

 

Ábrenos los ojos, Señor, para que nos veamos comos somos:

egoístas, cobardes, rebosantes de complejos y apatía,

repelentes de soberbia y envidia, insolidarios, falsos,

injustos, agresivos, perezosos, materialistas y sensuales.

 

Conviértenos, Señor, de tanta hipocresía estúpida

a una sensatez humilde, para dar frutos de conversión.

 

Amén.

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Comunícate conmigo: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Homilía II Domingo de Adviento Ciclo A

Enlace permanente 5 de Diciembre, 2013, 18:12

Camino de FE: comentando la Palabra

Por Neptalí Díaz Villán CSsR. 

 
Tiempo de ADVIENTO-Ciclo A

II Domingo

Esperaban un rey

La monarquía no fue propiamente el proyecto original de Israel como pueblo. Israel nació a partir de unos grupos que sufrían la esclavitud o la exclusión generada por el sistema monárquico, escaparon a las montañas y construyeron pueblo con un sistema distinto: el sistema tribal (las 12 tribus). La monarquía apareció luego para satisfacer el ansia de poder de ganaderos, quienes aprovecharon la crisis social que se vivía por la corrupción de los jueces e impusieron a Saúl como rey. “Río revuelto ganancia de pescadores”, decían nuestros viejos. El retorno al viejo sistema monárquico del cual el pueblo había escapado con tanto esfuerzo fue visto como una desviación al proyecto de Dios y por lo tanto como una idolatría (Jue 4,4-6; Jue 9,7-15; 1Sam 8). Por tal motivo tuvo mucha oposición sobre todo de parte de los profetas, los cuales nacieron precisamente a la par con la monarquía y como oposición a esta.

David derrocó a Saúl quien se suicidó al verse perdido y sin apoyo. A pesar de las protestas de quienes querían ser fieles a Dios y a su proyecto tribal, David logró consolidar y centralizar el poder. Formó un buen ejército con el cual pudo controlar internamente a su pueblo y enfrentarse a otros pueblos vecinos. En la parte religiosa centralizó el culto en Jerusalén para donde se llevó el Arca de la Alianza. Eliminó el sacerdocio aaronita (o sea a los descendientes de Aarón) e impuso a Sadoc, hombre de su entera confianza, como Sumo Sacerdote a quien hizo acompañar de Abiatar (2Sam 8,17; 20,25). (Por eso desde el Rey David viene la tradición del sacerdocio sadoquita). Años más tarde su hijo Salomón, ya en el trono, mandó matar a Abiatar y dejó sólo a Sadoc, pues Abiatar había apoyado a su hermano Adonías, quien también aspiraba suceder a su padre (1Re 2,13-26).

A pesar de toda la oposición de los profetas, dentro de la mentalidad del pueblo la figura del Rey David quedó muy bien librada. David era recordado como el gran Rey que le había dado estabilidad a la nación y organizado un ejército capaz de defenderse y someter a sus vecinos. Influyó mucho también el hecho de que escribas y cronistas estuvieran a su servicio para que le dieran todo el realce posible y limpiaran su imagen, como ha ocurrido y sigue ocurriendo con tantos líderes.

Por eso ante la situación crítica por la que pasaba el pueblo de Israel en el tiempo de Isaías: falta de autoridad, invasiones, empobrecimiento, explotación, deportación, etc., el profeta denunció a los líderes e hizo ver la necesidad urgente de que viniera un nuevo Rey al estilo de David. Un Rey que liderara a su pueblo y le devolviera la esperanza, que trabajara honestamente para derrotar el empobrecimiento y la iniquidad, un rey que favoreciera al huérfano y a la viuda e hiciera florecer la justicia y la paz. Este anhelo lo comparte también el Salmo 72.

A partir de Isaías el pueblo empezó a esperar la llegada de un hombre extraordinario que actuara iluminado por Él y defendiera aquello que los reyes habían abandonado por estar interesados únicamente en su propio beneficio: la libertad, la dignificación, la justicia y el derecho para su pueblo. Un hombre que unificara las tribus dispersas y fuera capaz de reconciliar y armonizar todas las fuerzas para que el país se convirtiera en un paraíso. Durante muchos años el pueblo mantuvo la esperanza en la llegada de ese ser extraordinario salido del tronco de Jesé, sobre el cual se posaría el espíritu del Señor: “Espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de prudencia y valentía, espíritu de conocimiento y temor del Señor.

Un sacerdote desertor

Por derecho y deber Juan el Bautista debió ser sacerdote, pues su padre Zacarías era sacerdote. Los evangelios no especifican cuál es el motivo por el cual Juan no fue sacerdote. No sabemos si fue que lo expulsaron del templo por algún comportamiento anómalo contra la estructura de ésta institución judía, si de pronto él renunció a su derecho o se opuso rotundamente a cumplir con su deber de continuar con la tradición sacerdotal recibida de su padre.

Lo cierto es que los evangelios presentan a Juan, encaminado por la línea profética desde muy temprana edad, en contraste con la cómoda vida de los sacerdotes en el tiempo de Jesús, aunque no todos tenían los mismos privilegios. Como suele ocurrir entre los seres humanos, también entre ellos se veían las categorías. Había sacerdotes del montón, sacerdotes principales, cercanos al Sumo Sacerdote, los ex-Sumos Sacerdotes que seguían siendo sacerdotes y tenían mucha influencia, y el Sumo Sacerdote, que a su vez era el presidente del Sanedrín (o senado), máxima autoridad judía. Aunque en ese  en ese momento en todo Israel no se podía mover un catre sin el consentimiento de Roma; era ella la que nombraba al Sumo Sacerdote según sus intereses.

En general los sacerdotes no movían un dedo por estar cerca del pueblo, por escucharlo y comprenderlo, y menos por caminar con ellos y buscar solución a sus necesidades. El sacerdocio se había convertido en un negocio muy lucrativo al servicio de unos pocos privilegiados. Los sacerdotes eran unos funcionarios que se pastoreaban así mismos, se preocupaban por la pureza ritual y por mantener intacta la estructura, la cual les permitía tener ciertos o muchos privilegios, según su categoría. De esta manera el templo se había convertido en una cueva de bandidos, según lo denunció el mismo Jesús (Lc 19,45-46).

No haber ejercido su rol de sacerdote y en cambio haberse adentrado en el desierto, donde vivió de una forma excéntrica por su vestimenta y su dieta alimenticia, fue de por sí un signo de contradicción, típico de los profetas del Antiguo Testamento. Su predicación fue como su vida: recia y severa. No conoció la diplomacia y su denuncia fue frentera: a los fariseos, quienes encarnan el ideal del judío cumplidor a ultranza de la ley, así como a los saduceos, hombres autosuficientes y amantes de la opulencia, no tuvo reparos en llamarlos raza de víboras. ¿Qué nos diría hoy a nosotros? A todos les recordó que no bastaba ser hijos de Abraham y los invitó a manifestar con obras la conversión. Así como a los judíos les dijo que no era suficiente ser hijos de Abraham, nosotros recordemos que no es suficiente estar bautizados, sino que hay manifestar nuestro fe con obras.

Juan ejerció todo su ministerio desde el desierto. Ese lugar temible, entre otras cosas, por las serpientes, los escor­piones, el calor, las tormentas de arena y la ausencia de agua y de alimentos. Para los judíos el desierto era sinónimo de caos y confusión. Signo de crisis por la cual puede pasar una persona o un pueblo, situación propicia para abrirse a la acción de Dios y descubrir su manifestación en su historia para salvarla (Dt 1,19ss). El desierto les recordaba de una manera especial los 40 años de camino hacia la tierra prometida. De ahí que fuera símbolo de liberación y de las pruebas por las que pasa el ser humano, en las que siempre aparece la mano de Dios para confortarlo y conducirlo por buen camino. La debilidad que el ser humano experimenta en el desierto lo hace más propenso a caer; por eso es símbolo de la tentación, como la que experimentó el pueblo cuando quiso volver a Egipto, es decir a la esclavitud (Ex 13,17ss; 14,11ss).

En este segundo Domingo de Adviento leemos a Juan, el profeta del desierto, que nos sigue llamando a la conversión. El Adviento quiere ser un tiempo de desierto para tomar conciencia de nuestro camino con Jesús y en general de nuestra concisión caminante como seres humanos. Un tiempo de conversión que exige romper con el mal (Jer 9,1ss) y marchar por los caminos del Señor (Dt 8,2-7). Quiere ser un espacio de gracia (Sal 95,8) y de salvación para ablandar el corazón. Una travesía en la cual nos privemos de todo apoyo, de toda seguridad y confiemos únicamente en el Señor, que nos lleva al desierto y nos habla al corazón. (Os 2,16).

Es un tiempo para evaluarnos sinceramente y recoger los frutos que hemos dado durante este año y en general durante toda nuestra vida. Los buenos frutos se los presentaremos a Dios y la paja que todos tenemos debe ser quemada en el fuego inextinguible del amor de Dios.

El Adviento es un tiempo para optar decididamente por Dios y su camino de salvación, como lo hizo Jesús en las tentaciones del desierto. Un espacio para tomar distancia del mundo y ver las cosas con sentido crítico. Un momento para alejarnos de la envolvente cotidianidad que nos ensordece con su ruido y guardar el silencio, que no es el de los cementerios sino el que necesita el espíritu para oxigenarse y encontrar la armonía de la vida. Un momento para el desprendimiento interior y el apaciguamiento de las tentaciones. Así como desierto es camino hacia la tierra prometida, el adviento es camino hacia la celebración gozosa y con un sentido profundo de la Navidad.  No es fin, es caminata que quiere conducir a un final feliz. Sigamos viviendo profundamente este adviento, tiempo de gracia y salvación.

 

 

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