Scalando : Misioneros Redentoristas

  Archivos
Ene 09 [2]
Dic 08 [13]
Nov 08 [2]
Oct 08 [7]
Sep 08 [4]
Ago 08 [10]
Jul 08 [4]
Jun 08 [10]
Mayo 08 [6]
Abr 08 [12]
Mar 08 [8]
Feb 08 [8]
Ene 08 [12]
Dic 07 [12]
Nov 07 [9]
Oct 07 [10]
Sep 07 [9]
Ago 07 [11]
Jul 07 [12]
Jun 07 [12]
Mayo 07 [8]
Abr 07 [13]
Mar 07 [16]
Feb 07 [8]
Ene 07 [9]
Dic 06 [14]
Nov 06 [8]
Oct 06 [10]
Sep 06 [9]
Ago 06 [5]


Sindicación
Artículos
Comentarios


Enlaces
Catholic
Domingo Vásquez
eGrupos
Fundación La Septentrional
Misioneros Redentoristas
Parroquia Santos Apóstoles Pedro y Pablo
Pastoral Vocacional
Provincia de San Juan
Vivencias Juveniles
ZoomBlog

 
Inicio | Mi Perfil | Suscríbete al blog
En Camino

 

I Domingo: Bautismo del Señor

Enlace permanente 5 de Enero, 2009, 7:57

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “B” 

11 de enero de 2009 I Domingo: Bautismo del Señor

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.                            Fuente: www.scalando.com

 

LECTURAS:

-      1ra lect.: Is 42,1-4.6-7

-      Sal 29(28)

-      2da lect.: Hch 10,34-38

-      Evangelio: Mc 1,7-11

 

JESÚS, EL HIJO MUY AMADO

 

“Graduarse” en la escuela del Bautista, fue para Jesús el punto de partida para su ministerio. Podríamos decir que allí terminó su formación pre-ministerial, ya que fue después del bautismo cuando Jesús inició su vida pública. (Vale esto también, para recordar que en el trabajo evangelizador, además de fe y entrega por la obra del Señor, se necesita  una formación sólida en distintas disciplinas).

 

Los evangelistas presentan al Bautista en el desierto y en el río Jordán, aludiendo a Elías, el precursor de los profetas (2Re 1,6-7). Con una vida muy austera, propia de los verdaderos profetas, vestido con un manto hecho de piel de camello, y alimentado con langostas y miel silvestre. Muy ubicado en su historia; con una madurez humana digna de admirar y una humildad tal, que le permitió reconocer en Jesús, algo más grande que él, indigno de desatarle las sandalias.

 

El Bautista no compitió con Jesús, comprendió que los dos eran parte del gran proyecto de salvación para el ser humano y no desperdició su vida creyéndose el protagonista central. (No pensó, como piensan algunos personajes de nuestro panorama mundial con delirios mesiánicos, que son el ombligo del mundo, que con ellos empieza la historia y sin ellos estaríamos perdidos). Supo cuándo actuar y cuándo retirarse para darle campo a otro, sin esa competencia desleal que se ve en nuestro mundo y algunas veces también en nuestras comunidades cristianas, animadas por deseos de sobresalir por encima de los demás.

 

Reconocer en Jesús a alguien más grande que él no lo llevó a infravalorar lo propio. Supo que su bautismo tenía sentido porque era de conversión, pero el de Jesús iba más allá porque era del Espíritu Santo. (El Evangelio de Mateo – 28,19 – complementa y dice que es en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tal como lo tenemos ahora en la Iglesia).

 

Desde Nazaret fue Jesús en busca del Bautista. Hizo fila entre los que buscaban el perdón de los pecados, un alivio a sus dolores y salidas para sus muchos problemas. El nazareno hizo parte de los que estaban ansiosos por la liberación de su pueblo, con la esperanza de un Mesías que los salvara de todo tipo de esclavitud. La escuela del Bautista y su bautismo fueron las pinceladas finales en la formación de Jesús, para descubrir que tenía una misión especial en el mundo. El bautismo no es punto de llegada, como muchos en la actualidad lo ven, llevando una religiosidad mediocre, cumplidora y conformista; el bautismo es punto de partida para todo un camino con un compromiso a realizar.

 

En el bautismo de Jesús se hizo presente el Espíritu que lo acompañó toda su vida y fue el móvil de todos sus actos. Allí el Padre lo declaró su Hijo muy amado en el que se complacía.

 

Jesús fue un Hijo que experimentó el amor. El Amor del Padre Dios manifestado primero en sus padres y luego de todas las personas con las que creció y compartió su vida, le permitió como dice Lucas, crecer en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres (Lc 2,52). El amor es más importante de lo que nosotros pensamos. La falta de afecto sobre todo en las primeras facetas del ser humano, trae consecuencias desastrosas para el ser humano. Muchas personas viven llenas de frustraciones, odios, rencores, etc., por su fría formación o en el extremo, porque durante sus primeros años de vida sufrieron y agresividad.

 

John Watson[1], un reconocido investigador del siglo pasado, aseguraba que el afecto paternal debía ser dosificado para no maleducar a los hijos: “nunca los abrace ni los bese y tampoco los deje sentar en su regazo”. Hoy sabemos que eso no es cierto y que, por el contrario, por la frialdad en las relaciones familiares muchas personas cargan una pesada cruz que no les permite desarrollarse plenamente.

 

Un estudio publicado en la revista Proceedings of the national academies encontró que en los primeros años de vida el contacto de los bebes con sus padres es vital para su desarrollo afectivo posterior y carecer de él trae consecuencia muy negativas. Esto no quiere decir que en una persona maltratada o con una infancia dolorosa, todo esté perdido. Estas personas pueden recibir tratamiento y recuperarse, aunque el tiempo perdido nunca se pueda recuperar.

 

Jesús fue antes que todo, el Hijo muy Amado. La vivencia del amor fue lo que le permitió a Jesús adquirir su capacidad de Amar, de perdonar, de sanar, de reclamar y de enfrentar la injusticia, de construir comunidad de discípulos y discípulas con una única norma suprema: el amor. En toda la vida y obra de Jesús, en su compromiso con el ser humano, especialmente con los pobres y excluidos de la sociedad transparentó el amor de Dios. Todo fue motivado por el Espíritu Santo que es el amor de complacencia.

Jesús, y ahora la ciencia lo confirma, nos ayuda a reconocer que el mejor estímulo, la mejor medicina y el mejor impulso para vivir es el amor. Que el mejor sentimiento por el que vale la pena luchar y entregarse, es el amor. Que sin amor nada somos y con amor todo se puede aún cosas inalcanzables para la razón, porque como dijo Anthony de Saint Exupery: “el corazón tiene razones que la razón no alcanza”.

 

Nosotros tenemos la oportunidad de abrirnos al amor de Dios manifestado en las personas y en la intimidad con Él. No dejemos pasar la oportunidad para brindar amor a nuestros hijos, a nuestros familiares, a los hermanos en la fe y a toda la humanidad. Dejémonos amar y demos amor, que en últimas ahí encontraremos el sentido de la vida. Si el amor es el motor de toda nuestra vida lo demás vendrá como consecuencia de ello. Entonces agradaremos al Padre tal como lo hizo Jesús, el Hijo muy amado en el que el Padre Dios encuentra toda su complacencia, porque “Dios es amor” (1 Jn 4,8).

 

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

 

Enero de 2009

 

D

L

M

M

J

V

S

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

14

15

16

17

18

19

20

21

22

23

24



[1] En, Revista Semana No 1232, p. 178

www.scalando.com

~ Comentar | Referencias (0)


 

Homilia para el Cuarto Domingo de Adviento - Ciclo B

Enlace permanente 17 de Diciembre, 2008, 8:04

EN CAMINO

Tiempo de Adviento, ciclo “B”

 

21 de diciembre de 2008 IV Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.                            Fuente: www.scalando.com

 

LECTURAS:

-      1ra lect.: 2Sam 7,1-5.8b-12.14.16

-      Sal  88, 2-5.27-29

-      2da lect.: Rom 16,25-27

-      Evangelio: Lc 1,26-38

 

DAVID EL REY, MARÍA LA LLENA DE GRACIA

El “santo” rey David fue un hombre sagaz, que se la jugó toda por conseguir el poder. Perteneció primero a un grupo de mercenarios que prestaban sus servicios al mejor postor, hasta que logró meterse en el ejército de Saúl, primer rey de Israel. Fue un guerrero fiel y utilizó muy bien su cualidad de persuasión para hacerse amigo del rey y casarse con su hija Mikol (1Sam 18,19s).

 

Por las rivalidades con Saúl empezó a ser perseguido y tuvo que huir al desierto donde cuidó el ganado de los adinerados de su tiempo. Como llegó Saúl a su escondrijo, tuvo que huir y refugiarse donde los filisteos (1Sam. 22). Se hizo amigo de los filisteos y aprendió de ellos la estrategia militar. Los Filisteos, sin David, atacaron a Saúl, lo vencieron y Saúl, dominado por la frustración se suicidó. Le tocaba el turno a David, quien atacó a los amanesitas, los venció, repartió el botín entre los Filisteos y la tribu de Judá (en Israel) para ganar terreno con ellos y mostrarse bondadoso, mientras que a los filisteos les dijo que había atacado a Judá, para ganar más su confianza.

 

Cuando aprendió lo que tenía que aprender de los filisteos los traicionó: Se enfrentó a ellos, asaltó sus ciudades vecinas y se fue al desierto donde se entregó al rey Akis (1Sam 27). Luego se marchó a Ebrón, se hizo consagrar Rey (2Sam 2) y mandó eliminar a Isbal  y a Acner, para que las tribus del norte quedaran solas y así se despejar el camino hacia la toma del poder en todo Israel. Poco tiempo después, con las tribus del norte sin líderes, conquistó Jerusalén y quedó como nuevo Rey de Israel.

 

Al principio no tenía la fe en Yahvé Dios de Israel, pero la adoptó como una estrategia política e impuso a Jerusalén como centro de culto para tener el control de lo religioso y manejarlo a su conveniencia, con la ayuda del Sumo Sacerdote Melquisedec quien al principio tampoco era Yavista. Después nombró a Sadoc como Sumo Sacerdote y mandó traer el Arca de la Alianza que antes del centralismo impuesto por David, iba de tribu en tribu y de tienda en tienda. Con el Arca de la Alianza en Jerusalén esta ciudad se convirtió en marco de referencia político-religioso.

 

Como para los reyes las grandes construcciones siempre han sido una forma de mostrarse poderosos, piadosos o benefactores, y así trascender en el tiempo, quiso construir el templo pero no lo logró debido a la fuerte resistencia por parte de los defensores de la fe abierta, sencilla y participativa.

 

Para consolidar su poder y evitar todo tipo de insurrección eliminó a todos sus opositores. Luego invadió, dominó y el impuso tributo a algunos pueblos vecinos, entre ellos los moabitas, de donde, según el libro de Rut, era su abuela. A sangre y fuego logró un poder absoluto y un buen nivel de vida para Israel, al que después, con la propaganda política real, no le importó el proyecto liberador de Yahvé sino sólo su propio estómago a expensas de la explotación a los pueblos vecinos.

 

No obstante con la ayuda de los historiadores reales que lavaron su imagen, quedó como un rey bueno: el conocido “santo” Rey David. El pueblo siempre recordaba el reinado próspero y el bienestar que representó; por eso sus esperanzas estaban puestas en un Nuevo David. La primera lectura (2Sam 7) plasma los deseos del pueblo porque vuelva al trono un rey davídico: No porque esa “joyita” realmente represente un paradigma de persona entregada a la construcción del proyecto de Yahvé, sino por el esplendor que mostró su reinado.

 

Contrasta con David la figura de María, la llena de gracia. Aquí sí es cierto que Dios no ve las apariencias sino que mira la calidad de la persona. No se fijó en una mujer de las altas esferas de la sociedad romana, pulcramente vestida y con todas las comodidades: de la cama a la mesa, al gimnasio, a las piscinas, a los baños, los masajes, las comidas, la etiqueta, los manjares, el circo y los versos que elaboraban para matar el tiempo. No fue de las mujeres que se alimentaban de lo que robaban en las colonias, ni de las residentes en las lujosas mansiones, con muchos esclavos a su servicio; con muchas riquezas, pero tan pobres humanamente que lo único que tenían era dinero para el hedonismo individualista, y poder para extraer la riqueza aplastando la dignidad humana.

 

La figura de María contrasta igualmente con la de Zacarías, sacerdote de Jerusalén, por tanto con reconocimiento socio religioso. (Lc 1,5-23). Dice Lucas que este anciano sacerdote no había podido tener hijos porque Isabel era estéril. Zacarías debía ser un testimonio de fe y esperanza, pero cuando el mensajero de Dios le anunció que a pesar de su ancianidad y la de Isabel, tendría un hijo, no le creyó.

 

El contexto de María fue muy difícil. En un pueblo patriarcal y androcéntrico (centrado en el varón), María era una mujer. En un pueblo que valoraba más la ancianidad, María era joven. En un pueblo, que como toda la humanidad, valoraba por encima de todo el dinero y la posición social, María era una mujer pobre, de la periferia. Pero Dios se “escapó” del templo donde intentó secuestrarlo el rey David y donde querían mantenerlo los simoniacos jerarcas de Jerusalén y se fue a un pueblo "insignificante” al norte de Palestina, en la llamada región Galilea de los gentiles, al encuentro de María tres veces marginada: por mujer, por pobre y por joven, pero con un alma grande, bendita entre las mujeres y entre toda la humanidad. Esta mujer, María (que significa la bien amada de Dios), la llena de gracia, “cautivó” a Dios con su sencillez y calidad humana.

 

Y Él, que no impone nada a nadie, en su infinita misericordia y respeto por la libertad humana, la invitó a formar parte de su plan realizador para el ser humano, sin el cual no podría lograrlo, pues como dijo S. Agustín: “Dios que te creó sin ti, no podrá salvarte sin tu ayuda”. Dios creyó en ella y le reveló el plan en el cual su trabajo sería definitivo; ella, después de pensarlo muy bien y aclarar las cosas, creyó en Dios y aceptó su plan, declarándose su sierva, como así lo hizo hasta el final.

 

Dios quiso tomar forma humana en la humanidad de esta mujer, y en su vientre puro se fue gestando el Emmanuel (Dios con nosotros), el creador de la nueva humanidad, el Nuevo Adán, el hombre de quien nos vino la salvación pues en él se manifestó de manera plena la misericordia de Dios.

 

“Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: Mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos” (Sal 88). Gracias Señor por el hermoso testimonio de María y  por su entrega generosa a tu plan de salvación. Con y ella y como ella, queremos decirte Sí hasta el final.

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

Especial de Navidad:  http://www.scalando.com/Liturgia/navidad.htm

Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

www.scalando.com

~ Comentar | Referencias (0)


 

Homilia para el Tercer Domingo de Adviento - Ciclo B

Enlace permanente 12 de Diciembre, 2008, 7:51

EN CAMINO

Tiempo de Adviento, ciclo “B” 

14 de diciembre de 2008 III Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán; C.Ss.R.                            Fuente: www.scalando.com

 

LECTURAS:

-      1ra lect.: Is 61,1-2a.10-11

-      Sal  Lc 1,46-50.53-54

-      2da lect.: 1Tes 5,16-24

-      Evangelio: Jn 1,6-8.19-28

 

Cristiano pensante

Contrario a la enseñanza del evangelio, se promovió muchas veces un cristiano borrego que no decía ni pío ante las indicaciones de la autoridad. De manera que la obediencia se hizo la regla de oro: “no piense, crea”, “el que obedece nunca se equivoca”, “obedecer al superior es obedecer a Dios”, “en la voluntad del superior, se manifiesta la voluntad de Dios”… y como antaño mucha gente era iletrada, sólo los que sabían, los privilegiados, por supuesto los clérigos de mayor rango, al lado de abogados, médicos y unos cuantos intelectuales, tenían la palabra. “Yo no sé, a mi no pregunten porque soy un ignorante, doctores tiene la santa madre Iglesia”, solía decir la gente “común y silvestre”.

 

La sociedad moderna, con el imperio de la diosa razón, despreció no sólo al creyente borrego, sino que se fue lanza en ristre contra todo lo que oliera a religión. Por eso hoy existen sociedades enteras (los Países Bajos, por ejemplo), así como personas en todo el mundo, que consideran el cristianismo y en general toda experiencia religiosa, como algo que corresponde a una etapa primitiva del ser humano, superado por los pueblo más avanzados y vivido sólo por gente premoderna, que arrastra todavía el oscurantismo medieval.

 

Ante estos movimientos pendulares de nuestra historia, vale la pena retomar las palabras de san Pablo a los Tesalonicenses (2da lect. - 1Tes 5,16-24). La comunidad de Tesalónica, a la cual escribió Pablo esta carta, pasaba por un momento crítico. Se daban problemas entre los miembros de la comunidad, peleas, falta de fe y apego a las costumbres heredadas de anteriores prácticas religiosas. Recordemos que en Tesalónica se practicaba el culto a algunas deidades del mundo antiguo como los dioses Cabiros, que eran considerados como los inventores del fuego y del hierro, y a los cuales les dedicaban las gestas deportivas o los juegos[1]. Así mismo, era muy difundido el culto al emperador, a quien se tenía como un dios. Algunos querían vivir el cristianismo como una costumbre más dentro de las demás expresiones religiosas, mientras que  otros eran más consecuentes y estrictos, y entonces se daban los roces, las desilusiones y las diferencias con las autoridades.

 

 

Pablo felicita a la comunidad por el esfuerzo y reconoce sus logros, pero la invita continuar creciendo porque pueden ser mejores. La exhorta a vivir en alegría, a orar constantemente y a rechazar todo aquello no le hace bien. Los problemas se dan, pero hay que enfrentarlos sin desanimarse. En cuanto a la confusión, las diferencias internas, la forma como se vivía la experiencia religiosa el apóstol invita a ser muy críticos, pero no a rechazar a primera todo lo que venga: “No impidan la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno”.

 

Necesitamos cristianos pensantes que vivan y se entreguen con “alma, vida y corazón” al Proyecto de Jesús. Porque a lo largo de estos casi dos mil años de historia los cristianos hayamos cometido errores, no significa que esto no valga la pena; el hecho de que algunos cristianos no demos buen testimonio, no significa que esto no sirva. También como institución y como personas, los cristianos hemos dado buenos frutos, y de ello tenemos muchos testimonios. En medio de los logros y de las falencias, en medio del maremagnum de corrientes religiosas, políticas, ideológicas, etc., nos corresponde sopesarlo todo, pensar con detenimiento, ponerlo todo a prueba y quedarnos con lo bueno.

 

 

Surgió un hombre

Bien decía Simón Bolívar que la vocación es hija de la necesidad; los seres humanos somos, además, hijos de nuestro tiempo y nuestro espacio. La situación vivida por el pueblo de Israel en tiempo de Jesús era desesperante, y surgían muchos hombres que prometían salidas a la crisis: algunos guerreros, visionarios, locos, extremistas de derecha o de izquierda… En aquel tiempo surgió también un hombre y su movimiento: Juan Bautista, el profeta del desierto.

 

Pero Juan Bautista no fue el resultado improvisado de una situación crítica. Fue un hombre de vida y pensamientos profundos, que escogió la línea profética para realizar su ministerio y trabajar comprometido con el pueblo. En el desierto de su vida con toda su simbología (aridez y encuentro con Dios), escuchó la voz de Dios, recibió el don de profecía, formó su escuela con algunos discípulos e hizo del Jordán su “centro” de operaciones. Allí acudían muchas personas para ser bautizadas (rito penitencial para el perdón de los pecados).

 

Dentro de los buscadores de respuestas llegó un muchacho de Nazareth, llamado Jesús. Allí compartió sus enseñanzas, caminó con él y aprendió lo que tenía que aprender. Juan fue testigo de su proceso; contempló con admiración y sin envidia cómo su discípulo lo superaba. Él fue un profeta que buscaba el Reino, no un sofista prepotente ni un dirigente, como algunos de los nuestros, enfermizamente aferrados al poder y con delirios mesiánicos, para los cuáles todos sus predecesores fueron malos y los que vienen difícilmente podrían hacer bien las cosas como ellos. Pero Juan no tuvo esos bajos instintos sino que los invitó a todos a la conversión, y como nos dice el evangelio de hoy, confesó sin reservas que no era el Mesías, que detrás de él vendría otro. No era la luz, pero dio testimonio de ella. Finalmente comprendió que era preciso disminuir para que Jesús creciera. ¡Qué gran testimonio! Eso lo hacen los grandes hombres.

 

Cuando mataron a Juan, Jesús empezó su ministerio con ese talante profético de su maestro, tomando distancia de algunas posturas discordantes y haciendo su propio camino. Asumió para sí mismo las palabras del profeta Isaías (1ra lect.): “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones heridos y a proclamar el año de gracia del Señor…” (Lc 4,16). Nuestra fe sólo tendrá un sentido pleno cuando sea buena noticia, especialmente para los pobres, cuando los cristianos sigamos los pasos del inspirador de este camino, tal como él lo hizo.

 

Nota: Algunos discípulos de Juan acompañaron a Jesús en su Proyecto, otros siguieron dogmáticamente todas las palabras de Juan y no aceptaron la propuesta de Jesús. Al principio no hubo problemas, pero después de la experiencia pascual, entre seguidores de Jesús y algunos seguidores de Juan que no habían querido dar el paso hacia Jesús, hubo problemas.

 

El evangelio de hoy es una elaboración teológica realizada por el Cuarto Evangelista que busca ayudar a discrepancias entre las comunidades cristianas y las comunidades bautistas, y unir a los dos grupos. El evangelista de una forma muy inteligente, (y por supuesto desde nuestra fe, inspirado por el Espíritu) logró integrar a Juan Bautista dentro del plan de salvación. Juan bautista es presentado como el precursor. De esta manera los grupos bautistas y las comunidades cristianas lograron unificarse. Dejaron las discrepancias y lucharon por un mismo proyecto. Buen testimonio para nuestras Iglesias cristianas y nuestro mundo polarizados.

 

Formato para imprimir Comentarios al autor: neptalidv@yahoo.com

 

Especial de Navidad:  http://www.scalando.com/Liturgia/navidad.htm

Cadena de oración: http://www.scalando.com/orando.htm

 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.

www.scalando.com



[1] Recordemos que en este contexto cultural y religioso nacieron los juegos olímpicos. El Olimpo era lugar por excelencia donde, según la creencia, habitaban los dioses del panteón griego.

~ Comentar | Referencias (0)


 

Homilís XXX Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

Enlace permanente 24 de Octubre, 2008, 14:42

En Camino.  Homilía

Por Neptalí Díaz Villán CSsR 

Tiempo Ordinario – Ciclo A

 

XXX domingo: Dios –yo- Prójimo

26 de octubre de 2008

 

El pueblo de Israel tuvo en sus orígenes a huérfanos, viudas, esclavos, mercenarios, inmigrantes, etc. Tiempo después, con la confederación de tribus como organización social y liderado por los jueces, logró una buena estabilidad. Una vez acomodados se olvidaron que una vez fueron pobres, cerraron su corazón a los necesitados y muchas veces se convirtieron en opresores, aprovechándose de los inmigrantes pobres, viudas o huérfanos, que huían de las guerras, de la opresión o la miseria, y llegaban a Israel. La legislación propuesta por el Éxodo (Ex 22, 20-26 - 1ra lect.), conducida por la mano de Dios, se puso a favor de esos débiles, sin importar la raza, religión, o procedencia. Dios siempre favorece al débil.

 

Si le damos una mirada a nuestro mundo, vamos a descubrir esa misma realidad. Cantidad de pobres que cuentan únicamente con sus manos para trabajar; sin tierra, sin dinero, sin conocimientos, sin influencias, mano de obra barata. Países con una deuda externa impagable, superando incluso su PIB. Alguien podría preguntar ¿Dónde esta Dios? O mejor podríamos preguntarnos ¿donde están y que hacen los que dicen creer en Dios? ¿Todavía pensando en la lipo-succión, la lipo-escultura, la válvula intragastrica u otras técnicas para bajar unos kilos por el desorden alimenticio?[1] ¿Todavía pensando en el sexo de los ángeles y en cuántos de estos caben en la cabeza de un alfiler?

 

Claro que son importantes las normas litúrgicas, entrar decorosamente al templo y conservar aquello que aun tiene valides en nuestra Iglesia y en nuestro mundo, pero los cristianos no podemos olvidar nuestra labor de ser sal de la tierra, luz del mundo, levadura que transforma la masa. ¿Se puede ser cristiano y la vez usurero, tramposo y explotador? Como decían nuestros viejos: ¿se puede prender una vela a la virgen y otra al diablo? El evangelio nos puede ayudar a responder.

 

El doctor de la Ley que se a cercó a Jesús para preguntarle no lo hizo con el fin de entablar un dialogo sincero, ni con deseos de ampliar el conocimiento, lo hizo para ponerlo a prueba y tener de que acusarlo. Con las limitaciones de toda legislación, la Ley de Israel, surgida a partir del Espíritu del Señor y del sentimiento colectivo de un pueblo y se deseo de vivir en plena libertad, había caído en manos de juristas que la utilizaban para su propio beneficio. La Ley del Sábado que era fruto del reclamo de los trabajadores que exigían un día para descansar y orar, lo habían convertido en día tétrico en el que no se podía caminar, cocinar o auxiliar a alguien.

 

Jesús puso por encima de cualquier precepto, el amor universal (ágape), que  está por encima del amor familiar (filia) y del amor de pareja (Eros). Ágape es el amor de Dios hacia toda la humanidad. Un amor movido por tres fuerzas básicas en el ser humano: corazón, alma y mente. El corazón (kardía), en sentido bíblico significa lo más profundo del ser humano, desde donde nacen los sentimientos, su sentido vital, los móviles de su accionar. El Alma (psixjé)[2] es el núcleo central, la esencia humana, la vida misma, la energía vital, el ser humano capaz de sensaciones y afectos. La mente (dianóia) es la razón, la inteligencia, las capacidades y posibilidades de desarrollo.

 

Queda claro que Jesús no pidió cositas, lo pidió todo. Amar con todo el corazón, alma y mente, es decir todo el ser humano dirigido en relación de Amor (ágape). Primero a Dios, porque Dios es la fuente del amor. Si mi relación con Dios es de amor y no de miedo, de misericordia y perdón, y no solo de normas, entonces podré vivir el amor, y comprenderé que nací para amar. Me amaré a mi mismo y ese amor gratuito, lo compartiré con mi prójimo. 

 

Es una lógica perfecta que también funciona con lo negativo. Si un niño recibe agresiones de personas, que como no se aman no pueden amar y dan de lo que tienen, si el medio le proporciona desprecios, violencia, etc., asumirá su vida con violencia, agresividad y desprecio. No se amará y pensará que ha nacido para la violencia así mismo y hacia los demás. Aunque en el fondo lo que busca es ser amado, hasta que no experimente el amor, estará incapacitado para amar. Recibo agresión –me agredo – soy agresivo. Recibo amor – me amo – doy amor.

 

El amor humano es imperfecto, está en camino, en vía de desarrollo, en vía de plenitud; nunca podemos decir que de nosotros solo brotan sentimientos de amor.  Así como por más agresión y violencia que una persona haya recibido y haya dado, no podemos decir que ya todo está perdido. Todos tenemos una oportunidad, la gran oportunidad: volver cada día al autor de la vida, a aquel que es puro Amor, a aquel que nos ama profundamente, dejarnos amar por Él y amarle con TODO. Nadie con más autoridad que aquel que dió su vida por los amigos, para invitarnos amar.

 

Como dice la Primera Carta de Juan (4,20-21), quien dice amar a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso. Así mismo, amar a los demás sin amarnos a nosotros mismos es imposible, pues quien no se ama no puede amar. Es posible que camufle su patología, su desprecio por sí mismo con una supuesta filantropía absolutamente desinteresada, con una donación total y con algunos aparentemente sinceros signos de entrega y auto desprecio; pero tarde o temprano descubrirá su falacia o tal vez muera engañado y engañando a los más incautos.

 

El amor lo recibo de Dios, lo asumo, lo experimento y lo comunico a los demás. Somos seres sociables, necesitamos amar y ser amados, no podemos amarnos egoístamente. Es absolutamente falso decir que amamos a Dios y no amamos al prójimo; es una mentira cuando nuestras celebraciones litúrgicas, nuestro culto está desligado de un compromiso concreto en especial con el huérfano y la viuda, o sea con el débil (1ra lect.). Preguntémonos si somos parte de los explotadores y usureros, si por culpa nuestra o con nuestra indiferencia, haya personas que se acuesten sin su capa. ¿Nos hemos preguntado dónde va a dormir, donde va a estudiar o a curarse el desplazado, el marginado por las estructuras injustas de nuestro mundo? “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente… y al prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basan toda la Ley y los profetas”. Sin esto no tiene sentido nuestra fe, ni tiene sentido vivir. Con esto tenemos la plenitud de la vida; alrededor de ello podemos organizar nuestras fiestas litúrgicas, eclesiales, familiares, etc.

 

Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Neptalí Díaz Villán CSsR 

Todo el material de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno.  Sólo tiene que hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.



[1] Claro que también hay algunos tipos de obesidad que obedecen a factores hereditarios, hormonales o psicológicos, que difícilmente se tratan con dietas o ejercicio. Entonces se requieren tratamientos médicos complejos y costosos.

[2] Psixjé (alma) es una palabra griega. Según la enseñanza de Platón el hombre está compuesto por cuerpo (malo) y alma (buena). “El Cuerpo es la cárcel del alma”, decía Platón. Se trataba de dos principios contradictorios. Pero aquí la palabra alma, aunque está escrita en griego, porque ese fue el idioma en el que se escribió el N.T., tiene un sentido judío, que es distinto.

www.scalando.com

| Referencias (0)


 

Homilia XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario ciclo A

Enlace permanente 7 de Octubre, 2008, 0:33

EN CAMINO

Tiempo Ordinario, ciclo “A”

 

12 de octubre de 2008 XXVIII Domingo

 

Autor: Nep